Artículos — 4 enero, 2016 at 9:28

Stealers Wheel, atascados en el camino hacia el éxito

Steelers

Hoy se cumplen cinco años de la muerte de Gerry Rafferty. Para conmemorarlo recuperamos el artículo que publicábamos en papel poco antes de su desaparición dedicado a Stealers Wheels.

 

Hay que grupos que cuando nacen ya parecen condenados a la disolución. A pesar de su calidad. Y quizá el mejor ejemplo de eso son los Stealers Wheel. Una banda que debería haber sido muy grande y que hoy en día apenas nadie recuerda.

 

La prensa musical tiende al reflejo. Así ha sido siempre y así será. Sobretodo en los States y en Reino Unido. Como si fuera necesario encontrar el otro yo de cada una de las bandas o solistas que aparecen. Cada iniciativa transoceánica tiene inmediatamente su transmutación en el lado opuesto. Los vasos comunicantes. La teoría del espejo. No importa los años que pasen. Ni tampoco que sea inmediato. Siempre hay una referencia. Al otro lado del charco. Y eso, probablemente, marca la historia de los Stealers Wheel. Una banda que pudo ser muy grande y se quedó en nada. Ligeramente recuperados para la causa por Quentin Tarantino al incluirlos como banda sonora de su Reservoir Dogs. Pero vueltos a caer en el olvido. A pesar de su intento de reunión de 2008 que todavía no acabamos de tener claro. Un grupo perseguido por la etiqueta de ser la versión británica de Crosby, Stills, Nash & Young. Otro combo maldito. Uno más. Pero quizá mejor que otros. O quizá no. Una terna de músicos extraordinarios. Con una asombrosa capacidad para la melodía juguetona y atractiva. Una historia de 3 años. El trienio que pudo cambiar el destino de la música británica. Pero no lo hizo. Alguien robó al ladrón su minuto de fama. Y nosotros vamos a devolvérselo.

 

Y se hizo la luz

 

El condado de Renfrew, a principios de los 70, era una zona que había perdido parte de su independencia respecto a Glasgow. Como toda Escocia respecto a la “gran madre británica”. Sus pueblos intentaban recuperar la ruralidad sustraída por una anexión involuntaria a los alrededores de la gran urbe. Paisley, su capital administrativa, se despertaba aletargada mañana tras mañana. Con pocas novedades. Sumida en el frío y la niebla tan habitual en las Lowlands. Haciéndose fuerte, de nuevo, con la industria textil. Dedicándose a trabajar y a poco más. En un ambiente pesado, denso, dormido. Como si tener una de las escuelas universitarias más grandes de Escocia no fuera suficiente para despertar. Una universidad en la que coincidieron Joe Egan y Gerry Rafferty después de haber compartido escuela de primaria. Corría 1972 y los tipos no veían mejor manera de satisfacer sus necesidades que montar una banda. Ambos tocaban la guitarra de manera aceptable. Y además compartían una pasión por las melodías más redondas de gente como David Crosby, Gram Parsons, Graham Nash o los más cercanos Fairport Convention. Los primeros pasos iban a darlos junto a Roger Brown, Ian Campbell y Rab Noakes. Una formación que duraría apenas unas semanas. El tiempo que tardó la banda en firmar por A&M, una compañía que les propuso trabajar con músicos de verdad y realmente implicados en el proyecto. Sin casi tiempo para asentarse, a Campbell, Brown y Noakes los sutituían Paul Pilnick, Tony Williams y Rod Coombes. El bombazo estaba en los productores que la compañía había destinado para la grabación de su primer disco. Nada más y nada menos que Jerry Leiber y Mike Stoller. Los míticos productores y escritores de canciones de éxito de gente como los Drifters, los Coasters, las Dixie Cups, Peggy Lee o, por encima de todos, Elvis Presley. Cuando firmaron su contrato con la compañía, el dúo ya había aceptado producir su disco, movidos por un inusitado interés despertado por las maquetas que les habían hecho llegar. Los autores de canciones tan definitivas como «Stand by me», «Jailhouse Rock», «Poison Ivy» o «Hound Dog» veían en los ladrones de ruedas un éxito seguro. Pero no contaban con los problemas internos.

 

