Vivos — 23 julio, 2014 at 9:29

George Clinton & Parliament Funkadelic, Cultura Inquieta, Madrid

CI J17 14 George Clinton 02

El circo del p-funk sigue su curso cuatro décadas después y, después de unos cuantos años sin pasar por España, hizo parada en Getafe, quizá la ciudad menos funky del extrarradio madrileño pero que este año ha apostado fuerte por el festival Cultura Inquieta. Peculiar marco para el artista más excéntrico de la galaxia negra, un George Clinton que quizá haya perdido la aureola de mito de la que gozó hace tan sólo unos años pero que, si nos ponemos estupendos, podemos afirmar sin arrugarnos que es una figura tan importante como James Brown en el devenir de la música negra del siglo XX. ¿Leyenda recibiendo sus últimos aplausos? Nada de eso. Si bien es cierto que Clinton, con una voz en horas bajas, ejerce ante todo de maestro de ceremonias, y que construye el show como una especie de historia autorreivindicativa, el espectáculo –maratoniano, como se espera uno de un concierto de Clinton– es una convincente recreación del pandemonio colorista de Parliament y Funkadelic. Eddie Hazel murió hace más de 20 años y Bernie Worrell está a lo suyo, pero los más de diez miembros de la actual banda del criado en Nueva Jersey encajan a la perfección en los cánones locatis de la tradición del p-funk: jolgorio, horterismo, sensualidad y la sensación de que el conjunto va a pasarse de frenada de un momento a otro. Así las cosas, no sorprende que el concierto estuviese marcado por ciertos altibajos, agravados por la ya conocida elongación de ciertos temas. Pero cuando suenan temas como «Maggot Brain», «Mothership Connection», «Give up the Funk» o «One Nation Under a Groove», uno recuerda que Clinton es uno de esos personajes irrepetibles en la historia de la música popular, ya por encima del bien y del mal. De los momentos más discutibles a los más arrebatadores, todo llevó el sello del señor del p-funk, el cartoon que le enseñó el trasero a los deprimidos e inquietos Estados Unidos de los setenta. Que no muera nunca.

 Texto: Héctor G. Barnes

Foto: Cultura Inquieta

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