Artículos — 19 febrero, 2013 at 8:18

Quique González, buscando el gol soñado

Quique-Gonzalez-Sala-NoiseHoy, 19 de febrero, se pone a la venta el nuevo disco de Quique González, Delantera Mítica. Para presentarlo el madrileño se embarcará en una gira por todo el territorio nacional que tiene como preámbulo una serie de sesiones de presentaciones en diferentes FNACs de todo el país y que puedes consultar haciendo click sobre la imagen adjunta. Para celebrarlo ponemos a tu disposición el excelente texto que nuestro compañero Fernando Navarro ha escrito como hoja de promoción del disco.

Delantera Mítica

Lejos de la calle principal

Por Fernando Navarro

Una vez oí decir a Bob Dylan que “lejos de la calle principal, estaba la fuerza de la realidad y de los sentimientos”. Aseguraba que lo aprendió cuando ya de joven se sentía atraído por los músicos ambulantes que se cruzaban por su camino. Desde que escuché a Quique González por primera vez, allá por finales de los noventa, cuando empezaba su carrera y en la radio a veces sonaban Y los conserjes de noche o Cuando éramos reyes, lo imaginaba con su guitarra recorriendo, como un soñador ambulante, los callejones antes transitados por el viejo Bob. Esos callejones espirituales pero reales, donde se deja oír el rugido de la vida, por los que se han adentrado tantos aventureros de la música que nos emociona desde esos tres simples acordes del ancestral blues.

 

 

Desde aquellas primeras canciones de su disco ‘Personal’, la carrera de Quique no ha hecho más que ir hacia arriba, impulsada por álbumes pletóricos como ‘Salitre 48’, ‘Pájaros mojados’ o ‘La noche americana’. Hacia arriba, pero lejos de la calle principal, un carril gris sujeto al capricho de los poderosos y a las aplastantes leyes del negocio. Sus pasos artísticos se han dado siempre desde la independencia, peleada primero, ganada después, y con rumbo fijo hacia los secretos que guardan los callejones, con sus portales de noche, sus hoteles de paso y sus cruce de caminos.

Delantera mítica, su noveno disco, es el último de estos pasos. De nuevo, vuelve a estar a su lado César Pop, compañero infatigable de gran visión musical que ha trabajado en las maquetas y en siete de las composiciones finales. Y, como ya hizo con Daiquiri blues, Quique ha viajado hasta Nashville para grabar sus nuevas canciones en los estudios ‘Alex The Great’, acompañado de un magnífico elenco de músicos de sesión norteamericanos y contando en la producción con el sobresaliente trabajo de Brad Jones, quien ha dejado su huella en obras de auténticos fueras de serie como Chuck Prophet, Josh Rouse o Matthew Sweet. La sociedad de Quique con Brad Jones es ya perfecta. Ambos han dado con el sonido idóneo, tanto en su parte más delicada como más eléctrica. Han dado con el sonido de las emociones a flor de piel, sin celofanes, sin artificios. Mientras que ‘Daiquiri blues’ sirvió para que su autor rastrease con mimo el universo más íntimo del folk-rock, desde la misma tierra de los padres fundadores, la del propio Dylan, The Byrds o Gram Parsons, Delantera mítica ha servido para que, arraigado otra vez a las raíces, encuentre definitivamente su voz americana, la luz interior de ese folk eléctrico que remite a un espacio lleno de estrellas y que se estira infinito en el horizonte de una canción. En ‘Delantera mítica’, Quique canta mejor que nunca y alcanza un clímax maravilloso, mostrando en todo su esplendor la pureza del mejor folk-rock.

Con su aroma a clásico, ‘Delantera mítica’ es el disco que le encumbra como el mejor músico español en los medios tiempos. Siempre fue un terreno en el que sabía moverse con soltura, pero ahora ya es suyo, es su mejor lenguaje. No es exagerado decir que desde Antonio Vega nadie ha conseguido en España un toque tan exquisito. Nadie se ha confesado a media voz con tanta intensidad. Por los surcos de este álbum vuela la fragilidad del más arrebatador Ryan Adams, en composiciones como la que da título al disco o Las chicas son magníficas, donde la palabra “temblar”, unida a las tímidas filigranas del piano, el acordeón y el banjo, es un brote sentimental cegador. También planea la elegancia de Ron Sexsmith, como en ‘Me lo agradecerás’, con una preciosa atmósfera de cuerdas a la que acompaña la dulce voz de Zahara. Incluso hay fragancias fronterizas en ese tex-mex en la duermevela que es ‘Dallas-Memphis’.

Y, con todo, es un trabajo que apuesta por las guitarras, que suenan fieras, que rasgan la piel, se clavan en el espíritu. Es folk-rock de alta escuela. Solo basta oír cómo arranca con Tenía que decírtelo, que se recrea en un duelo al más puro estilo de los Heartbreakers de Tom Petty. En esa línea, están ‘¿Dónde está el dinero’?, donde Quique, a su modo, muestra su indignación con lo que está pasando en este mundo en el que nos engañan y nos roban el futuro (“Gángsteres y trileros, todos hacen juego, nadie va a comerse el marrón”, canta), y ‘La fábrica’ o ‘Viejos capos’, dos canciones luminosas, cuyos estribillos levantan del suelo. Cuando todo encaja en ellos, es un instante, pero parece media vida ante tus ojos. Aunque, seguramente, el encaje más fascinante es el que ha conseguido al versionar en castellano ‘Is your love in vain?’, canción perteneciente al ‘Street legal’ de Bob Dylan. Cualquier versión en nuestro idioma de una composición en inglés es ya un reto, pero una de Dylan es todo un desafío. Y, sinceramente, Quique lo borda. Más desnuda en instrumentación que la original, guarda la sensibilidad y la melancolía mientras no fracasa en ajustar la letra. El resultado es tan bello y emotivo que parte el corazón. Hace suya esta sincera reflexión amorosa.

Bob Dylan para cerrar ‘Delantera mítica’. Todo encaja. Difícil no ver este disco como uno de los más importantes en su carrera. Pero, a decir verdad, es algo más. Delantera mítica se presenta como la simbiosis más lograda de lo que Quique llevaba mucho tiempo buscando, tal vez desde que cogió por primera vez una guitarra. Es la combinación ideal de su voz interior, de su suerte y de sus huellas, con el alma de la música cósmica americana, ese género no escrito que combina folk, country, rock o soul en un estado de gracia, que apela a la complicidad con la soledad de la noche, con las carreteras que recorremos por alcanzar nuestros anhelos y reconocer nuestros fantasmas. Música que nos define y nos proyecta al mismo tiempo. Música, como decía el viejo Bob, lejos de la calle principal, pero donde aprendemos en qué consiste la fuerza de la realidad y los sentimientos.

 

 

 

 

 

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