wheelsEn 1973 se publica el homónimo Stealers Wheel. Y como se preveía fue un auténtico pelotazo. La producción de Leiber y Stoller consigue reforzar temazos como el super hit «Stuck In The Middle With You» y acentuar la capacidad vocal de Rafferty y Egan. El primero capturado en tonalidades cercanas al Dylan más acústico contrastaba con el segundo cercano al Paul McCartney más dulce. El disco era fantástico. Lleno de detalles, podemos definirlo como un disco de cantantes y de canciones. Porque tanto uno como otro aspecto destacan y te atrapan. La personalidad de los músicos se impone y se ve incrementada por una excelente producción. Sin sonar ambicioso, el disco se muestra como un paso seguro hacia el éxito. Aunque Rafferty ya había decidido dejar la banda. Atormentado por sus conflictos personales y problemas de ego, cuando el disco se publica ya había sido substituido por Luther Grosvenor. Delisle Harper también sustituye a Tony Williams y la nueva formación se va de gira. Sus conciertos se cuentan por llenazos. Su single no para de subir en las listas, llegando al número 6 en los States y al 8 en Reino Unido. Incluso el álbum llegó a estar entre los 50 más vendidos de Estados Unidos. Todo iba viento en popa. A pesar de haber perdido uno de sus dos pilares básicos la cosa iba por buen camino. Y eso provocó que Rafferty se replanteara las cosas y pidiera volver. Un regreso que el resto de la banda no acababa de ver del todo claro. Egan estaba de acuerdo. El resto no. Y eso acabó por desmoronar el castillo de naipes. El grupo quedaba convertido en dúo. Seguirían girando pero apoyados por músicos a sueldo y sus siguientes discos se realizarían con músicos de sesión. El proyecto estaba herido de muerte.

 

Crónica de una muerte anunciada

 

1974 es un año extraño. Tenso en el país y también tenso en el dúo. Las diferencias entre Egan y Rafferty vuelven a acentuarse. Ni siquiera se ponen de acuerdo en los músicos que han de tocar en su nuevo disco. Y los problemas se extienden a la producción. Leiber y Stoller ya no están cómodos con el proyecto. Ni siquiera están de acuerdo con su salario. Y todo eso se refleja en el mediocre Ferguslie Park que apenas entra en listas. Lejos queda el millón de copias vendidas de su primer disco. Muy lejos. El álbum es insulso, insustancial. Con leves atisbos de lo que habían sido. Canciones normales. Alguna resultona. Y poco más. El dúo se separa. Alejan sus caminos. Sin solución de continuidad. Cuando en 1975 se publica Right or Wrong ya nada existe. Producido por Mentor Williams muestra a un dúo que no es ni una sombra de lo que fue. Más preocupados por lanzarse indirectas a través de las canciones que por realizar un buen disco. Sus carreras en solitario iban a seguir adelante pero habían dejado escapar la oportunidad de su vida. Sólo iban a quedar coletazos. El primero, en forma de Grandes Éxitos, llega en 1990. El segundo, y más importante, llegaría en 1992 con la inclusión de «Stuck In The Middle With You» como tema central de la película Reservoir Dogs de Quentin Tarantino. Y el tercero con un remix de la misma canción publicado en 2001 que les llevó a los 10 primeros puestos de las listas. A pesar de eso, cuando en 2008 Tony Williams declara que va a reunir la banda junto Rod Coombes y Paul Pilnick, poco es el interés mostrado por el mundillo musical. Ni siquiera el anuncio de un nuevo disco en 2009 parece hacer renacer el interés por la banda. En parte motivado también por la ausencia en la reunión de los dos capos, Egan y Rafferty. Su momento pasó. Tan fugaz como había llegado. Tan rápido y efímero como duro y cruel. Porque los Stealers Wheel no vivieron ni un momento de paz. No pudieron disfrutar de su éxito porque no tuvieron tiempo. No supieron como hacerlo. Fueron una más de tantas bandas devoradas por su propia victoria, si es que la hubo. O por sus complejas personalidades ¿quién sabe?

 

La larga y solitaria marcha

 

Tras la disolución definitiva de la banda, Egan y Rafferty, como era de esperar, fueron los únicos que decidieron probar suerte con una carrera en solitario. Joe Egan publicó Out of Nowhere en 1979 y Map en 1981. Ninguno de los dos obtuvo la más mínima repercusión y el tipo decidió retirarse a vivir plácidamente en su casa de Paisley. Diferente le fueron las cosas a Rafferty, probablemente dotado de mayor talento que su colega. Su estreno en solitario se había producido antes de la formación de los Stealers Wheel, con Can I have my Money back? en 1971. Su carrera individual se retoma con City to City (1978) con el que llega al número 1 del Billboard norteamericano. Un disco que incluía su gran hit, «Baker Street». Con Night Owl llega su siguiente gran éxito comercial tan solo un año después. Y ahí parece acabar todo. Porque a pesar de publicar casi una decena de discos más, el público pareció darle la espalda y ni siquiera colaboraciones con músicos reconocidos como Mark Knopfler han logrado sacarlo de un evidente segundo plano.

 

Como afectados por una maldición. Mirados por un tuerto. Tocados por una mano negra. Ninguno de los músicos que formaron los Stealers Wheel logró recuperar la calidad y la fama que les otorgó su primer disco. Castigados por sus malas relaciones, sólo Rafferty logró salir ligeramente adelante. Y es que como rezaba la canción que abría ese disco, se les hizo tarde. Demasiado tarde por culpa de sus continuas disputas, sus cambios de formación y su inseguridad respecto a su futuro. Podía haber sido y no fue. Se atascaron en el camino. Y el éxito decidió mirarlos por encima del hombro.

 

Eduardo Izquierdo

 

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: