Segundo disco de la canadiense Miss Quincy tras Mama Don’t Like Me y, como en el primero, acertada fusión del blues, el country y algo de música fronteriza. Grabado con una banda llevada a la máxima expresión con batería, contrabajo y la guitarra de la propia Quincy, Tim Williams, productor del disco, aporta determinados elementos como el Hammond, el dobro o el violín que se nos antojan esenciales en el resultado final.
Caminando por el lado más cruel de la vida, el amor y los desengaños, Quincy construye unas canciones que, por su edad, parecen venir más de referencias externas que no de vivencias personales. A pesar de eso, es capaz de dotar esas historias maltrechas de una credibilidad aplastante que te hacen olvidar dicho aspecto. Porque en su voz queda difuminada su edad y en su actitud su aparente falta de experiencia. Otra voz femenina a tener muy en cuenta. Y ojo que en primavera estará girando por Europa.
Eduardo Izquierdo