Encuentros — 22 febrero, 2012 at 0:00

Secret Society, ese momento de soledad donde nacen las canciones

Ha hecho de todo Pepo Márquez: trabajar en discográficas y tocar la batería, montar el sello Grand Derby y dar luz a un cancionero que despega en su nuevo álbum, Peores Cosas Pasan en el Mar.

No suele ocurrir que, una reseña constructiva aunque no efusiva, de pie a una reveladora correspondencia electrónica. Sucedió con Pepo Márquez a raíz de mi comentario sobre su nuevo disco (Ruta288). Sus observaciones y reflexiones iban más allá de la relación creador/crítico, por lo que se imponía extender nuestra charla a lo público. Aquí está el montante completo de nuestra charla, donde el músico madrileño se explaya sobre su paso por Garzón y el encontronazo con el Superjuez, además de ahondar en sus compulsiones creativas y en ‘’ese momento de soledad donde nacen las canciones’’.  

 

 

‘’Me gustaría ver a gente como Bon Iver en mi lugar’’, decía en uno de aquellos mensajes. ‘’O a Fleet Foxes o Band Of Horses. Lo siento, a mí su música me apasiona, pero ves sus vidas y te dices que es normal que hagan buenos discos, pues pasan cinco meses grabando y no hay problema de presupuesto. No es mi caso. Pero yo no opto a ser grupo de moda. Mi concepción de mi obra se alarga mucho más en el tiempo. Porque, con todos mis respetos, yo es con esa gente con la que me mido, no con Corizonas’’.

Cuéntame cómo llegaste a la música y ésta entró en tu vida para quedarse…

Vengo de una familia donde la música no es importante. No es que no les guste: simplemente no lo consideran un bien cultural a la altura de la literatura, el cine o la pintura. Quizás por eso mis padres nunca entendieron por qué a los 13 años tenía la habitación que compartía con mi hermano forrada de posters: Sepultura, Pantera, Death, Obituary, Metallica, Queen, Guns N’Roses… Ese fue el primer paso: ser fan de muchos grupos. En el instituto, con 13 o 14 años, empecé a tocar la guitarra y a hacer canciones. En enero de 2003 o así decidí que quería un nombre para mi “grupo”, en el que sólo estaba yo. Escogí The Secret Society supongo que porque escuchaba muchísimo a Refused. Los sigo escuchando ahora, por cierto. A partir de ahí, todo lo que he hecho como The Secret Society está publicado: tres álbumes, tres EPs, un maxi de remezclas y muchas canciones en recopilatorios por ahí.

 

Diste el salto como batería en Garzón, grupo que tuvo que cambiar su nombre para evitar la ira del Superjuez, ¿no?

Empezamos con Garzón en verano de 2004, en Gijón. Yo conocí a Malela, ex Nosotrash, un día antes de nuestro primer ensayo. Ese año había conocido a Roberto Herreros, ahora en Robo, y me dijo que estaba buscando un batería para un grupo de pop político. Ya tenía decidido el nombre y la otra persona. Como yo sabía tocar y él me caía bien, fue fácil entenderse. Profundizamos en nuestra amistad a medida que avanzábamos con el grupo. La cosa es que a mediados de julio de 2006, a dos días de tocar por primera, y única, vez en el FIB, Lupe Goytre, amiga íntima y cuyo nombre figuraba como propietaria de la web www.superjuez.com, todavía activa, recibió un burofax del bufete de abogados del juez Baltasar Garzón instándola a que retirase una foto del magistrado que teníamos en la sección de la web ‘’El superjuez recomienda’’ y a la que habíamos añadido unos bocadillos, como de cómic, que salían de la boca de Baltasar Garzón y donde se leía ‘’Blah, blah, blah’’. También se daba a entender que quería que cambiásemos el nombre de la web: al parecer no le gustó a su señoría que identificáramos la palabra “superjuez” con su apellido, como si nadie lo hubiera hecho antes. El caso es que después del shock inicial decidimos por unanimidad que no íbamos a ir a juicio contra Baltasar Garzón: éramos jóvenes pero no estúpidos, aunque todos los abogados con los que hablamos nos dijeron que había caso y algunos se ofrecieron a defendernos de forma gratuita. Se puso en marcha una maquinaria sorprendente de llamadas, e-mails, consultas a letrados y demás que nos llevaron, en realidad que llevaron, porque el crédito lo merece Roberto Herreros, a desvincularnos de Garzón no cambiando la web de la banda, sino cambiando el nombre del grupo. Un caso inaudito. Además, lo haríamos en mitad de nuestro concierto en el FIB para conseguir mayor impacto. Puede verse en youtube el momento preciso aquí: http://www.youtube.com/watch?v=VVGKvXRfpwo.

