Vivos — 11 abril, 2017 at 9:55

The Who revisitan Tommy en el Royal Albert Hall (Londres)

Hay conciertos en los que a su finalización uno da gracias al santo que le acompaña por haber sido testigo presencial. Hay otros, como el que ofrecieron los Who el pasado 1 de abril en el Royal Albert Hall de Londres, en los que uno se dice a sí mismo: “Éste es el motivo del porqué la música es lo más relevante, lo más importante y lo que da sentido a mi vida”. Eso me dije a mí mismo y a mis compañeros de expedición al acabar las últimas notas de «Won’t Get Fooled Again» a casi las once de la noche de ese recital.

Dos días antes, en el mismo recinto y bajo la misma premisa, la de interpretar Tommy en su totalidad por primera vez desde la gira de reunión del 89, los Who ofrecieron un buen show pero algo castrado por las deficiencias del sonido y un Pete Townshend que no encontró el sitio en todo momento. Quizás por ello soltó un comentario lleno de ira y frustración: “Me agobia mucho tener que repetir esto de nuevo el sábado”. Townshend sigue siendo “el tipo más natural sobre un escenario”, en palabras de Alberto Belmonte (compañero en Schizophrenic Spacers y colaborador eventual de esta revista). Pero son cosas distintas ver a un Townshend en plenas facultades, disfrutando de la noche aún siendo caótico e imprevisible, y ver que no acaba de entrar en el concierto en gran parte del mismo.

Al inicio del show Roger Daltrey anunció que la banda interpretaría el icónico trabajo con guitarras eléctricas, al contrario de cómo se anunció meses antes: “Después de tres semanas de ensayos vimos que no funcionaba del modo en que queríamos”. Pete añadió: “Será mucho mejor de este modo. Me he traído la roja de casa para tocar hoy (refiriéndose a la Fender Stratocaster que le acompaña desde el 99, nda)”. Empezaron de forma inesperada con «I Can’t Explain» y «Substitute», para ya en el tercer tema, dar inicio a la ópera con «Overture».

“Al contrario de la película, la música de Tommy ha envejecido genial”, me comenta Xavi Llop, amigo, compañero en la travesía Who y colaborador de esta revista. “Los arreglos para la ocasión fueron más que correctos. La idea era hacerlo acústico. Cambiar a 100 % eléctrico prueba que se fueron ‘flipando’ durante los ensayos. En el pasado Tommy había sido interpretado en formato básico (Who como cuarteto) y con gran banda (vientos, coros, percusión… e incluso invitados como personajes). Esta vez fue un punto intermedio (banda numerosa pero atención siempre en Pete y Rog), lo cual me parece perfecto”. Hay algo en Tommy, el disco, que no ha envejecido lo bien que debiera. Y todo es culpa de la producción: opaca, demasiado brillante, realzando principalmente la historia que narra Pete sin que John Entwistle o Keith Moon luzcan con la fuerza que les caracterizaba.

Ahora amigo, cuando saltaron a la carretera a presentar el álbum, eso fue otro cantar. Ahí sí marcaron un hito y una forma de entender el rock como nadie lo había hecho hasta entonces. ¿Toda una obra concepto de cabo a rabo sobre un escenario? Solo Pete podía dirigir ese cotarro. Y solo cuatro genios de ese nivel (como diría Dalí, ‘cuatro genios de primer orden mundial’) podían materializarlo. No me extenderé con el tema, escuchen si no la versión completa de Live At Leeds, el reciente Live At Hull o el film de la Isla de Wight. Ahí creció la leyenda de Tommy (y por ende, la de Roger Daltrey como autentico frontman). Y por ello cada vez que anuncian que interpretan el álbum en vivo, corre una excitación sobrenatural en el interior de cada uno de los que amamos a los Who. Cada vez que lo hacen… Me refiero a la gira del 89, a la reciente gira solista de Daltrey haciendo lo propio y ahora con estos conciertos.

Sea como sea, Tommy el 30 de marzo sonó muy bien. Los tres teclistas no incordiaron, haciendo solo lo que debían, y Simon Townshend ejerció de claro soporte para las partes en que Rog o Pete pudieron cojear un poco. En cuanto a Zak Starkey, ya le dediqué muchas palabras de elogio en el pasado. Pero sigue sorprendiéndome su versatilidad, esa forma de llevarse a su terreno las canciones pero sin perder la magia original de Moon. ¿Momentos destacables? Principalmente las canciones a las que no estamos acostumbrados a oír en vivo: «Cousin Kevin», «Acid Queen», «Fiddle About»… Ya saben, era la novedad.

Después de un siempre emocionante «We’re Not Gonna Take It» arrancaron con «Won’t Get Fooled Again» y de nuevo Pete, frustrado, erró el final. Por ello golpeó varias veces el cuerpo de su Fender, marcando con su enfado varios finales que la banda no logró entender. Excepto Zak, claro, que es quien se adelanta a su mala leche y a sus salidas de tono, a veces infantiles, a veces necesarias para entender de qué cojones va esto del rock & roll. “Su actitud cascarrabias y agresiva, junto a la potencia con la que toca, deja en ridículo a los punks saltarines de las últimas décadas”, comenta Xavi. “Evolución como solista: solos cortos pero imaginativos. Por el contrario su voz es más grave y desprende mucha rabia. Esta vez apenas interactuó con el público porque fue a por faena. En cuanto a Roger, hace tiempo que tiene que cuidar su voz con mucho mimo y descansar entre bolos. Pero quizá ha encontrado alguna pócima mágica, porque cantó de cojones”. La banda acabó finalmente con «Join Together», «Baba O’ Riley» y «Who Are You». Al cabo de dos días incluso este fragmento del show sería mejorado.

