Encuentros — 29 junio, 2015 at 18:19

Jo Nesbø, un encuentro con el padre de Harry Hole

 

UN ENCUENTRO CON EL PADRE DE HARRY HOLE EN LA HORA DE LA SIESTA (Entrevista Exclusiva)

 

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Entrevistar cara a cara a Jo Nesbø no es fácil.

El noruego viene a menudo a Barcelona a promocionar sus libros, pero siempre tiene la agenda a tope: entrevistas con los periódicos, reuniones con la editorial, bolos en festivales literarios, charlas con fans en bibliotecas, signaturas de libros… Cosas de la fama, supongo.

Tras varios intentos fallidos, Xavier Gafarot —el diligente y exquisito jefe de prensa del Grup 62 (ojalá todos los jefes de prensa fueran como él)— me confirma que han encontrado un huequecito de media hora antes de que nuestro hombre se suba a un taxi que lo llevará al CaixaForum, donde participa en una conferencia con otro coloso del negro, James Ellroy. «¿Te iría bien a las cuatro y media?».

Las cuatro y media, la hora de la siesta, no era lo que había soñado —yo me imaginaba una charla nocturna en un bar de Gracia con un Jim Beam con Coca-Cola en las manos—, pero la vida no da segundas oportunidades y hay que ser agradecido. Así que digo que encantado y dónde tengo que ir. Uno no puede todos los días hablar con un escritor al que admira.

El encuentro tiene lugar en un hotel barcelonés cerca de la sede editorial. Llego cinco minutos antes, algo raro en mí puesto que tengo fama de llegar tarde. Gafarot me está esperando en el hall. Nos saludamos, me lleva hasta el bar de la primera planta y me informa de que Nesbø todavía está en su habitación… «Bajará en seguida».

Le digo que no se preocupe y empiezo a montar el chiringuito. La grabadora, las pilas y la cinta (nada de chismes modernos: soy un tipo clásico) y la lista con las treinta preguntas que me he propuesto hacerle en, vaya, treinta minutos. «¿Treinta preguntas?», me reprocho. «¿En qué estaba pensando?». No aprendo nunca.

Pasan cinco minutos y ni rastro del hombre. «¿Estará durmiendo la siesta»? Estoy empezando a temerme lo peor cuando lo veo salir del ascensor. Ahí está. El creador de Harry Hole. El hombre que lleva vendidos más de 24 millones de ejemplares en todo el mundo. Me fijo en su vestimenta. Lleva tejanos, americana deportiva, gafas de sol y zapatos de piel. Me fijo en su expresión. Parece algo cansado.

Gafarot hace las presentaciones y nos deja solos en un reservado.

Nesbø empieza al ralentí. Me pregunto si tengo que atribuirlo a la famosa frialdad nórdica, pero pronto me doy cuenta de que sólo es cansancio. A medida de que la conversación avanza, va subiendo de marchas, empieza a contarme anécdotas personales y hasta se ríe al contestar aquello o lo otro.

Es un hombre profundo al que le gusta masticar las ideas y hablar de cosas importantes, las que de verdad cuentan. Ya me lo esperaba. Lo que atrapa de la serie Harry Hole no son los casos. Es el inspector. Su vida. Sus mujeres. Sus problemas con la botella. Sus demonios interiores. Su lado oscuro. Su filosofía salpicada de poesía callejera. Y las «decisiones morales» que debe tomar.

Cuando terminamos, miro el reloj. Han transcurrido veinticinco minutos y he podido realizar dieciocho preguntas. No está mal. Me han quedado doce en el tintero pero hemos podido hablar de casi todo: de música, de Patti Smith, de los Stones, de Gram Parsons y, claro está, de Harry, de Raquel y de Oleg. También de la primera entrega de la serie, la recientemente publicada El murciélago (Roja y negra) El ratpenat, (Proa) en catalán (doy por hecho que ya la han devorado o que están a punto de hacerlo).

«El ratpenat»

Antes de empezar a escribir novelas tocabas en una banda de rock. ¿Cómo se produjo esa transición?

