Vivos — 14 diciembre, 2016 at 19:10

Meshuggah / High On Fire – Razzmatazz 1 (Barcelona)

 

Como es natural en él, Matt Pike toca sin camiseta, enseñando orgulloso sus tatuajes, y concentrado en su Les Paul cuando la ocasión lo requería, como en la épica «Snakes For The Divine», punto álgido y final de set. High On Fire es pura humanidad, sudor, grasa y metal. Da igual que el sonido no hay sido el mejor – comparado con la precisión quirúrgica de Meshuggah cualquiera palidecería- ya que High on Fire es un power trio infernal, que le enseñan a algunos acicalados hipsters que sus barbas, suciedad y cicatrices son auténticas como su sonido e historia.

No hay nada bonito en «The Falconist» o en «Carcosa», por nombrar a dos de las bestias del último Luminiferous que atronaron esta noche. High On Fire fueron el contrapunto de taller artesanal para el éxtasis técnico que vendría después. Los suecos Meshuggah salen delante de escenografía casi Gigeriana y luces detrás suyo que encandilan al público y proyectan sus sombras sobre él. Y es apropiado, porque lo de Meshuggah es cegador. Por supuesto que la etiqueta del movimiento djent es tan snob como ridícula. Esto es metal de vanguardia, siempre lo fue.

Árido para el profano, pero por fortuna mucha gente lo aprecia, como pudo verse en una casi llena Razzmatazz 1. Messugah pueden presumir con razón de haber lanzado uno de los mejores álbumes de metal de 2016 con The Violent Sleep Of Reason, y desde él, «Nostrum», «Clockworks», «Born In Dissonance» y «Violent Sleep Of Reason» lideran la vivisección. En este universo sincopado y progresivo, claro queda que el batería Tomas Haake es el corazón en esta banda de sesudos cultures de álgebra musical extrema, donde el poliritmo es rey. Conclusión con «Future Breed Machine», e indeleble impresión de distante genio, disciplina y perfección.

 

Texto: Daniel Renna

Fotos: Marc Miller

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