Vivos — 2 marzo, 2015 at 13:13

Sons of Bill, sobrados de clase y calidad (Rocksound, BCN)

SonsofBillÚltima fecha de su gira europea, el show de Sons of Bill en el Rocksound fue una delicatessen de las que no se olvidan, un excelente compendio de todas las virtudes del mejor rock americano, interpretado con el justo equilibrio entre delicadeza e intensidad, dejando que el sentimiento en la interpretación se traslade, de forma natural, al público.

 

Los tres hermanos, sólidamente respaldados por bajo y batería , forman parte de esa otra tradición sureña, la que -sin renunciar a las raíces y a las canciones de sus ancestros-, le imprime una pátina de de pop luminoso, de reminiscencias universitarias, que tan pronto recuerdan a ciertos momentos de R.E.M como a los Big Star más clásicos (no es casualidad que uno de los temas de su último disco esté dedicado a Chris Bell).

 

Ante un público atento y más numeroso de lo que cabía esperar para un domingo noche en la ciudad de la primavera, los de Virginia regalaron a los presentes una hora y cuarto de rock y pop de alta escuela. Con una primera parte centrada en las canciones de ‘Love and Logic’ para después echar la vista a sus anteriores trabajos, con un sonido limpio sin desdeñar la distorsión cuando procedía,  el show se mantuvo en un constante in crescendo, con la banda cada vez más cómoda –y agradecida- sobre las tablas.

 

Límpidas guitarras, magníficos juegos vocales, unos teclados en su justo punto y unas melodías que para sí quisieran algunos nombres del americana muchos más encumbrados, de nombre no tan distinto. Que Sam Wilson, ese pequeño gran guitarrista que parece un híbrido entre Mike Mills y Leif Garrett se quitara la chaqueta para los bises y dejara ver una camiseta de Dokken fue una divertida estampa, un guiño más o menos involuntario a muchos de los presentes, fans de gusto ecléctico y no pocos conciertos a sus espaldas.

El señor William Wilson (nombre de literarias connotaciones, por otro lado), puede estar muy, muy orgulloso de sus tres vástagos. Las canciones que interpretaba en casa, para ellos, cuando eran pequeños, no cayeron en saco roto.

 

De hecho lo de anoche no estuvo muy lejos de una reunión familiar en la que tres hermanos se dedicaron a mostrarnos con indisimulada pasión lo que, desde niños, habían aprendido: que el talento unido a la sinceridad, a la autenticidad ,es la mejor combinación, la fórmula perfecta, para un directo de diez.

 

Texto: Eloy Pérez

Foto: Óscar Moon

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