Encuentros — 28 junio, 2016 at 9:17

Jacobo Serra, artista invitado de la LIPA 2016

JACOBO SERRA bajaJavier Rosa

Jacobo Serra (Albacete, 1983) ha acaparado recientemente la atención de la crítica y los medios especializados a base de puro trabajo y talento. Su reciente gira británico-española, facilitada por el XVII Intercambio de Sociedad de Artistas (AIE) y el Liverpool Institute for Performing Arts (LIPA), ha resultado todo un alarde de magistralidad juvenil. Jóvenes de entre diecisiete y treinta años demostrando que, si se les da la oportunidad, pueden llegar a igualar a los grandes sin ambajes. Iniciativas que cada vez abundan menos, quizá porque el talento y la educación musical cada vez se encuentran más denostadas, como si fuesen innecesarias en medio de la siempre conveniente crisis (para algunos). Lejos de conspiranoias o de negocios se encuentra el arte. Y Jacobo Serra ha tenido la suerte (una suerte ganada a golpe de esfuerzo) de ganar una visibilidad esencial y de justicia para alguien capaz de componer joyas como “Icebergs”. Hablamos con él de su experiencia en Liverpool y su personalidad, más universal que manchega.

En la foto, Jacobo Serra con Juanma Latorre, de Vetusta y productor de Icebergs. El saxo es Tim Pike, director musical de la gira y profesor en LIPA

Vamos a empezar por Liverpool. ¿Cómo fue pasar de alumno a profesor, y encima en la escuela de Paul McCartney?

parece que el proyecto LIPA- AIE llevan practicando veinte años para que llegue yo. Porque es perfecto: el perfil, la definición del concepto, todo lo que conlleva la experiencia, creo que para mí… me viene como anillo al dedo. Yo llegué allí y era como si llevara toda mi vida en Liverpool. La escuela, el lenguaje musical, mi hábitat es ese. Con los músicos no hubo barrera de lenguaje ninguna. La verdad es que fue increíble. Ha sido como cumplir un sueño que, además, ni siquiera he tenido. Porque ni te puedes imaginar que te vaya a pasar algo así. La escuela de “Macca”, en Liverpool, con once músicos que yo voy a elegir y con mis arreglos, mis canciones… y luego, encima, ¡me los llevo de gira!

¿Cómo fue la elección de músicos?

Fue un proceso durante estos meses. Cuando me eligieron para hacer el proyecto, yo me reúno con el director de la escuela, le dije un poco lo que quería y confeccionamos una serie de nombres entre él y yo. Fue un poco más labor suya, porque él estaba allí e hizo de filtro. Y entre los dos, acorde a mis necesidades, elegimos una banda. Ellos empezaron a ensayar mis canciones sin que yo estuviera allí, y cuando llegué a Liverpool ya se sabían las canciones. El trabajo mío fue más de arreglar. Es lo suyo, en realidad. Que cuando llegues ya se sepan los temas para que puedas improvisar, arreglar… las clases fueron muy guay, la verdad. Porque, en realidad, no sé quién le ha dado las clases a quién. Yo he aprendido muchísimo de ellos y bueno, ellos… lo que más han aprendido de mí (según ellos) es la manera en que yo compongo, las armonías… las estructuras, las canciones (muy cortas y muy intensas), y bueno… la verdad es que a mí me resulta raro decir que son alumnos, porque lo que yo me encontré allí son artistas. Eso es una cosa que me gustaría resaltar, porque es la verdad. Son artistas formadísimos, aunque super jóvenes (algunos tienen diecisiete o dieciocho años). Pero es increíble la musicalidad, la predisposición y, sobre todo, que ya son capaces de improvisar, de aportar, de contribuir a una canción. Yo supongo que en la música no hay alumnos ni profesores, que en la música todo vale.

Todos formáis un equipo.

