Vivos — 27 mayo, 2016 at 10:04

Iggy Pop, Royal Albert Hall (Londres)

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“Post Pop Depression” es, a parte de uno de los mejores discos del año, uno de los mejores discos de Iggy Pop. Entre él y Josh Homme han logrado componer una colección de canciones que suenan a clásicos prácticamente desde la primera escucha. Es como si cerrase una trilogía junto a “The Idiot” y “Lust for Life”, solo que casi cuarenta años después. Lo parieron con esa intención, así que los padres de la criatura la están presentando en sociedad junto a sus hermanos mayores . En sus conciertos caen prácticamente todos los temas de los tres álbumes.

Con estos precedentes las expectativas antes del primer bolo íntegro de Iggy en el Royal Albert Hall (solo había pisado este mítico escenario una vez para tocar “The Passenger” en un concierto benéfico) estaban por las nubes.

Con el cartel de “Sold Out” colgado, la mayoría de las caras que poblaban los pasillos del recinto antes del bolo tenían una expresión similar a la que tiene un crío antes de su primera visita al parque de atracciones. Los rostros conocidos que pululaban por allí no eran una excepción. Bobby Gillespie de Primal Scream y Mani de los Stones Roses (y ahora también en el grupo de Gillespie), se hacían fotos con fans y comentaban su evidente excitación.

Siempre hay que tratar de dar una oportunidad al telonero. Yo se la di. De unos cinco minutos. ¿De quién fue la idea de poner a una tipa con una guitarra sintetizada y una pedalera, creando una especie de atmósfera chill out/ascensor/consulta de dentista/coñazo insoportable antes de Iggy Pop? Si el concierto fuera de Philip Glass o Michael Nyman, lo entendería. Me refiero a su elección como telonera. El concierto no lo entendería ni aunque fuera puesto de heroína y ácido a la vez. Según me levantaba para ir a buscar ayuda al bar, oí que alguien a mi derecha comentaba indignado: “¿Pero qué cojones es esto? ¡En el ticket pone invitados ESPECIALES!”. En el bar me reencuentro con varios amigos que abandonaron al minuto de que comenzara el mantra sonoro de la hippie cósmica. Me miran como pensando: “¿Cómo has tardado tantísimo en salir?”

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Todo lo anteriormente acontecido carece de importancia cuando, a los diez segundos de empezar a sonar “Lust For Life”, la Iguana ya está en escena totalmente desbocada y escupiendo. He asistido a unos cuantos bolos en el Albert Hall, pero jamás había visto una reacción tan brutal del público en este recinto. En diez segundos parecía que estábamos en el CBGB’s a finales de los setenta. Todo cristo saltó de sus butacas y se abalanzó hacia el escenario. Desde ese momento (y recordemos que estoy hablando del segundo diez más o menos) Iggy sencillamente no dejó ni un instante de tregua. En una entrevista previa al tour, el gran Stephen Colbert le preguntaba a Iggy cuando fue la última vez que hizo crowd surfing. “En el anterior tour” le respondió Iggy, “ya no lo hago tanto, ahora soy como de goma”. Bien, amigos, no sé a qué se refería con eso. Perdí la cuenta de las veces que salto al público y se subió por las barandillas de los laterales. Nunca es que haya andado muy recto este hombre, pero ahora la cojera que luce es más que evidente, de hecho se le nota muy incómodo cuando trata de andar con normalidad. Pero claro, es que esto no sucede apenas. O está corriendo, o girando sobre sí mismo, o flotando entre las manos de los dedicados feligreses o haciéndose una herida y sangrando el zona de las barandillas. Sí, habéis oído bien, sigue habiendo sangre en sus conciertos.

¿Y la música? Pues absolutamente espectacular. ¡Madre mía que banda!

No os voy a agobiar mucho detallando el setlist porque eso ya lo podéis mirar en internet y además ya os he comentado que consta de los tres álbumes mencionados casi al completo. La banda es la misma que grabó el álbum con algún refuerzo. Josh Homme a la guitarra, bajo y coros, el QOTSA Dean Fertia a la guitarra y teclados, el Artic Monkey Matt Helders a la batería y se añaden en directo Matt Sweeney al bajo, de la banda Chavez y Troy Van Leeuwen, también en la banda madre de Homme, a la guitarra, teclados y steel drum, que es ese cubo plateado que se toca atizándole con unos palos, sin duda mucho más popular entre los músicos callejeros que tocan a la entrada de los supermercados que entre la comunidad rockera. La verdad sea dicha, es el esqueleto de temas como “American Valhalla”, y sin él no serían lo mismo. Todos van vestidos con unos elegantes trajes de pantalón negro y chaqueta roja brillante, excepto Iggy, que va lleva un traje completamente negro…en el primer tema. A partir de ahí, ya sabéis, chaqueta fuera y pantalón a punto de caérsele. Siempre al borde de mostrar la hucha.

