Encuentros — 6 Julio, 2017 at 18:49

The Orwells – Juventud, ambición, locura, talento, hits…

Acabo de cumplir 40 tacos y por el momento no oteo crisis en el horizonte. Sí, diablos, tengo más entradas, la barriga sigue in crescendo y dos esguinces en los tobillos hacen que andar por el Primavera Sound sea un auténtico Via Crucis. Pero, ¡hey!, es ponerme cualquiera de los tres discos del quinteto de Chicago y sentirme como cuando todo lo antes mencionado quedaba muy lejano. Hoy pienso que la próxima semana tocan en Sidecar (11 julio, Barcelona; al día siguiente en la Costello de Madrid; tras su paso este sábado por el Bilbao BBK Live) y que podré berrear sus temas rodeado de mis amigos y sé que tengo combustible para unos añitos más. The Orwells me hacen sentir jodidamente vivo.

España es un país complejo para el rock, lo sabemos. A los que no comulgamos con esos sonidos frescos, rompedores y jóvenes que parece ser que disfrutan todos los jóvenes de nuestro país –no me atraparéis mencionándolos–, se nos ridiculiza día sí, día también. Se argumenta que somos viejos cascarrabias que solo queremos escuchar bandas que recreen los sonidos que nos excitaron en nuestra adolescencia y que ese tipo de grupos están muertos para el público más joven; estamos dando la espalda a su realidad musical… Bueno, quizás esta es la realidad aquí; pero si uno ojea los clips en directo de The Orwells grabados en ciudades de Estados Unidos o Inglaterra, verá como el público está formado en su gran mayoría por chavales de su misma edad, veintipocos. Sus canciones, picoteando con desparpajo e innata puntería del rock alternativo de los últimos 30 años, les hablan alto y claro. Aquí y ahora. Ellos también se sienten jodidamente vivos escuchando a The Orwells, escuchando rock. Tengas su edad, la mía o 60 ve a verles y me cuentas… O, mejor, compra la entrada para su show de Barcelona aquí y vívelo conmigo. 😉

Al habla con Dominic Corso, guitarrista.

Uno de mis temas favoritos de Terrible Human Beings, vuestro último disco, es “Black Francis”, donde construís el estribillo tomando prestadas las palabras Viva Loma Rica del tema “Nº 13 Baby” de los Pixies. ¿Por qué ese tributo a los de Boston?

Son una gran influencia para nosotros y siempre nos había parecido muy guay esa parte de la canción, así que decidimos integrarla en un tema que es de algún modo nuestra manera de mostrarle nuestro respecto a Black Francis. Si tuviéramos que elegir un disco de su discografía creo que todos estaríamos de acuerdo en que Doolitle es uno de los mejores álbumes de la historia; aunque yo también le tengo un cariño especial a Trompe Le Monde. Quizá te sorprenda, pero descubrí a Pixies en la escena final de El club de la lucha, cuando suena “Where is my mind?”; me metí más a fondo en ellos cuando Matt, el otro guitarrista, me pasó Doolittle y se ha convertido en un disco al que vuelvo constantemente desde entonces. Hemos coincidido con ellos un par de veces, en el Summer Sonic Festival de Japón y en otro festival que ahora mismo no recuerdo; en diciembre abrimos sus conciertos en Seattle, Portland y Vancouver, estamos muy emocionados.

Viendo el videoclip de Black Francis, que vosotros mismos describisteis como Beastie Boys protagonizando Haz lo que debas, se intuye que debió ser un rodaje bastante alocado… Y frío.

Fue un día increíble, aunque seguramente también uno de los más fríos del pasado invierno en Chicago. Rodamos en unos projects abandonados, una zona bastante chunga de la ciudad, y estábamos helados, pero lo pasamos genial porque lo hicimos con Eddie, el hermano de Matt con el que hemos rodado unos cuantos videoclips y es como el sexto miembro de The Orwells. Tuvimos que filmar un par de tomas sin camiseta y, ¡oh, tío!, eso fue jodido (risas).

