Encuentros — 4 octubre, 2017 at 13:41

Danny Fields: “La Saga del Increíble Hombre Ubicuo”

Corro por Nueva York. Sudo y en mi mollera se pelean las imágenes de un pasado que he visitado con gula cíclica desde mi juventud. Imágenes mentales de la épica heroica de los súper hombres del Rock. Escupitajos, latigazos, decibelios, trifulcas, disparos, estupefacientes, éxtasis y muerte. Todo encapsulado en plásticos negros e inmortales fotografías. Wayne, Iggy, Nico, Joey, callejeros despojos transformados en cimientos espirituales del Olimpo de la pasión cruda mutada en música…¡Alto! llego tarde a mi cita y tengo que concentrarme en la puta vida real; olvidar las fantasías mitómanas, esquivar ese coche, correr, encontrar el portal de mi anfitrión.

En pleno West Village, sepultado por trabajos de remodelación, se esconde mi destino. Pregunto por Danny; el portero me mira como si me acabase de atropellar un caballo. Subo más de 6 pisos como un tejón desubicado. Veo una puerta abierta al salir de las escaleras. Todo el edificio está en obras, inundado de realidad, como mi maltrecho cuerpo, sudado y estresado por el reloj. Nadie me recibe. Atravieso el umbral y me doy de bruces con una pared atiborrada de fotografías. Wayne, Iggy, Nico, Joey, y muchos más; Fred Sonic, Lou Reed, Janis Joplin, David Bowie, John Lennon, Yoko Ono, Andy Warhol; fotos de familia con MC5, Ramones, los hermanos Asheton. Todos están ahí… Esas fantasías que se agolpaban en mi mollera, aquellas leyendas mitológicas del Rock, cobran vida. Los golpes, los guitarrazos, la muerte, las juergas, la gloria, la droga, la belleza, el ácido y los gritos; todo sucedió de verdad. Nuestro anfitrión estuvo allí, en todos aquellos lugares y momentos. «¿Hola?» murmullo. «Pasa, pasa, ¿quieres una copa, fumar marihuana, un vino o una cosa de esas llamada cerveza?» dice una voz temblorosa desde el fondo del pasillo.

Es Danny Fields, manager y cazador del talento de Stooges, MC5 y Ramones; conector esencial de la obra de Nico; editor de la revista Datebook y responsable del escándalo que oscureció a los Beatles en Estados Unidos; agente de prensa de los Doors y advenedizo freak buscador de revelaciones musicales bajo las órdenes de Elektra Records y el LSD; dinamizador de la revista 16 Magazine, militante de las catacumbas nocturnas de Nueva York; Homo Sapiens Rock And Rollis.

Rodeado por muros de libros, fotografías y trastos, como un disco de oro por el primer LP de los Ramones, tirado detrás de una mesa, llego a un reducido salón con unas imponentes vistas.

Danny se ha servido un vino blanco, así que sentémonos y abramos esa lata de birra…

 ¿Qué hicieron tus padres para que salieses así?

Para saber quién soy yo, hay que saber de dónde vengo. Mis padres nacieron en América, sus padres, no. Nacieron en el Este de Europa, de donde venían los judíos. Y la familia de mi madre era de Yorkshire y ella es la única de sus hermanos que nació en América. El padre de mi padre vino de Rusia y era un trampero de billares, además de un dandi y creo que también era amigo de la mafia judía de Brooklyn, Meyer Lansky y toda esa gente, y ganó una fortuna haciendo cuero. Las dos familias eran más o menos acomodadas y se quedaron en Brooklyn. La generación de mis padres nació allí, y ahí es donde nací yo. Mi padre se fue a la 2ª Guerra Mundial, donde era médico para el ejército de afroamericanos en Irán, pues el ejército estaba segregado por aquel entonces. Era muy extraño, tenían que guardar una ruta de comunicación con Rusia. Estuvo ausente tres años de mi vida, escalando pirámides y cosas así. Luego volvió y nos mudamos a Queens, de donde es esta especie de presidente, que me perturba llamarle así pero es el presidente, también es de donde eran los Ramones. Allí crecí, en el Queens de Archie Bunker, clase trabajadora italiana, alemana, irlandesa. Éramos la familia del doctor. Estábamos en un nivel económico algo superior pero mi padre quería estar cerca de las personas que trataba. Costaba 4 dólares acudir a su consulta y 10 si venía a tu casa. Pero bueno eso solamente dice lo viejo que soy (risas) y cuánto han cambiado las cosas.

Mis padres me llevaban a conciertos de música clásica cuando era un mequetrefe. No me obligaban explícitamente pero, básicamente, tenía que ir. Y me cebaron con música

¡A mí también! Mis padres adoraban la música clásica. Mi padre tocaba 6 u 8 instrumentos, era muy musical. Tenía un grupo y en verano tocaban en el área de los complejos hoteleros de montaña. Mi madre daba clases de natación en uno de los campamentos de chicas y allí se conocieron. Había ido a la universidad para enseñar cómo ser secretaria pero acabó siendo ama de casa. Fue viuda durante 30 años. Me da la sensación que consiguió ser lo que quería ser con otras viudas… Así que está bien.

Y tengo un hermano que vive en San Francisco. Conoció a su mujer por internet, es filipina. Quedaban en Singapur y tal. Ahora están casados. Esa es mi familia.

Estudiaste en Harvard y de ahí te pusiste a currar en una revista de Licores. ¿Cómo pasa eso?

Mi vida empezó en Harvard. Tenía solo 19 años. Siempre quise estar en Harvard pero no había podido ingresar en el instituto. Mmmm… No era lo suficientemente listo. Pero ahí es cuando mi mundo se expandió. Volví a vivir en Nueva York, en Manhattan. Hasta entonces había vivido con mis padres o en Philadelphia, durante el instituto.

¿En qué momento decidiste dejar la universidad?

Quieres que lleguemos ya a la parte del rock and roll.

Pues tengo ganas de llegar Stooges, MC5 y Ramones pero, sinceramente, creo que lo más valiente que has hecho es tu manera de llevar las revistas de adolescentes en las que trabajaste, calzando fotos de Alice Cooper en su portada y otras gamberradas con los Beatles como aquellos titulares descarados y provocadores

Vale, pondré esto en perspectiva para ti y verás que no fue nada valeroso (risas). En realidad estaba siguiendo ciertas fórmulas que no iban a cambiar la faz de la tierra, pero las revisé y pasé a preguntarme «¿qué lo va a petar el año que viene? Esto. Muy bien, pongámoslo en portada ahora». Porque de eso se trata, eso es lo que tienes que encontrar, eso que va a permanecer. Así que, bueno, sí fue valiente. Pero lo valiente de esa revista -16 Magazine- era Gloria Stavers, quien inventó la revista a finales de los 50. Era hija de un militar y fantaseaba con escapar de esa vida. Así que leía muchas revistas de celebridades de Hollywood. Y entonces tuvo que ser modelo de pasarela en Nueva York. Pero ya sabes, estas chicas no ganaban dinero solo por posar para revistas. Aunque hacía también eso y por la noche se iba al club El Morocco con un millonario europeo, bajito y gordo. Era guapísima.

