Encuentros — 20 junio, 2012 at 0:00

Hotel Valmont, Señales que marcan el camino

Manuel Sacristán es el alma mater de Hotel Valmont. Un tipo que vive la música al mil por mil las veinticuatro horas del día. Apasionado y vehemente en sus respuestas. Claro y firme defensor de sus opiniones. Señales, su primera obra, es un reflejo de la personalidad de su autor. Sus filias y sus fobias. Un disco que ha cosechado excelentes críticas y que recoge el testigo del rock callejero que fue marca de fábrica durante una época en España. Mezclando poesía urbana y la mítica que desprenden las calles de Los Angeles o la frontera de Texas en canciones que cruzan las líneas que delimitan el corazón y el alma. El sábado 30 de junio estarán presentándolo oficialmente en Barcelona. Será en Rocksound (Almogavers, 116) y con motivo de esa presentación hablamos con él. Sigue sus señales…

 

 

¿Cuando nace Hotel Valmont? ¿Cuál es la historia que hay detrás? ¿Es, como parece desde fuera, un proyecto personal o estamos ante un trabajo de grupo?

Nace en 2008, reuniendo a viejos amigos en un local de Torrejón de Ardoz que era como un bunker sin aire acondicionado, una locura. Empezó siendo un proyecto personal como vehículo para sacar adelante viejos desahogos y terminó siendo una labor de equipo a la hora de grabar el disco, que contiene solamente composiciones mías, pero Bëto estuvo a mi lado a partir del momento en que volvió de su periplo en Lisboa, reformamos el grupo, y al final nos fuimos él y yo a Cáceres a grabarlo en los Yenimusic. Y después hemos seguido refundando. Hay trabajo de grupo, pero hay un gran componente personal aquí.

 ¿Qué te hace pensar en Carlos Macías ( Maggot Brain) para grabar el disco?

Nuestra amistad, su trayectoria con Maggot Brain, su pasión, su entrega, su calidad humana. No se me ocurrió pensar en nadie más.

 ¿Satisfecho?

Supera ampliamente las expectativas. Ha sido una oportunidad magnífica, la de trabajar con Carlos, con el ingeniero Alfonso Espadero, y conocer a Pachi Cañamero, el batería de Maggot Brain que grabó nuestro disco y ahora es un hermano más. Casi todo lo que había en las canciones desnudas acabó siendo mucho más grande en el resultado final.

Hay un denominador común en todo el mundo que habla de vosotros. El rock nacional estilo Antonio Vega, Loquillo y los Trogloditas o Burning bien pegado con el rock americano. ¿De acuerdo con esta definición?

Absolutamente. Vega era un maestro, Burning referentes en el momento en que pisas la calle, y el Loco, un cañón en la época dorada de los Trogloditas, la del A por ellos…, la de Hombres y Mientras Respiremos. Y el rock americano es la música que más me conmueve desde hace ya muchos años. Era inevitable el cruce, escuchando esencialmente rock americano y escribiendo canciones en castellano.

 Me gustaría detenernos en las letras. Veo mucho trabajo en ellas. ¿Cuál es su grado de importancia dentro de Hotel Valmont?

El mayor que puedas imaginar. La implicación con las letras es absoluta. Son parte consustancial de la canción, la definen y la honran. Una letra esconde motivos, razones, sensaciones, creencias. No se puede escribir un verso sólo porque rima, o sólo porque encaja. A veces no cuadra y te pierdes en la canción. Y cuando eso sucede, cuando un verso se te escapa, hay que ir de caza pero sin olvidar qué te llevó a escribir los otros versos. Eso nos pasó con un verso suelto de «Noches de ciencia ficción». Hubo que perseguir la emoción hasta dar con otro que significase lo mismo pero de forma más cuidada. Las letras son lo último que escribo de una canción, y siempre quieren decir algo, siempre apuntan en varias direcciones.

Hendrik Röver (Los Deltonos) me dijo un día que pensaba que la gente retenía los riffs y las melodías pero que se había dado cuenta de que no era así. Que lo que la gente retenía eran las letras y que por eso era importante cantar en castellano. ¿Estás con él en este asunto?

