Encuentros — 28 septiembre, 2015 at 18:45

Pablo Moro y Los Chicos Listos, melancólico optimismo

PABLO MORO007

Desde esa Asturias lluviosa, verde, montañosa, viene Pablo Moro, acompañado para las lides musicales de Los Chicos Listos. Con solo leer el título de su nuevo disco (Una forma rara de ser tonto) ya podemos hacernos una idea de esa particular lírica, que aunque suene antitético se alimenta de una taciturna esperanza, rodeada de un sonido americano mayormente íntimo, sensible, pero con ánimo socarrón por momentos. Elementos cada vez más entonados y compensados en un proceso al que en esta ocasión se ha sumado Hendrik Röver en la producción. Nadie mejor que el propio músico para desentrañarnos su mundo…

Unos “chicos listos” que han aprendido “una forma rara de ser tonto”, ¿estamos ante alguna fórmula secreta de la felicidad o por lo menos de soportar la realidad?

Si tengo que ser completamente sincero no caí en el juego de palabras hasta que vi las primeras pruebas de portada. Al verlo me pareció que quedaba perfecto como resumen de lo que quería hablar. El disco habla de levantarse y continuar, de insistir en seguir haciendo lo que uno cree por muchas trabas que le pongan, por mucho que los demás le digan “déjalo ya, haz otra cosa, no seas tonto” y del amor como bastón para levantarse. Siempre he tenido un punto de vista optimista sobre la vida y aquí seguimos en eso. Supongo que sí, que es la manera que tengo de soportar los contratiempos y encontrar un camino para la felicidad.

Respecto a Los Chicos Listos, ¿cuánto hay de ellos en el resultado final de una canción de Pablo Moro?

Trabajamos de manera grupal a la hora de construir los arreglos y el sonido. Sigo siendo yo el responsable del esqueleto de la canción, que en el fondo es la canción en sí, aunque habría mucho que discutir sobre eso. Pero desde hace ya mucho tiempo que no entiendo mi música sin ellos. Llevamos tocando juntos muchos años y entendemos fácilmente hacia donde queremos ir con cada canción. Cada uno aporta su visión y juntos construimos el resultado final.

¿Hablaríamos entonces de que formáis un grupo más que de una banda que te acompaña?

Eso me gusta pensar. Siempre me he sentido como el cantante y compositor de una banda que como un solista. El hecho de llevar tanto tiempo juntos corrobora esa idea y su implicación en cada proyecto también. Veo la portada del disco y pienso que debería decir sólo Los Chicos Listos. Que aparezca Pablo Moro es sólo una manera de no descolocar mucho a la gente.

Una forma rara de ser tonto me parece tu disco más compacto y a la vez el que desprende un tono más recogido, de mayor sencillez y naturalidad pero también con un gran cuidado por los detalles…

Quería hacer un disco sencillo. El disco anterior, La vida solucionada, era denso, quizá demasiado profundo, quizá demasiado mirarme el ombligo. Cuando buscábamos los arreglos yo siempre les decía a los músicos, “tíos, esto es sota, caballo y rey”. Esa fue mi intención desde la fase de composición, melodías sencillas, letras sencillas, estructuras sencillas. Que las canciones fueran más accesibles pero cuidando como dices cada detalle. Supongo que buscando la belleza del detalle sencillo. Aún así me alegra que te parezca compacto porque también hemos intentado evitar la dispersión, quitar lo que no encajara.

En ese proceso, ¿qué papel ha tenido Hendrik Röver como productor y como músico?

Cuando hablamos con Hendrik las primeras veces para planificar la grabación me di cuenta de que habíamos acertado de pleno llamándole. No se anda con tonterías, pretende precisamente buscar eso que decíamos, la sencillez cuidada, la búsqueda de la emoción de la propia canción, el sonido de una banda tocando en directo buenas canciones. Parece una perogrullada, pero no es tan fácil de encontrar. Como productor te deja hacer y aporta sus ideas, siempre las justas, razonadas y concretas. Y eso es algo que se agradece muchísimo. Creo que todos salimos muy contentos de los días de grabación en Guitar Town. Además el hecho de tener a uno de los mejores guitarristas de este país tocando la guitarra o el steel en el disco es un auténtico lujo. Admiramos mucho a Hendrik, la verdad.