Mira, esto es lo que quiero que la gente joven sepa: que vas a conseguir lo que quieres conseguir, si husmeas cada pequeña cosa que puedas husmear y observas a dónde te lleva. Él le dijo: «He comprado esta revista para adolescentes sobre gente de la música y tú eres tan lista… Eres demasiado lista para simplemente ser mi ligue». Y le dio la revista porque creyó que la merecía. Él era un agente francés con mucha pasta. Al principio la revista era todo notas de prensa y fotos de stock. Salían Bobby Darin, Elvis Presley y tal. Pero eso era lo que mandaban los agentes de prensa de los artistas y de ahí, salía en la revista, tal cual. Y ella pensó «esto es una mierda ¿por qué nadie habla con estos chicos?». Fue a los hoteles donde se hospedaban los Four Seasons, Frankie Avalon, Frankie Valli, Frankie Sinatra ¡todo Frankies! (risas) y llamaba directamente a la puerta. Y estos tíos se derretían; era muy guapa. Les daba 40 preguntas y soltaba: «Hola soy de 16 Magazine» y ellos las rellenaban. Inventó toda una nueva manera de hacer eso. Te metía de lleno en el hotel, en las mentes y en los gustos de estos tíos.

Y, por supuesto, siempre les daba consejos para ser ídolos adolescentes como «que no te saquen fotos con cigarros, ni con chicas, sal siempre solo, no tengas bebidas en la mano. Trabajaremos juntos». Y siempre tenía que tener en el número uno de discos algo como The Osmonds, que estaba algo por debajo de lo que a ella le gustaba pero, a la vez, estaba liada con Jim Morrison, Lenny Bruce y Mickey Mantle. Y luego iba y escribía sobre de qué color llevaban los calcetines o cuál era el color favorito de los Osmonds pero esa era su virtud.

Empezó siendo una revista rival, porque también estaba Datebook, la primera revista en la que trabajé, mi primer trabajo “musical”, que era la competencia de 16 Magazine. Datebook es esa revista en la que entré por accidente, respondiendo a un anuncio en un periódico y mintiendo mucho, como este presidente que tenemos ahora.

¿En qué mentiste?

Exageré muchísimo sobre lo fabuloso que yo era porque el anuncio decía “jefe de redacción para revista pop” y yo creí que se refería a Pop Art. Y mis amigos de Nueva York eran la gente del Pop Art. Me equivoqué y por eso exageré. Él se refería al pop de la música pop, tal y como decían en Inglaterra. Él tenía una revista para adolescentes que era más bien una revista de consejos sobre cómo sacar buenas notas, o peinarse como una reina, cosas así, y problemas de chicos y citas, y chicos y chicos y chicos…

El tipo de la revista auguraba la locura de los Beatles, viajó a Inglaterra y empezó a comprar material de los Beatles, a los road managers, a sus agentes de prensa, en sus oficinas y a sus entrevistadores, incluyendo a Maureen Cleave que había entrevistado a los Beatles para un periódico. Así que mi editor era dueño de estos artículos. Los leí y dije: «¡Dios mío, aquí tenemos una entrevista a los Beatles, con John Lennon, en la que dice “somos más populares que Jesús”!» y añadía «no sé qué desaparecerá antes, el rock and roll o el cristianismo». Así que el editor es el dueño de esto, es un tío progre, vive en un adosado y su oficina está cerca de Washington Square, en el piso de arriba vive Diane Arbus, ese era el Nueva York de la época.

Yo no estaba intentando liarla mucho, solo estaba intentando liarla un poco con la mierda aquella de Jesús; solo un poco. 16 Magazine lo estaba haciendo mejor. El tío de Datebook sabía que había un montón de niñas hambrientas por material Beatles. Cada vez que metía algo de ellos, recibía muchísimo correo de lectoras. Así que sabía que necesitaba a alguien más joven y conectado con la escena pop; aunque yo pensé que se refería al arte pop.

Pero ese fue el error que supuso, a la larga, un paso importantísimo en tu vida, tu involucramiento en el mundo de la música pop.

¡Lo sé! Eso quiero decir. ¿Puede uno apuntarse a una lista para errores? ¡Póngame un error de esos, por favor! (risas).

De todos modos, enseguida vi lo que quería y nervioso pensé «música pop, música pop, tío, música pop». Compré Billboard magazine y para la primera reunión solo dije que sabía de todo. Memoricé Billboard y volví siendo capaz de recitarlo durante un día entero (risas) pero así es como conseguí el trabajo. Me dijeron que había cientos de personas aplicando para el puesto.

Pero realmente, significaste algo para la revista, llevándola a otro nivel. Cambiaste la revista de arriba abajo, haciéndola provocadora y llamativa. ¿Estaban contentos contigo?

Nadie está contento conmigo nunca (risas). Soy despedido por todo el mundo, todas las veces; siempre (risas). Son felices conmigo durante unos minutos, un par de copas pero no por mucho más tiempo (risas).

En la cubierta de aquel número con Paul McCartney en portada, en titulares destacados, pusiste esta frase, que es más fuerte que la de la cristiandad, en la que el beatle se refiere a Estados Unidos: «Paul McCartney:¡Es un país asqueroso en el que cualquier persona de color es un sucio negrata!».

El otro día estuve en la radio y ahora mismo no se puede ni mencionar que Sir Paul McCartney fue citado diciendo la palabra “negrata” -“nigger” en inglés – para hablar de un lugar en el que algunas personas llaman eso a otras personas. Sabía que en la emisora editarían la entrevista y sacarían la palabra “nigger”. Los medios son tan cobardes que no pueden meter eso. ¡Una cosa que yo usé para la portada de una revista para niñas de 12 años! ¡Nadie se murió por eso! ¡Y encima fue la mierda de Jesús lo que dejó a la gente petrificada! Yo no destruí nada. Fue la gente de Jesús la que destruyó y quemó discos de los Beatles.

Lo interesante es que, a diferencia de la mayoría de revistas adolescentes, tratabas al lector adolescente como a un semejante y no como a un niño; eso funcionaba.

Eh, bueno, funcionaba… Funcionó para que se pusieran a quemar libros y que los Beatles dejasen de existir…(risas)

Dicen que, en parte fue por la polémica que aquella portada despertó.

Bueno, estoy seguro de que esa no fue la única razón pero también estoy seguro de que hizo que no quisieran seguir juntos.

¿Cómo te sentiste cuándo todo el asunto explotó?

Yo ni siquiera… ¡me echaron incluso antes de que eso pasase! Y no por eso, sino porque realmente no sabía lo que estaba haciendo.

¿Por qué te echaron?

Por no ser un buen editor, por no ser más como 16 Magazine. El corazón del jefe estaba en toda esta movida progresista, derechos, anti-belicismo y todo eso. Él era muy admirable y se sintió valiente como para sacar esa entrevista aquí. Cuando eso salió en Inglaterra nadie reaccionó pero aquí…

Yo estaba ya en otro sitio.

Por aquella época andabas por la Factory, zambullido en Warhol.

Sí. Justamente estaba viendo una película que fue hecha en la Factory llamada Space, que es bastante alucinante. Esto se grabó en junio del 65. Creo que Satisfaction era número 1 en América, los Beatles lo han reventado y vemos a Eric Andersen, al que llevamos a la Factory porque andaba por ahí, tan mono, con su guitarra, tan guapo, que le perseguimos por la calle porque me imaginé que a Andy también le gustaría. Traía una guitarra y eso le fliparía. Este tío acababa de sacar un disco, está preparando otro, es precioso y Andy dijo: “Claro”. Encendió la cámara y acababa de comprar un aparato con el que podía girar la cámara y aplicar zoom. Hicieron la película así. Es alucinante, me acabo de dar cuenta que al final de aquel año la Velvet Underground estaban en la Factory.

