Artículos — 6 marzo, 2013 at 13:05

Songwriters Americana 3.0: Los Nietos de Townes

americanaTownes Van Zandt es el mejor cantautor del mundo, y me subiré a la mesa de té de Bob Dylan con mis botas de cowboy para proclamarlo. Steve Earle

Palabra maldita: cantautor. Segunda palabra maldita: Americana ¿De qué narices vamos a hablar aquí? Quizá de las dos cosas o de ninguna. Porque si habitualmente las etiquetas son elementos sólo al uso de los críticos que las usamos a nuestro servicio para estrujarnos algo menos las neuronas, menos sentido aún tiene en un reportaje en el que vamos a trazar un camino por los nuevos songwriters del rock americano.

Fíjense en la dicotomía. Qué bien suena, songwriters del rock americano y qué mal suena, en cambio, cantautores de Americana ¿Tan importante será el cómo llamarlos? Probablemente no. Es más, me atrevería asegurar que la importancia está en sus canciones. Como en el caso de Townes Van Zandt. Heredero de los grandes del folk y que cambió para siempre la idea del cantautor. Ya no hacía falta ser un tipo de familia con pocos posibles, y ni siquiera arropar tu música con temas políticos, a pesar de que su padre participó activamente en el proceso de independencia de Texas. Van Zandt demostró que se podía ser, simplemente, un escritor e intérprete de bellas canciones. Y que en ellas tenían cabida todos los temas. Sí, la situación social también, pero sin olvidar el amor, el desencuentro, la soledad, la lucha interior o el hastío vital. Una manera de entender la música de raíces que influyó a todo el que pasó tan sólo un minuto cerca de su persona. Desde amigos como Guy Clark o Blaze Foley, hasta discípulos aventajados como Steve Earle, Bruce Springsteen, Tom Petty o John Mellencamp. Algunos de ellos siguiendo la senda del songwriter. Otros abandonándola para acercarse al rock pero siempre, como Van Zandt hacía, con la canción por bandera. Hoy, una tercera generación de admiradores ha tomado forma. Músicos que desde la fuerza de una historia son capaces de construir un universo personal. Francotiradores que sólo necesitan una guitarra para llevarte a la felicidad o a la tristeza, a la reflexión o a la superficialidad de un mundo que ha cambiado. La canción social sigue existiendo. Algunos dicen que hoy tiene más sentido que nunca, aunque en la era de la información se hace difícil valorar. Pero junto a esa corriente de opnión ha vuelto a resurgir, cual ave fénix, la historia. Y en eso hay unos cuantos músicos que, sin haber llegado a los 35 están demostrando que se puede contar con ellos.

 

Conozco a los guardaespaldas de Bob Dylan, y si Steve cree que puede subirse a su mesa de té con botas de cowboy, está tristemente equivocado. Townes Van Zandt.

 

La música de raíces americana vive un buen momento. La juventud de muchos de sus primeras espadas hace que pueda mirar al horizonte con tranquilidad. El futuro parece estar escrito, en contra de lo que pensaba Joe Strummer. Y no me refiero a gente como Ryan Adams, Will Hoge, Jesse Malin y otros primeras espadas de la actual songwriter roots music, sino de una aparente segunda división con ganas y fuerza para, en términos futbolísticos, subir de categoría. Calidad no les falta.

 

Precisamente, Justin Townes Earle, hijo de Steve y que pasea el nombre de Van Zandt allá donde va, podría ser su cabeza visible. Un músico inteligente, sagaz. Instalado ya casi al nivel de los nombrados Adams o Malin con sus apenas 30 años, y con el ascenso garantizado, aunque con unas costumbres demasiado cercanas a los inicios de su padre que a punto estuvieron de acabar con su carrera.  “Cuando escribo una canción imagino que puede llegar a ser un gran libro”, dice Justin. Y esa es la clave de todo. Las ganas de contar una historia. Todos ellos son escritores que cambian la pluma por las seis cuerdas de su guitarra. Dylan Leblanc, que tiene más cerca los 20 que los 30 años lo tiene claro. “Mi abuelo solía cantar mucho con una Gibson clásica que tenía. Ahí decidí que quería hacer canciones, mientras mi madre cocinaba y mi abuelo imitaba a discos de John Prine” dice para Amelia’s Magazine. “De niño tenía problemas de atención, así que tuve que aprender a concentrarme para hacer canciones. Me gusta Van Zandt, a quién no, pero también los Stones o Neil Young” continúa. Algo parecido a lo que sucede con Nick Dittmeier que desde 2006 encabeza el proyecto Slithering Beast. Un songwriter parapetado tras el nombre de una banda. “Diría que mis últimos discos también han empezado a dejarse influir por el rock and roll y el soul. Probablemente a Townes le hubiera pasado algo parecido” nos asegura. Brett Detar, tras abandonar The Juliana Theory, y adentrarse en la música de raíces piensa que “hay una tendencia, al menos en algunos músicos, a querer mirar hacia atrás, a los que nos precedieron. Rendir tributo a ese legado. Hay un gran fondo de música en el sur del país que ha ido creciendo a lo largo de 100 años y creo que hay bastantes músicos que, como yo, quieren seguir los pasos y la manera de trabajar de nuestros antepasados”. A sus 35 años, Detar parece haber encontrado su camino. “Estoy muy influenciado por todas las leyendas – Townes Van Zandt, Hank Williams, Ralph Stanley, Dylan, Son House, Clark Guy, Howlin ‘Wolf, Bill Monroe, Ernest Tubb, The Louvin Brothers, The Carter Family y toda su descendencia, Kristofferson, The Band, Loretta Lynn, Gram Parsons, y la lista sigue y sigue. ¿Por qué estoy influenciado por muchas de estas leyendas? Creo que porque ninguno de ellos tiene una cualidad tangible en su música. Su valor no se puede medir. Se puede sentir. El oyente se siente inquieto, despiertan algo en quien oye sus canciones. No sé si son sus letras, sus melodías, el sonido de sus voces…Su calidad está en su música en sí, y eso es algo que cualquier músico de hoy en día perseguiría indudablemente”. Igual le sucede a Matt Woods, artífice del excepcional Manifesto. “Soy un fan de las canciones. Por tanto debo sentirme obligatoriamente influenciado por gente como Kris Kristofferson, Steve Earles, Townes Van Zandt, Tom Petty o John Fogerty. Me gustan los compositores diferentes por razones diferentes: las historias, su gancho personal, el feeling, la manera de emocionar… “. Brian Lumley, que acaba de editar su disco de debut opina lo mismo. “Creo que hay un movimiento sutil hacia la música de raíces tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo. Parece que poco a poco nos vamos acercando a nuestros orígenes musicales y cada vez hay un mayor número de oyentes y de artistas. Eso facilita la escucha y la compra de música permitiendo a los músicos un enfoque más orgánico. Y creo que eso es muy bueno”.

