Encuentros — 16 diciembre, 2015 at 9:44

Seward, más allá de la música

Seward por Pablo Leoni para Web

Acercarse a la música y al proyecto vital de la banda Seward es como mirar por una cerradura al interior de un cuarto donde está pasando algo que nunca termina de quedar claro qué puede ser. Quizás una fiesta salvaje, puede que un funeral, acaso una conversación en la que una de las partes seduce y la otra se deja seducir. Tal hermetismo consigue lo que debería pasar siempre que se pone un disco por primera vez: que no puedes prever lo que va a pasar mientras lo escuchas ni lo que esa música va a dejar dentro de ti una vez termine. Ese suspense preside Second Two: Chapter Home (Foehn Records, 2015), suerte de caleidoscopio sonoro que nunca cae en la descohesión, el mapa de un lugar que no sale en los mapas. Estamos ante un disco misterioso que se está dejando conocer poco a poco desde la página del sello barcelonés. El grupo contesta a las preguntas abriendo más interrogantes que despejándolos.

 

-Es muy difícil encontrar información de Seward, no tenéis página web, página de Facebook ni Bandcamp, ¿se trata de secretismo voluntario? ¿Buscáis crear misterio?

Al contrario. Queremos que Seward sea de las personas. Que les pertenezca. Siempre hemos querido dejar claro que cada quien puede hacer lo que quiera con Seward. Nuestra discográfica tiene página web, Facebook y Bandcamp. Nuestras agencias de booking, también. Los medios de comunicación tienen sus espacios, donde también se promocionan nuestras acciones con asiduidad. ¿Por qué centralizar cuando se puede multiplicar? Ellos son los profesionales de la materia. Ellos deben hacer bien su trabajo y no perderlo.

Nosotros nos dedicamos a la música y, mucho más allá de lo meramente práctico, fácil y funcional, hemos de reafirmarnos una y otra vez lanzando el debate sobre de la mesa: Seis años intentando trazar una conversación _optimista_ sobre los grandes desequilibrios de la escena cultural, digitalizada a golpe de hacha con sonrisa gratis, y la consecuente y abrumadora debacle económica que acosa nuestra supervivencia. Al igual que los problemas de cualquier sector profesional en crisis, nuestras desventuras como artistas poco importan a los propios afectados, que no buscan el beneficio común a largo plazo, y mucho menos incumben al resto de la población. Es hora de buscar soluciones desde cero y construir un nuevo paradigma de valores que sustente nuestra forma de vida en el Siglo XXI. Todavía no estamos a la altura de la revolución industrial que estamos viviendo. Tenemos que reaccionar. Tenemos que reflexionar y no asumir la realidad como nos viene dada. De ahí la confusión, el enfado y el desinterés del público acostumbrado al acceso total-itario cuando tiene que esforzarse un poco más de lo normal, o cuando tiene el privilegio de formar parte de algo y no tiene tiempo de ser si quiera consciente de ello mientras se ve abrumado por cantidades ingentes de información que no puede abarcar; y de ahí también la puñalada en la espalda de la clase política, que, gracias a internet, más allá de defender nuestros derechos básicos, ha conseguido quitarle fuerza, de rebote o no, a muchos de los valores esenciales del periodismo, la música y las artes.

Invirtiendo ligeramente aquellas famosas palabras de Allen Ginsberg en Howl y con su permiso: “I see the worst minds of your generation purified by happiness”.

-En esta línea, ¿a qué se debe vuestra decisión de ir racionando las canciones del nuevo disco?

Como ya hiciéramos con nuestro anterior álbum, Home Was A Chapter Twenty Six, nuestra intención abordaba la necesidad de colaborar con diferentes publicaciones, ampliar el campo de acción implicando a más personas, consiguiendo involucrar perspectivas ajenas que aumentan toda salubridad en cualquier movimiento promocional.

-Vuestras canciones son esquivas, tienen estructuras poco intuitivas, impredecibles, ¿cómo es vuestro proceso de composición para que las cosas salgan así?

