Vivos — 21 octubre, 2013 at 16:37

25 Festival de Blues de Cerdanyola

BOB MARGOLIN

Cerraba su edición la vigesimoquinta edición del certamen blusero de Cerdanyola con la acostumbrada jornada gratuita y familiar en el Parc del Turonet de la ciudad vallesana. Niños corriendo entre aficionados al blues de diverso pelaje, ambiente de fiesta y cartel más que atractivo. Cuando llegamos empezaban los vascos Travellin’ Brothers que, con el añadido del armonicista y cantante francés Nico Wayne, ofrecieron un concierto soberbio. Divertidos, con sentido del espectáculo, y exuberantes musicalmente hablando hicieron sudar de lo lindo al personal bajo un sol de justicia. Saben cómo entretener y además tienen calidad para dar y vender. Una de las mejores bandas hoy en día. Tras ellos salió Velma Powell, veterana intérprete de Chicago que recreó al sonido de la ciudad del viento. Respaldada por una banda solvente exhibió tablas y experiencia con unas maneras muy al estilo de la desaparecida KoKo Taylor, incluso en el repertorio elegido. Se paseó por dos ocasiones entre el público haciendo gala de una garganta poderosa y del saber estar de los que mamaron el blues desde la cuna. Turno para Mingo Balaguer y su banda. La dilatada trayectoria del armonicista y cantante, ha militado en la Caledonia Blues Band, The Blues Machine y Blues Blasters, daba esperanzas de otro recital de los buenos. Y así empezó, con brío, soplando con gusto y dando cancha a los Blues Intruders tocando diversos palos del género. Pero el pase decayó bastante en su última parte con la aparición de la vocalista invitada. Desconozco su nombre, ¿Vicky Luna podría ser?, y debo decir que tiene una bonita voz y buena presencia pero, en mi modesta opinión, no es una cantante de blues. Tiene timbre pero carece de las tripas y el desgarro necesarios para salir airosa del envite, el público notó esa falta de fuerza y el ambiente se diluyó hacia el final. Cerraban la fiesta la Tota Blues Band ejerciendo de anfitriones y banda acompañante del guitarrista y cantante Bob Margolin. El de Massachusetts es un tipo que puso su guitarra al lado de la de Muddy Waters durante varios años además de colaborar con la crema del estilo así que solo tuvo que pulsar las primeras notas para que toda su sabiduría se desbordara como un torrente. Puso piel de gallina con un profundo «How Long», nota para las teclas de Miriam Aparicio, hizo brillar lagrimitas con su recuerdo a Levon Helm, un sentido «The Weight», y ofreció una clase maestra de blues eléctrico junto a una banda que se gustaba y cuyas sonrisas de satisfacción por acompañar a semejante monstruo contagiaron a la audiencia de pura felicidad. Ojalá les quede cuerda todavía a los que están detrás de este evento. Su esfuerzo y sus sudores no deben caer en saco roto. No podemos permitirnos el lujo de perder un festival con tanta historia como este.

Manel Celeiro

Foto: Josep Celeiro

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