Encuentros — 12 Junio, 2012 at 10:17

Very Pomelo, Radio Clotxa desmenuzado

El nuevo disco de Very Pomelo se llama Radio Clotxa y es un paso más de una banda que mantiene con solvencia los primeros puestos de interés en cuanto a la música que se hace en Cataluña para esta revista. Xarim Aresté es su líder y cabeza visible. Leereis una entrevista con ellos en nuestro próximoo número pero queremoss llegar más allá. Conseguir que Xarim  desgranara todas y cada una de sus canciones fue tarea fácil, para nosotros, pero harto difícil para él. “Me va a costar mucho creo, porque intento hacer música con la menor consciencia posible”, me decía. Además me aseguraba que “Me encanta que a un individuo como tú le haya gustado el disco. Ojalá vengas a vernos en directo algún día. Allí es cuando es cuando ves a la banda en realidad. Tendremos que empezar a gravar vivos. Nos pasa como a los primeros Dead”.

 

 

«El drap». No la considero una canción, es más bien un minúsculo tatuaje que me ayuda a recordar que no debo dormirme en los laureles. En realidad la odio porque tiene demasiada razón y me hace sentir gilipollas. Es esa voz de alarma que todos tenemos. Me hace pensar en Burt Bacharah. Pero solo habré escuchado 3 o 4 canciones de este hombre… Será por la trompeta.

«La verema». Muchos asocian a los Pomelos con The Band y la verdad es que tenemos muchas cosas en común. Somos todos canadienses menos el batería… No, en serio. Somos todos multinstrumentistas menos el batería… Pero aun así creo que Pol es el único batería que pueden tener los Pomelos. Supongo que esta canción es nuestro homenaje a The Band. Viene a decir que el futuro es el pasado, y el presente una puta mierda. Hemos de cambiarnos a nosotros para poder cambiar el mundo ¿no? Es el tiempo de la vendimia y hay que quitar las malas uvas si queremos tener una buena cosecha, en todos los sentidos.

El funk es tan generoso para improvisar. A mí me saca el niño que tengo dentro y la música es un maldito juego. «Xino Xano» me hace pensar en una de estas que te pones por la mañana o antes de salir a la calle para comerte el mundo. Y en directo nos da el juego para bailar hasta que nos de la gana. Somos 4 solistas en la banda, así que es muy divertido quedarnos en una sola nota y darle al contrapunto. Se dialoga diáfanamente sin el estrés que supone la harmonía.

«La Festa» habla sobre la dependencia y la liberación. Empieza muy rara como si fuera un charco de barro pero se va hacia otro mundo. Edgar está con el banjo y yo con la mandolina, y la canción podría funcionar en un contexto bluegrass pero definitivamente se parece más a una jungla. El bajo es un gorila y al piano tienes que atravesarlo con machete; la trompeta te envuelve como si de una liana se tratase, y la percusión y la batería te advierten de que vas a ser zampado en cualquier momento. Termina cuando ya te caen los palos por todos lados.

«Escalopendra» explica un atardecer típico del Baix Ebre. En la mayoría de los pueblos no hay muchas diferencias sociales, son todos igual de pobres, y solo vale lo que uno vale. Esta canción es una elegía del harapo. Así termina lo que para mí es la primera parte del disco. Porque todavía no nos llega para el vinilo. A ver si en setiembre y si España no se hunde…

«Nepal» justamente explica lo contrario. Ya sabemos que la cerveza está muy rica y que nuestras mujeres son excelentes. Pero somos tercermundistas, aceptémoslo, no pasa nada. Será un primer paso. Barcelona es tan snob que mi pueblo parece vanguardista.

El personaje de «Els conills» está bastante alterado porque no encuentra el sentido de la vida. Es un pequeño musical sobre su paranoia existencial y desemboca en una especie de mar torcido con luces y sombras. Aquí parecemos los Kinks por momentos. En directo es mucho más loca.

«Un altre indret» . Me da pena la gente que no traga mi voz porque se pierde una música muy bonita. Y especialmente los músicos en esta canción se salen. Pep hace unas cosas alucinantes con la trompeta; Santi al contrabajo impecable, Richi con su solo final que siempre logra transportarme, Edgar danzando e invocando con el banjo y Pol entrando allí como el viento. Aquí también está Paul Fuster que empieza y termina la canción, trotando con las congas y otros ruidos que Dios sabe que hizo… Paul aportó mucho en prácticamente todas las canciones, el cabrón.

«Els monstres» es una rumba bluegrass o algo así. Habla del dolor que implica enfrentarse a un olvido. La música es tan sencilla como sincera es la letra. Me hace pensar en una hoguera otoñal y me gustaba esta sensación antes de terminar el disco.

En Radio Clotxa hay una voluntad colectiva. En el sentido musical-filosófico-político-oloqueseaítico. Somos músicos y nos conformamos con una toma de luz y unos refrescos, al final ¿sabes? Somos gente sencilla. Quizás pequemos de optimistas pero es que ya casi hemos pagado el disco. «Any nou» habla del futuro en ciernes. Pronto empezará un nuevo Estado en el que no hace falta buscar ninguna verdad, dice la canción. En vez de poner a los criminales en prisión los ponen de altos cargos en Empresas “quetecagas”. Esto no podrá seguir así mucho tiempo digo yo. Tenemos que exigir justicia, pero para eso tenemos también que ser justos nosotros mismos. La música me ayuda a encontrar mi centro si es que existe algún centro. Yo no tengo estudios.

 

Eduardo Izquierdo

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