Nuestra música funciona como un cuerpo humano. Tiene cerebro, corazón, estómago, sexo… Piernas, pulmones, manos. Es imperfecta por definición. Contiene ritmos que quizás parezcan fuera de compás entre sí, notas que intuyen chocarse y dinámicas que fluctúan de maneras imprevistas en un baile durable. Nuestros órganos vitales funcionan de la misma manera: Son independientes entre sí pero se necesitan unos de otros. En lo que dura un instante, somos capaces de caminar a un ritmo, recordar aquella vivencia mientras escuchamos de lejos aquel single en otro tempo y seguimos su percusión con los dedos y a destiempo, observando a unos niños bailar de alegría en silencio, imaginando múltiples posibilidades futuras que albergan tonos propios y ajenos, al tiempo que nuestras pulsaciones van a toda hora descompasadas hacia arriba y hacia abajo y los oídos captan toda clase de frecuencias naturales que contienen multitud de armonías fundamentales.

Podríamos pensar que, salvo numerosas excepciones, desde el nacimiento del pop como industria, casi toda la música publicada en los últimos 50 años ha querido escapar de esta libertad natural del origen mismo del ser y equipararse a un comportamiento estético mucho más ordenado, complaciente con las expectativas, fijado en unos parámetros emotivos impuestos por las condiciones sociales y las corrientes expresivas de cada época. El corsé se ha ido estrechando hasta hacerse asfixiante y, desde los 90, las nuevas generaciones no necesitan identificarse consigo mismas y, por tanto, evitan la aparición de nuevos estilos y nuevas maneras de entender la cultura, encontrando satisfacción y seguridad en la repetición de patrones conocidos, que en su mayoría se muestran vacuos de contenido, vagos en su ejecución y cobardes a la hora de interpretar. El ámbito de la educación ha sufrido la misma suerte y las circunstancias son tan tristes como peligrosas. ¿No estamos preparados para la música de nuestro propio siglo? Y cuando se dice música se dice cultura, se dice sociedad y se dice política. ¿Es demasiado pronto o es demasiado tarde? Es bien sabido que, desde tiempos inmemoriales, los autores que rompen la norma cambian las reglas y obligan al público a aprenderse a sí mismos de nuevo y, con ello, al sistema mismo.

Nuestras canciones son un reto que muta en cada ocasión, que abraza al oyente en un interrogante que cuestiona el sentir contemporáneo, invitándolo a evolucionar de alguna manera con nosotros, incluso desde el rechazo absoluto, que siempre es bienvenido.

-¿Vuestro estilo es el resultado de una búsqueda exhaustiva o es un agradable accidente?

De una agradable y exhaustiva búsqueda accidentada.

-También llama la atención vuestra puesta en escena, mostráis una imagen estudiada, elegante, teatral, ¿os queréis alejar de la imagen clásica del rockero?

Nuestro espectáculo es una colección de imágenes variables, una performance en un salón de té, cientos de bailes tradicionales de vanguardia, un festín de recetas inventadas que vienen de decenas de lugares y se cocinan entre muchos. Nosotros queremos tener nuestra imagen clásica. La imagen clásica de Seward. Defendemos la autenticidad de las personalidades y su carácter único, que tanto se niega en la actualidad, como si del peor enemigo se tratara. Para repetir costumbres, hacerlas rentables y eliminar la creatividad de la ecuación ya tienes a las grandes marcas de ropa, alimentos o tecnología. El arte ha de concentrarse en respetar y conocer el pasado, y entregarse a escuchar el latir del ahora.

-Con un grupo con un sonido tan personal siempre es difícil señalar influencias claras, aunque parece que Sparklehorse es una de ellas, ¿de dónde la idea de vuestro concierto homenaje?

Poco después de su muerte, en 2010. Sparklehorse no es una influencia del grupo. Es un amigo muerto. Un desconocido en un bar que te cuenta un pasaje de su vida. Uno más, del montón, como tantos otros muertos igual de importantes. Nuestro concierto homenaje supuso cinco años de reflexión tras el suicidio de Mark Linkous, sufrió de los mil cambios de planes y caras, y acabó en una maravillosa, solemne e inesperada velada en la sala Heliogàbal de Barcelona, donde recorrimos los paisajes más acuosos, tintados y preciosos de sus tres últimos discos.

Seward IV by Silvia Trillo Martí

-También tenéis varios proyectos paralelos, ¿qué me contáis de ellos? ¿Lo veis saludable para dar salida a las cosas que no tienen cabida en Seward?

