Encuentros — 10 diciembre, 2015 at 11:03

Soleá Morente, una agradable tarde al sol

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En las líneas que dediqué a la reseña del disco Tendrá que haber un camino (Sony Music), sentencio que Morente debe ser un apellido tan pesado como el de Cohen, pero que por suerte, Soleá es una artista de peso. Y cuando la tengo en frente, compruebo además que el ‘Sol’ de ‘Soleá’ nace de esos ojos tan grandes como sinceros, que no pueden esconder nada que no sea verdad. Soleá no es sólo una artista de peso, sino también un espíritu cercano, y mucho más: una persona con la que resulta más que agradable compartir un té o un café en un pub irlandés.

¿Té o café en un pub irlandés? Pues sin importar la hora del día o de la noche, así debería ser para todos aquellos libres de prejuicios, como esta artista que se atreve a jugar con la música, la de sus influencias y la de su raíz, para entregárnosla en forma de elepé, futuros recitales, o en una distendida conversación que pudimos mantener. Sin dejar de recordaros que el 11 de febrero estará en Granada y el 25 en Madrid, nos emplazamos para vernos pronto en Barcelona. Y ojalá sea en la Sala Apolo.

 

Se ha hablado mucho sobre ti como una artista flamenco-indie, flamenco-pop, e incluso la rockera de los Morente. ¿Cómo definirías tu estilo?

Yo nací en una casa flamenca, y mi familia se ha dedicado siempre al cante, al baile o a la guitarra. Es algo que forma parte de mi naturaleza. Necesito el cante flamenco para sobrevivir. Pero sí tengo muchas influencias culturales, porque en casa se escuchó siempre de todo, lo que me ha permitido explorar distintos territorios sin abandonar mis raíces. Esto me interesa mucho porque me libera y me permite expresarme con mayor facilidad, sin prejuicios. Aunque en cualquier caso estoy enormemente orgullosa de mi apellido y de la familia de la que provengo, los llevo por bandera. Me imponen respeto, pero son lo más bonito que me ha podido pasar.

¿Cómo definirías Tendrá que haber un camino?

Yo lo definiría como un disco de investigación o de búsqueda, tanto en lo personal como en lo musical. Es un disco de inquietudes donde voy tanteando diferentes terrenos y probando cosas que me gustan y me hacen sentir bien. Tocar con bandas tan potentes como Los Evangelistas me ha permitido encontrar nuevas maneras de cantarle al amor y a la libertad. Cesare Pavese decía que para renovar la sustancia hay que cambiar el modo de proceder. Y en ese punto estoy, de búsqueda, de inquietud… no me da miedo explorar. Es un reto personal, un desafío. Creo que es interesante intentarlo para crecer y evolucionar. En este disco hay muchas influencias, pero también es cierto que aunque mi padre era cantaor flamenco, él siempre decía que le hubiera encantado ser rockero.

Dices que en casa se escuchaba de todo. ¿Qué música sonaba en casa de los Morente?

En casa se escuchaba todo tipo de música, aunque por supuesto mandaba el cante flamenco. Mi padre nos despertaba siempre con música clásica. Incluso los fines de semana, cuando podíamos dormir hasta tarde porque no había que ir a la escuela, nos levantaba con música clásica a todo volumen… También se escuchaba jazz, o La Niña de los Peines, Vallejo, Caracol… el cante jondo siempre ha sido la bandera de nuestra casa, pero mi padre también me llevó a ver a Leonard Cohen o Bruce Springsteen. Yo creo que cuando una canción, un poema, una interpretación… es buena, da igual de donde provenga si tiene verdad y te llega. Ese es el lema de mi casa y de la forma en la que trabajamos.

¿Qué hay de tu padre en Tendrá que haber un camino?

Todo lo que he aprendido de él. La afición al flamenco, al cante… quizá yo no sea una cantaora que se sienta en una silla y se pone a dar un recital de cante flamenco con un tocaor, pero puedo cantar un fandango, una sevillana o una granaína gracias a haberlo aprendido de forma natural como el comer o el beber. Además, las dos versiones de Leonard Cohen del disco son versiones que mi padre preparó para Omega pero que se quedaron fuera porque había muchísimo material, así que decidí contar con la formación original de Lagartija Nick de entonces para ser lo más fiel a esas versiones. De una forma u otra, el espíritu de mi padre está muy presente.

En el disco participa muchísima gente. ¿Cómo afrontas esto en los conciertos?

