Vivos — 26 Marzo, 2012 at 0:00

Los Deltonos

 ROCKSOUND, Barcelona

Tras más de dos décadas y media de carrera no es nada descabellado afirmar que los cántabros están en uno de los momentos más dulces de toda su trayectoria. Y cuento con más de una razón de peso para establecer esta aseveración. Una, acaban de publicar un álbum, La Caja de los Truenos, que resiste cualquier comparación con sus hitos pretéritos. Un trabajo directo y adictivo que contiene un puñado de canciones que se ajustan entre su repertorio clásico como anillo al dedo. Otra, la superación del síndrome power blues. Ya no se escuchó la pasada noche de viernes en Rocksound a ningún tipo gritando desaforadamente desde la primera nota “Enfermooooo, hombre enfermooooo”. Al contrario, muchas de las composiciones más recientes eran coreadas por los asistentes con la convicción que otorga el haberlas escuchado repetidas veces. 

 

Más, la existencia de un relevo generacional entre sus seguidores. Si, estaban los de siempre pero también jóvenes que empezaron a prestarles atención con GT (Guitar Town, 2005) y que siguen ahí. En la base del escenario. Añadan su reconocida solvencia en directo. Tocaron a toda máquina, incluso los temas más pausados respiraban tensión, la química y la complicidad entre ellos funcionó a la perfección mezclando el oficio de veteranos con la ilusión de quien está en esto porqué quiere. Superadas las obligaciones y los complejos. Sin rendir cuentas a nadie. Ni tener que ceder en más concesiones que las que ellos mismos se impongan. Fusionaron puntales de su repertorio, «No Señor», la citada «Soy un Hombre Enfermo», «Nadie Me Conoce», el recuerdo a una de sus bandas de cabecera, ZZ Top, con una mayoría de  temas recientes, hasta siete de su nuevo disco, en un set que centra su mirada hacia adelante y no se ancla en recrear un repertorio complaciente para contentar y vivir de rentas. Muchos fueron los momentos en que la banda navegaba a toda vela entre las oleadas de energía que recogía del respetable y los vientos que despertaba su soberbia capacidad instrumental trazando un recital impecable que sostiene la firme sensación de que esta banda sigue sólida. Erguida y en pié. Más dispuesta al aplauso por su presente que al elogio por el pasado.

MANEL CELEIRO  

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