Encuentros — 23 octubre, 2015 at 9:16

Tori Sparks, todo el mundo lo sabe…o debería

HarlemJazz_SergeYablonsky2Porque Tori lleva suficiente tiempo pateándose escenarios europeos como para no pasar desapercibida. Mujer valiente, excepcional cantante y guitarrista decidida a traspasar las líneas estilísticas que para otros son fronteras infranqueables, Sparks empieza a recoger los frutos de años de carretera (en sentido literal, no figurado) y los centenares de horas pasadas subida en un escenario: artista invitada en conciertos de figuras como Joe Satriani, giras mundiales (acaba de regresar de exitoso paseo por salas alemanas) e inclusión en el cartel del prestigioso Voll – Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona, organizado por The Project. Hablamos con ella horas antes de que actúe en dicho festival (viernes 23 de octubre, Harlem Jazz Club, 20:30) junto a Calamento. Ahí, apostamos, cantará canciones como “Everybody knows”…

 

-¿Cómo llegaste a España? Has organizado aquí tu campamento base, pero eres de Chicago.

-Estaba en la Universidad en Florida, empecé a hacer conciertos por pura diversión, me compré un pequeño equipo de sonido, hubo gente a la que empezó a gustarle lo que hacía, firmé mi primer contrato para una empresa de Nashville… y aquí estoy.

 

-Empezaste a tocar muy joven…

-Si. Empecé tocando muchos instrumentos, piano, violonchelo, batería, guitarra… y con la guitarra me he quedado. Mi guitarra es como si fuera mi novio.

 

-Vienes de la cuna del blues, empezaste a profesionalizarte en territorio country, en España añades a tu sonido pinceladas de flamenco. Todo conviviendo harmónicamente. No pareces demasiado amante de las etiquetas.

-Me gusta mucho el rock, estudié blues y country, cuando estudiaba en la Universidad descubrí, en medio del bosque, una cabaña que era un club de blues, destinado principalmente al público negro. Ahora son los sitios que molan para los turistas, pero entonces parecía algo peligroso ir ahí. Tenía 18 años y era la única persona presente que tenía menos de 60… ahí aprendí cómo tocar blues. Cuando llegué a Nashville aprendí, además de a tocar country, muchas cosas del negocio. Tema de management, contractos, discográficas. Pillé mucha experiencia sobre como estar sobre un escenario y como plantear un concierto. Se toca mucho en clubs, en shows compartidos con varios artistas más. Era habitual que se interpretaran canciones lentas, tirando a tristes y yo planteaba actuaciones diferentes.

 

-Interesante y muy enriquecedora, la costumbre norteamericana de interactuar con otros músicos. Todo lo relacionado con participar en jams debe ser una buena escuela, ¿no?

-Es fundamental. El tocar con muchos músicos diferentes ayuda a que cres¡zcas como intérprete. Tocar con una banda para la gira por Dinamarca, cambiar de compañeros para los conciertos en España, todo eso es más sencillo si desde joven has tocado con mucha gente. Aprendes a adaptarte a ellos.

 

-Diriges sola tu carrera.

-Si, no me gustó como quedó mi primer disco en Nashville y decidí no renovar con ellos. Soy la líder de mi banda porque alguien tiene que serlo, la idea es mía, escribo las canciones, contrato a los músicos que mejor se adaptan a lo que hago, contacto con los que están libres para las actuaciones, escojo en cada ocasión a las personas que mejor se adaptan a lo que quiero hacer. Es ideal, no estoy obligada a hacer lo que no quiero.

 

-Tocas mucho en vivo, tienes una agenda que da vértigo… y eres muy atrevida, recorriendo grandes distancias conduciendo tu coche de bolo en bolo.

-Afortunadamente nunca me han faltado actuaciones. He llegado a hacer treinta actuaciones seguidas, cogía el coche, un par de guitarras, algo de ropa y un revolver y me lanzaba a la carretera…

 

-¿Un revolver?

-Algunos de los sitios donde he actuado son algo peligrosos para una mujer que viaja sola… pero no había otra manera. Yo no cobro miles y miles de dólares, solo necesitaba un coche grande para que cupiera todo y estar dispuesta a conducir horas y horas, de ciudad a ciudad. Estados Unidos es muy grande…

 

-¿Y nunca has tenido la tentación de dejarlo y buscar una vida más cómoda?¿No has pensado “pero qué coño estoy haciendo aquí”?

-He reducido un poco el ritmo de conciertos, ya no hago doscientos cincuenta bolos al año, prefiero centrarme un poco en consolidar la banda con la que estoy presentando El Mar, mi último disco. Es el quinto, y requiere unos músicos que sepan entenderlo e interpretarlo. Es más complejo y ambicioso, añadiendo ritmos latinos. Creo que puede ser bien recibido en mi país. Me gustaría disponer de un buen manager, alguien que se implicara y que apostara por el proyecto. He conseguido una buena distribución internacional, pero la promoción la hago yo. Y sin promoción nadie se entera de que existes, no es sencillo…

 

-Al no ser una música que tu hayas mamado de pequeña, ¿te ha resultado más difícil completar tu nuevo álbum?¿O ha sido natural?

-En mis anteriores discos todas las canciones eran mías. Quería tocar con los músicos que me acompañan en El Mar, pero cada uno tenía sus cosas… hasta que pudimos estar juntos. Calamento son muy buenos, no hacen flamenco puro pero le aportan un toque flamenco a mi estilo. El nuevo repertorio incluye versiones, fuimos probando y escogimos las que seguro que iban a funcionar mejor en directo. El disco incluye mi primera canción escrita en castellano: ¡prueba superada! Y estoy encantada con la recepción que está teniendo el disco. No ha sido sencillo, pero ha valido la pena intentarlo, me ha cambiado profundamente como artista. Me encantan los finales felices…

 

TEXTO ALFRED CRESPO

FOTOGRAFÍA SERGE YABLONSKI

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