Encuentros

Calexico, «Joey burns sigue cuestionándose»

 

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Recuperamos esta entrevista publicada en el número de Ruta 66 del pasado mes de julio a una semana de su próximo concierto en la sala La Riviera de Madrid.

Pillamos al líder de Calexico a punto de empezar una gira europea. Le preguntamos por Edge of the Sun, nuevo disco de su banda, sobre el paso del tiempo y sobre su hipotético futuro como rapero.

Uno de California en un aeropuerto de Berlín. Imagina. Dos maletas, gorra, gafas de sol, camisa, pantalón beige y zapatillas de running. Y mucho sudor. Te viene a la cabeza aquella escena en la que Carmela Soprano y Rosalie Aprile flipaban con cada piedra de París. O la de Paulie Gualtieri en Roma, perdidísimo después de 20 años diciendo que tenía muy presentes sus raíces italianas. Es un estereotipo del tamaño del sombrero de John Wayne, sí, pero se hace difícil imaginar a un americano medio moviéndose con naturalidad por Europa. Cosas de la colonización cultural, dear friends. Todo cambia si el tipo de California se llama Joey Burns.

En un aeropuerto de Berlín, imaginas al líder de Calexico con los ojos muy abiertos. De cada ladrillo de chocolate del Duty Free y de cada joven español recién llegado en Ryanair puede nacer una historia. Llamaría a John Convertino –su socio artístico desde hace 20 años- y le diría: John, lo tengo. Seguiría dando vueltas por el aeropuerto con la idea en la cabeza, y entonces el caleidoscopio comenzaría a girar. Pues bien, Joey Burns también concede entrevistas cuando está en un aeropuerto.

Son las 11:40. Mi móvil acaba de sonar. Es Severin, del sello City Slang. Dice: “Te conecto con Joey”, como advirtiendo prepárate, lleva un rato en el aeropuerto y el caleidoscopio está girando.

El borde del Sol se parece al de la luna

Joey Burns está en Berlín por motivos de trabajo. En un rato cogerá un vuelo a Noruega para inaugurar la gira que presentará en Europa Edge of the Sun (Anti Record/City Slang). Y ojo, habrá parada en la península: 14 y 15 de agosto en el Sonorama y La Escala, respectivamente. Coproducido entre Burns, Convertino y Craig Schumacher, el noveno álbum de estudio de Calexico es un nuevo tratado sobre cómo mezclar millones de influencias y llegar a tierra firme. El disco huele a América y Mediterráneo. La sucesión de canciones crea una imagen: una banda de ocho o nueve personas. Cada uno habla un idioma. Antes de que alguien desespere y saque un cuchillo, llega Burns. Entonces la torre de Babel se convierte en una cumbre internacional y todos se abrazan y sonríen. Y la música sigue.

Edge of the Sun vuelve a mostrar la exquisitez de la agenda telefónica de Burns y Convertino. El desfile de talento es de primer nivel: Sam Bean (Iron & Wine), Amparo Sánchez, Neko Case, Ben Bridwell (Band of Horses), Nick Urata (DeVotchKa), Carla Morrison, Gaby Moreno y Thomas Konstantinou (Takim). Pero en Calexico las colaboraciones no son gratuitas. Siempre hubo un porqué. Aquí vuelve a latir con fuerza la sensación de que Burns y Convertino piensan primero en matices y después en nombres. Es curioso que sean los colaboradores menos populares para el público americano los que más brillen. Ahí está Carla Morrison dibujando valles en Moon Never Rises o Thomas Konstantinou dando forma a la atmósfera oscura de World Undone.

Burns suele reír cuando se escriben las palabras tex-mex, folk, americana, country, rock latino o jazz junto a la palabra Calexico. “La única premisa en Calexico es experimentar”, dice. Me cuenta que, antes de tocar, no tiene una idea muy concreta de qué camino seguir: “Se trata de sentimientos. Llego al local y sé que quiero tocar una guitarra, y ver qué pasa. Creo que el resto de la banda piensa igual. Las melodías fluyen e, instintivamente, llegamos a un sentimiento común”. Recuerdo una frase suya. Decía que el hip-hop es la última revolución musical. En algún lugar de mi cabeza, la idea tiene sentido. Ríe con fuerza y suelta: “Me encanta el mensaje y la producción que caracteriza al hip-hop. Y me encanta experimentar. Si te fijas, en este disco hay canciones con un groove muy hip-hop. No es hip-hop”, matiza, “pero es un feeling parecido”. Chasquea y concluye: “Sí, me gusta tu idea, quizá puedas ser el productor de nuestro disco de hip-hop”. Entonces estalla en una carcajada que parece decir que no flipe, que por su cabeza ya han desfilado los nombres de 48 productores.

“El disco tiene que ver con ir de la tristeza a los días más brillantes, Calexico siempre ha tenido ese elemento de esperanza que va y viene, entre una actitud positiva y temas más oscuros”, ha dicho Burns. Me llama la atención lo mucho que insiste en la oscuridad para referirse a su música, tan luminosa. Se lo comento y se pone reflexivo: “Bueno, hay días buenos y malos. Todo depende de cómo lo mires. Fíjate en la portada [un dibujo que muestra a una figura humana arrodillada frente a la luz de un cuerpo celeste], ¿es un sol o una luna? Nadie podría decirlo con seguridad. Te confieso que para mí es más oscuro que luminoso. Para mí es la luna”. Digo: Yeah, yeah, I understand you y él no responde y entiendo que no dirá nada que no sea necesario.