No fue exactamente una transición. Escribía canciones para la banda. Escribía las letras, y las letras eran como cuentos, pequeñas historias. Así que fue más natural de lo que me había imaginado. Mi escuela para escribir novelas fue escribir letras. De hecho, se parece mucho una cosa a la otra.

 

Tus libros se han hecho muy populares entre roqueros. ¿Se te ocurre alguna hipótesis que lo explique?

No, aunque supongo que es verdad… Quizás puede deberse al hecho de que me hayan influido no sólo libros sino también películas y músicos. Bob Dylan, David Bowie, Beatles, Rolling Stones, Tom Waits, Neil Young. Y lo muestro en mis historias.

 

Es una forma de homenajear a los artistas que admiras o sólo utilizas las referencias musicales para describir a los personajes?

Uno puede utilizar sus libros para dar a conocer sus gustos musicales o cinéfilos y mencionar a artistas que no han recibido el reconocimiento merecido, pero mi principal intención al recurrir a todas esas referencias de la cultura popular es describir a los personajes. Como en American Psycho. Bret Easton está describiendo al personaje principal y le pone en boca un comentario sobre Genesis donde dice que Genesis son mejores ahora que antes, cuando tenían a ese tipo llamado Peter Gabriel. Y, en el momento en que lees esto, como lector, entiendes que el personaje es gilipollas.

 

Patti Smith ha hablado muy bien de tus libros y hasta ha grabado un fragmento de El muñeco de nieve. ¿Qué sientes al escuchar tus palabras en su voz y has tenido ocasión de hablar con ella sobre ello?

Todavía no. Va a venir a Oslo en junio y espero poder verla entonces. He escuchado su lectura y se me puso la piel de gallina.

 

En La estrella de diablo bromeas acerca de quien escribió «Wild Horses». ¿Qué opinas de esa canción y Gram Parsons?

Creo que es una gran canción. Puedes imaginarte a Gram Parsons cantándola, es ciertamente su estilo. Algunos aseguran que Keith Richards se inspiró en él… Podría ser.

 

Mencionas a Hank Williams y Townes Van Zandt en El lopardo. ¿Eres fan de la música country?

Sí, supongo que lo soy. Mi padre escuchaba música country, aunque no exactamente ese tipo de country. Descubrí a Townes antes de que se convirtiera en una figura de culto. Me fijé en un disco suyo y él dueño de la tienda se puso a reír. Me lo compré porque estaba rebajado de precio. No tenía dinero y era el álbum más barato. Pensé: «Vale, me lo quedo, espero que no sea malo». Y no fue malo. Fue increíble. Y desde entonces he sido un fan de Townes.

 

Harry tiene una cosa en común con Townes: es un pesimista. ¿De dónde viene esa falta de esperanza y tiene algo que ver con la llamada tristeza escandinava?

Es difícil para mí darte un diagnóstico sobre lo que planteas, pero probablemente soy un producto de la cultura en la que crecí. Así que… Podría ser. La melancolía o la tristeza habitan el fondo de la historia, le confieren una profundidad emocional que encuentro más interesante que el simple hecho de resolver el caso y salir ganador. No tengo nada en contra los finales felices. No tengo nada en contra los héroes que son felices con ellos mismos. Es sólo que no es mi estilo.

 

Algunas personas encuentran a Harry autodestructivo e incluso nihilista, pero yo diría que más bien es realista: acepta las cosas como son.

Estoy de acuerdo. Naturalmente, es un romántico y, cuando eres un romántico, te enamoras con mucha facilidad y, hasta cierto punto, veneras a la gente a la que amas, lo cual es un rasgo muy idealista de su carácter, pero al mismo tiempo está lleno de contradicciones y paradojas. Por un lado, es romántico y soñador. Por el otro, analítico y muy honesto acerca de la vida. Y en ese sentido es un hombre muy realista. Creo que es eso lo que hace de él un personaje interesante, el tener todas esas paradojas y contradicciones.

 

Siempre termina luchando por lo que él considera que es justo en la vida y, bajo este punto de vista, puede verse como un roquero que no deja nunca de perseguir sus sueños.

