Encuentros — 9 octubre, 2017 at 10:00

Ladrón publica Songbook 2: La epifanía del punk-comic

Quizá algunos de Uds. todavía sólo le conozcan por sus tiras mensuales en esta Ruta. Otros estarán al corriente de la existencia del primer Songbook, el volumen en el que Ladrón complementó una colección de sus ilustraciones con textos de diversos autores afines a su estilo incisivo e irreverente. Y por último, también habrá quien haya seguido de cerca toda la trayectoria de nuestro dibujante de cabecera, más prolífica de lo que algunos podrían pensar, por cierto. Sea cual sea su caso, amigo lector, no debería dejar escapar Songbook 2, un nuevo tomo que da continuidad a su antecesor incorporando suculentos pluses, como unas delirantes anécdotas reales protagonizadas por el propio Ladrón, un mayor número de viñetas o la participación de más músicos redactando textos, con mención especial para una estrella de nivel mundial como Jackson Browne.

¿Cómo empezaste?

Vengo de la escuela Bruguera: Mortadelo y Filemón, Súper López, etc. Cuando cayeron en mis manos los discos Lo mejor de los Who y el azul de los Beatles, vi que aquella música encajaba perfectamente con lo que estaba haciendo y me hacía sentir bien. Fui publicando en fanzines de la zona de Alicante y luego envié los primeros cómics a Subterfuge. Empecé a publicar con ellos y creamos la Línea Tremenda, hasta que la etapa Subterfuge se acabó cuando se centraron sólo en publicar discos. Entonces me dediqué a dibujar El Vengador Tóxico para España y Estados Unidos. Luego Troma entró en números rojos y recibí una llamada de Ruta 66, hace ya más de una década.

También cantas en un grupo de rock.

Ladrón y las Serpientes de Marte se formó un poco por accidente, porque el grupo alicantino Los Destripadores se quedó sin cantante. A mí me conocían como dibujante y me pidieron que hiciera una prueba. Hicimos “Baby Please Don’t Go” en versión de los Them, por lo que había que entrar a contratiempo. Resulta que yo no entraba ni en el tiempo ni en el tono, pero como no tenían otro cantante, me quedé igualmente y con el paso del tiempo aprendí a berrear un poco más. En el 25 aniversario de Subterfuge me preguntaron por nuestro disco, que en principio debía formar parte de un proyecto que agrupara a varios dibujantes con grupo musical. El disco no salió en su momento porque Dover lo eclipsó todo, pero coincidiendo con el aniversario lo rescató Fantastika Records.

¿Qué me dices de las portadas de discos que has dibujado?

Pues, por ejemplo, de la de Schizophrenic Spacers me siento muy orgulloso. Normalmente te dan libertad o sólo alguna pequeña directriz sobre qué hacer, pero en 2001 Los Perros me llamaron diciendo que querían salir como los presidentes de los EEUU en el monte, con los colores del Fun House de los Stooges. Me soltaron: “te llamo en una semana, seguro que la harás muy bien”. Cuando les expliqué cómo había quedado y la comparé a la portada de Deep Purple in Rock, me respondieron: “¿Deep Purple tiene una portada así?” (risas).

¿De dónde salió la idea del primer Songbook?

JF León me propuso acompañar cada mes con una ilustración mía la traducción de la letra de una canción en el Ruta. Cuando acumulé una docena decidí agruparlas y editarlas con Ruta 66, pero pensé que acompañarlas con la letra de la canción hubiera sido demasiado sencillo. Vimos que adjuntar un texto sobre algún punto de inflexión de la carrera del artista, o una nota biográfica determinada, lo haría mucho más interesante, teniendo en cuenta además que el lector del Ruta, por ejemplo, siempre busca ese tipo de información que no sale en las biografías al uso.

Ahí es donde entran los redactores, en el caso del Songbook 2 con mayor participación de músicos.

