Encuentros — 15 diciembre, 2015 at 13:45

Tucan Morgan, sugiriendo atmósferas

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Cinco años han pasado desde que Carlos Ramos y Sofía Comas se juntaron para dar forma al proyecto musical Tucan Morgan. Precisamente ese es el tiempo transcurrido hasta que han decidido publicar su primer disco largo. Un trabajo, «Moon Cabaret Rooms», que evoluciona de forma evidente respecto a sus anteriores EPs (homónimo y «Scary Folios») y en el que la banda ha contado con la inestimable ayuda del gran Charlie Bautista. De PJ Harvey a Mark Lanegan, pasando por los más cercanos Idealipsticks, pueden ser algunas referencias que nos vengan a la cabeza cuando ponen en marcha la construcción de unas atmósferas tan crudas como sugerentes, tan intensas como evocativas. Encendemos las luces de neón rosas y entramos por una puerta secreta para conocer mejor al grupo y a su sugerente y afilado trabajo de debut.

Tras un par de EPs llega vuestro primer disco largo, «Moon Cabaret Rooms», con un sonido bastante evolucionado respecto a aquellos, ¿lo veis como el resultado de un camino u os lo habéis tomado como un nuevo inicio?

Sin lugar a dudas es el resultado de todo el camino recorrido a lo largo de este tiempo y de cómo hemos ido evolucionando. A su vez, el hecho de registrar nuevo material supone el inicio de una nueva etapa. Pero llevamos a nuestras espaldas todo lo aprendido con anterioridad. Si no, no habríamos llegado a este punto, y sin llegar a este punto no podremos continuar. Al fin y al cabo es de lo que se trata, de seguir buscando, dejando que lo que no sirve caiga por su propio peso, pero manteniendo intacta la curiosidad.

 

Un paso, el de publicar un disco, que ha tardado cinco años desde que os formasteis. ¿Ese espacio de tiempo responde a una decisión de no aceleraros, de no correr prisas, o simple consecuencia de las circunstancias de cada momento?

Sacar disco nada más empezar no habría tenido sentido. Veníamos de no haber tocado en un grupo en nuestra vida, y lo primero que había que hacer era aprender: aprender a tocar, a hacer canciones, a grabarlas, a cuidarlas y a defenderlas en directo. El paso del primer EP al segundo fue decisivo a la hora de “encontrarnos” como banda y ahora sí, ya podemos presentarnos como tal. El disco ha llegado de forma natural, no había porqué forzar el parto.

Musicalmente creo que lo más llamativo de este trabajo es la creación de unas atmósferas realmente intensas, crudas, insinuantes…¿Era una de las metas del disco?

Me alegra que digas eso, considero la creación de atmósferas una herramienta fundamental para transmitir. Si no se crea un clima para contar una historia, la pobre se queda desangelada. Por otro lado, siento especial interés por las atmósferas que insinúan, sugieren, no enseñan y que invitan a entrar en una especie de juego.

En la consecución de todo eso parece que el rock guitarrero de los noventa, el relacionado con Babes in Toyland o PJ Harvey, y algunas derivaciones posteriores como The Kills, tienen mucha influencia…

Considero que muchas de las influencias en una banda aparecen sin que se las llame. Somos muy fans de PJ Harvey y The Kills, así que no me sorprende que nos hayan influido de un modo u otro. Me gusta especialmente que no sobrecargan las canciones de instrumentos, así como el uso que hacen de las voces, apenas hay giros o muestras de virtuosismo vocal. Esa aparente sencillez es lo que me resulta más potente.

Para alcanzar esas ambientaciones utilizáis en buena medida la electricidad, pero también hay momentos muy destacados de los teclados donde toman el protagonismo, como «Ten» o «Foolish Bird», llevándonos a terrenos más íntimos pero igual de intensos. ¿Habéis trabajado conscientemente el hecho de adjudicarle a las guitarras un tipo de emoción y a los teclados otra?

En absoluto, ahora que lo dices tiene todo el sentido del mundo, pero ha sucedido de un modo totalmente inconsciente. Muchas de las canciones han nacido del teclado, pero en cuanto se han puesto en común, la guitarra se las ha llevado a otro lugar. Sucedió por ejemplo, con «Falling Down». El riff del estribillo se llevó el tema a otro sitio mucho más interesante.

