Artículos — 12 mayo, 2013 at 18:40

Concierto de la semana: Low, la electricidad que brota del alma

Low 2103 Band Photo

Veinte años cumple el trío de Duluth, Minnesota, compaginando vida familiar —la de Mimi Parker (batería, voz), Alan Sparkhawk (guitarra, voz) y los hijos de ambos—, artístico-empresarial al frente de los mesmerizantes Low, y espiritual como miembros de la iglesia mormona. Parece un milagro, ejem, que hayan logrado conciliar estos tres aspectos durante dos décadas, y resulta así mismo paranormal verles promocionando un nuevo álbum, The Invisible Way (SubPop-Popstock!), que, lejos de eternizar su discurso, lo devuelve a los orígenes con diáfana entereza. En ello habrá tenido que ver la producción, nada intrusiva, de Jeff Tweedy, quien se limitó a dejarles tocar en vivo, en su estudio de Chicago, The Loft, y registrarles una colección que, a las pocas escuchas, te deja tiritando.

‘’Según te vas haciendo mayor empiezas a mirar atrás y a ver todo lo que has conseguido, la gente que te valora y todo eso’’, declaraba Sparkhawk a Ruta66 en su número de abril. ‘’Entonces empiezas a querer agarrarte a ello, a tu seguridad. Esa no es la respuesta. La razón por la que la gente te sigue, por la que la música es buena y gusta, es porque empezaste sin nada, siendo un ignorante. Lo que me ha salvado ha sido no saber lo que puedo llegar a hacer, lo difícil que iba a ser’’.

Nadie dijo que la vida fuese fácil, pero en mis encuentros con el presuntamente atormentado Alan, han fluido las cervezas y las risas. Siempre monitorizados a distancia prudencial, en nuestra charla, por la monolítica Ma Parker, que ya sabemos de las pasadas fugas de la rectitud de Sparkhawk. Tras la experiencia, entre dieléctrica y mística, que ofrecen sus actuaciones, uno se siente regenerado por dentro y por fuera, bautizado por enésima vez en las benditas aguas que brotan al entrelazar la pareja sus voces, distorsionarse levemente una rasposa eléctrica al vuelo, marcando ese ritmo entre marcial y solemne la batería.

Originalmente uno de los fundamentos del llamado slowcore, aquel moroso subgénero aparecido al romper los años noventa, Low han ido virando hacia un folk abstracto y etéreo, melismático y profundo. Y su nuevo álbum, como he dicho epidérmico pero penetrante, propone una lúdica cuaresma. Véase el single «Just Make It Stop», como si Mamas & The Papas hubiesen visto la luz celestial, o esa guitarra en tensión que serpentea en «On My Own», tutelada por el aliento de Buffalo Springfield. Que otros le canten al fornicio y la trapisonda, ellos prefieren interpelar al Espíritu Santo. Amén.

Low nos visitan una vez más: 13 de junio, Casino de l’Aliança, Barcelona; 14 Teatro La Rambleta, Valencia; 15 Teatro de la Esquina, Zaragoza; 16 Joy Eslava, Madrid; y 17, Cúpula del Milenio, Valladolid. No habrá sermones, solo redención musical.

Ignacio Julià

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