El Museo de Arte Moderno y el Whitney están preparando un libro exhaustivo sobre aquellas primeras películas y vienen a preguntarme quién es quién, porque yo salgo en esa. Solo quedo vivo yo, y Eric Andersen, claro.

¿Cómo te encontraste con Andy Warhol? ¿Es cierto que quería grabar una película sobre tu vida?

Íbamos al mismo bar. Él y yo coincidíamos más o menos con la misma gente, en el mismo bar, el San Remo. Le conocía de verle al fondo de la habitación; no era un extraño. Así que solamente gravitamos el uno hacia el otro porque ¿qué otra cosa había que pudiésemos hacer?

Una de las últimas veces que le vi fue en una fiesta en la calle 12. Me senté con él y dijo: «Oooooh, nunca hemos hecho una peli sobre ti ¿no?» y yo dije: «Eh…no» (risas). Dijo que debíamos hacerla, que fuese a la Factory a la semana siguiente y lo viésemos, pero murió muy poco después. De verdad, no me lo estoy inventando. Fue solo una ocurrencia pero me pareció muy dulce. Andy siempre decía: «Ooooooh». La última vez que le vi fue en el New York City Ballet pero no hubo una primera vez que le vi. Su estudio se convirtió en el centro de la acción, como si fuera un club, y la gente se quedaba a dormir en mi casa y andábamos todos en ese mismo mundo.

¿Cuándo empezaste a seguir a la Velvet Underground? Creo que viajaste hasta Ann Arbor para verles en directo.

Aquello fue un poco más tarde. Los Velvets no entraron a trabajar en la Factory hasta finales de 1965. Después de eso me hice muy fan, un groupie. Firmé un cheque sin fondos y me pillé un billete de avión. Era un fan que sigue a su grupo favorito por ahí. Cuando aparecí allí, ellos se quedaron en plan «¿qué haces tú aquí?». Eran como familia, era un gran fan pero siempre me sentí incluido. El concierto de Ann Arbor fue exactamente en el mismo lugar en el que vi a los Stooges por primera vez unos años después.

Te echaron de Datebook y aprovechando tus contactos te auto proclamaste agente de prensa de los Doors y entraste en Elektra. ¿Cómo era un día rutinario en aquel trabajo?

No había días rutinarios. De vez en cuando alguna reunión y cosas así pero casi nunca había una rutina.

¿Solías tomar ácido en tu despacho de las oficinas de Elektra?

Sí. No estabas todo el día tomándolo pero era interesante ver qué pasaba si lo hacías. Lo hacías para probar qué pasaba, o pensabas «qué coño ¿por qué no?». En aquellos días querías ser un pionero de la droga. Meterte algo para ver como es la 5ª Avenida en navidades sin que nadie sepa que te lo has metido, aunque es totalmente obvio que te has metido algo (risas). Era un gamberrete.

¿Lo echas de menos?

¡No! Era maravilloso pero ¿cómo echarlo de menos? Echo de menos cualquier cosa en el universo que es maravillosa y te cambia la vida, pero el ácido es algo serio. Y una vez te lo empiezas a tomar en serio, tomarlo para profundizar y descubrir es como un trabajo; es demasiado. Tendrías que dedicar tu vida entera a comprender qué es lo que ocurre al tomarlo. Dios, sería como entrar en un monasterio y tener que trabajar (risas). Y no vas a hablar con Dios por tomar una píldora. Lo que descubrí es que estarás más cerca de hablar con Dios; quizás, si te lo curras lo suficiente, pero sería mucho trabajo (risas).

¿Tuviste miedo alguna vez cuando te arriesgabas consiguiendo trabajos en los que no sabías muy bien de qué iban ni dónde te metías, como el de Datebook o el de freak caza talentos de Elektra Records?

Solo me asusté cuando sacamos Have A Marijuana en Elektra. Pensé que era atrevido y fuerte. ¿De qué voy a asustarme? Pero es Elektra Records y había gente allí que sí estaba asustada. Pero nunca había habido un disco que se titulara Have A Marijuana y no ha pasado a la historia de la música pero sí lo ha hecho sociológicamente. Ni siquiera tiene sentido, no es ni una frase, es como si tu secretaría comete un error o el diccionario de tu móvil escribe lo que no debe y de pronto piensas «¡eso suena muy bien!, ¡lo voy a usar!». Muchas veces guardo esos mensajes y se los mando a Gillian McCain y ella cree que son pequeños poemas (risas).

También te despidieron de Elektra Records. ¿Por qué?

Supongo que quería moverme demasiado rápido en un entorno sobre el que muchas personas habían trabajado muy duro para que todo se mantuviera fijo. Era como si hubiera un tío haciendo pis sobre las paredes.

Pero es así como conseguiste esos cambios, esos hitos en esos lugares.

Sí. Mi corazón no estaba inmerso en estas instituciones pero el de otras personas sí. Había personas para las que el nombre Elektra Records significaba una parte esencial de su vida y sus biografías y para mí no representaba más que poder tener una cuenta de gastos.

En el caso de conseguir que MC5 y los Stooges firmasen con Elektra ¿lo viste como si hubieses fallado?

Bueno, no hubo duda de que fue un fracaso comercial. Tampoco hay duda de que ver a MC5 en la portada de la Rolling Stone es un éxito publicitario. Por otro lado, el hecho de que su álbum no llegase más lejos que el número 40 es un fracaso para el negocio musical, y el hecho de que no pudieran tocar en ningún club porque Bill Graham les odiaba es un fracaso para el negocio musical y como la gente los asociaba con su slogan que era «rock and roll, droga y follar en las calles», la gente pensó que aquello era peligroso. Ellos solo quería tocar blues para sus clientes. Nadie pensó «estamos cambiando las cosas y avanzando» excepto en algunos lugares, como en Reino Unido y la costa oeste -Los Angeles y San Francisco-.

Me llama la atención como les has definido como grupo de blues sin más.

MC5 eran un buen grupo de rock and roll. Todo en lo que se convirtieron Grand Funk Railroad -excepto por el pelo de Mark Farner- lo podían haber sido los MC5; un grupo del medio oeste que consigue que el público se flipe a sus pies y arriba y abajo y «c’mon, go, go» y todo eso. Y sí, los MC5 como grupo eran mucho más medianos que los Stooges. No eran realmente progresivos pero tenían el añadido del lado de aquella sensibilidad política y el «follar en las calles» y los White Panthers y su conexión con los Black Panthers, que hizo que la cosa empezase a asustar y por lo que se les metió en la lista negra y se les mantuvo fuera de las rutas establecidas para avanzar en el negocio musical americano; lo mismo que les pasó a los Ramones. Las carreras de ambos grupos fueron abstraídas por motivos ajenos a ellos.

