Encuentros — 16 enero, 2015 at 10:58

Íñigo Coppel, la importancia de la magia

CoppelNacido en Getxo pero residiendo en la actualidad en Madrid, Íñigo Coppel ha decidido mutar en su nuevo disco del cantautor rock al trovador folk. Se ha desprovisto de instrumentos eléctricos, y ha apostado por el minimalismo y la fuerza del directo de sus canciones. Poniéndolo todo en manos de ellas, con la seguridad de que son las que le han de hacer un hueco en el siempre difícil panorama de la música patria. El resultado es En El Olympia, un álbum que contrasta con su anterior entrega, y por ahí empezamos nuestra charla.

 

¿Qué te lleva a hacer un disco totalmente acústico tras El Hombre que mató a Íñigo Coppel?

Llevábamos dos años trabajando en este disco y habíamos grabado muchísimas canciones con diferentes formatos pero decidimos probar esta opción y nos encantó. Está grabado totalmente en directo, me acompaña el violinista Manu Clavijo. Somos músicos de bar, es lo que hacemos todos los días. Queríamos que el disco lo reflejara.

Tú eres de Getxo, aunque vivas en Madrid, y allí hay un movimiento muy rockero del que ahora te desmarcas ¿cómo es eso? Pensaba que todos los de Getxo llevabais rock en las venas…

Amo el Rock and Roll y siempre va a estar en mis discos pero también me gusta el tango, la canción francesa y, en fin, las canciones en general. Ojalá aprenda a componer en todos los estilos posibles. En cuanto a Getxo, cuando yo vivía allí estaba el Getxo Sound que a mí no me interesaba nada. Ahora llevo en Madrid diez años y no estoy muy al tanto de los grupos nuevos. Me gustan Dead Bronco, por ejemplo, y veo en ellos una pasión y una apuesta por la música que no veía en todos aquellos grupos de los 90.

El título, En el Olympia es una coña ¿verdad? Háblame de ello.

Me hacía mucha gracia titular un disco así. Después vino la historia de la canción en la que cuento que el Olympia es una especie de lugar sagrado donde están todos los cantores: Carlos Gardel, Jacques Brel, Hank Williams, Violeta Parra, los juglares y todos los demás. Desde allí, se dedican a atraer a ese teatro a los tipos como yo para convencernos de que todo canto es necesario.

Oye, grabaste convirtiendo un estudio, el de José Nortes en una especie de bar ¿cómo fue la cosa?

Lo transformamos en la Taberna del Viejo Artuset, en homenaje a un juglar sobre el que yo había leído en un libro. Invitamos a las quince personas que más nos han seguido estos años, Jose puso un montón de micros y nos pusimos a tocar. Hicimos dos pases y luego elegimos la mejor toma. No hay ningún retoque posterior. Me encanta que sea así. Creo que los discos en directo que se hacen ahora son demasiado falsos, están muy regrabados en el estudio. A mí me gustan incluso los fallos. En «Visions of Johanna», de Dylan, la banda se equivoca y no pasa nada. La magia está ahí y eso es lo que importa.

¿Qué puede aportar un productor como José a un disco grabado en directo y con una instrumentación limitada?

Escribo muchas canciones y él me ayuda a seleccionarlas, hacemos muchas maquetas. En cuanto a la grabación, me dijo que era un reto para él. Yo no lo sabía pero es mucho más complicado grabar un disco así porque tienes pocos elementos para construir el sonido.

Me ha dicho un pajarito que primero grabaste el disco en eléctrico ¿es así? ¿Veremos algún día el resultado?

Sí, seguro que las acabamos sacando. Sobre todo las canciones más rockeras como «Iñigo Coppel viaja a la Edad Media (y el Rock and Roll salva su vida)» y «Oiga, que hubieran estudiado».

Oye, todo es muy personal, hablas mucho en primera persona ¿es premeditado?

Es un disco bastante autobiográfico pero también me gusta crear personajes y contar historias de otros.

Todos los músicos estáis incluyendo temas políticos en vuestros discos. En tu caso está «Estáis seguros de que era un fascista?» ¿ves como algo necesario manifestarse políticamente?

Supongo que ahora se habla más de política que hace unos años y eso se tiene que notar en las canciones. Pero bueno, las opiniones personales de los artistas no me suelen interesar nada. Para mí lo realmente importante es que la canción vaya más allá. Por ejemplo, «The Lonesome Death of Hattie Carroll» es una gran canción porque trata de manera sublime un tema universal: la injusticia social. No se limita a narrar un hecho concreto que sucedió hace medio siglo.

Has estado apareciendo en videos caseros grabados tocando en diferentes ciudades ¿qué pretendías con eso?

Me llamaron de El País para hacer esos vídeos promocionales. Estaban buscando a un músico que fuera por las calles de varias ciudades tocando canciones españolas con una guitarra. Me gustó la idea y me pareció que encajaba conmigo. He sido músico callejero muchos años. Me lo pasé de puta madre. Me encantan todas las canciones que canto en esos vídeos.

¿Vamos a ver una gira como tal de este disco?

Yo estoy tocando constantemente. Sobre todo en Madrid, que es donde tengo más público. Ahora estoy preparando un concierto importante: el 17 de febrero toco por primera vez en la sala Galileo Galilei. Me acompañarán Manu Clavijo, el pianista Jairo Martín y Jose Nortes.

 

Eduardo Izquierdo

 

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