Josh Homme se hace unos solos espectaculares en “Tonight”, “Nightclubbing” y “German Days”, para los cuales utiliza un efecto que hace que su guitarra parezca un saxofón. Derrocha carisma, chulería y la actitud necesaria para estar cubriéndole las espaldas a semejante leyenda. La prohibición de fumar se la pasa por el arco del triunfo, para empezar. Otra de las tónicas durante el show es el cambio de instrumentos. Troy alterna entre la guitarra, los teclados y el steel drum. Dean también se pasa de la guitarra al teclado con frecuencia. Matt Sweeney es el que más fiel permanece a su bajo, aunque en “Paraguay” se lo intercambia a Homme por su guitarra. En “Break Into Your Heart” también engancha la guitarra, solo que esta vez no le pasa en bajo a Homme y se tocan el tema con dos guitarras y dos teclados. Mientras los uniformados escuderos bailan de forma totalmente compenetrada la iguana monta un pollo detrás de otro. Pogos, crowd surfing, trepa por las barandillas laterales…la de dios. Lo mejor de todo es que canta los temas perfectamente, sin desafinar ni perder ningún fraseo, mientras somete a su cuerpo de sesenta y nueve años a todas estas lindezas. En algún momento del tema “Funtime”, Iggy se hace sangre en la cabeza. Difícil saber en cual porque, el tema anterior tambien lo acaba entre el público, que lo devuelve a escena con el dedo corazón alzado y gritando “¡FUUUUCK, FUUUUCK!”.

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Nada más comenzar el tema mencionado ya se ha vuelto a tirar al foso. Se vuelve a subir al escenario. Se va donde las barandillas laterales a hacer el burro otro ratillo y de ahí ya vuelve tocándose la cabeza y mirándose la mano, como diciéndo “me he hecho sangre, ¡qué cosa más extraña!”. Aún vuelve a saltar desde el escenario antes de que acabe el tema, por supuesto. Cuando regresa a él, una chica se sube y le da unos besitos en la sien, donde se ha hecho pupita, el pobre. Iggy comenta: “Tengo un trabajo bastante bueno. ¡Encended las luces!” Lo de las luces lo hará varias veces durante el concierto. No son las únicas perlas de la Iguana. Antes de una alucinógena “China Girl”, en la que la banda toca las guitarras con unos ritmos galopantes que hacen por momentos pensar en Iron Maiden (lo cual ya es alucinógeno por sí mismo) y durante la cual se desmarcan con una jam bien larga, armonizando y doblando los solos de guitarra, Iggy les suelta a los de las primeras filas: “¿Estáis a gusto por aquí? Si no, os podéis ir a tomar por culo hacia allá. O tratar de quitarme el micro. Estoy preparado para pelearme.” Otra introducción: “Si fuera un autoestopista, ¿me cogeríais? Soy “The Passanger”. ¿Os parece bien que toque el tema? ¿Puedo tocar el puto tema?”. Joder, Iguano, vaya pregunta. Pues claro. Si fueran a tocar un tema del grupo donde milita el batería normalmente, comprendería que nos pidiera permiso, pero “The Passenger”…lo que no puede es no tocarla. Por cierto, ya que he mencionado al batería, resaltar que tanto en el álbum como en directo toca de maravilla, pero, ¿qué le va a pasar a este hombre cuando vuelva a su banda, toque en directo, levante la cabeza y vea a Alex Turner en lugar de a Iggy? ¿Lipotimia? ¿Se planteara hacerse jardinero?

En fin, esta claro que Josh Homme ha visto algo ahí que a muchos de nosotros se nos ha escapado. Hasta que eso ocurra Iggy va a seguir entreteniéndole.“Fall In Love With Me” la canta entera mezclado entre el público, como no. Antes de “Chocolate Drops”, Iggy nos cuenta que hubo una época en su vida, hace como cuarenta años, en la que se sentía bastante mal consigo mismo y que quería transmitir la salida de ese pozo en el que parecía encontrarse. Uso una preciosa idea instrumental que había escrito Homme para plasmar esos sentimientos sobre ella. “Cuando llegas a lo más bajo, estás cerca de lo más alto y la mierda se convierte en gotas de chocolate”. Maravilloso tema y emocionante rendición del mismo. Tras esto se despiden. Temporalmente, claro está. Aún nos van a regalar dos temas más: la genial “Paraguay”, que cierra el ultimo disco, y en la cual Iggy se explaya a gusto en el coda poniendo a caldo a los seres superficiales, mentirosos, asustados y repletos de información basura que pueblan América. Y el resto de la tierra también, la verdad. Ya en el disco se desquita de lo lindo, pero aquí nos obsequia con unas cuantas parrafadas más, cargadas de la mala hostia, como es menester. Tras esto, viendo los gestos extasiados del público, grita: “Success. ¡Me habéis hecho un hombre muy feliz! ¡SUCCESS!”

Ay, Iggy, no te puedes ni imaginar lo felices que nos has hecho tú a nosotros. Durante toda tu carrera en general y hoy en particular. No hace falta que os diga el tema que cierra. Es obvio. Solo le faltó sacarse el rabo. Aún así, nos echó unos de esos polvos cuyo recuerdo da para masturbarse durante años.

A la salida del recinto las caras de los asistentes son un poema. Hay una sensación generalizada de haber presenciado algo absolutamente histórico y que no se repetirá. Una frase se repite de boca en boca: “Uno de los mejores conciertos de mi vida”. Yo desde luego soy uno de los que la pronuncian. Y no me cabe la menor duda de ello.

 

Texto y fotos: Javier H. Ayensa

 

One Comment

  1. Excelente crónica.

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