La gente que ha participado en la grabación es gente que admiro muchísimo. Me encantaría llevármelos a todos pero es imposible, además de que todos tienen diferentes grupos y proyectos. Eso me encanta, porque es una muestra más de que se pueden hacer muchas cosas distintas. J tiene a Los Planetas, Los Evangelistas, Grupo de Expertos Solynieve. Florent tiene también a Los Planetas, Los Pilotos… Manu Ferrón es un vivo ejemplo, un gran escritor y compositor, pero tiene también otros trabajos… Ese ambiente de Granada, de músicos tan polivalentes, me llama muchísimo la atención. Son un gran ejemplo para mí. Sobre la formación, pues dependerá de los lugares a los que vayamos y de las posibilidades. Antonio Arias al bajo, Miguel Martín y JJ Machuca de Lori Meyers a la guitarra y a los teclados, esos tres son fijos. Mafo de Pájaro Jack a la batería… En ocasiones vendrá Florent porque me encanta que venga y aporta un sonido que sólo consigue él.

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¿Y a ti te veremos tocando la guitarra?

Ahora estoy aprendiendo. La cojo para componer sobretodo, pero me siento muy bien con ella cuando estoy sobre un escenario. Me sirve para desinhibirme, me hace compañía. Creo que es bueno dominar un instrumento para la composición, ya sea la guitarra o el piano… estoy en ello, pero lo cierto es que junto a guitarristas tan buenos, prefiero concentrarme sólo en cantar.

En 2013 estuviste en la obra teatral ‘Yerma’ de Federico García Lorca, bajo la dirección de Miguel Narros. ¿Cómo te sentiste? ¿Qué diferencias encuentras con la interpretación musical? ¿Te volveremos a ver sobre un escenario teatral?

Fue un proyecto con el que aprendí muchísimo. Cantaba e interpretaba, y como quien dice, descubrí ahí el teatro, que era algo en lo que había soñado desde pequeña… Y cuando eso ocurre, el sueño te busca. Me gustaría hacer algo más. Hace poco terminé un proyecto de Secun de la Rosa sobre Clara Bow, una actriz de los años ’20. Compartí el proyecto con Juan Diego Botto y Natalia de Molina… me encantó. Para mí es la misma sensación que cuando salgo a cantar a un escenario. Estás ahí con lo que eres, con tu alma, con tu verdad. Tienes que creer en lo que estás cantando, si no es como perder el tiempo, no tiene sentido. El teatro te hace viajar dentro de ti, conectar contigo misma. Me siento muy bien espiritualmente haciendo teatro. Nunca he hecho cine pero pienso que el teatro es como la música en directo, y el cine como el estudio de grabación. Tienen también una magia increíble, pero en el directo ahí estás tú con lo que eres, el trabajo previo que hayas hecho, y tu manojo de nervios.

¿Te ves explorando otros terrenos artísticos?

Me encanta bailar. Me hubiera gustado mucho ser bailarina, la danza clásica. Mi hermana y yo estudiamos con Víctor Ullate en Madrid. Pero es algo muy sacrificado… Ahora me he hecho unos zapatos nuevos de bailaora. Me gustaría volver a tomar clases de baile, pero por gusto. Todo suma, todo.

Ya conocemos a Estrella, a Soleá, y ahora Enrique está preparando disco. ¿Hay alguna posibilidad de un proyecto conjunto entre los tres?

Participamos juntos en muchos memoriales, pero nunca nos hemos planteado un disco aunque pienso que sería una idea muy bonita. Estrella tiene su carrera y ya es una figura consolidada. Es difícil pillarla por banda porque viaje mucho, aunque es una persona muy generosa y siempre está disponible para sus hermanos y cualquier cosa que le pidamos. Quique está con su disco. Yo estoy con mi aventura… cada uno tiene su estilo, pero ¿por qué no? Nos encanta trabajar juntos, compartimos el mismo código y sólo con mirarnos nos entendemos. Hay una energía entre los tres que no se puede explicar con palabras. Somos hermanos y hemos mamado la misma música en casa desde pequeños, aunque cada uno evolucione a su manera. En casa nos encanta juntarnos, Quique coge la guitarra, que la toca súper bien, y siempre estamos ahí enredando entre los tres.

Sobre Omega, en su día hubo gente que no lo entendió porque se juntaban dos estilos a priori muy distintos como el flamenco y el rock. ¿Qué supuso para ti participar en él y cómo se recibió su acogida en la familia?

