Vivos — 20 octubre, 2015 at 9:54

Sex Museum, Sala Ego Live, Alcalá de Henares

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La mayoría de ocasiones no se reciben lecciones de uso. Analizas la maquinaria de una forma tácita para activar el funcionamiento. Si las piezas cobran una forma determinada es que quizás se han destinado a tal fin. Todo desde una lógica de la sobriedad, –primitiva y sin ornamentos para los que gozan de un impulso atávico– o del exceso –cargado de densidad para los que obtienen éxtasis en lo prolijo–. Es indispensable saber que no puedes gustar a todos incluso cuando existe la posibilidad de decepcionarlos uno a uno. Pero las retribuciones vienen de la marcha a través de un camino sin retorno que encuentra subterfugios y luego vuelve al redil. Aparecer como un estallido y congregar a unos pocos. Pues súmenle todo eso a una banda que en 30 años de singladura ha pasado por más etapas que algunas otras formaciones en toda su historia.

Tras el rodaje de Big City Lies (Tritone, 2014), los de Malasaña se han embarcado en una nueva gira en la que celebran tres décadas de magma subterráneo. Un proceso en el que han logrado subvertir la tribu para moldear la subcultura. Si bien los proyectos paralelos de Fernando Pardo, Loza y Javi Vacas durante los últimos años –Coronas y Corizonas– han conseguido sacar de la caverna del fuzz –en la que muchos se sienten dichosos– a buena parte del corazón de Sex Museum, es en los garitos donde se recupera el espíritu del proyecto seminal. Una pulsión necesaria que permite una conexión diferente entre el público y la banda.

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Con puntualidad encomiable –apenas pasaban unos minutos de la medianoche– el escenario de Ego acogió a los madrileños con una sala que si bien estaba a la mitad de su capacidad había construido un ambiente con suficiente entidad para recibir quintales de distorsión. El primer plato estuvo servido con ese mantra ubicado en su álbum Again & Again (Tritone, 2011) y que tiene por nombre I’m Falling Down. Una sorpresa fue la elección del Unidos de Parálisis Permanente –que cuajó una gran aceptación entre la audiencia– trayendo reminiscencias de United (Locomotive Music, 2006), un redondo que se entiende como un oasis entre los sonidos previos y posteriores a su aparición. Sacaron pronto los cartuchos con Two Sisters –uno de los himnos de la banda al que siguió Like a Dog de Sum (Roto Records, 1995)– y Smoke On The Party, esa combinación de Deep Purple con los Beastie Boys que ya venían haciendo en anteriores presentaciones en directo –ahora editada y con un videoclip en el que participan Def Con Dos–. Para el nudo dejaron, entre otros temas, Black Mummy, las recientes Circles in the Salt o La Californiana, y Wassa Massa. La locura se desató con el Have Love, Will Travel de los Sonics y su consabido chascarrillo del pedal de fuzz de Fernando Pardo. De cara a los bises sonaría también ese disparo a lo Motörhead llamado Emotional Tyranny.

A la vuelta la intensidad fue una constante y desfilarían tiros del calado de Where I Belong, Red Ones o esa versión –acompañada de bola de discoteca– del Danger! High Voltage de Electric Six.

Más de hora y media de densidad sonora que no dejó de apelar al contoneo entre toneladas de distorsión y atmósferas de órgano Hammond.

 

Texto: Alex Jiménez

Fotos: María Ibeas

 

 

One Comment

  1. Que buen concierto y que buen rollo de grupo. Sudé como hacía años. Me fui con su camiseta y el ultimo disco y estoy deseando verlos de nuevo en Madrid. Arriba esos Sex Museum.

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