Sí, claro. Siguiendo con los ejemplos de antes, la gente sabe de lo que habla la «Chica de ayer», un tema que define a una generación. El Penta, las canciones que consiguen que alguien se deje amar, y lo mismo, ya que estamos, con la ladera del Tibidabo del «Cadillac Solitario» o la clase de aventuras que esa mujer fatal, siempre con problemas, había ido a buscar a un sitio como ese donde estaban los Burning. Te quedas con frases, que con la debida suerte, se acaban convirtiendo en leyenda. Los riffs, bueno, son importantísimos. Pero las letras es lo que al final perdura. Ha habido letristas en este país con un sentido más sencillo de enfocar las canciones, y que no por ello eran menos fabulosos. Urquijo, por ejemplo. Y luego tienes ingenieros del verso como Sabina, o gente con una potencia narrativa tremenda como Lichis, Lapido, Yosi, Iniesta…

«La Señal» y «1959» tienen un alto componente personal y sentimental. ¿Has exorcizado demonios con ellas? ¿Son una manera de soltar lastre y hacer higiene mental?

Lo son. Tenía que purgar esas cosas. «La señal» es un tema que le hice en vida a mi madre cuando luchaba contra un cáncer de pulmón. Quería irme con ella si no lo superaba. No lo hizo. La señal se convirtió en esa idea de mito inalcanzable, la cura total, el mañana, superar la enfermedad. Pero esa señal puede ser también la muerte de ambos, si no me siento capaz de seguir sin ella. El haber hecho una canción tan rotunda, tan crispada, sólo añade autenticidad al sentimiento que había detrás al componerla. Ahora, para un nuevo proyecto en ciernes, trabajamos en su lado más aseado, más country, como una especie de tributo amable a la verdadera esencia de la canción, que remitía mucho más al Mark Lanegan de aquel periodo esencial suyo entre el 98 y el 99 (Scraps at Midnight, I’ll Take Care of You). En cuanto a «1959», la letra podríamos decir que la escribió mi padre en sus memorias. Seis noches en la Dirección General de Seguridad de Madrid bajo torturas de la policía franquista. Es imposible que él como hijo de sus vivencias, no sintiera rencor. Pero no lo sentía. Logró aguantar las torturas en silencio, sin hablar. Yo, como nieto de aquella vivencia, siento mucha ira. No logro comprender cómo puede hacerse pasar a alguien por algo similar, cómo un ser humano puede ser capaz de hacer tal daño a otro. No hay razón. Esa frustración, esa incomprensión, había que sacarla. Mi padre murió en 2008, él me había hablado mucho de las torturas. Tenía que sacar esa parte, homenajearle como se merecía.

¿Dónde os encontráis más cómodos en los tiempos pausados o en los más acelerados? Te lo pregunto ya que percibo como más calado y profundidad en las baladas…Esa es mi impresión personal vaya…

En directo me siento más cómodo en los medios tiempos, y en el estudio en las canciones más crudas, me desahogo más, me meto más. Tuve muy buenas sensaciones grabando «La señal» y «1959», pero en la misma noche donde grabé esas dos, creo recordar que al final hicimos «La reina de la ciudad», y fue muy agradable esa pausa, entregarme a un tono más reposado y relajarme en un timbre más grave. Como banda, creo que estaríamos siendo más auténticos en los temas más lentos, en efecto. Lo cual, claro, hace que los directos sean permeables a la abulia de la gente, si no logramos conectar con ellos. Todo se queda como parado, como suspendido en el espacio/tiempo. Les ves mirándote fijamente, muy quietos, no aplauden, y al final te preguntas si les has conmovido o si por el contrario les has parecido un verdadero coñazo.

Jim Morrison es lo primero que viene a la cabeza al leer un titulo como «El Rey Lagarto». Pero no es así. Axl Rose parece ser la inspiración de esa canción. Leí una entrevista en que asegurabas echarle de menos.

Sí, en el 99 le echaba de menos, a pesar de que aquellos años, el 98 y el 99, fueron buenos años para el hard rock y el punk, recuerdo Powertrip de Monster Magnet, Total 13 de Backyard Babies, Through the Darkness de D Generation, el debut de Buckcherry, etc. Pero sí, echaba de menos a Axl, su manera de hacer e interpretar el rock. Un tipo que representaba en sus años de esplendor la esencia de esa parte del rock and roll que se basa en la mala leche, en el conflicto, en la testosterona. Una parte trascendental.

La siguiente pregunta es pues inevitable. ¿Te gusta Chinese Democracy? ¿Qué piensas de su estado actual? ¿Acabaron las presiones con la estrella del rock?

