Encuentros — 7 junio, 2017 at 11:27

Moon Cresta: incansables experimentadores del rock

 

Moon Cresta sigue sorprendiéndonos con sus propuestas musicales. La banda gallega sabe como crear expectación con cada uno de sus proyectos. No es de extrañar, ya que cuidan cada detalle de los mismos. No sé conformar con grabar un disco, sino que pretenden dar un paso más allá. Desde cruzar el charco para grabar en EEUU a crear un vídeosingle para cada una de sus canciones, son algunos de los ejemplos que les han llevado a seguir experimentando. Su último reto: grabar un disco en nueve estudios diferentes con un productor para cada ocasión. Un recorrido lunático que nos ofrece Moonary, su último y excelente trabajo de estudio plagado de rock y funk. David Vázquez, cantante de la banda nos cuenta en esta entrevista como surgió la idea de este nuevo reto.

¿Qué significa Moonary y qué tiene la luna para que os tenga tan atrapados con su influjo?

“Moonary” es un término que adaptamos de un neologismo creado hace más de un siglo por el poeta argentino Leopoldo Lugones al titular uno de sus poemarios “Lunario sentimental”. Tomamos de ahí el concepto de una especie de diario nocturno. Nos parecía que esta idea congeniaba muy bien con la de relatar a modo de cuaderno de bitácora el viaje que hicimos por nueve estudios de Galicia para grabar el disco. El hecho de titularlo “Lunario” (Moonary) no solo incidía en la nocturnidad (consustancial a la vida del músico de rock) sino también en ese carácter mutable de la luna, que nunca ofrece un mismo aspecto dos noches seguidas (siempre está menguando o creciendo). Igualmente, nuestro disco trata de ofrecer todas las facetas expresivas diferentes que actualmente Moon Cresta es capaz de mostrar.

Creo que sois una de las bandas con más ímpetu del país, estáis siempre en movimiento, probando cosas nuevas, yendo a grabar a EEUU, esta vez os habéis planteado un nuevo reto. Grabar cada canción en un estudio distinto, ¿por qué?

¡Nos halaga ese comentario! En este caso la idea de grabar por distintos estudios tenía dos propósitos: por un lado fue un reto. Nuestras visitas a los diferentes estudios tenían que durar solo una jornada. La sesión de grabación tenía ese plazo. Teníamos que ir con los deberes bien hechos y las ideas claras para que la cosa resultara fluida, cómoda y natural. Pero además el proyecto suponía un compromiso. Nosotros somos conscientes de que en Galicia existe un sector, el del rock, al que pertenecemos como músicos que somos. Pero los que constituimos dicho sector no solo somos los que nos subimos a interpretar nuestras canciones a un escenario, sino que también lo conforman otros agentes como sonidistas, iluminadores/as, programadores/as, productoras, periodistas, radios, etc… creando juntos un tejido que funcionará mejor cuanto más cohesionado esté y mayor conciencia tome de sí mismo como un colectivo de integrantes interdependientes. Esa unión creemos que dinamizaría más el sector. Nosotros hemos hecho un gesto hacia ese colectivo con la parte que nos toca que es la de participar activamente grabando canciones e intentando estrechar lazos con el mayor número de estudios y productores posibles que es el campo en el que podemos desarrollar nuestro trabajo y nuestra cuota de participación en este ámbito del rock gallego.

Cómo ha sido la experiencia? ¿Os habéis adaptado a cada estudio y productor o ellos se han adaptado a vosotros?

El concepto del disco era propicio a que las canciones pudieran sonar diversas entre sí puesto que la factura y estilo de unas y otras era clara y pretendidamente diferentes. Esto hacía no solo viable y justificable el periplo por los estudios, sino casi pertinente. Creemos que en general todos los productores nos han dejado ser nosotros mismos, y el resultado final del disco, aunque heterogéneo, tiene un sustrato muy reconocible que es nuestra manera de sonar. Eso lo han captado y respetado todos los estudios pese a su diverso apartaje y todos los productores por encima de sus inclinaciones o respectivos cuños de estilo sonoro (que también se notan).

¿Cómo decidisteis que canción iba en cada estudio? ¿Cuál fue el criterio si hubo alguno en especial?

A la mayoría le dábamos a escuchar un puñado de canciones sobre las que estábamos trabajando y ellos escogían la que más les apetecía. Algunos conocían al grupo de cerca y se inclinaban por la que quizá pareciera más imprevisible para lo que suele ser nuestro repertorio, intentando así extraer

algo novedoso de nosotros. Otros veían clara cuál era “su canción”… En general, salvo los tres últimos temas, la elección estuvo en la mano del productor buscando, de ese modo, que trabajara a gusto con el material.

Supongo que no dejabais mucho a la improvisación sino que llevabais los temas muy preparados al estudio.

Efectivamente. En principio las canciones estaban muy cerradas; sin embargo hubo un par de productores que nos pidieron reconducir algunos arreglos o secciones del tema a mitad de sesión. No fue fácil porque los cambios tenían que alcanzar la misma solidez y seguridad previa a su transformación prácticamente en cuestión de minutos. Pero eso era parte del reto.

Y os habéis currado un vídeosingle para las canciones, ¿Cómo y porqué surge esta idea visual que acompaña siempre a la banda? Cuidáis mucho este aspecto desde el principio.

