Encuentros — 13 Noviembre, 2012 at 19:42

The Sonics. El Diablo Sigue Esperando

Regresan a nuestro país, y con tan excitante excusa (14 nov. Porta Caeli, Valladolid; 16 El Tren, Granada; 17 Sala Caracol, Madrid y 19 Cafè del Teatre, Lleida) recuperamos la entrevista publicada en Ruta 66 cuando pisaron nuestros escenarios por primera vez.

Sorprende, aunque no tanto, que el tipo que una vez quiso ser la respuesta blanca a la garganta de Little Richard se caracterice hoy en día por una voz calmada, rayana en la sordina. Al otro lado del hilo telefónico, y a sus sesenta y tres años, Jerry Roslie responde a la transoceánica llamada de Ruta 66 con la mayor de las deferencias posibles, intentando mostrarse receptivo y paciente a pesar de la misma batería de preguntas, reiterada ad infinitum, a causa, entre otras, de la barrera idiomática. En Tacoma, estado de Washington, es mediodía, y Jerry Roslie actúa con el relax de la hora del aperitivo. Así que tal cuál nos comportamos, pasado el escepticismo- y porqué no decirlo, el acojone inicial-, como si tuviéramos un cigarro en una mano y un vermú en la otra. Allí continua viviendo el tipo que puso voz a la banda sonora a una gran parte de la adolescencia de los sesenta, y que berreó «Psycho», «Cinderella» y otras perlas de tal manera que su marchamo continua intocable, sin haber sufrido las inclemencias del paso del tiempo. Que haya jugado este a favor supone a todas luces una disquisición inane, al igual que las verdaderas razones de su vuelta, pero sí que se puede asegurar que no se han amarilleado las distorsiones guitarreras y un sonido primigenio surgido casi de la casualidad y del ansia juvenil de unos quinceañeros entonces capitaneados por el ahora ausente Andy Parypa. Y a los hechos me remito. Sus elepés vienen sonando de antiguo en mi reproductor mientras otros menos añejos se van aparcando irremisiblemente en la estantería. Las primeras grabaciones de The Sonics fueron unos incunables del sonido fuzz emergentes en plena era de la British Invassion y de otros obstáculos que les impidieron llegar más lejos allende las emisoras de radio de su zona. Esa banda sonora adolescente ahora se extrapola al siglo veintiuno, cuando los cambios en tecnología de sonido no los podía ni haber intuido Philip K. Dick, y cuando la ingesta de música y datos, y por ende de frescura, se alza exagerada. The Sonics decidieron regresar tras la friolera de más de treinta y cinco años en el limbo de la inactividad musical, con el denuedo de haber conquistado el corazón del Cavestomp de Brooklyn y de realizar la homérica gesta de saltar el charco hace apenas cuatro años.

Jerry Roslie al habla.

 

 

¿Cuándo supiste que había llegado el momento para que los Sonics regresaran a los escenarios? Algunas declaraciones antiguas de los hermanos Parypa no presagiaban un reencuentro, ni mucho menos.

Nos habían estado llamado unas cuantas ocasiones para el Cavestomp Festival, pero no nos veíamos preparados para un concierto, y sobre todo para uno de esas características. Nos insistieron durante más tiempo, se sucedían las ediciones y decidimos quedar para ensayar- llegamos a tocar unos veinte temas, o más- y vimos, tras limpiarnos de bien óxido, que la cosa funcionaba. Y abrimos la primera y la tercera noche del festival con notable éxito, creo yo.

 

Eso tengo entendido. En el Cavestomp la respuesta de la gente fue positiva. ¿Eso os ha animado a hacer más fechas?

Sí. No existían planes futuros cuando nos reunimos para el Cavestomp. España, por ejemplo, nos parecía una utopía, un sueño. Ahora se ha hecho realidad. Viajar y sobre todo tan lejos, suponía un gasto excesivo, y no creíamos, o al menos en mi caso, que íbamos a ir primero a Londres y luego a tu país a actuar. Creo que la gente ha entendido nuestra actitud, la cuál no hemos perdido en todo este tiempo. Eso es, la gente la ha comprendido. Y es la única que sabemos manejar.