Yo era muy pequeña cuando salió Omega. Era una niña de 11 años que flipaba con el trabajo que hacía su padre. Estuve en la grabación, iba a los ensayos y a los conciertos, pero sólo cuando me dejaban entrar en la sala, porque algunas no me lo permitían por ser menor. Estrella conseguía colarse porque era más alta y aparentaba ser mayor, pero yo no… Cuando eres pequeño estás en casa y no eres muy consciente de lo que ocurre. Lo soy mucho más ahora, con lo de las críticas y la polémica. Pero entonces, lo viví como algo maravilloso, todo el trabajo que hacía mi padre. Él nunca nos transmitió ninguna tensión, al contrario. Disfrutó mucho con Omega, en casa yo no vi ninguna decepción, desilusión, preocupación… lo recuerdo como una de las mejores épocas.

¿Tú sientes que pueda ocurrir lo mismo con Tendrá que haber un camino?

Seguro que habrá gente que no comprenda esta fusión, y está bien que así sea. Pero yo no me siento cuestionada, al contrario. Estoy muy a gusto con mi público. No me llega sensación de que la gente no me entienda.

Tu relación con J de Los Planetas es muy buena. ¿Te veremos colaborando en un próximo disco de la banda granadina?

Si me invita J, ahí estaré. Me encantaría. Siempre trabajamos juntos y andamos preparando cosas, pero de momento no se ha dado la ocasión. Claro que algún día me encantaría hacer unos coros, un trocito de canción, unas palmas… Son muy generosos conmigo.

¿Cómo está el disco que preparabas con tu padre?

Trabajé con Isidro Sanlúcar, con el que tantísimo aprendo, maestro del flamenco, de la producción y un gran guitarrista. Pero hubo un paréntesis en el que necesité tomar un poco el aire y de ahí surgió este proyecto. Estoy deseando retomarlo con él, me encantaría darle forma y verlo realizado. Es un sueño para mí. Estoy en ello. Es un proyecto en el que pienso todos los días, necesito hacerlo, y cuando me ponga manos a la obra ahí estaré, pero hay veces que te desvías con otras cosas. Ahora estoy centrada en mi disco, pero lo retomaré. Necesito hacer ese disco, tener un reencuentro con ese trabajo. Pienso todos los días en ello y lo llevo en mi corazón.

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¿Pasa por tu cabeza cantar en otro idioma y otros estilos?

¿Por qué no? Me gustaría hacerlo. Llevo toda la vida estudiando inglés, y mi padre siempre me animó para ello, pero es un reto, un desafío al que todavía no me he enfrentado. También probar con otros estilos. En el proyecto sobre Clara Bow, cantaba «Todavía» en clave de jazz, que la preparé con JJ Machuca. Me parece algo mágico cómo una canción actual de La Bien Querida se puede trasladar a otra época, los años ’20, como canción de jazz. Cuando algo es bueno y tiene verdad…

¿Te imaginas un día abandonando el circuito indie para colaborar con personalidades como Amaral, Bunbury, Ferreiro…?

Nunca se sabe. Pero ahora mismo me siento muy a gusto con lo que hago. Voy encontrando mi sonido y entendiéndome mejor conmigo misma. Admiro mucho a toda esta gente de Granada, aprendo de ellos, me gusta cómo expresan, la música que hacen… me siento muy identificada y me gustaría seguir trabajando con ellos. Me lo paso muy bien con Pájaro Jack, La Bien Querida, David Rodríguez…

Pese a ser madrileña, tienes un sonido muy granadino.

Yo nací en Madrid y viví ahí hasta los 12 años. Es mi tierra y la adoro, pero estudié en Granada, tengo muchos amigos ahí, y es donde fraguo mi sonido y aprendo de toda esta gente. Hay un ambiente increíble del que siempre surgen ideas. Napoleón Solo, Sonido Vegetal, Aurora, Su Señora… ¿conoces Su Señora? Escúchalas.

Lo haré. Para terminar, ¿nos recomiendas un disco?

Un cante y un poema de mi hermana Estrella es uno de mis discos preferidos. No porque sea mi hermana, sino porque está muy bien hecho. Apunta también The Tarnished Gold del grupo Beachwood Sparks, «Water From The Well» me tiene flipada.

 

… así sea.

 

Texto: Borja Figuerola

Fotos: Celine Beslu

 

 

 

 

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