Aunque con MC5 parecía que todo el rollo aquel formaba parte de ellos, desde dentro son cinco tíos que quieren estar en un grupo de rock and roll sin más. Rob Tyner era más idealista y de izquierdas pero sobre todo, eran hijos de trabajadores de las fábricas de coches que querían estar en un grupo de rock and roll. Y se vieron manchados por las políticas de finales de los 60, principalmente la guerra de Vietnam, que durante años fue la única cosa importante que unió a todo la gente en América y sobre lo que estábamos de acuerdo. Pero Chicago iba demasiado rápido y estaban zurrando a la gente y era en plan «uh-oh» y ellos fueron los únicos en tocar en Chicago en la Convención en el 68, esa que resultó en Nixon convirtiéndose en presidente; un buen paralelismo con la situación actual.

Tú venías de la escena más intelectual de Nueva York, la Velvet, Warhol Cuando viajaste a Michigan ¿cómo fue el cambio de pasar de eso a lidiar con tíos duros de Detroit, tan diferentes a tu mundo en Nueva York?

El mundo en Nueva York consistía en ser tíos distintos, tíos que empezaron siendo distintos a todo. Pero ¿por qué los chicos quieren estar en grupos?, porque quieren follar, ¿por qué hay gente tipo poetas en Nueva York?, porque quieren follar. ¡Venga ya! Cualquier persona molona de aquella edad lo que quería era follar. Fue John Sinclair con el que estuve más unido. Era poeta y músico y súper educado y divertido y maravilloso y nos reíamos de todo juntos. Era muy apasionado acerca de todo el activismo radical de izquierdas, el odio a la guerra, como todos nosotros. Y no te olvides que los MC5 estaban en Ann Arbor, que es la ciudad universitaria donde muchos chavales de clase media alta de Nueva York estudiaban. No era como si estuviese en Zanzibar o algo así. Era diferente pero no tanto como para que no hablásemos el mismo idioma; al final siempre tienes el que todos estábamos en ello por la música o que todos sabíamos lo que es un espectáculo y lo que es el rock and roll.

¿Pensabas, al igual que Sinclair, que el rock and roll podía cambiar la sociedad?

Estaba cambiándola. No tuve que leerlo en ningún sitio. Lo vi. Los chicos llevaban el pelo más largo. Venía de Nueva York pero lo había empezado a ver. Pelo más largo, drogas; todos éramos fumadores ilegales de marihuana. Sinclair se va al talego por dos porros por su bocaza política. Le convierten en un enemigo del Estado. Querían estar en el negocio musical pero sabían lo que era el negocio musical; yo lo sabía, estuve dentro de él. Y eso que estaba en el lado Elektra de aquel negocio, que era un lado algo más izquierdista con canciones folk, los Doors y Love. Casi todos veníamos, más o menos, de la izquierda. Los MC5 viniendo de la tierra dura de la industria proletaria. Podía haber sido la banda definitiva que lo consiguiera, si no fuese por la maldita política. Una vez estás en las portadas de los periódicos en lugar de en la sección musical, puede ser que estés metido en muchos problemas. Como la mierda de los Beatles y Jesús.

A finales de esa época se celebró el festival gratuito de Altamont en 1969, señalado como final de una era. Los Rolling Stones organizaron aquel concierto con los Ángeles del Infierno como encargados de la seguridad y mientras tocaban «Under My Thumb», los Ángeles del Infierno apuñalaron a un tipo del público. ¿Estuviste allí?, ¿cómo fue aquella noche?

Lo que recuerdo es que el suelo era marrón y pinchaba mucho; un lugar terrible para sentarse y nada, nada podía haber ido bien, porque te estás sentando en pinchos de arbustos secos. ¿Quién va a estar contento ahí a no ser que te guste sentirte como un miserable? De todos modos fue un gran concierto; un puto dolor estar allí pero un gran espectáculo y me da igual si alguien murió ¡vaya notición! Si juntases a toda esa gente en una ciudad alguien habría muerto seguramente. No sé, y además el tío ese llevaba un traje verde, o sea que casi se lo merecía, de todos modos. Ohhhhh… Pobre tío, lo siento por sus familiares, una pena, pero lo mismo era un capullo. ¡Encima con un traje verde! Suerte tuvo de que no le torturaran. Éramos muy existenciales sobre si había sido el final de los 60 o el principio de los 70 pero la verdad es que lo que era es que allí estábamos, rodeados de barro asqueroso, sentados en pinchos. ¿Me lo pasé de maravilla allí? No lo creo. Nuestro coche estaba a millas del lugar. Se nos olvidó apagar las luces, se murió la batería y tuve que volver a San Francisco a dedo. Una mini aventura, digamos (risas). Las he pasado peor. Lo peor fueron los pinchos. Los Rolling Stones lo merecen.

¿Qué te pareció la película sobre los Stooges, Gimme Danger? Para el que conoce toda la historia, el documental resulta ligero en oposición a algo fuerte y peligroso como parecería indicar su título. Tú conoces absolutamente toda la historia.

Sí. Pero nunca podría ver a mis amigos que están muertos y pensar «esto es ligero», para mí es extremadamente fuerte ver a estos chicos a los que he querido tanto; eran hermanos, los quería. Me emociona verles y escucharlos y ver lo maravilloso que es que exista esto. Así que, realmente, no soy un buen juez sobre eso tratándolo como una película. Y luego está Iggy, que nunca ha dicho una idiotez en su vida y cada vez que abre la boca, dice algo inteligente. ¿Sabes? No es solo un cantante o un bailarín, un tío problemático o un junkie; es todo eso, pero es muy listo. Creo que es un regalo tener eso. Tú estás diciendo lo que la película no tiene, yo estoy diciendo lo que sí tiene.

Sí, eso conecta con lo que dijo Jim Jarmusch, que la película era un «acto de amor» hacia la banda.

Sí. Y es que si quieres hundirte con el grupo, no hay final. Es como el infierno de Dante, puedes seguir descendiendo hasta que llegas a la mismísima guarida de Lucifer. Quiero decir, a lo mejor hasta la hemos visto; no lo sé, no se puede llegar más abajo de lo que llegaron ellos. Así que ¿cuánto quieres incidir en eso? Ya está. La cosa va sobre la música y sobre que somos suficientemente afortunados de tener a estas personas preciosas que nunca podrán decir una sola palabra más, excepto por Iggy que tiene mucho que decir. Es el amor de él hacia su banda y el amor de Jim a la banda. Está bien ¿qué más se puede pedir que tener a Ron Asheton y Scott hablando a una cámara? Es milagroso que tengamos eso, y en las manos de un director profesional y excelente. Está bien, no se trata de lo que no tiene la película.

Sin embargo, la película Nico Icon me parece una maravilla. Parece que Nico veía en ti a una persona que la entendía como quería ser entendida. Tú la ayudaste con Elektra Records.

Oh, Nico Icon es maravillosa. ¿No es preciosa? No creo que nadie conociera su historia al completo. Sabes que Andrew Loog Oldham me contaba todas estas cosas sobre ella y de pronto veías una foto de los 50 en la que era modelo y aparece otra parte de ella que no conocía. No sé. Conoces ese disco, The Marble Index, es un disco adelantado a su tiempo en 100 años, y ahora, sigue a 100 años de su tiempo, o 100 años más. Tuvimos suerte. Bueno, teníamos a John Cale y a Nico, y a Jac Holzman que se arriesgó. Quiero decir, que vendió 200 copias pero ahora llega el 25 aniversario y se monta un buen revuelo. ¿25 aniversario?, ¿de verdad? Yo ni siquiera lo sabía (risas).

