Encuentros — 5 noviembre, 2013 at 15:07

Quique González, El killer del área refuerza su Delantera Mítica.

quique-directo14Mucha tinta ha dedicado Ruta 66 en general y Eduardo Izquierdo en particular al madrileño Quique González durante los últimos años, gracias sobre todo a la biografía Una historia que se escribe en los portales (66 rpm). No obstante, la reedición triple del notable Delantera mítica (Last Tour), con las maquetas del disco, un directo y notas sobre cada una de las canciones, vuelve a reunirnos con uno de los grandes compositores del rock español de la última década, el único que consiguió cruzar al otro lado del éxito comercial sin morir ni capitular en el intento. De su mano viajamos al Madrid decadente post-Juegos Olímpicos, aprendemos a vivir dentro de las canciones de Bob Dylan y nos preguntamos quiénes son los indies y qué pretenden.

Empezaré por la pregunta hija de puta. ¿Qué opinas de las ediciones especiales que se publican poco después del álbum original, como es el caso de esta?

La mayoría de las ediciones especiales suelen tener poco contenido. No creo que este sea el caso, esta una edición especial de verdad, no se suelen tener los tres estados de las canciones en el mismo disco. ¿Por qué no lo sacamos cuando editamos el disco? La respuesta es clara, no habíamos grabado el directo. Ni siquiera habíamos pensado en hacerlo. Me lo planteé cuando vi que los directos que estábamos grabando para currar nosotros sonaban muy bien, así que pensé en que sería una buena idea juntar las maquetas, el disco en directo con canciones del último disco y el disco en estudio. La gracia es que estén los tres. Entiendo que no interese a todo el mundo, pero espero que haya coleccionistas o aficionados a los que sí les interese.

Algo que me ha gustado de las notas es la frecuencia con la que hablas de tu banda, sobre todo, dado que este un disco que trata de la amistad. ¿Es tu “delantera mítica” de hoy en día?

Sin duda. He tenido muchísima suerte con mi banda en esta gira y el equipo de técnicos que vienen conmigo desde hace un montón. Hay muy buena onda y es algo que se ve fuera y dentro del escenario. Estoy muy a gusto y es de las cosas más valiosas que tengo. Me han demostrado muchas cosas en poco tiempo y me gusta tocar con ellos.

A nivel personal, imagino que debe resultar más fácil empatizar con alguien con el que vives en la carretera que con el que tiene un trabajo de nueve a cinco y sólo ves de vez en cuando.

Claro, se convierten en tu familia. De hecho paso más tiempo con ellos que con mis amigos o con mi familia. Al final son dos horas de concierto y luego un montón de horas de viaje. Si no tienes una buena conexión y  no vas con gente buena que te ayude y que esté cerca de ti, esto sería mucho más difícil todavía.

Hay algo que me gusta en el disco, que es que musical y rítmicamente es un poco más duro que otros trabajos, como el soul de principios de los setenta, también un poco Daniel Lanois…

No en ese sentido. Quería hacer un disco más crudo que el anterior, menos bonito, más áspero, con una banda más pequeña que la de Daiquiri Blues, y creo que eso ha contribuido a tener esa sensación de la que hablas. Pero más allá de eso, no era intencionado sonar particularmente soul o Lanois, aunque Oh Mercy es uno de mis discos preferidos, si no el que más. Al final esas referencias están en mí e igual salen más de lo que uno cree.

En alguna entrevista has reconocido que este es uno de los discos que más te ha costado componer, no sé si porque a medida que pasan los años es más complicado hacer algo nuevo, o quizá porque no tenías la misma materia prima emocional que en otras ocasiones.

La primera razón es así, creo que le pasa a todo el mundo, cada vez te cuesta más contar otras cosas, o contar las mismas de una manera distinta, y eso hace que el nivel de exigencia suba si te importan las canciones. Intentas ir a más, y a veces lo consigues y otras veces no tanto. También me costó porque tenía la idea de lo que quería que hablaran las canciones, la amistad. Siempre había escrito las canciones según me venían, sin buscar un tema específico, y esta vez iba a algo más concreto. Pero la satisfacción es también mayor cuando ves que todo cobra una forma y se acerca a lo que querías y esperabas.

