Encuentros — 17 enero, 2013 at 16:02

Pep Laguarda, una novedad con 35 años de historia

Regresa uno de los secretos mejor guardados de la escena avanzada de 1977, el hombre que registro en Deià junto a Tapineria una obra maestra titulada Brossa d’Ahir, un álbum que sigue oliendo a mediterráneo, folk incorpóreo y camaradería. Mucho se ha hablado de su misterioso segundo disco, descartado por su sello en 1979 y ahora puesto en circulación en cuidada edición por Discmedi – Blau. Ojo, viejos hippies y amigos del progresivo lisérgico: acompañado por un plantel de músicos de sesión de lujo, el amigo Laguarda aparcó los sonidos plastificados en su debut para jugar con procesadores, ritmos bailables y la lengua del Imperio Británico. Él mismo nos lo explica…

 

 

 

-Han pasado casi 35 años desde que grabaste tu segundo disco, Plexison Impermeable. ¿Por qué decides que sea justo ahora cuando ve la luz? Hace muchos años que es uno de los discos más misteriosos y buscados del rock nacional…

-No soy yo el que lo decide, sino los aconteceres y el entorno. De todas formas, he de decir que he hecho cuanto he podido por su publicación todos estos años, convencido como estoy de su curiosa intemporalidad.

-La escucha sorprende a quien espere encontrarse una continuación lógica de Brossa D’Ahir, esa maravilla de culto que te situó como figura destacada del underground. No tienen nada que ver, tanto los planteamientos como los resultados son diametralmente opuestos. ¿A qué se debió este cambio de intenciones?

-Sorprendente fue para mí que la discográfica no me exigiera una continuación del Brossa d’Ahir, si no que me pidiera una obra actual y muy radiable. Yo me decidí por el pop sabiendo que entonces era una giño para musiqueros –pensemos que es anterior a la movida madrileña, etc.- pero no era lo habitual en la producción discográfica.  Y, además, concordaba con mi plan de trabajar cada obra en un estilo  (R&B, Soul, Cabaret, Music Hall, psicodélia, etc…).

-El primer disco se grabó en una azotea y con un cuatro pistas, en el mágico Banana Moon Observatory de Daevid Allen. El segundo en un estudio profesional último modelo. El primero con Pau Riba, Joan Bibiloni y compañía, el segundo con tus Reisons, unos magníficos músicos de sesión. ¿Cómo conseguiste que la compañía se volcara y aceptara dicho dispendio? Supongo que las ventas de Brossa no debieron ser espectaculares…

-Es cierto que la producción del Plexison Impermeable fue cara, pero Claudi Martí –entonces director de la discográfica que lo producía, estaba cada vez más convencido de que era un disco que podía cumplir todos los requisitos que exigía. Por otra parte, las ventas del Brossa d’Ahir fueron espectaculares, la prueba fue que la reedición en CD tuvo ventas destacadas en Asia (Corea, Japón, etc), llegó al puesto tercero en el Eastville de Nueva York por encima de Lou Reed, fue playdisc en más de 18 FM europeas y mereció una reseña de una página en New York Times, pero, por aquel tiempo, las discográficas ocultaban las ventas para no pagar royalties, etc.

-Sorprende también la decisión de cantar en inglés en canciones como «I Wanna See You Now» o «There Was A Boy On My Place»>>.  ¿Cómo fue que decidiste hacerlo?

-Los temas habían sido concebidos en inglés y no me corté al grabarlos.

-Y la pregunta que todo el mundo debe haberse planteado al empezar a leer esta entrevista… y que a ti te habrán hecho mil veces. ¿Por qué el disco no se publicó en su momento?

-Sobre todo, por motivos de cambios de política en la discográfica de origen y, supongo, que por la transgresión (¿?) que significaba el hecho de mezclar temas en inglés y valenciano sin más.

-El diseño era parte muy importante de tus trabajos. ¿Concebías tu música como un arte conceptual, como una unión de disciplinas artísticas?

-Los discos –sobre todo en el momento del vinilo- son una mezcla de disciplinas artísticas. Música, letras, diseño, etc…

-¿Cómo te parece que han asumido el paso del tiempo estas canciones? ¿No es un lastre la producción ochentera del disco, un tipo de sonido que no acostumbra a envejecer demasiado bien?

-En ese extremo estoy ampliamente satisfecho y se puede comprobar escuchando productos de 1979 y comparando. Posiblemente tengo, en parte, ese don para hacer temas “impermeables”, a los que el paso de los años no les afectan en demasía.

-¿Era todo material nuevo, o hay algunas canciones pertenecientes a tu etapa más folk? Estoy pensando en temas como «Heroi», «Himne» o la excepcional «Melodia Interrompuda»?

-Las canciones que citas eran baladas dentro del mundo pop que pensaba mostrar. Y, a parte, algunas de las más rítmicas eran temas anteriores al Brossa d’Ahír.

-Muchos lectores no deben saber a qué te has dedicado todos estos años. ¿Nos lo puedes resumir?

-He estado trabajando durante muchos años en la radio y la televisión.

-¿Tienes intención de realizar algún tipo de presentación en directo de tus (viejas) nuevas canciones?

-Había quedado con mi discográfica que no iba a actuar, pero en este momento no puedo decir “de ese agua no beberé”.

-Por último, ¿puedes explicar cómo eran los Banana Moon Observatory studios? Es algo que me fascina, uno se lo imagina como un espacio al margen del tiempo y de las convenciones…

-Se trataba de una azotea en una casita de montaña en la que vivía Daevid Allen con su esposa Gilly Smith, en la que teníamos una especie de mesa de control con aparatos colgados con cuerdas de las vigas del techo, banquetas, instrumentos, sándalo y con salida a una mágica terracita.

Alfred Crespo

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