Creo que Terrible Human Beings es lo que suele llamarse un grower album, un disco que va creciendo, revelando detalles con cada nueva escucha. Así como Disgraceland era una concatenación de hits, este suena más intrincado por momentos. ¿Cómo fue el proceso?

Cuando empezamos a escribir las canciones nuestra idea era mantener esa línea de sencillez directa, pero una vez entramos en el estudio con el productor Jim Abbiss –productor de los debuts de Arctic Monkeys y Kasabian, así como de los dos primeros trabajos de Adele; n.d.r–, él llevó las canciones a otro nivel, nos guió para adentrarnos en territorios donde no nos hubiéramos atrevido a entrar de no ser por su ayuda y su visión. Jim consiguió que el disco sea una pieza sólida, un álbum del que poder sentirnos orgullosos de principio a fin. Ya en Disgraceland trabajamos con él en dos cancione, “The Righteous One” y “Dirty Sheets”; fueron 4-5 días en su estudio de Londres y lo pasamos muy bien; así que repetir con él para el nuevo álbum fue una decisión lógica.

Pero en esta ocasión os lo habéis traído a Chicago para grabar en los Electrical Audio Studios de Steve Albini. ¿Qué tal la experiencia?

Es un estudio muy profesional, muy bien equipado, que además está en el vecindario donde todos vivimos, así que Jim se quedó con nosotros durante las tres semanas aproximadamente que estuvimos grabando. Ha sido la primera vez que lo hemos hecho entero en un mismo sitio, ya que Disgraceland se grabó con distintos productores en distintos estudios por todo el mundo; ahora el proceso ha sido más conciso, lo que creo que ha jugado a favor de esa solidez que te comentaba antes.

Lo primero que escuchamos y vimos del álbum fue el videoclip de “They Put a Body on the Bayou”, con esa imagen potente del candidato político disfrutando / sufriendo una sesión de bondage. Tengo entendido que queríais trazar un paralelismo con los excesos de lo que se entiende por el estilo de vida del rock’n’roll; a pesar de vuestra juventud, después de tres discos, cientos de conciertos y otros tantos after-shows, ¿empezáis ya a valorar las mañanas sin resaca?

(Risas) Bueno, lo llevamos bien. Creo que hemos llegado a un punto en el que sabemos gestionar nuestro día a día, tenemos claro cuáles son nuestros objetivos y cómo debemos manejar tanto nuestra relación con la parte más empresarial como la más lúdica del grupo. Queremos seguir haciendo lo que nos gusta, poder seguir viviendo de esto, por lo que nuestro nivel de exigencia para con nosotros mismos es alto. Somos profesionales… ¡Pero también nos gusta pasarlo en grande!

Ahondando en la sátira política que subyace en ese videoclip, ¿cómo te sientes tú personalmente viviendo en los Estados Unidos de Donald Trump?

Es una época muy extraña, pero tampoco quiero profundizar en el tema porque se supone que estamos aquí para entretener a la gente y no quiero tampoco polarizar al personal…

Te entiendo, pero vuestras canciones transmiten una perspectiva joven y desencantada sobre el presente, incluso crítica en la elocuente “Who Needs You”, y pienso que, en el actual clima político que te afecta a ti en EEUU, pero también a mí en Europa, un joven como tú debe darle vueltas al tema cuando piensa en su futuro…

Sí, me preocupa, no soy ajeno a ello y veo que el nivel de confusión y violencia va en aumento a nivel global. ¿Qué podemos hacer nosotros al respecto? Por el momento, seguir plasmando nuestra visión sobre lo que es ser un veinteañero en nuestro país en unas canciones que esperemos ayuden a la gente a evadirse, a desconectar durante un rato de todo eso que no comprendemos, aunque es fundamental que estemos informados de lo que sucede.

Echemos la vista atrás, hacia vuestros inicios. Grabasteis una demo y la enviasteis a distintos medios y sellos a la espera de obtener respuesta; ¿cómo recuerdas el día en que recibisteis el mail de Justin Gage, del magazine online Aquarium Drunkward, diciéndoos que os quería para su sello Autumn Tone?

