Artículos — 7 octubre, 2013 at 10:33

Ten Years After: cuando el blues rompe la barrera del sonido

Ten Years AfterRepescamos este artículo que publicamos en la revista como homenaje al siempre recordado Alvin Lee y como avance de los dos conciertos que les trae por la península este mes con tres de sus miembros originales: Ric Lee (batería) , Chick Churchill (teclados) y Leo Lyons (bajo). De la guitarra se encarga Joe Gooch, y las fechas son el 23 octubre Luz de Gas (Barcelona) y 24 Caracol (Madrid).

AUNQUE ESE ENORME ESCAPARATE LLAMADO WOODSTOCK ELEVÓ SU VIRTUOSA REINVENCIÓN DEL BLUES HASTA ALTAS COTAS DE POPULARIDAD, PARECE QUE EL RECIENTE DECESO DEL GRAN ALVIN LEE APENAS HA CONMOVIDO A UNOS POCOS. REIVINDIQUEMOS DESDE AQUÍ EL GLORIOSO BINOMIO ALVIN LEE-TEN YEARS AFTER.

13 de enero de 1990. Una larga cola formada por un público heterogéneo aguarda a las puertas de la barcelonesa sala Zeleste. Los más impacientes sostienen la entrada en sus manos: “Por primera vez en España: Ten Years After”, reza la misma. No se trata de ningún error, la banda británica nos visita con veinte años de retraso. Se abren los accesos y finalmente arrancan con “Rock and Roll Music to the World”, un tema de estructura simple, aparentemente casi vulgar, que sin embargo se revela imponente al ser interpretado por Alvin Lee, Leo Lyons, Chick Churchill y Ric Lee. Ahí reside la grandeza de este grupo, en su capacidad para rescatar las esencias del blues, el boggie y el rock and roll, pero, a diferencia de otros revisionistas, empañarlas de personalidad propia mediante un sonido intenso y profundo, incisivo y martilleante, sudoroso y visceral, también pulcro y nítido cuando conviene.

Hubo una época en que era vox populi: “Jimi Hendrix es el mejor, Alvin Lee el más rápido”. Estériles disputas sobre quién la tiene más larga al margen, lo cierto es que en ese concierto Alvin Lee se sale. Desplegando su virtuosismo y algunos trucos algo circenses pero muy efectivos, él es quien tira de la formación clásica de la banda. El público, entusiasta, responde efusivamente, consciente que la veloz digitación de Lee supera las cotas de excelencia de su presentación anterior en la ciudad, algo huérfana entonces por no contar con el respaldo de sus viejos camaradas. Leo, Chick y Ric, por su parte, parecen encantados de rememorar las mejores hazañas de TYA.

En líneas generales, así recuerda este cronista aquella excitante noche –espero me disculparán si mitificándola más de lo debido- mientras la aguja avanza sobre los surcos de Undead, el segundo largo de TYA. Cuarenta y cinco años después de su publicación, ese directo sigue tocando la fibra por su sonido tan característico, ése que reinventaba el boggie blues hasta dotarlo de la frescura de un recién nacido. Puro TYA, me digo cuando arranca “I’m Going Home”, su tema más célebre. Pero, ¿de dónde procede esa pureza?, me pregunto a continuación. Investiguémoslo.

Alvin Lee nació en Nottingham, Inglaterra, en diciembre de 1944. Sus padres poseían una envidiable colección de discos en la que brillaban nombres como Lonnie Johnson, Blind Lemon Jefferson, Leadbelly, John Lee Hooker y Muddy Waters. Tras asistir a un concierto de Bill Big Broonzy, los padres de Alvin invitaron al bluesman a su casa. Ver a Broonzy tocando en el salón de su hogar causó un tremendo impacto en Alvin, quien decidió cambiar el clarinete, que había empezado a tocar a los doce años de edad, por la guitarra. Asistió a clases durante un año, iniciándose con acordes de jazz mientras escuchaba a Django Reinhanrt, Barney Kessel y Tal Farlow. Después se interesó por Scotty Moore y de él pasó a Chet Atkins y Merle Travis. Fue entonces cuando el rock and roll aterrizó en Gran Bretaña, transformando a todos los adolescentes de la época. Alvin, además, tenía una tía en Canadá que le enviaba discos. Era todo un privilegio escuchar los nuevos lanzamientos de Chuck Berry antes que nadie.