En ese sentido, leyendo las notas, uno se da cuenta el gran trabajo que hay detrás de cada canción. Pero todos pasamos por los discos por encima, escuchamos medio minuto y pasamos. ¿No te da pena?

Sí, claro. Todos somos conscientes de que damos muy pocas oportunidades a las cosas. Pasa con el cine un montón, hay tanta gente trabajando durante tanto tiempo… La música se puede cargar una película, o puede hacer que sea una cosa completamente diferente. En el momento en que la vemos, ninguno pensamos en el trabajo que hay detrás de esto. Pero sí que lo hay, cuando se dice que es un trabajo de artesano, no se dice gratuitamente. Tienes que echarle horas y rascar en las cosas.

Siempre me ha dado la impresión de que tus canciones, a pesar de su aparente sencillez, están muy trabajadas. Pero no sé si has tenido alguna vez las ganas de hacer como Andrés Calamaro en El salmón y publicar un álbum con 100 bocetos.

No, a mí me gusta llevar las canciones a lo máximo. Prefiero sintetizar que hacer algo como lo que planteas. Cuando he hecho discos de muchas canciones, de dieciséis o diecisiete, cuando pasa el tiempo siempre pienso que a lo mejor habría quedado mejor con un par de canciones menos. Pero bueno, igual me da un ataque de “cancionitis” como a Andrés y sucede eso, pero es ponérselo muy difícil a la gente. Es complicado asimilar cuarenta canciones.

Tus discos, además, están muy trabajados conceptualmente.

Te lo agradezco, porque eso es lo que buscamos, que el disco sea como un álbum de fotos de una época y que haya una historia dentro, y que dentro de esta haya otras, y que conecten con otras canciones. Me gusta trabajar en la forma y en la estética, no en la estética de la imagen, por supuesto, sino el decorado de las canciones que escribo. Utilizo ese tipo de cosas para que parezca más conceptual, como dices, para que tengan un sentido.

Mi canción preferida es «No Encuentro a Samuel», y en las notas hablas de una estrofa Modern Times, imagino que en referencia al disco de Bob Dylan. ¿Qué decía?

Era “resucité de nuevo oyendo Modern Times / cómo ha podido hacer algo tan bueno / ya podemos ir a dormir”… Esa canción la empecé a escribir hace ocho años y decidí meterla en este disco porque no la veía en otros y creía que no la tenía terminada. Trabajé en ella los últimos meses y decidí incluirla. Estaba muy pillado con una canción de ese disco que era «Workingman’s Blues #2»  entré en bucle en ese tema, viví dos días en esa canción. Lo que pasa es que con la versión de Dylan me pareció que era demasiado y me decidí por la estrofa del parking.

Me llama la atención que esa canción, por imaginería y tono, podría ser una canción de Nacho Vegas. Es curioso, porque probablemente tienes mucho en común con alguien como él.

Sin duda. Los dos escribimos canciones desde diferentes puntos de vista y con conceptos distintos, pero nos comunicamos con una guitarra acústica, estamos más cerca de lo que pensamos. La verdad es que no he tenido mucho contacto con él, aunque aprecio mucho lo que hace.

Sin embargo, un fan de Quique González nunca escucharía un disco de Nacho Vegas, y un fan de Nacho Vegas nunca escucharía un disco de Quique González. Es curiosa esa separación.

Yo si hay algo que no entiendo es el mundo indie, no sé qué significa y no sé quién lo es y quién no lo es.

En la parte final del libro de Eduardo Izquierdo, Juan Puchades, entre otros, decía que echaba de menos un poco más de rock, una opinión que surge bastante a menudo al hablar de tu música. ¿Ya no te lo pide el cuerpo?