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Historias universales sobre la frontera

Burns destila una especie de reflexión espiritual envuelta en pragmatismo. Cuando le pregunto de dónde viene una canción, espero que me suelte una americanada. Pero no. Responde algo que huele a años dándole vueltas a la cuestión: “Es difícil de determinar. Supongo que viene de una mezcla de diferentes lugares, sentimientos y estados de ánimo, todo muy mediado por el espacio en el que te encuentres. Una buena ética de trabajo te puede ayudar a terminar el boceto, pero diría que lo más importante es la inspiración”.

Imagino a Burns en el aeropuerto. Está hablando sobre qué significa escribir una canción. Dice: “En cierto modo, es una especie de meditación. Una vez escrita, hay un reto: escribir unos arreglos instrumentales para conseguir que esa canción funcione en una banda. Las dos etapas son muy divertidas, y la culminación del proceso es la razón por la que los compositores volvemos al principio”. Imagino a centenares de personas perdiendo vuelos por escucharle.

La sexta canción de Edge of the Sun se llama Miles from the sea. Burns y la guatemalteca Gaby Moreno cuentan una historia sobre manos llenas de polvo y cabezas que desean huir. La canción avanza repleta de una serenidad austera que se llena de luz al llegar al estribillo. Cantan: Dreams about swimming/ Miles away from the sea/Dreams about swimming/And the moon brings him back/Dreams about swimming /Miles away from the sea/While the moon stems the tide in his heart (Sueños sobre nadar/A millas de distancia del mar/Sueños sobre nadar/Y la luna lo trae de vuelta/Sueños sobre nadar/A millas de distancia del mar/ Mientras la luna lleva la marea a su corazón). Burns habla de personajes en conflicto. “Encuentro conmovedor escribir sobre las luchas internas y externas de las personas. Creo que es muy importante expresar ese tema en las letras y en la música de Calexico”, explica. El líder de la banda americana reivindica dos ideas: cualquier acto realizado por una persona tiene una dimensión política; y aquello de la revolución comienza en ti mismo, dentro de tu cabeza.

Carlos Fuentes, Charles Bowden y Luis Alberto Urrea son los autores que Burns suele citar cuando le preguntan por referencias literarias. Al igual que en la música de Calexico, el concepto de frontera está muy presente en la narrativa de estos escritores. Me pregunto si el carácter transversal de su música es influencia de esta literatura. Parece que no doy en el clavo: “Para esos escritores que mencionas, la frontera es el escenario. Sin embargo, a mí lo que me interesa es cómo sus personajes siguen adelante y esa excelente capacidad de escribir una historia particular y convertirla en universal”. Es cierto, lleva 20 años cantando sobre eso.

 

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Las ventajas de afinar el instinto

Burns estudió música clásica en California. Después de la universidad, encontró trabajo en una tienda de discos en San Pedro. Allí fue contratado por SST Records, el sello que Greg Ginn fundó en 1978. “Pero estábamos a mediados de los 90”, recuerda, “la época gloriosa de Black Flag, Hüsker Dü o Minutemen ya había acabado. Aun así, aprendí mucho. Conocí una forma muy pasional de gestionar la música y todo lo que la rodea”. Poco después, Burns conoció a Convertino. Juntos fundaron una banda que llevaría el nombre de una ciudad fronteriza. El nombre de una ciudad que significa lugar donde termina California y colinda con México. Había nacido Calexico.

“No queda mucho tiempo, el avión sale pronto”, advierte Burns. Desde hace un rato tengo la sensación de que le gusta hablar sobre el paso del tiempo. Echar la vista atrás y hacer balance. Le pregunto por Spoke (Hausmusik), su primer álbum, y contesta: “Cuando ahora lo escucho, me siento orgulloso. Grabábamos en pequeñas habitaciones y hay un toque lo-fi. Sinceramente, me siguen pareciendo grandes canciones. Mi mayor orgullo viene cuando miro atrás y digo: 20 años después, aquí seguimos, esto sigue funcionando. Seguimos haciendo música de la que nos sentimos orgullosos”.

¿Y el futuro? ¿Y si un día Joey Burns se levanta y no es capaz de escribir una canción? Responde con seguridad: “No me preocupa. Escribo canciones casi cada día, me vienen melodías, letras…al final es un trabajo más artesano de lo que parece. La clave es afinar una especie de instinto”. Imagino a Burns hablando del paso del tiempo en una cola de personas que tienen en las manos una maleta y un billete de avión. Él sigue reflexionando: “Tengo un montón de proyectos. Por ejemplo, me apetece mucho trabajar con John [Convertino] en formato dúo: grabar un EP y girar un poco los dos solos”.

“Te tengo que dejar, el avión sale ya”, anuncia, cambiando el tono como si despertara de una ensoñación. Last question, imploro. En Falling from the sky, la banda desata un haz de luz que envuelve las dudas de Burns. Where do you go where you have nowhere to go? (¿A dónde vas cuando no tienes a donde ir?), canta. Le hago esa pregunta y me responde con prisa. “Family”, dice. Y se despide. Al rato me doy cuenta de la estupidez de preguntarle eso a un tipo de California que rompe clichés en un aeropuerto de Berlín. Imagino a Burns en el avión. Sonríe a los cuatro pasajeros que le conocen. Se sienta y frunce el ceño. Se sigue preguntando muchas cosas.

Texto: Santini Rose

Fotos: Rocky Yosek

 

 

 

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