Vivos — 25 Julio, 2012 at 0:00

The Beach Boys

Hoyos del Espino, Ávila

Ilusionante, la información que la organización del evento envió a los medios días antes del concierto invitaba al optimismo: más de tres horas de recital y un apabullante set list, que aunque en exceso surfero a mi parecer, hacía la boca agua al más pintado. La realidad, como siempre, fue bastante más prosaica, no solo por una sustanciosa reducción del tiempo en el escenario y por consiguiente de los temas interpretados, si no sobre todo por como fueron interpretados. La cosa arrancó mal: triste comprobar como dos maromos tienen que llevar en angarillas a Brian Wilson y depositarlo en la banqueta de un inmaculado piano blanco de cola del que no sonó ni una nota; aunque aparentemente en otra galaxia, se arrobó el derecho el único Wilson superviviente de interpretar algunos de los bocados más exquisitos, desde “Heroes And Villians” a “Sloop John B.” todos ellos con muy poca voz y desafinando lamentablemente en más de una estrofa.

 

 

Del resto de los chicos, comentaremos de menos a más que Bruce Johnston permaneció en un extremo del escenario parapetado tras un teclado también inaudible, Al Jardine empezó timorato y encogido y se entonó algo según avanzaba la noche, David Marks estaba encantado con su inesperada reentre y que se llevó la parte mollar del repertorio el señor Love, no con muchas prestaciones vocales pero al menos mostrando entusiasmo. Ante este triste panorama acentuado por el insuficiente volumen para un montaje de esta envergadura, la mejor opción era seguramente la de cerrar los ojos e imaginarse que todo esto estaba ocurriendo varios lustros atrás, por lo tanto negar la realidad. Pero como uno ya está mayor para auto engañarse, lo correcto es reconocer que asistir a un concierto de estas características es un vano ejercicio de nostalgia, alimentar el apetito de mitomanía que cada uno tenga, irse a casa pensando que hubiese sido mejor quedarse con el recuerdo de un cancionero pleno de magia y olvidarse de este triste tour geriátrico que seguramente nunca tenía que haberse iniciado.

 

MANUEL BORRERO

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