Perfectamente. Estaba cenando en casa con mi madre cuando me escribió Matt para decirme que había recibido ese mail; me puse a gritar como un loco, es una sensación difícil de verbalizar, la verdad. Piensa que nosotros estábamos todavía en el instituto y la idea de ir a la universidad no era algo que nos excitara mucho puesto que estábamos entusiasmados con la banda, así que puedes imaginarte cómo nos sentimos al saber de Justin. Fue una bendición, el espaldarazo definitivo a nuestra incipiente carrera. Debo decir que todos nuestros padres nos apoyaron desde que montamos el grupo; venían a nuestros shows y, al ser nosotros unos críos todavía, nos apoyaban financieramente para que pudiéramos comprarnos los instrumentos y el equipo mínimo para grabar y tocar. Cuando ya empezamos a ganar algo de dinero, lo invertimos en equiparnos mejor.

¿Cuál fue la primera guitarra que te compraron y cuál es tu favorita de las que tienes ahora?

La primera que tuve fue la reedición de la Danelectro 59 blanca; no sé dónde estará porque después de dos años dándole caña al salir del instituto acabó bastante hecha polvo. Actualmente mi favorita es una Serracola, una guitarra hecha a medida por un amigo del padre de Mario –Cuomo, cantante de The Orwells; n.d.r. –; tiene el cuerpo de una Telecaster y lleva pastillas Syemour Duncan. Este amigo se ganaba la vida haciendo guitarras customizadas en los años 80 y 90 y, aunque ahora ya no se dedica a ello, el padre de Mario le dijo “Venga va, hazle una a Dominic”. Hace año y medio que la tengo, he grabado el disco con ella y es con la que toco siempre en directo.

Cuando os descubrí con el videoclip de “Mallrats” corte extraído de su debut Remember When, n.d.r., sufrí un auténtico shock. Debo reconocer que me obsesioné un pelín con él, con esa canción tan endiabladamente pegajosa y cruda. Era verlo en bucle y querer tener 15 años menos y ser uno de vosotros. Lástima que no tenga ni idea de componer ni tocar…

(Risas) “Mallrats” fue la primera canción que escribimos donde desde el primer momento intuimos que podía funcionar como single y para el videoclip Eddie tuvo la idea de vestirnos de punks y grabarnos deambulando por un centro comercial. Fue bastante embarazoso porque sentíamos que íbamos disfrazados y que estábamos haciendo el ridículo con Eddie siguiéndonos con la cámara arriba y abajo mientras las familias nos hacían fotos con sus móviles. Luego valoramos positivamente la experiencia porque nos sirvió para salir de nuestra zona de confort, algo que era importante en nuestros inicios.

Al poco tiempo, un usuario de YouTube subió un vídeo que había hecho para “In My Bed” con antiguas imágenes de Jay Adams y otros skaters de los 70. ¿Qué pensasteis al verlo?

Es divertido porque lo hizo un chaval con el que íbamos al instituto y que en esa época nos odiaba (risas). Nos habíamos conocido en el colegio, con 12 años, pero al pasar al instituto nos distanciamos y como que empezó a soltar mierda de nosotros. Pasan un par o tres de años y de pronto este clip no oficial aparece en YouTube, a la gente le entusiasma y al investigar descubrimos que lo había hecho él. Fue surrealista. Con el tiempo hemos acabado limando asperezas, claro.

Disgraceland estuvo en el Top 5 de la lista de discos favoritos que los redactores de la revista confeccionamos cada año. Sigo pensando que es un álbum tremendamente infravalorado, recuerdo alguna reseña muy condescendiente e innecesariamente dañina a mi entender. En cualquier caso, lo más importante es saber cuán especial fue para vosotros el siempre difícil segundo disco.

Gracias por tus palabras, tío. Disgraceland fue crucial para nosotros, una lección de aprendizaje intensa y muy valiosa. Era nuestro debut en un gran sello, Atlantic, y todo el proceso de gestación de esas canciones y las sesiones de grabación que hicimos con Chris Coady fueron experiencias que nunca olvidaremos. Chris había producido los dos últimos discos que grabaron Smith Westerns antes de separarse, Dye It Blond y Soft Will; éramos muy fans de ambos y el hecho de estar trabajando juntos en el estudio para nuestro primer álbum importante era alucinante.