Cuando leemos una historia, lo que buscamos no es necesariamente si el caso se resolverá o si el personaje principal sobrevivirá. Lo que buscamos es si al final del día tomará las decisiones morales correctas. Esto es lo que nos preocupa. ¿Qué está en juego cuando Harry está tomando una decisión? No sólo está en juego el hecho de si cogerá al asesino. También está en juego su alma. ¿Hará lo correcto?

 

¿Como en El redentor?

¡Exacto! Y, si te fijas, los finales de los libros siempre tratan de lo mismo: de la elección que [Harry] se dispone a hacer.

 

Cambiemos de tema. ¿Por qué Jim Beam?

¿Por qué Jim Beam?

 

Sí. ¿Por qué escogiste Jim Beam y no Jack Daniels o lo que fuera?

[Risas]. Ok, probablemente lo escogí basándome en mis propias experiencias. Tuve malas experiencias relacionadas con Jim Beam en un momento dado. Fue al final de una gira con la banda y, después de aquello, Jim Beam se convirtió en mi peor enemigo. Para decirlo brevemente.

 

Tengo muchas amigas que se han enamorado de Harry y se sienten atraídas por su lado oscuro. ¿Eres consciente de ello cuando escribes escenas de amor?

Después de un par de libros, me di cuenta de que a las mujeres les gustaba y no tenía idea de por qué. En El murciélago hice que Harry tuviera sexo con una prostituta… Como decía antes, lo que está en juego es su alma y creo que las mujeres quieren salvarlo. Ven en él esa sensibilidad romántica detrás de la máscara de tío duro.

 

Tus personajes escuchan música en cintas de casete y vinilos. ¿Estamos perdiendo el romanticismo de la música?

¿Por la forma en que escuchamos música? No lo creo. La mayoría de bandas noruegas están volviendo a publicar en vinilo y, en realidad, venden más vinilos que cedés [risas], lo cual es fantástico. Sólo es una cuestión de tiempo que nos sintamos nostálgicos del cedé. Quizás ya lo estamos.

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Harry tiene pocos amigos, pero permanece fiel a ellos. En El leopardo utilizas No Surrender de Bruce Springsteen como banda sonora de una escena de amistad. ¿Por qué esa canción?

Bueno, es una gran canción y tienes la sensación de que Bruce la canta con una pasión muy fuerte, de que vive lo que canta. Es una canción de inocencia perdida, de gente joven que se promete que nunca se rendirá. Cuando escucho «No Surrender» pienso constantemente en un amigo mío al que la vida no le ha tratado demasiado bien… Él viviría al límite, viviría la vida del rock’n’roll, lo bueno y lo malo. [La escogí porqué] es una combinación de todo ello. Es una gran canción, cantada con entusiasmo y fe y, aún así, con tristeza. Todas esas cosas quedarán detrás. Nunca volveremos a ser tan puros como cuando éramos jóvenes.

 

Harry nunca tuvo una relación muy buena con su padre, pero se convierte en algo así como un padre para Oleg. ¿Qué encuentra en el hijo de Raquel?

A sí mismo, creo. Se ve a sí mismo de pequeño. Un niño solitario que no dejaba que la gente se acercara a él. Oleg probablemente es más oscuro de lo que Harry era en su infancia, pero puede ver en Harry muchas de las cosas que la gente no puede ver. Tiene una personalidad muy sensible y Harry trata de protegerlo. Esto es lo que hay detrás.

 

Es la historia entre Harry y Raquel la historia de un amor imposible?

No lo creo. Es difícil, pero no imposible…

 

¿Si hubieran permanecido juntos, qué canción habría sonado en su boda?

[Risas]. Mi única respuesta a tu pregunta es continúa leyendo la serie.

 

Ok, lo haré. Para terminar. Harry dice a Oleg en la parte final del El redentor: «Todo se puede arreglar». ¿Lo crees de veras?

No.

 

Texto: Jordi Pujol Nadal

Fotos: Niklas R. Lello

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