Encuentros — 27 junio, 2017 at 10:44

El Twanguero: “Viva la mezcla, joder”.

 

Diego García (1976) no ha dejado de ser nunca alumno. El Twanguero se formó en las calles, más que en los conservatorios. Observando y acompañando a otros músicos. Recientemente, eso sí, las tornas han cambiado, y su Gallo Negro ha sonado en las manos de veinteañeros, pasando el valenciano de alumno a maestro. Un maestro diferente que, en lugar de mandar deberes, manda viajar, empatizar y, sobre todo, “aprender a ser un buen tío”. Nos reunimos con uno de los músicos más experimentados del panorama nacional para charlar con él de su experiencia en Artistas en Ruta.

 

Ha sido una experiencia muy buena, porque a mí me ha devuelto a cuando yo tenía 20 años.- Comenta Diego, entre el barullo de la única cafetería en la que encontramos un hueco- Estos (los alumnos), todos tienen entre 18 y 20 años. La ilusión que tienes cuando eres un teenager y que estás ahí, que quieres ser músico. Esa energía me ha vuelto. Luego me quedé sorprendido, porque la verdad es que el nivel de la escuela es muy alto, y tocan muy bien los chavales. Llegas el primer día, te sientas ahí… y tocan todo tu repertorio. Hay unos meses previos en los que yo les mando la música mía. Y ellos son los mejores músicos de la promoción. Pero normalmente ellos, por lo que me decían, la tradición es que toquen el instrumento que no es el suyo, no su primer instrumento. Pero el profesor me dijo que, con mi repertorio, eso no se podía hacer.

¿Era muy complicado?

No soy un artista al uso, no soy un artista que haga música pop (que no tiene que ver en que sea una complicación mayor o menor), pero siempre he tocado con músicos súper experimentados. Y creo que los alumnos se vieron con un repertorio de más rock latino, o rockabilly latino… y cogieron a los alumnos con su instrumento principal. Y la verdad es que suena muy bien. Ha sido una experiencia muy buena. Aparte, a mí toda la cuestión didáctica siempre me ha gustado. Compartir las cosas, enseñar lo que yo he aprendido… yo soy un músico callejero, básicamente. Pero llevo tanto tiempo que algo tendré que saber.

¿No contabas con una formación musical?

Yo estudié en el conservatorio, al principio. Pero vamos, nada que ver con este mundo. Por ejemplo, la LIPA es una escuela de música moderna. Yo jamás estudié música moderna en ningún lado. Yo lo aprendí en los vinilos, en la calle… a base de palos. Y eso es lo que estoy compartiendo, de alguna manera, con los chavales. Los consejos que no son “tocar notas”. Es tener una presencia en el escenario, la parte artística.

Leyendo tu entrevista previa en Ruta 66, me daba la impresión de que tu principal consejo sería que viajaran.

Sí, y sobre todo el amor a la música. Porque es verdad que estos chavales en concreto lo tienen bastante claro. Digamos que se han dado cuenta de que, para ser músicos, hay que tener una disciplina. Que no es “quiero ser músico para ser famoso” o “quiero ser músico para ser rico”. Para esas dos cosas no seas músico. La antítesis de “famoso” y “rico” es ser músico. Hay que amar la música por encima de todas las cosas. Independientemente de que vayas a vivir de ello o no. A mí se me dio, bueno… porque trabajé mucho. Y he llegado a un nivel gracias a que he trabajado mucho, he viajado mucho… Y los viajes, ahora sobre todo en esta época que estamos viviendo, que realmente es muy fácil viajar, más que hace cincuenta años, que era “me voy a Nueva York”, y era el viaje de tu vida. Pero en esta época tenemos que aprovechar que las comunicaciones, no virtuales, las reales, son mucho más fáciles. Yo siempre incito a los músicos a eso. Los alumnos tocan muy bien el rock, la música de tradición inglesa. Y yo les digo “lo que tenéis que hacer es ir al lugar de origen”. A Nueva Orleans, donde nació el blues, el jazz. Vete a Nueva York, vete a Texas. Vete a Nashville. Donde puedas. El viaje es super importante para el músico. Ahora la gente se cree que con mirar tres videos de YouTube vas a aprender. Las cosas se aprenden cuando un tipo está ahí, tocando la guitarra delante de ti. Ver los gestos. Realmente, más del 80% de toda la comunicación es corporal. La comunicación es más física que verbal. Lo mismo ocurre con la música.

De hecho, decías que la música era el principal vehículo de comunicación. Que a ti te llaman de Canadá o de Finlandia precisamente porque no cantas. Porque te entienden en todos lados solo con la guitarra.

Claro, y comunicas, y enganchas. El lenguaje universal de la música es innegable. Y es el arte más poderoso, o duradero. Tú, si te acuerdas de los momentos de tu vida, suena la música. Es lo más rápido. Leer un libro, te tienes que sentar y leerlo. Pero escuchar música lo puedes hacer en cualquier momento.

Es más visceral.

Totalmente. Y tiene un alcance y una duración…

Y eso que es un arte efímero. Por mucho que tú grabes un concierto, ese momento va a pasar. Esa magia, ese pequeño error al tocar un acorde… esos detalles van a desaparecer y no son reproducibles en un estudio.

Sí, ese momento pasa. Ese es el secreto del aquí y el ahora. Dicen que es el secreto de la felicidad. Pensar en el aquí y el ahora. La música en directo nos ofrece una experiencia del aquí y el ahora, que a mí me da mucha rabia cuando les veo a todos así (imita al público sosteniendo sus móviles). Grabando. Si yo he pagado una entrada, yo quiero verlo. Y en YouTube hay mil vídeos ya.