 

Se te nota abrumado por la fiebre que ha aparecido a vuestro alrededor

Muy abrumado y extrañado. En el buen sentido, claro. Siempre se nos ha dicho lo bien que siguen sonando nuestros elepés, pero no sabíamos que había tanta gente queriendo vernos sobre escena. Cuando grabábamos los discos y nos empezaban a decir qué y cómo los teníamos que hacer castró buena parte de nuestra esencia, y por eso no estuvimos satisfechos con el tercer disco. El resto, como te comentaba, sabíamos que seguían vendiéndose, pero no como para tanto.

 

Siguiendo con el tema de la reunificación, en una entrevista de hace veinte años que he encontrado de Larry Parypa, deja constancia de que “una vuelta a los escenarios estaría realmente bien, pero aunque el concierto sea tan bueno y se desprenda tanta energía como antaño, a la gente, que ya ha escuchado tanta música a estas alturas, no le resultará para nada un show significativo”. Si eso lo decía hace veinte años no quiero ni imaginarme cómo lo verá ahora.

La gente, y sobre todo la joven, está llena, satisfecha de tanta música y de lo accesible que esta resulta hoy en día. Entiendo el escepticismo de Larry, por eso se antoja aún más asombroso ver que hay gente joven que acude a nuestros conciertos. En el Cavestomp se me acercaron unos chavales a pedirme una foto, y a hablarme de las canciones de Sonics que más les gustan, que datan de hace mucho, mucho antes de que ellos hubieran nacido, y por un momento me sentí como Mick Jagger. Hay que tener en cuenta que no somos adolescentes y que no pretendemos serlo. Eso hay que entenderlo, y por tanto, hay que comprender cómo llega a transmitirse en vivo. Pese a todo, a mi me encanta gritar.

 

Desde 1972, cuando os reunisteis para el Seattle Paramount Live Show nos habíais vuelto a tocar en vivo.

En efecto. Aquella vez nos reunimos, y tocamos tres temas. Nos habíamos separado seis años antes y no hemos vuelto hasta ahora, treinta y cinco años más tarde.

 

Personalmente en los sesenta, tuviste ciertos problemas con el resto de componentes, lo que pudo desembocar en la separación, ¿no?

Como han dicho Andy y Larry muchas veces, todo el final se puede resumir en que estábamos cansados. Surgieron los típicos problemas no sólo ya de egos, sino del roce de estar juntos en la furgoneta o en la misma habitación tanto tiempo. Y ya ves, nuestro periodo de existencia como grupo fueron poco más de cinco años. Éramos unos críos y actuábamos como tales. Mi opinión en aquel momento era favorable a la separación y no me arrepiento.

 

En aquellos tiempos, ¿existía una rivalidad inocua tipo Stones /Beatles entre Sonics y Kingsmen? ¿Es cierto que había cierta animadversión a Oregon y su escena musical?

No, para nada. Yo también he leído esas historias, pero la verdad no pretendíamos llevarnos mal con nadie ni existían rivalidades, envidias o como quieras llamarlo.

Ni con Kingsmen ni con demás bandas, fueran garageras o no.

¿Qué tal os iba con los de vuestro entorno como The Wailers o Paul Revere and The Raiders?

Recuerdo aquella época muy positivamente. Con The Wailers la amistad sigue en pie, obviamente, y Paul Revere and The Raiders eran una banda genial, y solíamos ir a vernos a tocar los unos a los otros a los bares de la zona. De hecho, acudíamos a ver a Wailers desde la primera fila, sin saber que a continuación íbamos a empezar a grabar nuestras canciones en su sello, Etiquette.

Vuestras referencias serían las de la época, imagino

Sí. Little Richard, Jerry Lee Lewis, Chuck Berry… también los Beatles, Kinks, Rolling Stones… el blues en general…

En su momento álgido, cuando el sonido de la banda se alzó como el máximo exponente de esa época, circa 1965- 66, The Sonics coincidió con la Invasión Británica y con la proliferación del pedal fuzz. ¿Fueron aquellos los factores determinantes que mermaron la capacidad del grupo para llegar más lejos? ¿Algo así como unos hijos no reconocidos de la música popular 60´s?