Me gusta Chinese Democracy, sí. Me parece un disco incomprendido. Su estado actual es cómodo, a pesar de seguir siendo un gran blanco fácil, objeto de tópicos y en general basura banal de la prensa, a la que supongo le jode que Rose no les haga ni puñetero caso. Ahora Axl se limita a girar con un grupo de tíos a los que seguramente no les gustaban Guns N’ Roses en el 91, lo cual no es gracioso, pero parece feliz de girar y mantenerse alejado del estudio de grabación, donde recibió tantas presiones para sacar su disco. Creo que el retraso en su salida lo perjudicó, pero no creo que sepamos toda la historia de por qué tardó tanto en sacarlo. Pero sí, le veo menos presionado, más a su rollo, haciendo lo que quiere, y a Universal Music Group que le den, ¿no? Eso parece querer decir. “No os voy a dar otro disco si no me dais lo que quiero”. Le respeto. En cierta forma, es de los únicos tipos del negocio a nivel mainstream que se sigue basando en sus propios códigos, siguiendo sus criterios sin importarle demasiado lo que se espere de él. Aunque, dicho sea de paso, su nula actividad discográfica me resulta exasperante.

Yo lo que echo sobre todo de menos es otra banda que lleve el rock a las listas de ventas. Que arrase y haga que los adolescentes vuelvan a pararse en un escaparate a mirar guitarras. Los últimos que lo lograron fueron Guns & Roses. ¿Habrá unos próximos o el estado de la industria y de la sociedad actual lo hacen muy difícil?

Mira, en su momento creí mucho en Pearl Jam, Black Crowes, Nirvana, etc. Pienso que esa gente vendió muchísimo y que seguían representando el rock con toda su pureza. Pero eran más minoritarios, sobre todo los Crowes. En aquella época G’N’R y Metallica vendían una barbaridad. Pero sí, los Guns eran rock, y atraían a las masas de una forma increíble. Reunían unos condicionantes que creo que es muy difícil que se den de nuevo en otra banda: eran grandes compositores, hacían las mejores canciones, y luego eran unos mendrugos adorables. Su afición por la jarana era divertidísima, y muy creíble además. Realmente estaban tocados del ala, no había nada impostado en ellos. Eran adictivos, y muy talentosos. Sumaban muchos factores que hacían que la gente sintiera una irrefrenable atracción hacia ellos. Pero es que sus discos eran buenísimos, no me extraña que vendieran tanto. Hoy en día está la copia de la copia de la copia del plagio, y paradójicamente, pese a vivir una situación financiera y socioeconómica de espanto, los cabreos de las bandas no resultan creíbles, no hay un nuevo movimiento punk sacudiendo algunos cimientos, no encuentras letristas con el grado de acidez de un Ray Davies, el hard rock ya no sé de qué habla, el folk es romántico pero ideológicamente insulso… no entiendo nada.

Cuando lees líneas como “Corazón, alma, actitud y rock & roll. No hace falta mucho más” referidas a vosotros que es lo que te pasa por la cabeza…

Una mezcla de cosas. Por una parte agradecimiento hacia quien escribe eso. Y orgullo, claro. Haber estado toda la vida escuchando rock and roll y leer que dicen eso de ti es confirmar de alguna manera que lo hemos interiorizado, que nos sale natural y que lo hemos logrado plasmar en un álbum. Es una satisfacción enorme. Por otra, da un poco de rabia no poder tocarlo más, y más fuerte. Las opciones de salir adelante son limitadas y nos gustaría que nuestra música hubiese llegado a mucha gente. No sabemos exactamente datos, creo que no son malos, y el apoyo ha sido fantástico, de gente que cree en esto, que vive con pasión el rock. Pero queda el sentimiento ese de orgullo minoritario, y luego ves las listas o pones la radio y echas de menos, no digo verte ahí, pero qué vas a ver… ¡qué vas a ver! Si no ves a Lapido o a Los Deltonos, qué vas a ver. El asunto es que sigamos teniendo ganas de tocar.

¿Que has querido decirle al comprador del CD con esos fetiches personales fotografiados en el interior de la carátula?

Nada en especial. Son algunos de mis placeres, de mis aficiones, y algunas cosas sagradas. No son artículos materiales, no los veo así, sino cosas que me apetecía que me definieran ahí. Un retrato. Reflejos de un momento. Cada uno tenemos los nuestros. Ahí está un poco del disco representado en una foto, parte nostalgia, parte ilusión, parte drama, algo de sentido del humor, los amigos, la familia… las cosas que me hacen vibrar.