Ella sabía que a mí me gustaba no porque fuera guapa, que lo era, sino porque era una gran poeta y compositora de canciones, y era una persona graciosa. No lo parece para nada, parece triste y oscura pero era muy, muy divertida.

¿Fue su muerte algo para lo que se podía estar preparado?

¿Cuándo murió? ¡Buff! ¡Ni siquiera sabía que siguiese viva! Quiero decir, cuando me lo dijeron, me quedé alucinado. Alucinado también porque hubiese durado tanto. Estaba sorprendido de que no hubiese muerto mucho antes.

Después de que te largaran de Elektra pasaste, más o menos, a ser el manager de MC5. ¿No fue aquello una locura, preocupándote a cada paso por si llegaba la policía, había palizas, drogas y se montaban revueltas?

Sabíamos que los polis iban a venir. Su manager estaba en la cárcel y ellos no tenían voz, pues habían sido censurados por decir la palabra “fuck”. Fuimos Jon Landau y yo los que tuvimos que ser sus niñeras. Yo no esperaba estar con estas personas durante mucho tiempo. Yo no los inventé, no los encontré. No los quería tanto, la verdad. Les tenía cariño pero no les quería tanto como a los Stooges. No habría puesto mi cabeza debajo de su jeringuilla.

¿Cuánto amabas a los Stooges como para hacer lo que sí hacías por ellos pero no hacías por MC5?

La cosa es que MC5 estaban ya destrozados, nublados. Habían sido censurados, las notas de su disco habían sido borradas, y luego lo de Bill Graham y las revueltas que ocurrieron en el Fillmore. Graham juró que el cantante de MC5 le había pegado en la cabeza con una cadena, refiriéndose a Robin Tyner, con el que yo estuve en el camerino. No pudo ser él. No habría sido él, es la última persona que hubiese hecho algo así; era absurdo. Pero Bill llamó a su amigo en Denver, su amigo en Dallas y a sus amigos de todas partes. De pronto, este grupo no puede tocar en ninguna ciudad de los Estados Unidos. Y todo el mundo les ignora. Lo irónico es que se van a Inglaterra y conectan con Malcolm McLaren. Eso sí es gracioso, considerando lo que pasó luego. Él pensó que la política podía ser moda. Relaciona el rock and roll y la política con el terreno de la moda. Él se movía en ese mundo, en el de los vestidos y las ropas. De ahí se saca los Sex Pistols y por suerte tiene a dos genios, Lydon y Matlock.

¿Cuál fue tu primer pensamiento cuándo viste a Iggy por primera vez?

Antes de verle, los escuché. Me hace muy feliz decir que los escuché a lo lejos, mientras subía las escaleras de este edificio de la universidad, cuando escuché este sonido enorme y embriagador que salía del lugar al que me dirigía, donde había visto a la Velvet Underground unos años antes, cuando era su “groupie”. Fueron los MC5, después de que estuviera en su concierto, los que dijeron que debía ver a su pequeño grupo hermano. Me lo dijo Wayne, parece que sabía lo que yo estaba buscando, algo un poco peligroso o moderno, no sé. Le pregunté: «Ya pero ¿cuándo tocan?» y me dijo: «En media hora al otro lado de la calle». ¡Oh me encanta eso! Es como lo de mi restaurante favorito ¡siempre es el que está más cerca!

O sea que el hecho de que estuviera cerca tuvo mucho que ver en el desarrollo de la historia del rock and roll (risas).

¡Oh sí, por supuesto! (risas).

Bueno, y luego, descubrí que había un Iggy, claro. Pero desde las escaleras solo escuchaba ese ritmo simple y poderoso y precioso. Y de pronto ¡dios mío, tienen un Iggy! Tienen un lunático saltando de arriba a abajo.

Y hablaste con ellos directamente.

¡Sí! A la mañana siguiente llamé a la compañía y dije: «Fíchalos».

A los dos grupos.

Sí, a los dos. Aunque los MC5 eran más o menos famosos.

Alguien habría fichado a MC5 tarde o temprano.

Sí, alguien les habría fichado de todos modos. Pero ficharlos a los dos era baratísimo para la discográfica. A los Stooges les ofrecieron 5000 dólares, como dinero de bienvenida, que era un montón.

Pero no tenían nada que ver un grupo y el otro. Eran de Ann Arbor, pensaron que serían más fuertes en la carretera funcionando como un paquete, supongo. Para mí, eran como un paquetito, la banda grande y la banda pequeña.

¿Es realmente cierto que fuiste tú el que le dijiste a los Stooges que tenían que escribir canciones?

No, en realidad no fue así. Jac Holzman dijo eso. La primera noche antes de que entrasen en el estudio al día siguiente con John Cale, Jac fue a visitarles al hotel y les preguntó: «¿Cuántas canciones tenéis, tíos?» y dijeron: «¿Dos, tres?» (risas). Y les dijo: «¡Mañana por la mañana grabáis y me va a costar mucha pasta, así que será mejor que consigáis unas cuantas canciones desde ahora hasta entonces!». Se quedaron despiertos toda la noche y escribieron el primer disco, exceptuando I Wanna Be Your Dog y alguna otra. Sé que no fui yo el que lo dijo.

¿Cuando los viste la primera vez no había canciones?

¡Era música! Sonaban como canciones porque era una música preciosa, es solo que no eran canciones arregladas y ensambladas. Y si escuchas esa música -nanananaa- ya intuías que venía una gran canción detrás de todo aquello.

¿Al ficharles no pretendías poner una pequeña bomba de peligro en Elektra y ver qué pasaba?

Crees que siempre tenía un plan pero no tenía un plan. «Te quiero tanto que quiero que tengas un disco. Te quiero tanto que quiero que estés en esta compañía». Así era. El jefe de la compañía piensa que tengo algo de gusto o un gusto moderno, al menos, y decide fichar al grupo. No tenía una visión para ellos, o un plan, solo les quiero. ¿Quién puede pensar con antelación cuando está rodeado de todos esos lunáticos? Y encima, metiéndome a ser su manager después de todo.

¡Otra vez, te volviste a meter en el marrón en el que ya te habías metido con MC5! ¿Por qué?

¡Porque tuve que volver a ser la niñera! (risas).

¿Y no era más difícil todavía ser el manager de los Stooges que de los MC5?

Eh, sí, lo era. Ya sabes; cuando las drogas entran en juego, estás indefenso. Estaba sacándole las jeringuillas del brazo a Iggy diciendo: «Jim hora de salir al escenario» mientras le saco de debajo de la taza del váter y Alice Cooper se está maquillando en la misma habitación. Los dos están cobrando 1500 dólares por noche y yo tenía que despertar a Iggy del suelo para que saliese al escenario.

¿Cómo podías aguantar? ¿Cuántas veces te pedían pasta?

No pude aguantar. Tiré la toalla. Paré. Fue lo de aquel famoso camión saliendo por los aires bajo aquel puente. Me habían costado todos los ahorros de mi vida. Fue el trabajo de niñera más caro de la historia (risas).