En la revista funcionó como una pandilla: “yo me quedó con éste”, “yo éste”… Veo una diferencia en la perspectiva de los textos de los músicos que escriben sobre otros músicos. No muy grande, pero la hay. Por ejemplo, Fernando Alfaro escribe sobre Robert Johnson, que podría ser un personaje de una de sus canciones, ahí perdido en mitad de la nada, vendiendo su alma al diablo y víctima de las consecuencias. Pero, además, hace referencia a la técnica en su forma de tocar, con el pulgar por encima del mástil, haciendo que parezcan dos guitarras. Eso a veces un crítico no lo llega a conseguir. También Fernando Pardo, que ha escrito sobre Music Machine, cuenta cosas por el estilo. Sus textos están entre mis favoritos, junto con el de Sergio Martos sobre Led Zeppelin.

Vaya lujo tener a Jackson Browne como colaborador. ¿Cómo surgió la posibilidad?

También me gano la vida en una tienda de discos y, estando tras el mostrador, tengo la oportunidad de contactar con algunas personas que de otra manera quizá no podría. Él colaboraba con la revista y conocía a Ignacio Juliá, por lo que había buen feeling. Ya le había atendido otras veces y me decidí a abordarle. Le dije lo del libro y le enseñé ilustraciones mías de internet. Al poner Ladróncomix las primeras que salen son de los Ramones. Cuando las vio dijo en castellano: “¡Oh, los Ramones, qué simpáticos!” (risas). Le propuse escribir sobre alguien y me preguntó cuáles tenía. En principio hablamos de Frank Zappa. Hubiera sido interesante ver qué opinión tiene sobre un genio como Zappa, pero me pareció que tenía un diamante en bruto y le pedí que escribiera la historia de “Take it Easy” y sobre por qué la grabaron los Eagles antes que él, convirtiéndola en número uno. Creo que le hizo gracia y pensó que por fin tenía la ocasión de contar toda la historia. A partir de ahí pidió el boceto de las viñetas traducido al inglés. Hice lo que me solicitó y pasé todas las pruebas, no me pidió que cambiara nada y lo que escribió me pareció estupendo. En el cómic intenté plasmar esa sutileza que tiene él en sus letras, la doble lectura que a veces hay que buscar en sus canciones. Luego hice otra ilustración con él tomando una cerveza y escuchando “Take it Easy” en el tocadiscos, para adaptarlo a su texto, porque era más largo que los demás y, por supuesto, no íbamos a cortarlo.

Otra pluma ilustre es la de Rudi Protudi de los Fuzztones.

Ha cedido parte de un capítulo de su biografía, que aún no está traducida al castellano, en la que habla de cuando tocaron con Screamin’ Jay Hawkins. Es muy bonito que le mandaran la ilustración de Hawkins y dijera que aceptaba porque el dibujo le gustaba mucho.

También destacan las anécdotas que cuentas en la introducción del libro.

Los amigos de la web Campamento Krypton me hicieron una entrevista y salió aquello de si te da miedo conocer a un ídolo y que se te caiga el mito al suelo. Cuento dos casos que pueden ser la antítesis uno del otro. Le presenté mis cómics a Gilbert Shelton, que junto a Robert Crumb es uno de los padres del cómic underground. Además de dibujar la portada del Shakedown Street de Grateful Dead, es el padre de los Freak Brothers, que se pasan el día colocados. Le llevé mi cómic de El hombre de los caramelos, que también va de drogas y sexo, etc. Cuando le volví a ver le pregunté si lo había podido leer y me respondió: “¿Tú eres Ladrón? No quiero saber nada de ti ni de tus cómics de violencia. Son asquerosos, no son para mí, son repugnantes y esta conversación se ha terminado, no digas nada más”. Me quedé hecho polvo. Luego alguien me dijo que al menos tuve la oportunidad de mosquear al que se supone que es mi maestro y que debería sentirme orgulloso. Así lo superé… y con unas cuantas cervezas. En cambio de Lou Reed me esperaba una bronca, porque me recomendaron que evitara la etapa en que iba de rubio, esos años que pasó completamente ciego y no recuerda ni quiere recordar. Y allá fui, después de que Ignacio Juliá intercediera por mí. Le planté delante el Songbook 1, donde sale él de rubio, con una chuta en la mano y pasando el mono. Me mira, vuelve a mirar la portada, vuelve a mirarme y se empieza a reír. Entonces vio que le había hecho una dedicatoria que ponía lo de “el rock and roll salvó mi vida” y seguro que pensó: “otro gilipollas que se lo ha creído” (risas). Incluso nos hicimos unas fotos juntos y me arrimó el hombro. Algunos decían: “Has conseguido más que los miembros de la Velvet, le has caído muy bien”. En conclusión, no me extraña que me sienta más acogido en el mundo del rock and roll que en el del cómic.