Descubrir el riff básico del maestro Berry fue decisivo. El poder que sentía al tocar dos notas a la vez cuando recreaba ese riff hizo que Alvin apartara el jazz en favor del rock and roll. Su primera banda, con sólo trece años, fue Vince Marshall and the Squarecaps. Seis meses después pasó a Alan Upton and the Jailbreakers y de ahí, tras cumplir dieciséis, a Atomites, donde coincidió con el bajista Leo Lyons (nacido en noviembre de 1944). Pasaron a llamarse Jaybirds y fueron a Londres primero y a Hamburgo después. En tierras germanas se curtieron, Alvin debutó como vocalista y escucharon alabanzas sobre unos todavía desconocidos The Beatles.

De vuelta en Inglaterra, incluyeron material propio en su repertorio y lograron algo de repercusión, pero insuficiente para evitar que su batería desertara. Fue entonces cuando reclutaron a Ric Lee (octubre 1945). Como el éxito seguía esquivándoles en la capital, Alvin, Leo y Ric dirigieron su punto de mira hacia el norte del país. Allí eran presentados como “the biggest sounding trio in the country” hasta que, en 1966, intentaron el asalto londinense por tercera vez. El sello Southern Music les contrató como banda de apoyo en estudio y en una gira, y aunque eso les reportaba unos ingresos que les venían de perlas, su ambición iba mucho más allá.

De ahí que contactaran con el manager Chris Wright. Tras verles en vivo, Wright no dudó en apostar por ellos. Poco después se les unió la pieza que faltaba, el teclista Chick Churchill (enero 1949), y se renombraron de forma definitiva como Ten Years After. Su buena reputación en el circuito de clubes londinense fue en aumento, en parte porque el blues volvía a estar de moda gracias al éxito de John Mayall. Decca se interesó –tras haberlos rechazado en una prueba anterior- y adelantó el dinero para que grabaran su primer elepé. Alvin y compañía se limitaron a reproducir en el estudio lo que hacían entonces en sus conciertos, es decir, una mezcla de temas propios y sus particulares revisiones de, entre otros, Willie Dixon y Al Kooper. Titulado simplemente Ten Years After, y dentro del nuevo sello progresivo de Decca llamado Deram, su debut fue publicado en octubre de 1967.

 

Era un momento clave, pero la compañía les jugó una mala pasada prensando sólo mil copias y enviándolas todas a Manchester, convirtiendo así el elepé en no disponible en el resto de Gran Bretaña. La Decca americana, por el contrario, sí estuvo a la altura y distribuyó el disco lo suficiente para que llamara la atención sobre todo en San Francisco, donde llegó a las manos de Bill Graham. El propietario del Fillmore les mandó una invitación y se programaron fechas americanas para junio de 1968. TYA triunfaron en la capital hippie y, posteriormente, en el Fillmore East neoyorquino, también regentado por Graham. Esa gira marcó el inició de siete frenéticos años en los que apenas abandonarían la carretera.

 

Un mes antes de su estreno americano TYA habían grabado una actuación en Londres. Querían cruzar el charco llevando con ellos un segundo disco y, ante la imposibilidad de terminarlo a tiempo en el estudio, optaron por grabar en directo el soberbio y ya citado Undead. Con todo, el álbum no salió a la venta hasta septiembre, coincidiendo con la segunda gira estadounidense del grupo.

