Vivos — 11 noviembre, 2014 at 9:15

Festival Irún Zuzenean, Irún

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Hay veces en los que la vida te da una milagrosa segunda oportunidad. Le sucedió a Phil Alvin, el mayor de los hermanos Alvin, hace dos años en Valencia. En una nueva reunión de la banda matriz, The Blasters, lo tuvieron que ingresar de urgencia en el hospital; cuando parecía que nos abandonaba, la doctora Mariela Cifuentes salvó su vida en el último suspiro. Su hermano Dave recordó la historia en el Palacio de Congresos de Ficoba en Irun y, de repente, todo cobró sentido: las miradas cómplices, las alabanzas, el buen rollo… No queda ni rastro de las viejas disputas entre los hermanos. “No somos como los Everly Brothers o los Righteous Brothers. Empecé a escribir las canciones para que mi hermano Phil las cantase con su magnífica voz”.

Dave, cinco años más joven que Phil, se encuentra en un estado de forma pletórico. Las canciones giran en torno a sus magníficas piruetas con la guitarra y entre canción y canción suelta alguna parrafada. Pero lo hace desde el respeto a la memoria de los Blasters –y, por lo tanto, del rock and roll- y no ha perdido nervio ni electricidad. El pobre Phil no está en plenas facultades, pero no ha perdido el apetito de tocar directo. Juntos han armado un recomendable disco de versiones del prolífico músico de blues Big Bill Broonzy y muchas de estas canciones (“Stuff The Call Money”, “I Fell Good”) completaron el grueso de una vigorosa actuación que incluyó una digna versión del “Please, please, please” de James Brown.

 

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Tras un estupendo concierto, que se suponía un aperitivo para el gran reclamo del mini-festival, Nikki Hill, la noche perdió algunos puntos. La joven artista tiene carisma, un físico espectacular y una buena una voz rasgada con la que retrocedemos hasta los tiempos de su ídolo Little Richard. Se movió de un lado para otro. No paró de bailar ni de animar al público. Cuenta, es verdad, con las cualidades necesarias para triunfar, pero no basta con sudar la camiseta; tiene que arrebatarte el corazón, robarte el alma, que es de lo que se trata con la música.

El aperitivo del mini-festival, en cambio, sí que estuvo a la altura de las expectativas. El trío de rock sureño Last Fair Deal ha sido una de las grandes revelaciones de la escena musical en Euskadi en los últimos tiempos. No es para nada extraña su buena reputación viendo en acción a un excelente guitarrista (Gonzalo Portugal) y una banda dispuesta a salir a por todas desde el minuto uno. Bravo.

Texto y fotos: Jon Pagola              

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