Artículos — 14 mayo, 2013 at 19:51

Clutch, Fuerza Interior

Clutch

El cuarteto de Maryland atesora una gran fuerza interior. Fuerza interior y un equilibrio emocional y personal que les convierte en una rara avis en un mundo, el musical, tan proclive a las desbandadas, la inmediatez y lo superfluo.  Mantener la formación original durante veintitrés años es prueba de ello así como su recorrido honesto y muy alejado de los estereotipos habituales de las estrellas del rock. Tras ese aspecto de hombres corrientes, miren esas fotos promocionales y no me digan que tienen pinta de todo menos de feroces rockers, se esconde un espíritu inquebrantable y una evolución que, partiendo de bases hardcore, los ha transformado en una banda única, articulando un sonido propio e identificable al instante gracias a su continua suma y absorción de elementos, hard, metal, rock, blues, boogie sureño, fagotizados de manera natural.

Al mismo tiempo son músicos inquietos, capaces de estar sumergidos en multitud de colaboraciones y proyectos, entre ellos una transformación camaleónica de la propia banda en combo instrumental bajo el epígrafe de The Bakerton Group, y coherentes en el desarrollo de una trayectoria artística manejada sin prisas pero sin pausas que les está llevando a obtener un reconocimiento mucho más amplio tras esas dos décadas de duro trabajo. Una gira europea en el invierno del presente año saldada con constantes carteles de “No hay Billetes” en las taquillas, el aumento de aforo de los locales en la tournée norteamericana y la entrada directa en listas mainstream, Billboard, de esta última galleta atestiguan que Clutch están cosechando lo que durante tanto tiempo han sembrado.

Y es que Earth Rocker es un cañonazo. Una inyección mayúscula de adrenalina directa al sistema nervioso, un gancho de izquierda golpeando en la boca del estómago. Su facilidad para componer riffs letales es insultante así como el minucioso trabajo que lleva a cabo una sección de ritmo tan sólida y a la vez tan imaginativa, la labor de Gaster a los tambores es de matrícula, que no tiene rival en estos momentos. La parte inicial del disco, el tema que le da título, «Crucial Velocity», «Mr. Freedom», «DC Sound Attack» (gran estribillo, reptante guitarra, crujiente armónica) y «Unto The Breach», deja sin aliento. Resuello recuperado gracias a la acertada inclusión de «Gone Cold» un tema lento, oscuro, espacial, con excelentes dibujos de las seis cuerdas, colocado en la mitad del compacto a modo de, necesario, momento de respiro. Tras esa pausa, que funciona estupendamente en escena tal y como pude comprobar en su concierto en Berlín el pasado mes de enero, vuelven a la carga, la afilada «Cyborg Bette», ojo al desarrollo instrumental en los últimos minutos de «Oh Isabella», las subidas y bajadas de «The Wolf Man Kindly Requests», hasta dejar al oyente con los ojos como platos y la tensión al límite cuando el reproductor marca el final.

Punto y aparte merece la labor de Neil Fallon, su vozarrón rebosa los límites de los altavoces de manera que se puede percibir la intensidad de sus interpretaciones de manera casi física dentro de la habitación, el coche, la calle o donde quiera que lo estés escuchando.

En mi opinión nos hallamos ante uno de los mejores discos de este 2013 sin necesidad de adjetivarlo o encuadrarlo dentro de un género concreto. Simplemente archivarlo en la R de rock y disfrutarlo al máximo sin complejos ni prejuicios. Tras una breve aparición como teloneros de Sepultura en Madrid, (Sala Revólver, 1996) y apurar festivales, Festimad, Azkena, Sonisphere, pronto los tendremos por aquí protagonizando su primera gira en condiciones. Será a mitad de junio, 13 en el Gloos Club de Madrid, 14 en el Music Hall barcelonés y el 15 en Bilbao dentro del Kristonfest en la sala Santana 27, así que no olviden marcar estas fechas en el calendario. La maquinaria  viene al rojo vivo.

Manel Celeiro

 

 

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