En enero del 69 TYA fue la primera banda británica en ser invitada al Festival de Jazz de Newport, a celebrar el verano siguiente. Su idilio con el público americano sorprendía al propio Alvin Lee: “Fui a América pensando que todo el mundo conocería a Big Bill Broonzy y Lonnie Johnson, pero la mayoría no tenía ni idea de quiénes eran. Yo sólo cogía la música americana, le añadía un poco de energía inglesa y se la llevaba a ellos de vuelta. Me sorprendió que tan pocos conocieran su propia herencia musical”.

Lee estaba encantado con el resultado de Undead y se preguntaba qué podrían hacer después de aquello. Respuesta: experimentar inspirándose en la escena que habían descubierto en San Francisco. Efectivamente, en febrero del 69 se publicó su tercer trabajo, Stonedhenge, que ampliaba el espectro sonoro de la banda. El disco parecía algo disperso por momentos, pero volaba alto gracias a clásicos como “Hear me Calling” o “Speed Kills”.

Los hechos se sucedían a velocidad de vértigo y los protagonistas se sentían en una nube. Tocaban con los mejores, Jimi Hendrix iba a verles actuar y, con motivo de un concierto en el Royal Albert Hall, en NME escribían: “…comprendo que a Alvin Lee no le guste que le llamen ‘el guitarrista más rápido del oeste’, pero parecía que su velocidad de digitación iba a romper la barrera del sonido. En “Help Me Baby” tocó con ayuda de una baqueta e hizo flipar a miles de personas. Él y el bajista Leo Lyons se acercaban tanto y tocaban con tanta furia que por momentos parecían fusionarse”.

Woodstock se acercaba y TYA iban a afrontar la gran cita con nuevo disco, el cuarto en menos de dos años. Aparecido en agosto del 69, Ssssh confirmaba que no eran flor de un día. Incluía, entre otros temazos, su apabullante versión de “Good Morning Little Schoolgirl”. Por esas fechas Alvin sufría dolores de espalda, pero tenía claro que en Woostock actuaría sí o sí. Una vez allí, fue una víctima más del caos general. Leo Lyons: “Tocamos la noche anterior en St. Louis con Nina Simone. Salimos a las cinco de la mañana hacia Nueva York y después a Woodstock en helicóptero. No habíamos comido nada y al llegar Pete Townshend nos dijo: ‘no bebáis ni comáis nada, hay ácido en todas partes’. Entonces empezó a llover y esperamos en el remolque de un camión siete u ocho horas. Cuando salimos a tocar estaba todo inundado”.

Daba igual, nada podía detenerles. TYA arrasaron durante más de hora y media y, lo más trascendente, su versión de “I’m Going Home” fue incluida en la película oficial del Festival. Alvin Lee: “Muchos dicen que esa película hizo a TYA, pero sólo nos catapultó hacia el mercado masivo y, de alguna forma, fue el principio del fin. Tocar en grandes pabellones, donde no te puedes oír, el sonido es terrible y no ves al público, hizo que tocar dejara de ser divertido”.

Gozaban, pues, de un nuevo estatus, pero seguían currando a destajo. Así, su nueva entrega se consumó en abril del 70. Cricklewood Green es otro espejo en el que reflejaron su talento, especialmente en la hipnótica “Love Like a Man”. Aunque lo más alto de las listas se les resistía (este elepé escaló hasta el 4 en Gran Bretaña, 14 en USA), quienes reseñaban sus conciertos les alababan y su creciente prestigio les situaba en festivales como el Isle of Wight o el canadiense Festival Express. Continuando con la vorágine, el siguiente álbum, Watt, llegó en diciembre del 70. Definitivamente, nadie les había atendido cuando pedían a gritos un descanso. Obligado a componer en el taxi de camino al estudio, Alvin se presentó con material peor de lo esperado. Alvin Lee: “Acusé la falta de tiempo. ¡Incluso el título apareció mal! Debía llamarse What y salió como Watt”. Además, para completar el disco tiraron de una versión de “Sweet Little Sixteen” grabada en vivo en Isle of Wight.

