Papel — 30 julio, 2017 at 7:51

Literatura universal – Sabino Méndez (Anagrama)

¿Para qué buscarse un título discreto? Como dice el compadre qué difícil es ser humilde cuando uno es tan grande. Sabino Méndez (Barcelona, 1961) vuelve a Anagrama años después de irse con la mayor parte de las cuentas pagadas de Hotel Tierra (2006). Y lo hace en un libro que está a la distancia desesperante de la mayor parte de los lectores. Es ésta una novela generacional escrita desde la parodia. Es un testimonio de alguien que para variar, sí estuvo allí y ayudó a edificar o demoler lo que sucedía. La partida juega con los palos de la ficción, la socarronería marca de la casa, la ficción, la emoción que se priva de ser pringosa en un viaje a través de las palabras que robamos de otros –de ahí el título y los pies de página de todo el libro-. Una narración clásica, casi se podría decir de formación, pero con un ojo en aquellos libros que planteaban la narración como un caleidoscopio, un reparto una y otra vez de las mismas cartas que podíamos encontrar en “Pálido fuego” de Nabokov (una de las pasiones de Sabino) o “Rayuela” de Cortázar. El argumento gestionado con elasticidad, ironía y portazos en el momento justo narra las peripecias de Cárdenas, Simón y Valls, amigos de colegio de curas durante los últimos años de la dictadura. La típica voracidad adolescente de canciones, libros, chicas, películas y drogas les zarandean entre sus ambiciones, armisticios y defenestres varios. Cada uno de manera consciente o inconsciente busca una narración que les vertebre, finalizar la novela que es ellos mismos de un modo artísticamente aceptable. Algo que sólo era tahúr de narrador parece haber conseguido. Festín Méndez.

 

CARLOS ZANÓN

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