Lo de los vídeosingles fue una idea previa al álbum. Cuando dimos por finalizada la gira del segundo disco decidimos postergar el centrarnos en un nuevo disco y optamos por lanzar singles en formato digital pero siempre publicados como videoclips. El propósito era multiplicar impactos y crear expectativas para un tercer álbum, pero la ambición de los proyectos audiovisuales en los que nos embarcamos ralentizó el proyecto. En esta colección de vídeos hemos trabajado con grupos de bailarines como unos de danza oriental en “Up on the Hill”; otros de hip hop, contemporánea y acrobática con la Escuela Mediapunta, en “Dance lil’ Sister”; hemos rendido tributo a los primeros músicos de rock de Vigo en los 60 en “Future & Remembrances”; realizamos el primer vídeo gallego hecho totalmente en animación 3D en “Sweet Innocence” dirigido por Juan Martínez…). Todo ello supone un esfuerzo titánico para una banda ya no solo independiente sino autogestionada y autárquica.

¿Cómo nace una canción de Moon Cresta? ¿Cómo os dividís el trabajo compositivo y qué aporta cada miembro de la banda?

En el repertorio de Moon Cresta hay canciones que surgen de una maqueta doméstica grabada de modo casero y que luego adquieren el auténtico sonido y personalidad de la banda al ponerlas en común en el ensayo. En otras ocasiones, si bien no canciones enteras, sí ciertas secciones, surgen del desarrollo y estructuración de riffs tocados en jams de ensayo. Más o menos esas son las dos vías que trabajamos. Las primeras posiblemente resultan canciones de factura un poco más clásica, y las otras dan lugar a piezas de corte un poco más experimental.

Y respecto al directo, ¿qué ingrediente pone cada uno de vosotros a vuestros explosivos directos?

Creo que lo que nos caracteriza a todos es la entrega en vivo. No hay un reparto real de funciones o papeles; lo que sí puedes ver es a cuatro tipos que acaban chorreando después de estar casi dos horas dando saltos. Es algo que suena a frase hecha y más en una entrevista escrita, pero el directo en nosotros nos convierte en una banda sensiblemente diferente a la que la gente puede conocer por nuestros discos o por referencias estilísticas en las que se nos encasillan. Cuidamos mucho lo visual, lo estético y lo actitudinal en el escenario y esto llega mucho al que acude a un concierto y lógicamente el público acaba teniendo una idea más completa y real de lo que es Moon Cresta.

Hace ya casi 20 años que la banda empezó su andadura. ¿Cómo veis la evolución de la banda desde aquel entonces? ¿Qué os habéis dejado por el camino y qué habéis aprendido?

Por un lado la banda ha cambiado de integrantes, pero las incorporaciones siempre han asimilado la idiosincrasia, personalidad y sonido, sabiendo además aportar su sello. Estilísticamente nuestros inicios de rock de corte clásico o sureño han derivado en una orientación por un lado más funk, pero también más noventas. En el plano “vivencial”, en todo este tiempo, uno aprende a asimilar (mucho antes de que pasen 20 años) la gran mentira del rock and roll y acaba por entender que una banda es un medio de relacionarse con los demás, de acumular experiencias musicales y extramusicales y de conocer gente. Moonary es un buen ejemplo de todo ello. Por esa razón seguir embarcado en un proyecto como este quizá necesite de ese componente de búsqueda, de tentativas de ideas nuevas, planes diferentes… Es como un eterno plan de emergencia: tanto en el sentido de estar alerta, como en el de salir a flote y hacerte visible.

La formación ha tenido varios cambios, el último la salida del batería Rubén di Groovie. ¿Cómo ha cambiado el sonido de la banda la entrada de Sergio a la banda? ¿qué aporta a la música de Moon Cresta?

Pese a la juventud de “Sir”, consideramos que su sonido nos da un punto añejo muy interesante. Además, su gusto y soltura en el terreno del jazz nos proporcionó también un mayor arranque a la hora de llevar a nuestro directo una faceta más improvisadora con búsqueda de desarrollos instrumentales y secciones de mayor libertad donde nos volvemos más imprevisibles.

Con este disco habéis fichado por Rock Estatal Records, ¿qué significa para vosotros este hecho? ¿Cambia en algo vuestro acercamiento a la música?

Rock estatal creo es una buena muestra de lo que explicaba antes acerca del compromiso con el sector del rock. Su proyección tanto en el mundo discográfico como en el editorial, promocional, de prensa escrita, etc… la convierte en un buen paradigma de dinamizador de la industria musical. Nuestro fichaje fue algo que surgió muy in extremis a la publicación del disco (que iba a ser lanzado, como el anterior, con un sello propio) pero con ellos se nos ha ofrecido una inyección promocional extra que, a decir verdad, nos ha dado acceso a medios donde antes no esperábamos ser acogidos y, para nuestra sorpresa, somos muy bien recibidos.

Ya habéis presentado el disco en directo, ¿cómo ha sido la acogida y qué se puede esperar el público que vaya a veros y aún no lo haya hecho?

Solemos parafrasear a Churchill y decir que en nuestros conciertos solo podemos prometer “baile, sudor y júbilo”. Referido a nuestro directo, nos hizo especial ilusión una crónica de nuestro concierto presentación de Moonary en Vigo en la que la redactora comentaba que a la salida del mismo escuchó a alguien decir que “todo el mundo debería venir a un concierto como este”. Algún otro blog a nivel nacional ha dicho de nosotros que nuestro directo “es digno de estudio”. Algo debemos de estar haciendo distinto a los demás…

¿Cuáles son vuestros planes de futuro? ¿Ya estáis cocinando nuevas ideas?

De momento queremos concentrarnos en disfrutar de estos conciertos de presentación puesto que a las giras creemos que hay que darles un buen recorrido. No obstante, no podemos evitar tener algún nuevo proyecto de vídeo o alguna pequeña locura en la cabeza a la que desear dar forma.

 

Texto: Anabel Vélez

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