A mediados de 1971 disfrutaron, por fin, de casi tres meses de parón. Alvin aprovechó para sentarse en casa con la acústica y escribir canciones desde otra perspectiva y sonoridad. El resultado fue A Space in Time, otro gran trabajo que desde entonces es el favorito de Alvin. Por otra parte, con ese disco estrenaron su contrato de un millón de dólares con Columbia & Chrysalis.

Así pues, Deram les había perdido, lo que no impedía que aspirara a rentabilizarlos algo más. Reuniendo temas inéditos que se habían quedado en sus archivos, así como los dos cortes de su primer single, el sello de Decca se sacó de la manga Alvin Lee & Company, un álbum aparecido en marzo del 72 que, a pesar de su cuestionable génesis, contenía algún pasaje destacable.

Paralelamente, y para satisfacción del grupo, se llevó a cabo una gira británica por universidades y pequeños locales como el Marquee, uno de los recintos en los que habían residido antes de grabar su primer disco. Poco después regresaron a escenarios mayores -incluyendo tierras niponas- pero a la hora de componer también pronto se hizo evidente que TYA apuntaban hacia el retorno a sus orígenes. Grabado en Francia con la unidad móvil de los Rolling Stones, Rock and Roll Music to the World -publicado en octubre del 72- se alejaba de la experimentación de Stonedhenge, así como del aire progresivo de entregas posteriores, para acercarse a un rock and roll más básico marca de la casa.

En 1973, cómo no, continuaron las giras. El cuarteto seguía arrollando en directo (a pesar de mantener los siempre pesados solos de batería tan en boga en la época), así que nada mejor que llevarse la unidad móvil de los Stones, grabar unos cuantos bolos (en Amsterdam, Rotterdam, Frankfurt y Paris) y lanzar un doble vinilo en vivo. Con Recorded Live -en las tiendas en junio de ese año- inmortalizaban cómo eran sus directos y, de paso, combatían la proliferación de discos piratas.

Fue poco después cuando empezaron a circular rumores de separación, en parte alimentados por los primeros discos en solitario de Chick Churchill y Alvin Lee (este último a dúo con el cantante gospel Mylon LeFevre). A pesar de ello, en febrero del 74, el grupo grabó temas nuevos para el álbum que llamarían Positive Vibrations. Era un disco creado casi por inercia, cuando la atención de los miembros de la banda estaba en sus respectivos proyectos al margen de TYA. Hubo gira de presentación, pero en verano anunciaron que lo dejaban. Alvin Lee: “Padecíamos ‘el síndrome de la casa de campo’. Todos teníamos bonitas casas fuera de la ciudad, estábamos formando una familia y cosas así. Además, construíamos nuestros propios estudios de grabación y no queríamos salir a tocar, sino quedarnos para crear nuestra propia música. Creo que es algo natural. TYA se había vuelto algo tan lineal que todo empezaba a ser un poco aburrido”.

La decisión estaba tomada, pero el manager Chris Wright pudo convencerles para que en 1975 volvieran a la carretera y completaran una lucrativa gira de despedida. Como suele suceder, el adiós fue temporal y, afortunadamente, sus posteriores regresos a los escenarios depararon experiencias tan satisfactorias como la de 1990 relatada en este mismo texto. Con anterioridad a ese debut hispano, se habían reunido en 1978 sin Ric Lee, bajo el nombre Ten Years Later. Más tarde, tras un periodo en el que Alvin se había centrado en su propia banda –con Mick Taylor formando parte de la misma por algún tiempo- TYA grabaron About Time en 1988, un disco orientado hacia el hard rock. En los últimos años, el dudoso grupo que ha usado el nombre de Ten Years After no contaba con Alvin Lee en sus filas, por lo que huelga decir que su nivel distaba mucho del de la genial formación original. A partir de ahora, además, y tras el inesperado fallecimiento del sin igual guitarrista el pasado 6 de marzo, sólo nos queda el consuelo de recuperar y reivindicar su inmenso legado.

 

XAVIER LLOP

 

Nota: declaraciones de Alvin Lee y Leo Lyons extraídas del libro Alvin Lee & Ten Years After: A visual History, de Herb Staerh.

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