Era continuo. «No nos dejan salir de este hotel. No nos han pagado esta noche. El hotel va a llamar a la policía. ¿Podemos cargarlo en tu tarjeta de crédito? Dame tu tarjeta de crédito». Demasiadas veces. No era un motivo de jolgorio. Y luego se instaló la droga, el caballo. Tuve la enorme fortuna de que apareciese David Bowie y le pude encasquetar felizmente todo el “asunto”.

Después de colgar el teléfono y decirles que habías terminado con los Stooges y que dejabas de ser su manager, Iggy se te presenta en casa. ¿Qué pensaste?

Seguía siendo mi amigo aunque ya no trabajase para su grupo después de que su furgo fuese decapitada cuando destrozaron el puente. Pero Iggy seguía siendo él. Ya no tenía que ser su manager y preocuparme de cómo podía llegar de un sitio a otro. Aunque nunca tuve tiempo para hacer eso, realmente. En cuanto alguien me llamó y me dijo que David Bowie estaba aquí al lado, en el Max’s y quería conocer a Iggy, le dije que sí y que iríamos para allá pitando. Le desperté y le llevé hasta allí. Él lo cuenta como si yo fuese el que le había llamado desde Max’s. ¿Cómo le iba a llamar yo si estaba en casa viendo la tele a su lado? (risas). Fuimos para allá. Iggy me preguntó que quién era ese tío. Le expliqué que David había dicho en Melody Maker que Iggy era su nuevo cantante favorito y que podría escuchar sus discos después (risas). También le dije que Bowie quería conocerle y que yo ya no podía permitirme mantenerle durante más tiempo. Allí estaba David, se pusieron a hablar de música, un tema del que no tengo nada que decir y le dijo que iba a llamar a su manager Tony DeFries y bla bla bla. Le dijeron que le iban a comprar y yo pensé «gracias a Dios».

Después de que te echaran de Elektra y alguna otra actividad promotora. ¿Cómo te sentiste al pasar de toda esa puta locura a trabajar en 16 Magazine? ¿Fue un alivio volver a tu antigua profesión?

Bueno, sí. Sí lo fue porque ya no tenía que poner todo en riesgo; mi mente, mi corazón, mi gusto, mi trabajo, mi tiempo. Empecé como el asistente de Gloria Stavers pero tuvo una pelea gigante con el propietario, salió de la revista y yo heredé el puesto de editor. Por suerte, conecté con los Bay City Rollers. Solo necesitaban un hit y lo consiguieron. Fui a Escocia, nos hicimos amigos y bla, bla, bla. Y entonces, el nuevo dueño me echó a mí por vender mis fotos de los Bay City Rollers a una revista en Japón.

¿Por qué lo hiciste?

Por pasta. ¿Hola? (risas). ¿Por qué no? No sabía que no se podía hacer eso.

Y mientras trabajabas en 16 eras el manager de los Ramones.

Siempre he tenido dos trabajos a la vez, un trabajo de día y un trabajo del mundo del espectáculo.

Los Ramones se presentaron de manera perfecta ante ti.

Sí. Nunca quise tener nada que ver con lo que hacen, quiénes son, qué escriben, cómo suenan, nada. No puedo. Será mejor que sean perfectos porque ¿qué voy a hacer si no lo son? No escribo canciones, no sé tocar. Es como dije en el libro My Ramones «saqué la cámara» y eso era lo único que podía hacer que fuese importante o creativo o que tuviera una razón de ser. Ellos estaban grabando su primer disco y registré eso porque era un momento histórico porque era su manager. Yo no quería estar allí; no tenía nada que hacer. Así que les hago las fotos y me piro.

Parecería entonces que era sencillo ser su manager

¡No! Era durísimo. Por suerte tenía a mi compañera Linda Stein que era la co-manager, la mujer del dueño del sello discográfico, Seymour Stein, que aunque se estuvieran separando seguían siendo amigos. Ella hacía cosas como quedarse en las escaleras que daban al estudio, durante la grabación del primer disco, con un montón de billetes de 20 dólares en la mano y cuando las novias del grupo aparecían, les daba un par de billetes de 50 y les decía que había rebajas de sujetadores unas calles más abajo. Y así mantenía a las chicas apartadas mientras el grupo grababa, porque al grupo no les gustaba que sus novias estuviesen allí cuando grababan. Bueno, no les gustaban sus novias en general (risas).

¿Era duro conseguir conciertos para el grupo?

Era dificilísimo, terrible. ¿Por qué? Por los Sex Pistols, que estaban vomitando. En Inglaterra, solo tenías que vomitar una vez y ya estabas en el periódico como un “vomitador”. Una vez tocaron en Boston y al día siguiente se encontraron con unos reporteros del periódico Harvard Crimson, que habían estado en el concierto pero no habían querido acercarse al escenario. Johnny Ramone le preguntó por qué y dijeron «hemos oído que vomitáis encima del público». Esto lo dijo en estudiante de Harvard. Es como que los estudiantes más inteligentes de América piensan que ellos vomitan tocando porque los Sex Pistols aparecían en los periódicos por vomitar. Cuando escuché aquello, supe que iban a tener el mismo problema que tuvieron los MC5 y nadie iba a querer contratarlos porque vomitan.

¿Y cómo te organizabas entonces? ¿En quién te apoyabas para conseguir las fechas?

En cualquiera que estuviera dispuesto a hacerlo, cualquiera. Siempre era un fan. En cualquier lado tenías que encontrar un fan. Y si estabas en una ciudad, esa persona te ponía en contacto con otra persona que era fan y vivía en otra ciudad. Eran los promotores del mañana, gente en cualquier ciudad que encontrará un lugar para que toques en el que nunca habías tocado antes. Vuelves un año después y resulta que en la bolera donde tocaste, ahora hacen conciertos de punk rock o hay otro sitio abierto que programa a gente que vomita, o que no son Deep Purple (risas) o Yes. Es lo único que necesitabas. Teníamos agentes de contratación.

Quería trabajar con una gran agencia para que llevara el booking porque al principio eso era todo lo que hacía para ellos; intentar llevarles a Boston, a New Haven, no era tan lejos pero era muy duro conseguirlo. Y yo no quería estar haciendo eso. Yo quería estar pensando en el futuro. ¿Yo qué sé? Sabíamos que no vendían discos pero también sabíamos que a los chavales les gustaban y Johnny quería “trabajos”. Él era el jefe, era su grupo y llamaba a los conciertos “trabajos” y siempre preguntaba: «¿Qué trabajos tenemos?». Y yo lo veía así. Ninguna radio los ponía, así que su éxito tenía que ser a través de los conciertos en directo. Así que tenía que conseguirles “trabajo” y era horrible y era frustrante. Intenté que entraran en esta agencia gorda que tenía a los Who y a Springsteen y, encima, los dueños eran amigos míos. Me dijeron: «Nos encantaría trabajar contigo pero necesitamos que seáis un poquito más famosos antes de cogeros».

Así que contrataba a agentes por ahí. Les decía «hagamos una cosa ¿por qué no trabajas para nosotros durante tres meses y dentro de tres meses te digo si quiero firmar un contrato?». 90 días de prueba, nada de contrato y realmente les timaba. No me quedaba otra que ser un capullo y decirles: «Gracias, esperábamos algo mejor, pero gracias». Les usábamos pero quería para ellos lo mejor. Pensaba que los Ramones se merecían estar en la agencia de contratación más grande. Esa gente eran mis amigos, andaba con ellos en fiestas, tenían oficinas en Manhattan. Y yo creía que los Ramones tenían la legitimidad de estar con la misma agencia que tenía a los Who o a Led Zeppelin. Era como entregarle Iggy a Bowie: ¡Siguiente! Mi vida se había convertido en eso, rogarle a la gente por teléfono para que pillaran a mi grupo y les pudiese dejar en buenas manos.