 

Si buscas a Son House y Townes Van Zandt, Lincoln Durham es tu hombre. Ray Willie Hubbard

 

Ya tuvimos la oportunidad de hablar en esta Ruta con Lincoln Durham, un excelente músico que comparte la teoría de sus compañeros de generación a las que añade algo más. “Somos gente que evidentemente nos basamos en la música de nuestros abuelos, pero también miramos al presente. Yo ando escuchando mucho a Jack White, que es otro tipo que mira hacia los orígenes”.  Dylan Sneed, Langhorne Slim, Corey Chisel….nombres y más nombres que añadir a la lista. “No estoy seguro de si la música americana tiende de nuevo hacia sus ‘raíces’. Creo que hay un montón de música sincera que se escriben por ahí. Sólo tienes que estar dispuesto a hacer el esfuerzo para encontrarla. La tecnología hace que esto sea más fácil, pero también significa que hay que escarbar más para llegar a lo auténtico”, asegura Scotty Alan tras publicar Wreck & Mess (2011), un álbum no alejado de un sonido más punk. “Aunque en mi música hay poco de política. Poca cosa. Es una reflexión más personal, profundizando en mi vida en los bosques, las relaciones, mi trabajo como carpintero y un poco de humor. Me encanta Woody Guthrie. Aprecio honestidad y su enfoque autobiográfico hacia la composición”, sigue. Para el jovencísimo y orondo John Moreland, los songwriters cambiaron su vida. “Cuando era más joven estuve en una serie de bandas de hardcore pero acabé deprimido y quemado de esa música. Oír a Steve Earle hizo que me entusiasmara por la música de nuevo”. Moreland debutó en 2008 y en 2011 se sacaba dos excelentes álbums de una sola tacada. “Por alguna razón, cuanto mayor me hago (y sólo tengo 26 años), más me estremezco cuando oigo la palabra “punk”. En estos días más que nada lo asocio a cosas que no me gustan en absoluto” asegura. Pat Anderson, por su parte, incide en la senda marcada por Springsteen. “Cuando se trata de escribir canciones es evidente que gente como Bruce, Earle o Gillian Welch me influyen, pero también amigos de Nashville como Stephen Simmons o Sam Lewis, que acaba de sacar su primer disco”. Y prosigue. “Viviendo en Nashville estoy rodeado de músicos de raíces, así que es difícil para mí descubrir si hay una nueva tendencia hacia ese estilo o no. Creo que siempre ha habido músicos atraídos por el sentimiento, la instrumentación o los elementos estéticos de la roots music. Todo parece activarse y desactivarse en términos de popularidad con suma facilidad, pero es cierto que hay un montón de gente interesada en este estilo”. La enésima opinión compartida la pone Patrick Sweany, más cercano al soul, algo mayor que el resto y que debutó muy joven. “Creo que la gente puede acceder a la música de otras épocas con mayor facilidad, y ha encontrado la honestidad y la franqueza en canciones que hacía gente que vivía en un radio de 30 millas a su alrededor”. Y para acabar apostilla. “Lo bueno de los seres humanos es que, en el fondo, todos nos parecemos y sentimos las mismas emociones. La música es una gran manera de encontrar esas cosas en común y compartirlas sin vergüenza, revelando esa carga emocional al público”.

 

Eduardo Izquierdo

One Comment

  1. Totalmente de acuerdo. Sobre todo con las tres últimas líneas, las palabras de Patrick Sweany.

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