¡Claro! Es lo que me comentaba el director de la escuela, su filosofía. Que aquí no hay alumnos ni profesores, que aquí nos dedicamos a empatizar las cualidades de cada uno. Si hay un cantante buenísimo pero toca la guitarra medio bien, pues vamos a intentar que toque todos los instrumentos que pueda, pero nos vamos a centrar en su voz, que es lo que esta persona ha nacido para hacer. No vamos a obligar a tocar el piano, si el hombre es un negado con el piano.

¿Descubriste alguna faceta tuya que no hubieras profundizado hasta llegar a la Escuela?

Mmm… nunca había estado al mando de tantos músicos. Soy muy controlador. Y controlar un poco la banda con la que toco, los arreglos… soy un control-freak. Maniático en el sentido bueno. Me gusta controlar todas las cosas. Aunque luego doy libertad, si confío en el músico. O en el productor. Pero nunca había estado al mando de una banda tan grande y la verdad es que… me he dado cuenta de que se puede hacer. Me he descubierto un poco como director.

Vas a coger vicio.

Igual me toca ir al psicólogo cuando la banda se vuelva a Liverpool. No sé qué voy a hacer (risas).

Es la primera vez que tocas con una banda tan grande.

Siempre he tenido formaciones con cinco músicos como mucho. He grabado canciones con muchos instrumentos, pero se graban por separado. Nunca he trabajado con una banda tan grande y nunca he controlado los arreglos de todos. Nunca había tenido ese control y esa sensación de “dios, esta gente está esperando a que yo les diga algo”.

¿Cómo ha sido la elección del repertorio?

Es la primera vez que he tenido la oportunidad de llevar mis discos al directo, tal y como están grabados. Sobre todo es el caso de “Don’t Give Up”, mi único LP. Es un disco que tiene mucha ornamentación sonora. Vientos, metales, cuerdas, muchísimos coros, armonías, guitarras, un banjo, un ukelele sonando a la vez… nunca he podido hacer eso en directo. Es la primera vez que voy a poder llevar al directo las canciones, tal y como yo las concebí en su momento. Eso es algo único y, por ahora, irrepetible. Luego también hay cosas nuevas, que se han preparado especialmente, como “Long Ago”, una canción del primer EP, que es un tema muy de himno. La gente canta conmigo el estribillo y todo eso. Y es una canción que, por ejemplo, hemos arreglado para la banda. Es una canción muy folk, muy minimalista, y sin embargo, para esta ocasión la hemos adaptado.

(Irrumpe en la entrevista Juanma Latorre, de Vetusta Morla. Se abrazan y quedan en encontrarse en otro de los locales de ensayo).

Me da la impresión de que siempre has estado muy bien encarrilado. o quizás sea la impresión que da desde fuera. Como si fuera lógico que esta oportunidad se te brindara a ti, y no a otro. Porque te llamaban “El Beatle Manchego”, “El Rufus Wainwright Español”…

“El Rufus de Chinchilla”, que digo yo. Desde dentro la sensación que da es que es todo durísimo. Es difícil. Es verdad que he tenido mucha suerte, y no me puedo quejar. La crítica, como tú dices, siempre ha situado muy bien los discos, y cada paso que he dado ha sido para mí un paso grandísimo. Y poco a poco voy subiendo escalones. De lo que sí tengo la sensación es de que he luchado mucho para llegar aquí (supongo que como todo el mundo para llegar a cualquier sitio), y que quizás no ha sido tan fácil como yo pensaba. Aunque también es verdad que es así. Que tienes que luchar, y luego la satisfacción es muy grande cuando consigues cosas. Tocar en el Auditorio Municipal de Albacete, que para mí, de pequeño, era un sitio inimaginable… es como surrealista para mí. “Mira cuánto ha llovido desde que era un crío, y mira lo lejos que he llegado”. Pero no sé si ha ido rodado. Lo que sí sé es que estoy trabajando muchísimo y mi intención es llegar a cuanta más gente posible. Pero lo que procuro, y supongo que ese es el secreto, es disfrutar. Disfrutar muchísimo con cada paso y no pensar en ninguna meta. Cuando te pones metas es cuando viene la frustración, o la sensación de derrota. Yo lo que intento es luchar, siguiendo mi filosofía “Don’t Give Up”, no rendirme ante la adversidad y, sobre todo, disfrutar. No sé si llegaré a algún sitio, pero no me lo planteo, tampoco. Sí que me gusta mucho controlar, estar al tanto de todo lo que ocurre en torno a Jacobo Serra. Cualquier póster que se saca, o titular, o mensaje en Facebook, o Tuit… cualquier cosa nimia me parece muy importante. De ahí que Icebergs se edite solo en vinilo, que sea un disco tan cuidado.