 Cada uno de nosotros sobrevive como quiere y como puede, y ambas dos también. Nuestro único proyecto es Seward y no tenemos por qué buscar salida a nada. En tal caso, el grupo no existiría.

-Incluso habéis llegado a colaborar con el rapero Kase-O, ¿cómo surgió eso?

¿Cómo surgirá eso? ¡Eso queremos! ¡Eso, eso!

-En directo os veo mucho más desatados que en estudio, ¿cómo abordáis las grabaciones? ¿Cómo se grabó Second Two: Chapter Home?

Nos enfrentamos a la música y al espacio que facilita esa música. Este proceso ha sido condición de Seward desde su primer encuentro. Cada ocasión es distinta de la siguiente y, por lo tanto, provoca sensaciones cambiantes que disponen líneas sonoras y márgenes vitales que se chocan y se abrazan constantemente. Los resultados son siempre multiplicativos y por eso el error es más que bien recibido. Nos dejamos influir por el día a día, por nuestros estados de ánimo como familia que somos. Esto ocurre en un estudio de grabación en Texas, en una sala de ensayo en Brixton, en un plató de radio de dos por dos en Madrid, en la sala de estar de cinco señoras católicas y su virgen en el México D. F. más acomodado justo después de haber tocado a todo volumen en los pasillos del metro unas paradas más allá, en La Pedrera junto a Cráter y sus proyectores de cine analógico, en un pub de Groningen para dos borrachos, en un escenario de un festival en Eslovaquia frente a 700 personas que parecen conocer las canciones a la perfección… En el campo, tocando para nosotros, y así, las posibilidades se antojan infinitas.

Second Two: Chapter Home se grabó en directo en una toma, como todos nuestros discos. Las sesiones tuvieron lugar en La Casa Murada en Barcelona y en The Echo Lab en Texas, entre 2011 y 2012, y fueron mezcladas y masterizadas por Matt Pence en 2014. La convicción de Foehn Records en cuanto a publicarlo fue crucial, puesto que nosotros habíamos dejado este disco en el fondo del catálogo y no teníamos planeado que viera la luz. ¡Bendito sea!

-En el disco hay dos intermedios instrumentales con samplers de fondo, son diálogos de películas y series. El segundo, un diálogo que no he podido reconocer, es un fragmento que se repite una y otra vez, como hicieron en su día Migala en «Aquel incendio» con la película de John Ford El hombre que mató a Liberty Valance, ¿fue algo pretendido?

Desconocemos tal acción de Migala, pero gracias por la recomendación. Y sí: Por supuesto que pretendemos transformar parte nuestra música a través de voces, palabras o sonidos ajenos que nos cautivan. Siempre usamos diálogos, samplers, lecturas, arreglos, discursos, orquestas, basura, extractos, entrevistas, tomas, corales, grabaciones… Nos mantenemos persistentes en su busca y captura.

-En el primero se incluyen diálogos de la legendaria serie de televisión The Wire, ¿cuáles son vuestras referencias extramusicales?

Sí… Y de Six Feet Under, de Harry Partch, de Lord Buckley, de Roland Kirk, de Frank Sinatra, de Billy Childish… Innumerables recursos, así como incontables referencias extramusicales que van desde un restaurante familiar de comida casera en el centro de Barcelona hasta las sensaciones corporales que se repiten con el clima de cada estación del año sin importar la ciudad en la que estés, hasta el trabajo incansable del poeta Rafael Cadenas, o la brecha sangrante del artista sinestésico Timothy B. Layden, pasando por ir a supermercados juntos cada vez que visitamos un país diferente, o el estudio de la medicina china ancestral, o los viajes largos en tren, o la física acústica y sus interrogantes, o el plantar semillas con nuestros hijos… Nos inspiran los nuevos filósofos que no fingen ser nuevos filósofos y que defienden el presente como punto cero desde donde crear para continuar avanzando, y esta misma idea aplicada a cualquier disciplina artística y/o pública _de y para todos_ que exija valor, ímpetu y conocimiento. También el humor estúpido, La República y su Guerra Civil y su María Zambrano, y los miles de kilómetros que hemos recorrido tocando y que vamos a recorrer entre nosotros cinco, juntos y separados y juntos de nuevo.

Texto: Saúl Ibáñez

Foto color sofá:  Pablo Leoní

Foto B/N estación: Silvia Trillo Martí

One Comment

  1. ambas dos?

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