En una entrevista leí que definías tu música de una forma que me gustó mucho, hablabas de que se nutría de electricidad y madera, dos aspectos que de nuevo están presentes en este trabajo. ¿Cada uno de ellos responde a una parte de Pablo Moro o están compuestos por varias?

No creo que sean dos partes distintas. Podríamos decir que esos son los materiales con los que están hechas mis canciones. Eso también responde a una tradición de artistas a los que admiro cuya música también podría definirse de esa forma, incluido por ejemplo el propio Hendrik. Lo que me gusta de esa expresión es que de forma evocadora define la parte orgánica, humana, que tratamos de imprimir en los discos. Somos personas tocando canciones.

A pesar del claro “americanismo” que hay en tu música, siempre me da la sensación de que también se filtra una influencia local, ya sea en un lenguaje influido por el contexto (mar, lluvia, ríos, costa, monte..), en cierto tono melancólico e incluso musicalmente en alguna canción como “Canción borracha de despedida”.

La influencia de la música americana es evidente. Lo que trato es de coger esas historias y traerlas a mi realidad. El tono melancólico supongo que viene de ahí también, porque creo firmemente que el lugar donde escribes influye muy directamente en lo que escribes. Y soy de Asturias, y en mi vida hay monte, mar, lluvia, ríos…es el paisaje donde suceden las cosas que conozco. Lo que dices de “Canción borracha…” también es cierto, en los últimos tiempos estoy muy interesado por hacer canciones populares, con ese tono de canción popular y tradicional, estoy en ese camino.

Hablando de dicha canción, se presenta como un himno a no caer, a tener esperanza y a continuar intentándolo. Una temática que parece que la relacionas tanto con la vida como con la música. ¿Al final son ámbitos en los que adoptar la misma actitud?

Todo el disco está empapado de eso. El contexto, llamémoslo social, en el que uno vive también influye en las canciones y a mí me gusta mucho relacionar los dos aspectos, el personal y el social y tratarlos de un mismo modo, porque lo que a mí me ocurre es, en definitiva, lo que le ocurre a todo el mundo, somos bastante parecidos todos. Al final para que una sociedad se levante y camine tienen que hacerlo de uno en uno.

Es cierto que en el disco se percibe ese continuo intento por compatibilizar e incluso hacer interactuar la parte más personal y privada (la del “tú y yo”) con una mirada más global, algo que noto por ejemplo muy presente en “El resto de la vida”.

Si, así es. Es algo que me gusta hacer desde siempre, o al menos desde hace un tiempo. Un acontecimiento en tu vida personal puede ser fácilmente relacionable con lo que pasa ahí fuera. A veces eso ocurre incluso sin premeditación. No eres el primero que me habla de esa canción desde ese punto de vista y, sinceramente, cuando la escribí hablaba de una historia personal, pero ahora la escucho y también veo esa otra parte, esa visión más global.

Llama la atención a lo largo de tu carrera tu particular forma de escribir, en la que la tragedia humana la presentas de forma cotidiana y muchas veces trabajada con cierto humor que a veces se transforma en ironía. ¿Son maneras de paliar su dramatismo?

Es que soy así. Analizo y trato de entender los dramas humanos pero mi carácter me hace siempre adoptar un punto de vista optimista, a veces también escéptico. La ironía creo que es cosa de tradición norteña. Supongo que no podría soportarlo de otra manera. Habrá quien lo vea como cinismo. Yo creo que relativizar siempre es bueno y tomarse las cosas con tranquilidad y sentido del humor es necesario para poder seguir caminando, sobretodo cuando tropiezas una y otra vez en la misma piedra.

Éste es el quinto disco en diez años, no sé si ya sientes haber construido una carrera en la que se puede mirar hacia atrás y evaluar.

Si, últimamente miro mucho hacia atrás. Y, en fin, creo que no está mal del todo. Será cosa, de nuevo, de ese maldito carácter positivo. Creo que hemos hecho discos y canciones que están bastante bien y eso me enorgullece. Pero, de repente, alguien me dice que este es nuestro mejor disco, éste, el del presente y eso me hace pensar que tenemos futuro. Y eso no me enorgullece. Eso me hace estar contento de cojones.

Texto: Kepa Arbizu

(Versión completa de la entrevista publicada en el número de octubre de Ruta 66)

 

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