Y se ven fatal.

¡Se ven fatal! Y no es el recuerdo. La retención de la retina es impagable, no hay móvil que lo vaya a reproducir. Es cierto que hay una relación extraña entre el tiempo y la música. Que te puede provocar recuerdos, nostalgias del pasado, del presente, o proyectar al futuro.

Como el olor. No lo puedes recordar pero, cuando hueles un aroma en particular, te provoca sensaciones muy fuertes. También dicen que no se puede soñar con música.

Yo he soñado con música. Tocando, y escuchando.

¿Alguna vez te has despertado con una melodía en la cabeza?

Alguna vez, pero luego son cosas que… bueno. El sueño tiene un poco de absurdo. Pero yo he soñado melodías super reales, y no había música al lado. Y creo que es un recurso que mi cerebro utiliza muchas noches.

Tocas la guitarra hasta en sueños. No paras.

 Yo trato de ser bastante metódico, en la medida de lo que puedo. Luego vas a mi estudio de grabación y es un caos. Todo lleno de cables… pero bueno, en ese caos me encuentro bien. Y en la parte profesional siempre he intentado ser… no sé. Como siempre he trabajado para otros artistas, yo creo que eso me puso los tiempos en su sitio.

Decías en otra entrevista que no querías volver a tocar para artistas, pero ahora te has visto tocando con muchos artistas más jóvenes que tú.

Bueno, esto es una idea de AIE que ya llevaba tiempo queriendo hacerla. Me apetecía porque siempre me apetece contrastar mi música con gente de otras latitudes. Es super importante, porque los músicos de otras latitudes tienen, sobre todo, la pulsión rítmica de esos lugares. Ya no te digo ni la música. Tienen sus peculiaridades dependiendo de donde tú vengas. Un músico cubano (canta un son cubano) frente a un hip hopero de Nueva York (reproduce unas bases), o un dominicano (imita un ritmo). Esa interpretación del ritmo es algo que siempre me ha interesado. Y en este caso me apetecía ver a esa nueva generación de músicos ingleses. Que mira si la música inglesa no juega un papel importante en el s.XX, la que más. Sale de EE.UU, pero el origen es Inglaterra.

¿Qué cadencia has encontrado?, ¿estaban acelerados?

A ver, con dieciocho años, si no estás acelerado… mal. Yo les tengo que bajar los humos, en el buen sentido. “No vendamos toda la moto en el primer tema”. Para bajar un poco, hago dos temas yo solo en mitad del show. Solo con la guitarra, para que se echen a un lado, lo vean… transmitir esa seguridad que te dan los años y la experiencia. Trato de comunicarles la importancia del trabajo en equipo y el respeto. Yo les decía a estos, ¿sabes por qué he tocado con tanta gente? Porque soy un buen tío. En serio. Yo lo primero que soy es un buen tío. Puedo viajar con gente en 100 bolos al año y no me voy a pelear con nadie, llego puntual para respetar al resto, no voy a crear bulla… y esas cosas hacen que te llamen, que te llamen, que te llamen. Para otra gira, y otra gira. Luego, si ya eres buen músico… pues claro. Para treinta años que llevo tocando, como para tocar mal. Pero yo creo que lo que mejor he sido yo es buen compañero.

¿Se puede aprender a ser un buen tío?

Claro que sí. Yo creo que, en general, yo siempre veo que todos son buenos hasta que demuestren lo contrario. El trabajar un poco con la inteligencia musical…  Se acerca un transeunte y le da la mano a Diego. “No quiero molestarte, pero gracias por absolutamente todo”, le dice.

(…) Yo creo que la inteligencia emocional es útil para la música y para absolutamente todo. Yo ahora, por ejemplo, soy jefe. De mi proyecto, de mi banda, de mis músicos. Y trato de mantener unido al equipo. Tratar de tener detalles con ellos. La verdad es que pienso que cuesta más ser malo que bueno con tu equipo, con la gente que te rodea.

Hay gente a la que le sale natural ser mala.

Eso también es cierto. Pero yo también puedo ser implacable, ¿eh? Que vengo de barrio bajo. Y soy perro viejo. (Pero me visto de joven).

Hablando de cadencias. ¿Cuál sería la tuya?

Uff… yo qué sé. Yo nací en el Mediterráneo, como dice Serrat. Pero cadencia mediterránea no es cadencia chill out, es cadencia de la multicultura. Mucho más multicultural que Los Ángeles o Nueva York. 2.000 años de multiculturalidad. La herencia fenicia, árabe, judía… que soy mediterráneo. Viva la mezcla, joder.

¿Cómo eras tú con 20 años?

Yo me reflejo bastante en estos alumnos, Era muy estudioso, estaba muy expectante. La gente más mayor que yo, que tocaba muy bien, era a la que me intentaba pegar. Me pegaba ellos, a ver si se me pegaba algo a mí.

¿Y se te pegó?

Lo que pude. Era muy observador con 20 años. Eso creo. Observaba mucho aquello que no quería terminar haciendo. Aunque claro, al final el tiempo lo torea uno como puede.

¿Cómo sonaría Madrid?

Es una buena pregunta, joder. Lo que pasa es que Madrid, como tiene barrios con tanta solera… te podría decir que Malasaña suena a Los Ramones. La Latina, Antón Martin… eso me suena muy flamenco. Y Lavapiés me suena marroquí. Y yo soy de Las Ventas, pasodoble y toreros.

 

Texto: Elena Rosillo

Foto portada: Javier de la Rosa

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