Vivos — 20 noviembre, 2014 at 10:01

Graham Bonnet, Bikini, Barcelona

ALBERTO BELMONTE Graham Bonnetbaja

Siempre admiré el coraje de Bonnet. Un tipo que no procedía del heavy metal o el hard rock, pero que aún así tuvo el valor no solo de sustituir a Ronnie James Dio al frente de Rainbow, sino de salir al escenario ataviado con pantalones de traje, corbata, chaqueta de corte americana y con el pelo más corto que un militar (es un decir). Pelotas para subir así al escenario de Donington cuando en el festival Monsters Of Rock los grupos que no gustaban eran asediados por una primitiva ráfaga de latas y garrafas de cerveza, siendo el líquido en la mayoría de ocasiones depuesto por orina. Más pelotas todavía para atacar con una preciosa rendición del «Will You Love Me Tomorrow» de las Shirelles en frente de esos barbaros.

Pasado el tiempo Graham se ganó el respeto de los adictos al rock más estridente, porqué a fin de cuentas lo que importa es lo que aportes a la música y no cual sea tu vestimenta; él tenía una voz poderosa, emocional y rota. Y si a eso le sumamos el disco cuasi perfecto que facturó junto a Rainbow (Down To Earth), otro gran álbum junto a Michael Schenker (Assault Attack), los dos primeros de Alcatrazz y más de un buen álbum solista (The Day I Went Mad, por ejemplo), lo cierto es que con todo ello conjunto posee una carrera más que agraciada.

El pasado 13 de noviembre Bonnet visitaba Barcelona por tercera vez en el espacio de trece años (hay quien no recuerda su concierto en Razzmatazz II en 2004, pero sí, sucedió). Tiene ahora 66 años, puede que 67 cuando leas esta crónica. No esperaba ver su mejor versión, pero la verdad es que él en sí fue una agradable sorpresa. Mantiene el tipo, sabe seguir vistiendo con elegancia, y la voz, quizás intenta berrear más de lo que se le pide, pero se agradece el esfuerzo y la pasión, aún a riesgo de que en cualquier momento pueda caer extenuado. Ahora, él nunca fue un líder con autosuficiencia, necesita de quien pueda guiarle. Y así le fue al show: sin dinámica, sin compenetración, tan siquiera con la suficiente duración que exige una entrada de 27 euros. Quizás falta de ensayos, quizás es que sobre el escenario nadie tenía ni idea del repertorio al que se estaban enfrentando.

Hablemos de la banda, panda, aprendices, o lo que fuese aquello. Un batería megalómano que lo más sensible que había escuchado era el debut de Slayer. ¿Realmente es necesario tocar con esa fuerza? ¿Sabía este chico que hoy día las baterías van amplificadas? El guitarra, debe haber pasado muchas horas digitalizando sus dedos en el mástil, pero lo que es tocar tocó bien poco. Perdón, tocó mucho y mal. Fuegos artificiales, pero poca memoria: un fallo tras otro, un sonido pavoroso y al final, una jam mano a mano con el troglo-baterista que fue para echarse a llorar. Ahh, y la bajista. Le auguro buen futuro en films eróticos, pero lo que es con su instrumento…. Todos ellos juntos lograron realizar una versión de «Lost In Hollywood» que cualquier grupo en su segundo día de ensayo no tiene coraje a hacer tan mal.

El repertorio en sí: cinco de Rainbow, algo de Line-up (su primer disco solista después de partir con Rainbow), una pieza nueva (que visto lo visto no fue lo peor) y la agradable sorpresa que supuso el rescate de piezas de los Marbles, la banda que formó junto a su primo y que emigró a Australia de la mano de los Bee Gees. En el segundo bis, «All Night Long», la misma con la que había empezado tan solo una hora y cinco minutos antes. Es en este punto donde te imaginas que hubiese sucedido en un concierto de estas características de haber tenido enfrente al público del Monsters Of Rock de 1980. Al día siguiente hubiese sido noticia en todos los medios. Lo siento Bonnet, pero la próxima piénsatelo antes de salir de gira. Esto era innecesario.

TEXTO: SERGIO MARTOS

FOTO: ALBERTO BELMONTE

 

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: