Encuentros — 14 mayo, 2016 at 10:24

Pësh, Uno de esos momentos mágicos que te brinda la vida…

Pësh bajaFoto Promo (Laura Carrau)

Un compañero de redacción, Vicente Merino, me puso sobre aviso del debut discográfico bajo el alias de Pësh del batería Santi Carcasona. Percusionista que ha puesto sus tambores al servicio de innumerables bandas y artistas, ha ejercido (y ejerce) de profesor e incluso ha sido redactor jefe de la revista Batería Total además de estar involucrado en el desarrollo del proyecto Drum Circle en nuestro país. Disco que pese a estar teóricamente alejado de mis preferencias habituales enseguida me atrapó. Si, podemos etiquetarlo dentro del concepto “indie” pero tampoco sería justo. Where The Sidewalk Ends (Petits Miracles, 2016) es una grabación que crece en cada escucha, que aporta detalles y buenas canciones. Si le das una oportunidad no te arrepentirás.

¿Cuándo decides abandonar el rol de batería y dar el paso al frente de ser el protagonista absoluto? ¿De qué manera nace Pësh?

Bueno… No lo he abandonado. ¡Sigo tocando la batería!

Lo que ocurrió fue, sencillamente, que tiré de un hilo que me pedía hurgar más allá del ritmo.  Aunque yo ya había tocado un poco el piano y la trompeta, no fue hasta que me cayó un ukulele en las manos que encontré este espacio dentro del mundo de la composición. Lo primero que hice fue componer una rueda de acordes. Tuve la necesidad de meterle una melodía y busqué en Google “famous english poems”, y apareció Where The sidewalk Ends, de Shel Silverstein,…y fue uno de estos momentos mágicos que te brinda la vida. En cosa de diez minutos ya tenía la melodía y la canción prácticamente lista.

Creo que Pësh nació en este punto.

Ya sabes que eso de pasarte al Ukelele queda un poco hípster… (Risas) ¿Cuál es la razón de usar el citado instrumento?

Lo del ukulele vino porqué tenía una camisa a cuadros, quería dejarme barba, y pensé que la combinación molaría. Ahora estoy empezando a practicar con el monopatín, que es el cuarto elemento en concordancia. (Risas).

Bromas aparte, yo siempre he sido muy malo tocando la guitarra. Un día, cenando en casa de un amigo (guitarrista), me comentó que se había comprado un ukulele y que era muy fácil de tocar. Me lo dejó probar y… ¡Al día siguiente ya tenía el mío propio!

En realidad el ukulele me sirvió para componer. No tenía muy claro si debería meterlo también en la grabación del disco o en los directos, pero con Toni (Pagès) decidimos dejarlo, puesto que lo toco de una manera poco ortodoxa.

Tú estilo vocal es muy peculiar. ¿Habías cantado con anterioridad?

Creo que todos hemos “cantado con anterioridad”. Cantar es de estas cosas que hacemos diariamente casi sin darnos cuenta. Otra cosa es que le demos un enfoque o dirección más allá de la ducha…Y no sé cómo tomarme esto de “es muy peculiar” (Risas)

Como muchos músicos, un buen día me instalé un software para grabar en el ordenador, y me compré un micro y una tarjeta de sonido. Con esto ya tienes tu propio estudio casero para grabar ideas, maquetas, etc.

Entonces, con la cosa de aprender cómo grabar, lo que hacía era grabar canciones que me gustaban, versionándolas a mi manera. …y las cantaba yo. Flipado. Sólo. En casa. …¡Madre mía! (Risas)

La gestación del disco ha sido un pelo complicada según parece. Empezaste a componer inspirándote en los poemas del norteamericano Shel Silverstein. Pero no tenías los derechos y tuviste que formar un equipo de letristas de urgencia para las letras… ¿Qué tal funcionó?

Exacto. Una vez tuve diez poemas de Silverstein “musicalizados” quise grabar el disco, pero, al pedir los derechos, la editora me los negó (Silverstein murió en el año 1999 y es su editora quien gestiona este tema). Esto provocó que aparcara el proyecto por más de dos años, hasta que un día decidí retomarlo y poner letras nuevas a las canciones.

A mí no se me da muy bien escribir. Ni me apetecía, en aquél entonces. Así que tiré de algunos amigos a quienes se les da bien este arte. Tener amigos que molan… ¡mola! (Risas)

Todo y así has mantenido como título del disco el de uno de sus libros. ¿Alguna razón en especial para ello?

Cómo te decía antes, Shel Silverstein fue quién inspiró todo. En el disco hay una canción que se titula «Where The Sidewalk Ends» cuya letra está hecha a partir de títulos o cosas que él hacía (era poeta, hacía dibujos para niños, era cantautor, escribió letras para Johnny Cash o Emmylou Harris, dibujaba para el Playboy…). Era un tipo bastante singular.

Puesto que el poema que encendió el fuego fue Where The Sidewalk Ends, creí que era justo dejar este título para el disco. Además, el poema de Silverstein habla de un lugar mágico que yo interpreto como una especie de limbo entre el “existir” y el “no existir”. Un espacio temporal justo antes de morir, o justo antes de nacer…y puesto que Pësh empezó a existir a partir de aquí, era todavía más lógico mantener este título.

Por cierto, siguiendo con este círculo Silversteiniano… Él era un dibujante que trabajaba siempre con tinta negra sobre papel banco. Sus dibujos eran muy crudos. Muy directos. …y es por eso que le pedí a mi buena amiga Irene Plasticafina que realizara todo el arte del disco. Ella trabaja de una manera muy parecida a la de Silverstein y, además, esta crudeza y esta manera directa de transmitir el mensaje, creo que encajan mucho con el estilo musical de Pësh. Creo que es una manera muy bonita de cerrar el círculo con Shel Silverstein.