¿Cómo enfocas la ilustración única, del tipo que predomina en el libro, en comparación con las tiras o historias en viñetas que solemos ver en la revista?

En una ilustración única tengo que hacer que el personaje sea reconocible y expresar lo que está haciendo, lo más significativo de ese momento. Me documento, escucho los discos del artista en cuestión y trato de visualizarlo. A partir de ahí intento plasmar la imagen en 3D que tengo en mente, sin buscar que sea un retrato para todos los públicos, sino pasándolo a un rollo un poco más nocivo y que golpee en la cara. Tiene que haber más detalles que en el caso de las viñetas. Por ejemplo, ver a un Neil Young de 1974. Es más como beber un buen vino, que debe ser reconocible. Las tiras tienen que incluir más una introducción, una trama y un desenlace. Ahí sí me puedo permitir alterar el personaje y darle un poco más de soltura, con menos detalles y con un mensaje más directo.

Ciertamente, muchos de tus dibujos no obtendrían la calificación “para todos los públicos”. ¿Te ves un poco solo en esta especie de cómic punk sobre artistas de rock and roll que te caracteriza?

No he visto nada parecido al Songbook, pero sí han intentado sacar fórmulas parecidas. Yo intento hacer una ilustración del artista lo más fidedigna posible, con un texto que se adapte a ello firmado por una persona entendida. A mí no me sirve lo de “los 100 artistas que cambiaron mi vida”. ¿Y a quién cojones le importa? Eso es demasiado subjetivo, yo busco una perspectiva más amplia y objetiva. Que no sea lo típico que está en las biografías, sino datos poco conocidos y más oscuros. Creo que el Songbook es algo más divulgativo, no como esos libros que parecen más el consultorio de Elena Francis. Trato de verlo desde el punto de vista de fan. ¿Qué es lo que me gustaría leer a mí? ¿Qué le falta a otros libros para que me puedan satisfacer?

El elenco de artistas incluido en Songbook 2 es muy variado, con blues, soul, rock, etc., hasta el punto de que has dibujado a Lady Gaga. Tranquilízame, por favor. Dime que no te gusta su música…

(risas) Lady Gaga es un personaje mediático como en su momento lo fue Marilyn Manson. Ha sido reivindicada por Alice Cooper y Johnny Rotten. Me ha parecido interesante incluirla, porque ahora es algo muy comercial, pero cuando salió fue también un bofetón en la cara y tenía influencias de mucha música que nos gusta. Además, de alguna manera encajaba en el orden cronológico que sigue el libro. Fui a su concierto y me lo pasé bien, pero no hay ningún disco de Lady Gaga en mi casa, sólo la versión de Alice Cooper.

¿Habrá tercer volumen del Songbook?

Yo no he dejado nunca de producir, y ha tardado tanto en salir el segundo, que ya tengo material para un tercer tomo. Estoy siempre hasta las cuatro de la mañana dibujando, con la música puesta y las vecinas de arriba bajando a decir: “¡que quiero dormir!” …y luego resulta que quieren que las invites a una cerveza y a escuchar discos (risas). Lo que tengo en mente es terminar esta trilogía y que luego cambie el concepto, evitando que se transforme en una especie de enciclopedia en la que salen todos los artistas.

¿Nos adelantas algo de ese tercero?

El primero era más sobre las ilustraciones, en el segundo han entrado más músicos y más cómics y en el tercero podría haber todavía más músicos y cómics. Algo se me ocurrirá.

 

Texto: Xavier Llop

 

 

 

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