Hablemos de tu libro de fotografía My Ramones publicado por First Third Books. La foto del Rocket to Russia es tuya. ¿Cuándo empezaste a sacar las fotos de los Ramones ya tenías interés artístico en la fotografía como disciplina?

Sí, sí, por supuesto, desde que tenía 11 años. Siempre que podía intentaba hacer fotos, Polaroids y también polaroids gamberras porque así, al igual que hacía todo el mundo, podías hacer fotos de gente desnuda (risas). ¡Claro, tío, es como tener tu propia pornografía! Sí, pronto me convertí en un pornógrafo doméstico, lo siento. Así que sí, me gusta tener una cámara y saqué fotos preciosas. En el libro de los Ramones están las fotos que les hice y como es mi libro y era su manager, hablo de ello. Cuando hacía las fotos es que… ¡no tenía nada más que hacer! Eran un grupo perfecto, estaban haciendo un disco y yo no me involucro en plan «toca eso otra vez, mueve ese micro», no hay nada qué hacer para mí (risas). Así que saqué la cámara y eso es lo que hay en el libro. Salen todo el rato los mismos cuatro tíos, una y otra vez, así que hablo de esto, de las circunstancias, no puedes estar diciendo quiénes son todo el rato, repitiendo sus nombres debajo de cada foto. Las fotos, más que retratos, muestran las circunstancias, dónde estaban, por qué andaban por la calle, o miraban esa estatua o lo que sea. Yo era el manager con una cámara en el bolsillo y los retraté, no es como si hubiesen contratado a un fotógrafo porque para eso tienes que tener mucho dinero. Así que tuvieron la suerte de tener a un manager mediocre que era un buen fotógrafo.

¿Por qué ha tardado tanto tiempo en salir una recopilación de las fotos que hiciste?

Ah, qué buena pregunta. Una cosa que desencadenó los acontecimientos fue el 40ª aniversario de la cosa de Londres (los Ramones tocaron allí y se inauguró el Punk para la historia) con lo que sabíamos que serían unos años ajetreados. Mi amigo Fabrice Couillerot, que vive en París y al que conocí cuando vino a Nueva York para hacer un libro sobre Jackie Curtis (superstar de Warhol), se había convertido en editor con su editorial First Third Books y me dice «quiero publicar fotos bonitas que tengan relación con la música, editadas en un papel bonito y con un bonito diseño, en edición limitada, puede ser lujoso y caro y aquí me encuentro tus preciosas fotos de los Ramones. Tendrían que estar en un libro» y yo le dije: «¡Sí!». Siempre lo pensé pero ¿qué iba a hacer?, ¿enseñarlas por ahí? Es solo que las circunstancias fueron las adecuadas, los recursos, también; el título, creo que también. Llamándolo “My Ramones” lo mantuve en los cuatro primeros, aunque Marky, el batería sustituto, entró a la mitad de la época que estuve con ellos. Así que, no hay fotos de Marky en el libro, es “Mis Ramones” y esos son mis Ramones.

Esos Ramones son los que mucha gente atesora más profundamente, los que quieren ver en un libro con esa sensibilidad hacia su concepto original y

Sí, y están muertos. Supone una diferencia muy grande. Hay algo de eso en por qué ahora, como me has preguntado. El hecho de que estén muertos es… No necesito decirte qué significa cuando alguien se muere; por un lado es más fácil lidiar con ellos y por otro lado, ahora tienen propiedades y administradores de derechos y, no digo que esperamos a que se muriera el último pero sí ocurrió que esas circunstancias afectaron. ¡Joder! ¿cuántos grupos están muertos al completo?

Y sobre todo, Danny, ¡les has sobrevivido a todos!

No, no es verdad. A Iggy, no.

Ya pero, a casi todos.

No, no, que estuve con Iggy la semana pasada y anoche estuve con David Johansen.

¡Guau! ¿Qué tal le va?

¡Muy bien! Está genial y casado con mi buena amiga Mara con la que trabajé en algunos proyectos como el libro que escribí sobre Linda McCartney, lo que me metió en la lista de mierdas indeseables de la familia McCartney (risas). Ya es hora de pasar de aquel asunto. Mientras sigues vivo, no deberías morirte teniendo a gente a la que odias andando por ahí. Y si el odio es mutuo, no sé, deberías recordar las historias por lo que fueron antes de eso. Pero todo eso terminará siendo así, de algún modo. Déjame enseñarte el motivo por el que estaré en Londres y que me ilusiona mucho…

Es un libro que fue escrito por alguien que no tenía ni idea que escribía. Se llama Damone Ramone, todavía es una prueba de impresión. Es una ficción absoluta, excepto que los Ramones salen en el libro y yo también salgo en el libro; solo que yo conduzco un camión, soy un narcotraficante internacional, monto en barco y llevo tatuajes, pero es mi nombre y soy el manager. Es una fantasía en la que son hermanos en realidad, unos hermanos que no se sabe qué sexo tienen porque sus padres siempre les esconden cuando les van a bañar.

Me encanta la historia y alucino con que lo haya escrito. No tenía ni idea de que escribiera y ha escrito todo esto. Es otro modo de explicar que las cosas se presentan por si solas y solamente tienes que estar atento. Pueden ser cosas en las que puedes participar, quién sabe cómo. Los jóvenes están rallados porque no saben qué hacer con su vida, siempre preguntándose ¿qué voy a hacer?, ¿qué voy a hacer? Pero las oportunidades vienen…

¿Y no es así como siempre has vivido tú?

¡Sí! Es lo que quiero decir a esos que se preocupan: «no te preocupes, vivirás, algo sucederá y tendrás tu propia vida».

Es imposible haber hecho todo lo que has hecho, teniéndolo planeado. Todas las cosas que te han pasado. ¿Nunca tuviste miedo de pensar qué iba a ser de ti?

¡Continuamente! Y mis padres estaba aún más preocupados que yo. Todos los hijos de todos los demás padres se iban a estudiar cosas como medicina, odontología, abogacía, economía, o a trabajar en el negocio familiar. Todos hacían “algo”. Y su hijo no estaba haciendo nada. Así que hubo mucho de «vamos a llevarte a ver a este famoso profesional que te va a decir qué deberías hacer con tu vida». Y yo me ponía en plan «dejadme en paz, yo decidiré quiénes son las personas que son famosas en mi mundo». Intentaban ser de ayuda. Para ellos supongo que es como si tienes un trasto durante 20 años y de pronto no sabes por qué lo tienes, y encima tenerlo es caro (risas).

¿Sentiste que cuando terminó tu trabajo con los Ramones, les habías dejado en buenas manos?

Bueno, me echaron o, más bien, no me renovaron el contrato.

¿Quién no te quería?

