Encuentros — 27 Febrero, 2012 at 0:00

Serie Música y Compromiso: Antonio Luque (Sr. Chinarro)

Ruta 66 sondeó a algunos de los músicos que más nos gustan para que dieran su opinión sobre los tiempos convulsos en los que vivimos, para que expresaran su punto de vista sobre el resurgimiento de la protesta popular como espejo de una indignación que traspasa fronteras geográficas y clases sociales, para que opinen sobre si música y protesta social han de ir de la mano o ignorarse. Le toca el turno a Luque. ¿Casan política y rock? ¿Deben los artistas mostrar interés social? Suya es la palabra…

 

 

 

 

¿Por qué hay reticencias a tocar esta clase de temas? ¿Por qué tocar temas sociales o políticos (y no hablo de significarse a favor de un partido, un movimiento o una ideología, sino de contar las cosas que pasan) está cada vez peor visto en el rock?

La gente quiere fiesta. Abajo y arriba del escenario. Da igual. Quieren que esa separación (el tablao) desaparezca (el colmo). Todos iguales (en la red social, en la sociedad misma, en la que no puede haber ningún privilegiado, pues unos se joden por cobardes y los demás son jodidos por estos). Es el “hemos venido a emborracharnos, el resultado nos da igual” que se canta en el estadio del Cádiz. La solución: el “chunda chunda” disfrazado, la reducción de plantilla on stage, los sedantes para elefantes, el corta y pega descarado, el Frankenstein con el que se quiere mostrar la figura del autor como muerta de asco. Me doy cuenta de que fui un visionario en los noventa. La gente culta quería artistas. El pueblo, convertido en monstruo falsamente poderoso y estúpidamente halagado por sí mismo, solo quiere bufones. Y los bufones se conformaron siempre con no ser ejecutados (y con la bebida o el tóxico de moda).

Llama la atención que haya existido un abandono generalizado de estos temas, mientras que las letras han tratado con bastante frecuencia lo íntimo, la relación con uno mismo o las complicaciones en el amor. Sin embargo, cuando se trata de hablar de los sentimientos que provoca esa inestabilidad vital socialmente causada, todo el mundo parece mostrarse un tanto saturado. ¿Por qué crees que es así? Y en tu caso, ¿por qué está clase de temas te interesan/ no te interesan para tus letras.

Las letras procuran no dejar de lado el asunto amoroso porque el amor es el fin de fiesta por excelencia. Probablemente siempre lo fue (amores de conveniencia aparte: la igualdad es un hecho –al menos al principio-). El músico no puede quejarse de inestabilidad social. Para la gente corriente ya es un disparate que se les preste atención a los titiriteros. Al fin y al cabo se puede poner música en la radio del coche. La música que lleva tiempo hecha. Para que la gente aprecie mensajes nuevos en las canciones tendría que estar esperando un cambio en su manera de vivir, tendría que estar pensando colectivamente de otro modo. Pero, a pesar de la posible seriedad de las concentraciones del 15M -un campamento siempre es un campamento-, yo creo que la gente quiere vivir como siempre: en el redil festivo bien equipado.

Es curioso, además, que cuando las presiones exteriores desaparecen, por ejemplo las de la gran discográfica, a la hora de hacer un determinado tipo de música o de tratar determinados temas para conseguir el éxito, justo cuando no hay censura, estos temas se tocan menos. La gran mayoría de vosotros no está en una multinacional y la presión del público ya no se deja notar en hacer músicas más o menos accesibles. ¿Se te ocurre alguna explicación? ¿Hasta qué punto esos retratos musicales de la realidad exterior tienen hoy validez? ¿La gente se los cree o no? ¿Es algo que necesitamos o mejor dejarlo estar?

Todos queremos gustar. Puede uno hacer música deliberadamente desagradable, pero, créeme, es muy molesto ver al público desfilar hacia la puerta de salida. Insisto: la dictadura de los “me gusta” en Facebook, por ejemplo, es peor que la de los ejecutivos de las multinacionales (a los que no tuve nunca el gusto de tratar: hablo de oídas). Y digo que es peor porque la gente de la industria dedicaba tiempo a pensar en los gustos de la gente: trataban de acertar, porque con ello ganaban dinero (los artistas también). Hoy, el mismo fan puede decirte un día una cosa y al siguiente la contraria. Multiplica ese afán caprichoso, casi tiránico, por 5000, o por 500000, si tienes fans de veras. Si haces caso estás perdido. Prometo componer como me salga de las narices. No puedo decir más.

¿Hasta qué punto percibes como algo político lo que haces? ¿Hasta qué punto se refleja en tus canciones tu visión política del mundo?

Cuanto más concreto el mensaje en mis letras más fácil es notar cómo organizo mi realidad, evidentemente. Pero no se trata de pensar en Economía o Asuntos Sociales. Al menos hasta el último disco de Sr. Chinarro. Tengo muchas ganas de grabar canciones que hice entre Ronroneando y Presidente, canciones que quedaron fuera en una primera criba porque tenían un tufillo Kabezabolo (como puso alguien en mi FB cuando publiqué en él la letra), o porque adolecían de la poesía que se me presupone full time (no es así). Si me dejan, pondré mi nombre en la portada. Tan claro tengo el asunto del dinero, las aseguradoras, la ecología, las amistades socialmente diluidas, etc. ¡Tengo un LP completo!

La gran mayoría de la gente que hace rock and roll lleva las riendas de su carrera, en muchos casos porque no queda más remedio, en otros porque así lo han elegido. ¿La búsqueda de la libertad artística es la única decisión política que debe tomar un músico o deben implicarse también en asuntos más sociales? ¿Ves la independencia y la autogestión como algo político o es algo que se hace porque no se tiene otra opción?

Cuanta más gente haya trabajando en un proyecto más lejos llegará la idea que lo mueve. Los grupos nuevos preferirían tener una discográfica. Los que dicen lo contrario mienten: tratan de hacer leña del árbol caído porque les dolió que el árbol no les acercara una rama, pero deberían pensar quiénes fueron los leñadores y no reírles tanto las gracias: los pelotas acaban siempre mal.

Esteban Hernández                    

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