Encuentros — 3 septiembre, 2012 at 0:00

ESPACIO EXTERIOR: Javier Márquez (Esquire, Efe Eme)

Siempre hemos sido considerados los raritos de la clase. Encerrados en el sótano con nuestras minoritarias aficiones, nuestros grupos escogidos y nuestra peculiar manera de entender el rock & roll. Pero existen otros enfoques, distintos puntos de vista y otras miradas diferentes. Así que hemos decidido asomar la cabecita a ese espacio exterior y ver lo que opinan de nosotros, y de otras cosas, compañeros de los medios especializados. Con nosotros Javier Márquez (Sevilla, 1978).  Escritor y periodista, actualmente jefe de cierre de la revista Esquire, ha sido durante una década crítico musical de la revista Cambio16 –de la que también fue subdirector en los últimos años- y colaborador habitual de Efe Eme, tanto en su edición en papel como en la digital. Es autor de varias novelas y de diversas obras sobre artistas como Simon & Garfunkel, Elvis Presley, Frank Sinatra, Bruce Springsteen o Neil Young. Acaba de publicar la novela Letal como un solo de Charlie Parker (Salto de Página), protagonizada, entre otros, por Frank Sinatra y Dean Martin.

 

 

 

¿Cómo empezaste a ejercer de crítico rock o periodista musical?

Ya en el instituto, en el periódico y la emisora de radio, fui especializándome en el tema. Más tarde, al acabar la carrera, bueno, sencillamente intenté dedicarme a escribir sobre lo que más me gusta.

¿Has hecho de ello tú medio de vida?

No exactamente. Como periodista escribo habitualmente sobre música, pero no como tema exclusivo. Y aunque me fascina, tampoco lo querría: hay otras muchas materias apasionantes.

¿Qué futuro le auguras a la prensa musical en papel? ¿Acabaremos todos en una URL de internet?

Creo que sí, y no debe de verse como algo alarmista. Es una simple cuestión de evolución. El papel se impuso a la piedra porque era más cómodo y ligero, y ahora ocurre igual con el digital. ¿Para qué esperar un mes para leer un artículo sobre el concierto de anoche o el disco que sale hoy, si un medio web permite que lo tenga en cuanto el periodista lo termine? Además, puedo leerlo acompañado por algún corte de audio o vídeo, enlaces para ampliar la información, etc. Creo que es una cuestión bastante lógica.

Lo mismo pero referido a la industria. Que el negocio está cambiando es una realidad. Internet, las descargas, el soporte digital… ¿Cuál será en tu opinión el camino a seguir en los próximos años por las discográficas y los artistas?

Es difícil de decir. No sabría apuntar una dirección concreta y creo que la falta de ideas o más bien de alternativas ha sido el gran problema. Internet, como una ola imparable, se ha cernido sobre la industria del entretenimiento, que no ha sabido cómo hacerle frente hasta que se ha visto arrollada por su fuerza. Me temo que el formato físico, como en el caso de los libros, quedará cada vez más reducido a los románticos que preferimos palpar el disco, sentirlo, echar un vistazo al libreto… Pero en un par de generaciones, la cosa está lista: esa gran nube de la que todos hablan controlará cuanto veamos, leamos y escuchemos.

En cambio las ventas de vinilo no dejan de aumentar. ¿Nostalgia? ¿Fetichismo? ¿Llevar la contraria?

Puede haber algo de nostalgia, pero yo prefiero verlo como una simple cuestión de cultura. Es decir, el que compra una canción en mp3 o incluso un cd, está comprando música. Pero el que adquiere un vinilo busca algo más, una experiencia artística diferente, más amplia. Está la música, claro, pero también el arte de portada, el ritual de limpiar el disco y colocar la aguja, el placer de estudiar cada detalle de la carpeta mientras escuchamos la obra… No tiene nada que ver con el consumo musical aborregado.

Venga, a bote pronto…Dinos un disco si el que no podrías vivir.

¿Uno? Uf, depende del día. Dejadme que diga dos, y eso reduciendo mucho: Still Crazy After all These Years, de Paul Simon, y Kristofferson, de Kris Kristofferson.

Y uno que si no existiera la vida sería mucho mejor para todos.

Ninguno. Cualquier disco, hasta el que podamos considerar el peor de todos, seguro que ha encandilado a alguien, o le ha hecho bailar una noche que lo necesitaba, o al menos, de tan terrible que era, le ha robado una sonrisa. Sólo por eso ya merece la pena. 

El artista más agradable y simpático que te has encontrado.

Raimon. Fue una verdadera delicia entrevistarlo por primera vez hace diez años, y desde entonces nos hemos reencontrado tantas veces, con tan buena sintonía, que tengo el inmenso placer y el honor de poder llamarlo ‘amigo’.

El más arisco y difícil.

Nadie. He tenido que entrevistar a gente que no me ha resultado sugerente, pero nunca he tenido problemas. Tal vez sea porque me gusta tener mano izquierda. Dicho en lenguaje taurino, siempre intento llevarme al entrevistado a su querencia antes de entrar a matar.

Hablemos un poco de nosotros…¿Qué disco debería salir pero crees que nunca saldrá comentado en Ruta 66?

Pues, ahora no recuerdo si ha salido alguno de ellos, pero cualquier los últimos de Neil Diamond con Rick Rubin se lo merecía, o de la etapa New West de Kris Kristofferson. 

¿Qué es lo mejor y lo peor de Ruta 66?

Lo mejor es el gran abanico de nombres y estilos que trata, dentro del campo genérico acotado por su propia definición. Lo que hecho en falta es algo más de historia, de vista atrás, de recuperación de artistas y trabajos que convendría revisitar. 

¿Por qué razón escribirías en Ruta 66?

Porque es una publicación ya legendaria en este país, con una atención especial a esa música que tanto me gusta como es el country-rock. 

¿Por qué razón no lo harías?

No se me ocurre ninguna. 

Define en pocas palabras a Ruta 66

Si Johnny Cash pudiese darse un garbeo por aquí y concediese una sola entrevista, se la daría a Ruta 66.

Manel Celeiro

Foto: Laura Muñoz

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