Johnny quería que me quedara. Eran los otros dos los que querían despedirme. Solo tres podían votar. Tommy ya no estaba. Dee Dee y Joey, no es que no les gustáramos pero querían vender discos. No vendían nada de discos y pensaron que un nuevo manager les haría vender discos. Aun así no vendieron ningún disco. Hace un par de años que su primer disco llegó a disco de oro. Pero vendían entradas y eran millonarios. No sé si habría sobrevivido si me hubiera quedado con ellos toda su carrera. No pedí una segunda oportunidad. «Bien, de acuerdo, buena suerte» y ya está. Johnny me lo dijo, me dijo: «Sabía que no venderíamos discos».

¿Más o menos a la vez aparecía por allí Phil Spector?

Alguien dijo: «¡Eh! Phil Spector hace hits y necesitamos un hit». ¿Qué? ¡Estamos en 1980! ¡Este tío lleva mucho tiempo sin hacer un hit! Y ahora es un lunático. Pero en ese momento justo yo me estaba yendo. Irónicamente fue él el que hizo con ellos la canción «Danny Says».

Que no es sobre ti, en realidad.

No, no es sobre mí pero todo el mundo dice que sí lo es. ¿Quién soy yo para discutir? Si alguien es tan tonto de pensar que trata de mí es que no la ha oído. Es sobre un tío y su novia, no es sobre mí; es solo el título.

¿Te hubieras quedado si hubiese dependido de ti?

Sí. Tendría que haberlo hecho. La mierda estaba en el aire porque era cuando la novia de Joey estaba empezando a ser la novia de Johnny y dejaron de hablarse. Hubiera sido todavía más horrible trabajar para ellos que cuando se odiaban los unos a los otros como si fuera un juego. Ahora se odiaban de verdad. Esos tíos eran capaces de desarrollar un odio muy profundo. Dejaron de hablarse durante el resto de sus vidas.

¿Cómo lidiabas con eso?

Imagínate si tú y yo no nos hablásemos y tuviese que preguntarte algo, tendría que preguntarle a otra persona que si te puede preguntar que si quieres otra cerveza y después le preguntaría que qué le habías respondido. ¡Así teníamos que hacerlo! ¿Te imaginas intentar hacer negocios así y estar metidos en un coche? «No quiero una bebida» y le digo: «¿Qué ha dicho?» y me dice: «Ha dicho que no quiere otra bebida» y le digo: «Ah, OK». Así todo el rato y, de pronto, uno de ellos dice: «¡Ya le he oído!». Y yo le suelto: «Pero me has dicho que no os habláis. ¿Resulta que no le hablas pero sí le oyes? ¡Esto es una mierda!». Así estuvieron años y años. Pero se estaban haciendo millonarios. Esa fue su compensación.

Linda Stein, tu amiga y compañera en el management de los Ramones, murió asesinada por su asistente en el 2007. ¿Cómo superaste aquel drama?

Nunca lo superas. Tienes que seguir con tu vida, claro, así es como es, como cualquier ser humano. Es duro, nadie puede ocupar su lugar. Y sí, no lo he superado. Quiero decir, no estoy paralizado y muerto de pena pero no lo he superado. No he superado ninguna muerte pero tienes que avanzar, no quedarte destrozado porque la gente que conoces muere.

¿Qué hiciste después de los Ramones? Tu historia, casi siempre que la cuentan, termina en ese momento.

Lo sé, suele acabar ahí. Pues me metí en la música country. Tuve una revista de música country llamada Country Rhythms. Willie Nelson fue la portada del número 1. Fue muy divertido porque pasé mucho tiempo en Nashville y con gente maravillosa. Y la revista cerró.

¿O sea que siempre te gustó la música country?

Oh no. No me gustaba, no sabía nada de música country (risas). Pero ¿qué más da? Para aquel entonces podía llamar a alguien y preguntarle quiénes son las personas más importantes que hablarán conmigo y les parecerá bien hablar de country y que más o menos molen. Así que me pasaron una lista de dos personas, que estaban en el corazón de Nashville pero a los que también les gustaban los Stooges. John Lomax III fue uno de ellos, de la familia Lomax, los colectores de música folk americana. Un tío brillante y muy listo. Y ellos me vendieron muy bien para ponerme en contacto con la gente con la que debería hablar. En el primer viaje a Nashville para conocer a gente, estaba en el ascensor y veo a Loretta Lynn allí parada; me quedé boquiabierto y me hizo un guiño. ¡Qué cosa más flipante! Quiero decir, no puedes estar tan cerca de las celebridades en Nueva York. Así que pensé que iba a ser divertido.

¿Cuando cerró la revista, fuiste despedido de nuevo?

Bueno, la revista tuvo que cerrar, pero sí, fui despedido. Me puse a trabajar para la radio, donde pude entrevistar a gente. Después hice un programa semanal donde metía lo que había pasado en el mundo del rock and roll en una hora, basado en las listas de éxitos. Yo lo escribía y lo producía. E hice un par de miles de entrevistas que tengo conmigo, en máxima calidad radiofónica. Por eso pudimos poner la grabación de mi entrevista con Leonard Cohen en el homenaje que le hicimos ayer por la noche.

¿Se puede acceder a esas entrevistas de algún modo?

Sí. Están todas en Yale. Aunque lo que quieren ellos son las cintas físicas porque es lo más cercano a la cosa en sí, todo está transferido a un disco duro en lugar de en unas cajas de cassettes. Y ahora lo tengo aquí.

¿Y los 90?

No me acuerdo muy bien de los 90. Son como un espacio en blanco (risas). Creó que fui manager de Paleface. Que era brillante y que resultó ser imposible de manejar porque bebía muchísimo. Bebía mucha birra y puedo lidiar con un junkie pero no con un borrachuzo cervecero (risas). Mentira, tampoco puedo lidiar con un junkie.

¿Qué haces ahora, hoy?

Hago lo que estoy haciendo contigo, echar una mirada al pasado. Y cada vez es diferente, dependiendo de con quién lo hagas porque lo que tú quieres saber es un poco diferente, incluso desde el modo en el que yo pienso acerca de ello. Si escuchas tu opinión sobre algo, tengo la oportunidad de hablar con alguien externo y revisarlo. Al contrario que mi casero que no arregla el ascensor y con el que podría hablar y sacarme de quicio y acabaría gritándole.

Lo que hago es organizar toda esta movida, estas fotos, y toda esta mierda que tengo en casa. Pero estoy contento porque todo el material audio ya está en Yale. Había un montón de formatos de audio, todos los que te puedas imaginar. Se digitalizó todo y ahora está en Yale. Los tíos del cofre de Lou Reed con todos sus discos fueron a Yale y transcribieron todas mis entrevistas con Lou. Me desperté una mañana y allí estaban, impresas en el disco. Nadie me pidió permiso nunca. La cosa está en que el que escucha mis audios no tiene el derecho de usarlo como le dé la gana. De algún modo en Sony no pillaron el mensaje.

Así que ahora tengo que considerar una denuncia por violación de copyrights contra ellos porque ese es mi trabajo y se ha usado sin mi permiso. ¿Que sabes qué? Prefiero contártelo a ti y que la gente sepa que hay que tener cuidado al hacer negocios con Sony. Eso es suficiente. Me siento orgulloso. Sony, te lo mereces. Pero tú puedes ir allí y pedir lo que quieras oír. También me lo puedes pedir a mí pero Yale va a estar allí siempre y yo solo voy a seguir vivo unos cuantos minutos más.

Danny, gracias por todo.

 

Texto: Rafa Suñén

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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