¿Tenías alguna canción compuesta con anterioridad o todas se compusieron con el disco ya en mente?

De hecho ninguna canción se compuso teniendo el disco en mente. Las compuse, sin más. Fue cuando tuve diez canciones hechas que surgió la idea del disco.  Anteriormente tenía algunas cosas compuestas, pero ni se me pasó por la cabeza incluirlas en este álbum.

Lo que sí ocurrió fue que añadí una canción posterior. «Little Fish» la compuse poco antes de entrar a grabar en el estudio y no está inspirada, a diferencia de las otras, en el trabajo de Shel Silverstein. Es una canción que habla del amor incondicional, de la gente que pasa por nuestras vidas y se queda para siempre, de aquellos que, si somos como somos, es porque han estado allí y nos han moldeado. Tuve mis dudas, pero al final decidí incluirla en el disco. Creo que fue un acierto.

Hay un nombre que se repite en las reseñas del disco. El de Eels. ¿Crees que su ascendencia tiene tanto peso en el resultado final como nos parece a los críticos? ¿Qué otros músicos han influido en tú manera de componer?

No lo sé. En todo caso es un halago que se me compare con él. O por lo menos así me lo tomo.

Eels me gusta mucho. Me encanta de él la manera que tiene de componer, pero sobre todo de producir. Sus discos tienen una coherencia abrumadora. Da la sensación de que está siempre haciendo lo que le da la gana. Que la música la hace tal y como él la siente, y no como pretenden los demás que lo haga. De hecho, en su libro, habla mucho en estos términos.

Con este disco he tenido la sensación de hacer algo similar (salvando las distancias). He compuesto y arreglado según he sentido. He tenido una libertad enorme para trabajar y, la verdad, es que he gozado muchísimo del proceso.

En cuanto a otras referencias o influencias, creo que absolutamente todo lo que escuchamos, comemos, vivimos, etc. nos influye. Personalmente me gustan mucho los Beatles, Tom Waits o The Who, que, curiosamente son influencias directas para Mr. E. O sea que, citando al Sr. E los citamos a todos ¡y nos ahorramos tinta! (Risas)

Me sorprendió mucho «Last Sunday Before Winter». Un blues clásico que en un principio parece desentonar entre el todo pero que luego encaja como un guante…

No es la primera vez que alguien me hace esta reflexión. Incluso yo mismo no sabía muy bien si encajaría o no.

Toni Pagès propuso que la guitarra la grabara Amadeu Casas, un maestro del género. Fue una verdadera delicia estar en el estudio en aquél momento.

Creo que entre el sonido clásico de blues de Amadeu, y el bajo transgresor de Sergi Riera (otro manco – pieza clave en este álbum) consiguieron una mezcla buena que hace que la pieza pueda encajar dentro del sello del disco, y le aporte un sabor nuevo, cómo una bocanada de aire fresco, en el punto de escucha del álbum en que se encuentra.

Otro tema que me llamó mucho la atención fue «A Small Trace of a River». ¿Qué me puedes contar sobre el?

Originalmente compuse esta canción sobre una poesía de Silverstein que habla de su hija justo antes de que ésta falleciera, a causa de una enfermedad mental, a la edad de 11 años.

Le pedí a Anna Castañé que hiciera una letra nueva y lo que hizo fue hablar de este último instante en que estamos frente a alguien querido a quien no veremos más.

Musicalmente, al principio, tenía sólo la parte de la voz con ukulele i piano. El tema era corto. Lo pensaba como una especie de bonus track. Pero un buen día me metí en la piel del personaje de la canción, de quién contempla como alguien se va, con todo el dolor que esto supone, y de manera natural me dio por cantarlo con más agresividad, con más rabia, con mala hostia, una octava por encima,… y así surgió. «A Small Trace Of A River» es un tema al que le tengo un especial cariño (y parte de la gente que viene a nuestros conciertos también. Pasa aquello de que suena el primer acorde, cantas la primera palabra, y la gente ya reacciona).

Música Global edita el compacto a través de Petits Miracles. ¿Cómo llegas al sello? ¿Fue fácil entenderse con ellos?

Una vez tuve el Master finalizado lo mandé a algunos sellos. Toni Pagès se lo mandó a Ramón y a Juan, les gustó, creyeron que encajaría en su nueva aventura (Petits Miracles) y empezamos a hablar para publicarlo.

¡Ramón y Juan son lo más! De verdad que es un auténtico placer trabajar con gente que, más allá de su profesionalidad (que son unos excelentes profesionales) hacen su trabajo con amor, respeto, dedicación,… son unos tipos muy currantes, luchadores incansables, y aportan una dosis de “humanismo” o “humanidad” que se agradece un montón.

Para finalizar… ¿Continuas implicado en el proyecto Drum Circle?

¡Sí! Drum Circle es lo que me llena la nevera. La verdad es que disfruto muchísimo con el proyecto. Esto de meterme en diferentes colectivos, empresas, etc. y trabajar musicalmente con gente que no tiene ni idea,… ¡y que funcione desde del primer minuto! … me lo pasó muy bien y me gusta mucho.  El proyecto empezó hace 5 o 6 años y espero que dure muchos más.

Para quien no lo conozca, que se pase por www.drumcircle.cat y podrá saber más sobre Drum Circles.

Manel Celeiro

Foto: Laura Carrau

 

 

 

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