Ya sé que no llegamos lo que se dice muy alto, pero tocamos techo en esa época. Las circunstancias de la década eran esas, y como ya sabrás, el sonido de la guitarra de The Sonics surgió de una manera totalmente orgánica, inducida por la falta de pericia y las ganas que teníamos de dar rienda suelta a nuestros instintos. Ya sabes, la actitud. Teníamos escasos medios para tocar, y yo tenía un micrófono que, de tan cutre, tenía que alzar la voz para que se oyera más, de donde saqué tanto decibelio a mi voz. Por eso se nos etiqueta como banda de garage, cuando en verdad, y como sucede con las que existían en nuestra época, hacíamos todo a lo bestia. Así salió un tema como <>, que gozó de relativo éxito en Seattle, y que no podía ser radiado en emisoras comerciales por lo rotundo de su sonido.

 

Tampoco haber actuado junto a Beach Boys enfrente de tanta gente dio un empujón a vuestra carrera.

Sí, pero a pesar de todo aquello fue genial. Tocamos delante de muchísima gente, y luego nos fuimos para casa como si nada. Bromeamos con el público, les hicimos creer que éramos paisanos de los Beatles y se lo tragaron, cuando éramos de Tacoma, muy cerca de Oregon.

 

En plena era de las autopistas de la información, cuando grabar por ordenador es casi cosa de críos, ¿cómo recuerdas la grabación del primer disco Here Are The Sonics? Grabar en varias pistas, y más para un grupo de garage, debía ser de ciencia ficción.

(Risas). Algo así, ciertamente. Como banda estábamos acostumbrados a ensayar juntos, no sabíamos nada de grabar por pistas, y nos costó entender que cada cuál tenía que hacerlo por separado. Fue una experiencia algo bizarra. Desconocíamos que había que hacerlo por partes, primero música y luego voces.

¿Os sentís que se os debía recompensar por haber servido de engranaje musical a tantas y tantas bandas? Desde los Sex Pistols a U2 todo el mundo parece que os debe algo, por no hablar de la influencia en el archifamoso sonido Seattle.

No es ese el motivo de reunificarnos, si es a eso a lo que te refieres. Yo sufrí un problema de salud hace unos años- un transplante de corazón, nda-, y he creído, en contra de la prescripción médica, que debía salir a cantar. Aquello me llenó de moral. El grupo ha formado parte esencial de mi vida y me debo a él, no puedo soslayarlo.

La literatura que imperaba en vuestros textos oscilaba entre el divertimento juvenil (coches, chicas y fiestas), pero los temas más famosos de la cosecha son «The Witch», «He´s Waiting» o «Strychtnine», con un claro deje oscuro. Eso podía dejar al personal algo confuso, ¿verdad?

Mis letras siempre, qué sé yo, han estado orientadas hacia la otra orilla. Todas eran irónicas cien por cien, aunque haya gente que las malinterprete. Ya te digo, siempre me han atraído ese tipo de historias más que otras, como las típicas de amor meloso mismamente, sin ningún motivo especial.

¿Qué parte del temario es la que más emociona tocar? ¿Las canciones propias o los standars tipo «Louie Louie» o «Night Time Is The Right Time»?

Ambos dos. Pero los fans quieren escuchar el material original, y aunque <> fue el primer tema que ensayé con la banda y por ello le tenga un especial cariño, soy partidario de dar cancha a la cosecha propia.

Hablando de Louie, ¿quién crees sinceramente que debería colgarse la medalla, los Wailers o los Kingsmen?

Si te refieres a que mantenemos lazos con The Wailers y que me moje, debo decir, a pesar de todo, que es mejor la de Wailers (risas)

Actualmente, que los Sonics llenen las salas a causa de la expectación imperante, y una buena parte sea debido a la gente joven, ¿va más allá de la condición de fan y quiere decir que el rock and roll va pasándose el relevo año sí y año también?

Es una reflexión muy profunda (risas). Reitero lo de antes: es asombroso ver a la gente joven yendo no sólo a nuestros conciertos, sino a conciertos de rock en general.

¿Pensáis en grabar material nuevo?

Es posible, eso aún tenemos que verlo con mayor claridad. Tengo que decir que en todo este tiempo se me han ocurrido no pocas ideas.

Álvaro Fierro

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