Vivos — 7 febrero, 2017 at 16:56

Devin Townsend Project: Razzmatazz (Barcelona)

 

Mitad en serio, mitad en broma, Devin Townsend mandaba callar a los molestos tipos que no paraban de hablar durante la acústica «Ih Ah!», una de las melodías más sencillas y bellas de las últimas dos décadas. Genio puro. Sería el único momento del set (estábamos en el comienzo de los bises) en el que Townsend estaría expuesto solo, desnudo, sin esa inconfundible Wall Of Sound de lustrosas capas que sólo él parece conseguir. Su imagen de afable científico loco de inagotable prolificidad pueden eclipsar el foco de lo que Townsend verdaderamente es: una voz superdotada y un gran compositor, muchas veces genial. El set de Hevy Devy bascula por las diferentes encarnaciones de su producción, sean Devin Townsend solista, la Devin Townsend Band, y la más estable, el Devin Townsend Project. De esta forma se referencian momentos más pesados «Ziltoid Goes Home», «Suicide», o progresivos «March Of The Poozers », «Where We Belong».

Como a su maestro Steve Vai, a Devin le gustan las guitarras con luces y hace gala de un humor inteligente y cáustico, al que más de uno en el metal debería aplicarse. Hay nuevo disco que presentar de DTP, Trascendence, con tres solitarias revisiones, y se podrían echar de menos canciones de Strapping Young Lad, que aumentarían la violencia sónica al grado de carnicería, y que representarían una de sus facetas más consistentes. Incluso puedo entender sus reservas ante el material de Sex and Religion con Vai, pero demonios, es otro de los momentos cumbres de nuestro héroe. Pero eso son construcciones mentales mías, que se despejan como humo cuando suenan «Hyperdrive» o «Supercrush!», canciones casi perfectas, con vocalizaciones que van desde el Roger Waters más marcial a las melodías más elevadas que sólo Queen o los Beatles podían alcanzar. Devin Townsend, una mente maravillosa.

 

Texto: Daniel Renna

Foto: Marc Pagés

 

 

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