¿No te crea algo de ansiedad eso de que te comparen con grandes nombres como estos?

Es algo que “me llena de orgullo y satisfacción” (risas). Es un piropazo que me comparen con Rufus Wainwright o Los Beatles, o con muchísima gente con la que me han comparado. Muchas veces me descubren grupos que no conozco, que también está guay. Pero es que yo soy fan de toda esta gente, de muchos con los que me comparan. Pero procuro no obsesionarme con eso, ni creérmelo mucho. Y cuando leo las entrevistas así, tan buenas… lo que intento es leerlas en tercera persona. Como si no fuera yo esa persona. Creo que es lo más sano. Mi madre está encantada, pero yo intento no darle mucha importancia. Hay que tener los pies en la tierra.

Es cierto que al mismo tiempo has estudiado Derecho, y tienes un máster en Derecho de la Unión Europea. ¿Querías tener una vía alternativa a la música?

La vía alternativa, realmente, era el Derecho a la música. Yo siempre he dicho que mi vocación era la música y el Derecho era mi hobbie.

¿Sacabas buenas notas, no?

Pseee… en el colegio, no. Pero luego, sí. En la universidad y en el máster por fin encontré un ámbito que no me costaba estudiar y que se me daba bien, y me puse a ello. Pero luego, de pronto, me di cuenta de que “¿qué hago yo aquí?” Si lo que me sale es música. Me voy a dormir, cierro los ojos, y pienso en música. Me levanto por la mañana y estoy cantando. He venido a este mundo a hacer música. Fue cuando me di cuenta de que no era feliz, dejé el Derecho y me centré en la música.

¿Naciste en el lugar equivocado? Al principio tus referencias eran exclusivamente anglosajonas, americanas. Ahora incluso has publicado un tema en español.

No sé si decir que nací en el sitio equivocado. Cada uno nace donde nace, aunque a veces parece que… mira, Leonor Watling me presentó a un amigo una vez como “este es Jacobo Serra, un OVNI pasó por Albacete y se lo dejaron allí”. Y es verdad, por un lado. La cultura anglosajona en mi vida ha tenido mucho mayor impacto que la cultura de mi país, o de mi ciudad. Pero tampoco reniego de mi tierra. De hecho, fijate, en cuanto he tenido la oportunidad, me he ido a tocar a Albacete. Podría haber nacido en Nashville como podría haber nacido en Barcelona, en Londres o en Albacete. Mi música tampoco es enteramente inglesa, y tengo también un deje mediterráneo. Hay un poso que hace, a lo mejor, más originales. Algo que las haga ser Jacobo Serra. Tengo una mezcla de culturas, que es lo que enriquece. He viajado mucho, me encantaría también ir a EE.UU. Soy la típica persona que viaja, y a cada país donde va, se quiere mudar. Y no es por infelicidad, pero sí que es verdad que me encanta viajar, absorber aspectos culturales de muchos sitios. Igual lo que sí es cierto es que es una cuestión más temporal que de lugar. Creo que mi música es algo más retro. Muchas veces pienso que, si hubiera nacido en los 60, lo hubiera tenido facilísimo. O en los 50. Me hubiera gustado ser compositor en la época de Cole Porter. Mirar románticamente al pasado.

 

Texto: Elena Rosillo

Foto: Javier Rosa

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