No competir por acaparar el protagonismo con un instrumento, sino buscar y dejarse sorprender con otras propuestas es fundamental para nosotros, y tal vez sea eso lo que nos haya llevado a un equilibrio entre teclados y guitarras y a que cada uno aporte algo distinto dentro de un lenguaje común. Queremos lo mejor para nuestros retoños, y eso significa trabajar en equipo.

Y en ese resultado final del disco qué papel ha jugado Charlie Bautista, que además de productor toma partido siendo por momentos un integrante más.

El papel de Charlie ha sido fundamental a la hora de darle coherencia al conjunto, supo dirigirnos con mucha maña y psicología. Si a eso le sumamos que, como todos sabemos, es un musicazo con una experiencia más que dilatada y un sentido del gusto brutal, todo aquello que pudiera aportar ya sea a través de arreglos de bajo, guitarras u órganos era más que bienvenido y un lujazo.

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El título, los colores elegidos para la portada, además obviamente de lo musical, parece que nos advierten de que nos vamos a adentrar en esas zonas subterráneas, escondidas, del ser humano.

Todas los personajes de las canciones del disco se enfrentan a una situación de cambio. Y cada uno de ellos lo hace de un modo distinto. Creo que es en ese tipo de momentos cuando sale a relucir nuestra verdadera naturaleza, aspectos que muchas veces ni siquiera nosotros conocemos o sabemos que tenemos. De ahí el carácter surrealista de la portada. De ahí, y de Twin Peaks, que estaba viendo justo cuando se decidió la portada y de cuya estética es imposible salir inmune.

Cantáis en un momento “Walk around the chaos and sing”, ¿hacer canciones sirve para dar salida a ese caos vital que todos cargamos y de alguna manera transformarlo en algo positivo?

Muchas veces no podemos elegir lo que nos sucede, pero si está en nuestras manos decidir cómo encararlo. Hagámoslo cantando, bailando o como nos venga en gana. En «All is Going Well», la canción que incluye esta frase, el protagonista es un niño que se encuentra desprotegido ante un mundo patas arriba. Solo podemos decirle que todo va a ir bien si aprende a encontrar las ventajas en un panorama a priori desalentador. No se puede esperar a que las cosas cambien por si solas, somos nosotros quienes tenemos que adaptarnos y buscar una salida.

Unas letras que además de viscerales suenan íntimas y de alguna manera personales pese a trabajar más con imágenes y sensaciones. ¿Es un disco más de ideas que de historias?

En este caso, vuelve a entrar en juego la idea de sugerir, no de mostrar. Cada canción tiene una historia, pero nos interesa más insinuarla. Porque es más divertido no entrar en detalles y da más libertad para sentirla de un modo u otro. La idea de hacer más visibles las imágenes que los relatos en las letras permite proponer en vez de dirigir al oyente hacia algo concreto.

Me llama la atención mucho una canción como «Gabriel’s Waiting» por la dicotomía que crea, ya que en el fondo trabaja un ritmo muy dinámico y pegadizo pero bajo un contexto muy malsano, sobre todo en la letra, quizás de las más impactantes.

Esa era la intención totalmente. La canción está narrada por una persona capaz literalmente de cualquier cosa para conseguir su objetivo, incluso de atentar contra sí misma. Y lo consigue, a su manera, pero, ¿merece la pena? Me gustaba la idea de contagiar al público lo que el narrador siente, que es una alegría desbordante, sin juzgarlo, porque te ha contagiado y no escuchas lo que dice. Porque si lo escuchas, sabes al momento que ha perdido el juicio, que “se le ha ido de las manos” a un nivel muy por encima de la media.

Cuando me encuentro ante un disco, unas canciones, que poseen este tipo de intensidad me pregunto si a la hora de interpretarlas o tocarlas causan algún tipo de agotamiento emocional o uno logra abstraerse de todo ello.

En absoluto, no hay nada más placentero que poder compartirlas en un escenario. Creo que cada una de las canciones de «Moon Cabaret Rooms» parte de una emoción distinta y eso hace que sea ameno cantarlas. Cantarle todo el rato al dolor, por ejemplo, me resultaría mucho más cansado. Imagínate tener que sentir algo parecido un tema tras otro… Solo algunos artistas se pueden permitir recrearse en un sentimiento así sin dejar de ser honestos y sin hacernos perder el interés. Disfrutamos mucho en un escenario, así que en vez de agotamiento, lo que nos genera es adicción.

 

Texto: Kepa Arbizu

 

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