Entramos ya en la actuación del día 1 de abril. De entrada, una óptima diferencia. El artista invitado no será Noel Gallagher sino Imelda May. Lo siento por los fans de Gallagher, pero su performance acústica del jueves fue un soberano aburrimiento. Repetir la misma rueda de acordes le hizo famoso en el mundo entero, pero personalmente opino que eso, más que una genialidad, fue un golpe de suerte. Estar en el sitio correcto en el momento adecuado. Por cuestiones personales agradezco la presencia de Imelda, aunque ha errado con la nueva orientación de su carrera, mucho más cercana al jazz de perfume barato y al soul para todos los públicos. Más lounge que el vermut aguado. Sigue cantando bien, tiene (cierto) magnetismo escénico, pero lo importante, las canciones, de eso carece en esta nueva etapa. Lo suyo es un ejercicio de estilo, mientras que antes aportaba frescura y buenas vibraciones a esa mezcla de rockabilly con tintes de música tradicional. Lo siento por sus fans, pero no funciona. Y ver ahí a diez músicos arropándola, cuando con tres era más que suficiente dadas las circunstancias musicales, era aún más desconcertante.

VANCOUVER, BC, October 27, 2011: Roger Daltry at Rogers Arena on Thursday night.
Photo by Kim Stallknecht
VANCOUVER, BC, October 27, 2011: Roger Daltry at Rogers Arena on Thursday night.
Photo by Kim Stallknecht
VANCOUVER, BC, October 27, 2011: Roger Daltry at Rogers Arena on Thursday night.
Photo by Kim Stallknecht

¿Porqué fue tan brillante esta performance de Pete y cía.? De entrada, atacaron con Tommy desde el principio. Lo cual demostraba una tremenda concentración en el proyecto desde un inicio. Ya en el enlace entre «Overture» e «It’s A Boy», Pete abusó de sus pedales, dañó el mástil de su guitarra y jugó a despistar a la banda con sus cambios de acorde y solos donde nadie los esperaba. Volvería a pagar la entrada solo por ver esto de nuevo. Se encontraba incluso algo más parlanchín y no tuvo reparos en desnudar su alma y explicar a las miles de personas congregadas que Tommy ha crecido en su interior desde su creación por los abusos sexuales que sufrió siendo solo un niño. Es imposible no identificarse con alguien que es capaz de abrir su corazón de ese modo, siendo creíble y respetable en todo momento. Tal es la naturalidad del hombre, que en cada performance de Tommy apareció con sus gafas graduadas para poder seguir las partituras de las canciones a las que no estaba tan ‘acostumbrado’. Es quizás, también, una de las particularidades más destacables del guitarrista. No es tanto cómo vistas sino como actúes.

“Pese a saber el genio que es, toca con tal sencillez y espontaneidad que parece que pueda hacer lo que le venga en gana en cualquier momento”, apunta Alberto. “Me quedé con la sensación de haber visto algo a la vez muy grande y muy real”. “Hubo mucha entrega esa noche, quizás por el futuro lanzamiento en dvd del show”, marca Xavi Llop. “Mención especial para Zak, a quien se le puede perdonar incluso la indumentaria después de ver su actuación”. Oh, de nuevo Starkey. Es imposible no prestar atención a la conducción que ejerce el hombre desde su bonito set de batería. Como apunta Xavi, es perdonable que aparezca con un chándal Adidas en ambas performances; debió de quedarle algo de cuando formó parte de Oasis. La cuestión es que entre él, Pete y Rog, han encontrado un equilibrio perfecto, el que no hubo con Kenney Jones ni Simon Phillips. Es… Sencillamente, el tipo perfecto para ese puesto. De hecho, creo que debería ser un miembro más de la banda cuando aparecen los nombres de la formación en biografías o libros de gira. The Who are: Pete Townshend, Roger Daltrey and Zak Starkey. Así, sin omitirle.

Resumiendo, esta fue la mejor performance de Tommy desde que la banda original acabó la gira de presentación del álbum en 1970. Claro, que la excitación no acabó aquí, pues la banda atacó con otras siete canciones, prestando cambios respecto a la noche del 31 de marzo. No sonó «Substitute» pero sí «I Can See For Miles» y una pletórica, ardiente «Love Reign O’ er Me». No contento con haber rayado a un muy buen nivel durante todo Tommy, Rog ahora iba un paso más allá haciendo de su performance vocal todo un tour de force. No tengo ni idea de hasta dónde llegará la fuerza de estos dos tipos, pero no quiero pensar que esta fue la última vez, pues no tuve la sensación de ver a dos músicos cansados y agotados por la lógica suma de la edad. “Esto se acaba, es ley de vida, pero…Quienes les dieron por acabados hace 20 años se siguen comiendo sus palabras una y otra vez en casi cada ocasión en que estas dos fuerzas de la naturaleza se suben a un escenario”, remata el amigo Llop.

Cara a futuros conciertos y como apunte personal, señalaría a otro álbum de estudio para que no se basase todo en la, entre comillas, nostalgia. Con los años me enamoré de Endless Wire, «Old Red Wine» es una de las canciones más bellas que se hayan compuesto en los últimos veinte años (apareció como cara B de un single perteneciente a una recopilación) y «Be Lucky», su última grabación, era divertida del carajo. Pero por otro lado, Pete ya apuntó hace un tiempo que “no tenemos nada que demostrar. Hay un excelente catalogo de canciones detrás de esta historia”. Sea como sea, que siga girando la rueda. Hasta donde ellos quieran que siga rodando.

Texto: Sergio Martos

Fotos: Kim Stalknecht, Vancouver (http://www.thewho.com/)

Si quieres leer más sobre otro concierto de los Who: https://www.ruta66.es/2014/12/vivos/the-who-barclaycard-arena-birmingham-uk/

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