No lo sé, depende de lo que entiendas por rock. Creo que el último disco tiene un poco más de tralla que los dos anteriores, pero me gusta combinar las dos cosas. Son las letras las que definen el grado de “macarreo” de un disco, e igual es eso lo que algunos echan en falta. O echaban, creo que está bastante compensada la parte acústica con la eléctrica. Te tiene que salir también, pero ¿por qué no pensar en hacer un disco a muerte, desde la pista uno hasta la última? Es algo que pienso a veces, pero no me gusta ir al gimnasio. (Risas) Se me dan mejor los medios tiempos que hacer canciones más rockeras.

Gran parte de la música que ha triunfado en España, desde Los Secretos hasta ti pasando por M Clan, bebía de fuentes americanas. Es una tendencia que ha cambiado en los últimos años.

No estamos de moda. Pero creo que sí que hay gente que bebe de esas fuentes y mira a esa tradición. Hay más músicos que meten pedal steel en los discos… Quizá no en el circuito comercial, pero ahí sí que entiendo menos que en el indie.

¿A qué artista español que está empezando recomendarías?

Pues un montón… Me gusta mucho Fabián, que es de León, hace unas canciones alucinantes y tiene una banda muy buena. Me gusta mi amigo César Pop, es un súper cancionista y toca muy bien. De grupos me gusta mucho y me cae muy bien la Maravillosa Orquesta del Alcohol (La M.O.D.A.), de Burgos, onda folk-rock, tipo Mumford & Sons. Lo hacen muy bien y creo que van a funcionar.

¿Y qué discos te han gustado últimamente?

Unos cuantos. Estoy bastante enganchado los últimos meses a Richard Julian. Es uno de los músicos de la banda de Norah Jones, y no es muy conocido, pero tiene unos cuatro o cinco discos y hace unas canciones increíbles. Randy Newman es muy fan suyo. Lo descubrí por casualidad, porque grababa con Brad, en Nashville, y me regaló los discos. Un día empecé a escucharlo y es espectacular. También me gusta mucho el último disco de Guy Clark. Descubrí por casualidad en una lista de Ryan Bingham un grupo que se llama Wolf Parade. Tienen una canción que es un hit mundial, «I’ll  Believe in Anything».

Para terminar, se habla mucho últimamente de lo mal que está Madrid, en El País, en The Independent… No sé cómo ves tú la ciudad.

Leí el artículo y la verdad es que daba bastante pena. Hombre, tenemos desde hace 30 años a la misma gente aquí y ahora una alcaldesa a la que nadie ha votado, que la han puesto ahí, está haciendo exámenes a músicos callejeros. Ya han demostrado cómo nos representan internacionalmente. Para la música es horrible, cada vez hay menos sitios. Si quieres montar una sala con actuaciones, te tiras dos años haciendo burocracia en el ayuntamiento para que luego te jodan y no puedas hacerlo. Hay un montón de mafia policial. Está muy fea. Sigue siendo divertida y sigue teniendo mucha vidilla, pero es una ciudad muy agresiva y como la gente lo está pasando peor, está más mustia. Tiene que pasar algo en Madrid.

Héctor G. Barnés

 

 

6 Comments

  1. Me gustan Vegas y Gonzalez por igual

  2. Muy interesante la entrevista pero totalmente errónea la apreciación de que un fan de Quique nunca escucharía un disco de Vegas y viceversa, no es así, de verdad. … y no veo porque deberian ser excluyentes.

  3. Cuando Quiqueijón, presentó en Gijón Averia y redención, Nacho vegas estaba en el publico y se compró el vinilo…no creo que seamos tan pocos a los que nos gustan los dos.

  4. ¿¿¿Un fan de Vegas nunca escucharía uno de Quique y viceversa?? ¿de dónde has sacado esa teoría? quitando eso muy buena entrevista.

  5. Los teóricos de la música hacen el mundo más pequeño, encasillan y clasifican. Muchos escuchamos a Quique González y a Nacho Vegas. No tienen porque ser ni excluyentes pero tampoco complementarios. Hay días que quieres oir una cosa y otros días otra. Leonard Cohen entresemana y los Ramones los sábados por la noche o viceversa ¿Por qué no?

  6. Mentira! Yo soy fan de Quique tanto como de Nacho.

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