Hay referencias claras también a lugares y cosas en algunas letras como la de California. ¿Eres un rocanrolero mitómano?

Completamente, sí. Tengo cosas mitificadas que temo ver derrumbarse y otras que directamente considero mitos intocables sobre los que no tolero discusión. Y California, en el año 89, el Roxy, tumultos… me parece una ideación muy seductora, aunque hay algo de ironía ahí entre líneas. Los delirios tienen su gracia. Pero sí, Estados Unidos es un lugar que tengo mitificado por la cantidad de rockeros que me han fascinado, y veo las carátulas de los discos, las fotos de los libretos, y me digo “tengo que ir, tengo que ir allí”. No sé si luego será una decepción, pero me gustaría caer por allí en un futuro. Hace unos años, es algo mucho menos glamouroso, estuve en Cork, Irlanda, y me gané unas libras (1998, antes del euro, menos mal) tocando en la calle. Bien es cierto que el que me soltó las libras estaba como una cuba, pero algo es algo.

¿Qué podemos esperar de Hotel Valmont en directo y que es lo que os gustaría ofrecer a vosotros? A veces lo que el público espera y lo que la banda quiere dar no coinciden plenamente.

Eso es, es lo que te decía antes. Podéis esperar vibraciones. Normalmente buenas. Tengo entendido que el público de la Rocksound es caliente. Pues vamos a ver si nos calentamos. Quiero que sea inolvidable. Que nos toquemos. Que nos fundamos. Y si al terminar una canción vemos a la gente quieta, como absorta, quiero tener el convencimiento de que es implicación y no desgana. Somos una banda permeable, yo soy muy permeable, y me emociono con facilidad, se me ve fácilmente cómo me siento, no logro esconderlo. Ni quiero. Las canciones son un reflejo de esos sentimientos, hay mucha implicación ahí. Y las interpretamos con intensidad, con gusto, no hay afectación. Lo que ves es lo que hay detrás. Al final lo que define nuestras contradicciones como banda y el a veces no saber llegar a la gente es lo último en lo que estoy trabajando: una versión country de Bad Religion. No sé si me explico. No todo el mundo ve eso y le gusta, pero es lo que hay. 

Primer disco en la calle. Un puñado de críticas excelentes. ¿Qué planes de futuro tienes en mente?

Arrasar Barcelona, grabar un EP de cinco temas este verano, presentarlo en Siroco el 19 de octubre tocando con el cantautor Stephen Simmons, que es un alumno aventajado de Steve Earle y creo que estaremos siendo su banda de acompañamiento esa noche, en la mitad de su set. Y luego deberíamos sentarnos en un sofá a hablar los cuatro, Bëto, Gary, Pachi y yo. A partir de ahí, seguramente arreglar un segundo disco con calma pero sin pausa, ya tenemos siete u ocho canciones nuevas sobre las que vamos a trabajar, tres de las cuales sonarán el 30 en Rocksound… y de ahí a llenar Wembley supongo que serán dos patadas. Pero nos gustaría grabar en 2013.

Para finalizar la pregunta del millón… ¿Cómo sobrevive una banda de vuestro status en la precaria situación del rock en España? Imagino que cuando se acaba la ilusión finalizan también las ganas de superar obstáculos…

Con sentido del humor, no queda otra. Alternando risas y llantos con un punto de mala leche, de ser un poco arrogantes y perseverar cuando todos los signos indican que deberíamos parar. El dinero se va mucho más rápido de lo que llega, no tenemos local, nos han prestado instrumentos, viajamos y dormimos en casas de amigos, tuvimos que reducir la promo porque no había más dinero… se sobrevive con dificultad, teniendo trabajos convencionales, no queda otra. La ilusión va y viene, en mi caso por lo menos. Puedo estar semanas sin coger la guitarra y luego de pronto componer dos o tres canciones en muy poco tiempo, y cuando salen… cuando nos juntamos a tocar… ahí vuelve todo de golpe. Y eso hasta el día que ya no quede, pero mientras siga vivo, mientras pueda, seguiré escuchando rock y sintiendo la emoción. Y tocar y cantar seguirá siendo mágico hasta que sienta que no puedo hacerlo. Hasta entonces, si cuando me siente a tocar y cantar me sigo sintiendo fino y vivo, no hay dinero ni pesar que pueda acabar con esa sensación.

MANEL CELEIRO

 

 

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