Antes he mencionado “Who Needs You”, sin duda el single que más repercusión tuvo a raíz de su aparición en un anuncio de Apple. En el actual panorama musical donde las ventas de discos distan mucho de las cifras de antaño, ¿cuán importante es para una joven banda como la vuestra el hecho de licenciar vuestras canciones para anuncios, series y demás canales de emisión?

Es fundamental. Hoy en día existe una saturación de buena y mala música y cuesta asomar la cabeza o llegar a tu público potencial. Por muy buen equipo que tengas detrás trabajando en hacer que tus canciones se escuchen, hay tantos factores que se nos escapan y a veces los motivos detrás de un éxito o un fracaso son tan peregrinos, que no puedes quedarte esperando a que la gente entre a una tienda de discos a específicamente seleccionar tu disco, por muy increíble que a ti te parezca. Si no licencias tu música para que aparezca en anuncios o películas tu banda será underground siempre; es una opción lícita, por supuesto, pero nosotros éramos ambiciosos y lo seguimos siendo porque queremos seguir haciendo lo que nos gusta en las mejores condiciones posibles.

Editasteis un EP con “Who Needs You” en el que incluisteis dos canciones que vosotros mismos reconocisteis como fraudes / plagios: “Open Your Eyes (A Misfits Rip-off)” y “Salvation is a Parking Lot (A Black Lips Rip-off)”. Háblame de ambas y de ambos grupos.

Cuando éramos unos críos cada vez que los Black Lips venían a Chicago íbamos con nuestros amigos y lo pasábamos en grande. Admiramos su trayectoria como banda y nos enloquecen sus directos, así que fue divertido hacer una canción inspirada en ellos, robando su estilo descaradamente. Es curioso, ahora que lo pienso hemos coincidido algunas veces con ellos, son unos tipos encantadores, y ¡no recuerdo que jamás les hayamos hablado de esa canción! (risas). En cuanto a los Misfits eso es más cosa de Mario, que es muy fan de ellos y lamentará para siempre no haberlos visto cuando la formación original se juntó para actuar en el Riot Fest de Chicago el año pasado.

Para terminar, me gustaría lanzarte dos preguntas a propósito de las dos canciones que cierran Disgraceland y Terrible Human Beings. Empecemos con “North Ave”, cuyo clip rodasteis en Elmhurst, un suburbio a las afueras de Chicago. ¿Cómo fue crecer en él y cuál es vuestra relación con la Windy City?

Yo nací en Riverdale, a unos 30 minutos de Elmhurst, en un vecindario bastante jodido; siempre les agradeceré a mis padres que trabajaran duro para poder sacarnos a todos de allí. Nos juntamos todos en Elmhurst… Bueno, obviamente a Mario ya le conocía porque era mi primo (risas), pero digamos que aquí fue donde empezó nuestra amistad y el grupo. Cuando teníamos unos 12-13 años empezamos a viajar a Chicago, que está a unos 20 minutos, y conectamos rápidamente con la ciudad y a hacer amigos; allí nos era más fácil conseguir conciertos, house shows, y darnos a conocer entre el público y las bandas locales. Recuerdo con cariño toda esa época, teníamos 16-17 años y estábamos hambrientos.

Y acabemos “Double Feature”, un cierre por todo lo alto, siete minutos con partes de embrutecida psicodelia…

Originalmente se desdoblaba en dos partes, dos canciones distintas. Teníamos la primera, de tres minutos, que queríamos terminar con algo especial, pero estábamos atascados. Entonces Bobby Lord, un amigo que participa en el disco con sus teclados y otros instrumentos, tuvo la idea de construir esa parte instrumental, justo antes del minuto tres; un crescendo loco que dura otros tres minutos antes de recuperar la calma y llegar al final. Un buen cierre, sí.

Texto: Roger Estrada

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