 

Buena carnaza para los medios…

La cosa funcionó hasta tal punto que fuimos página entera en varios periódicos nacionales, El Mundo, El País, etc., Iñaki Gabilondo abrió con nosotros las noticias de la noche en Cuatro y la atención que recibimos se disparó de forma exagerada. Recuerdo que se montó un buen pollo en mi casa: mis padres no pillaron la gracia y se asustaron de que apareciéramos en los papeles. A partir de ahí, cuando sacamos el disco, los mismos periódicos antes mencionados pasaron por alto nuestra música y sólo se fijaban en la anécdota del nombre. Recuerdo una entrevista con El Mundo donde pretendían sacarnos en la sección Nacional y no en Cultura, con una foto de nosotros tres sujetando nuestro disco El Momento de Hacer para que se leyera bien el apellido Grande-Marlaska. No recuerdo si se llegó a hacer la entrevista. La foto desde luego que no. Lo mismo pasó con el EP3 de El País: nos propusieron un encuentro con Grande-Marlaska pero nos negamos: no teníamos nada que hablar con ese señor.

 

Eres entre otras muchas cosas batería, pero llevas dentro a un cantautor, algo no muy corriente. ¿Por qué empezaste en el sillín de percusionista?

Yo empecé primero tocando la guitarra, lo que pasa es que allá por 1998 o así empecé a tocar la batería por necesidad: en Madrid no había baterías dentro de la escena donde nos movíamos mis amigos y yo. Y los que había, venían o pertenecían a la escena heavy, siempre un peligro. El primer grupo en el que toqué la batería se llamaba Coldline, con Jero, que luego tocó conmigo en The Secret Society y ahora en Buena Esperanza. Sonábamos a Texas Is The Reason, Hot Water Music o Brandtson. No grabamos ni una sola canción. Tocamos tres conciertos y nos separamos sin comentarlo entre nosotros: después del tercer concierto no volvimos a ensayar. Con el tiempo he acabado grabando más discos a la batería que a cualquier otro instrumento, con Garzón, Grande-Marlaska, Nine Stories, Buena Esperanza y en el primer disco de The Secret Society, pero ha sido todo de manera fortuita. Disfruto mucho tocando la batería y de mayor me gustaría tocar como David de A Room With A View.

 

El haber tenido empleos ejecutivos en la industria discográfica, de las majors a las indies, ¿no te ha convencido de que es una guerra perdida de antemano crear música con total sinceridad?

No. Yo escribo música porque necesito explicarme a mí mismo, y luego, quizás, a alguna gente que conozco, el mecanismo de unas cuantas cosas que no comprendo con facilidad. Y porque quiero participar en la tarea de hacer que la vida sea mejor, más bonita y más interesante. A mí me parece que gracias a la música de gente como Songs:Ohia, Leonard Cohen, Built To Spill, Iron And Wine o Fugazi la vida es mejor, más bonita y mucho más interesante. Y en eso estoy. Nunca he escrito una canción movido por otra intención que no fuera hacer la mejor canción que estuviera en mi mano escribir. Me tomo muy en serio esa tarea. Trabajando en la música he aprendido muchas cosas a nivel empresarial. Creo que siempre es interesante acumular experiencia.

 

Dices que la gente disfruta más de los discos cuando conocen la historia que hay detrás. Por eso lees tanto de música. ¿Hasta qué punto es necesario ese contexto en un arte tan etéreo, e inexplicable, como el musical?

Una cosa es intentar encontrar la respuesta a La Gran Pregunta de “¿Para qué se escriben las canciones?” y otra muy distinta es querer conocer las circunstancias personales que llevan a unas personas determinadas a escribir canciones tan maravillosas. A mí me ayuda y me divierte saber cómo y por qué escribió Springsteen un disco como Born to Run a los 25 años o en qué situación compuso John Coltrane A Love Supreme. Me gusta la creación frente a la destrucción y no podemos tomar como iguales discos que no lo son: de acuerdo, todos contienen música, pero hay historias mucho más interesantes que otras. Un ejemplo: Eels ha resurgido gracias a la edición del libro Cosas que los nietos deberían saber porque, de pronto, un montón de gente ha descubierto que detrás de las canciones de Mr. E había una historia terrorífica de superación. También veo todos los documentales musicales que puedo: desde Adele, SFDK, Love Of Lesbian o Behemoth hasta el DVD del festival All Tomorrow’s Parties o los documentales de Low. Me interesan todos por igual porque, al final, todos, si dejamos al lado la cosa del marketing y demás, están persiguiendo lo mismo: trascender en lo que hacen.

 

¿Cómo llegaste a contactar con Nine Stories y publicaste su precioso álbum en tu sello Grand Derby? ¿No es montar un sello, tal y como está el patio, una receta para la desesperación?

Respondo por partes: montar un sello es una cosa maravillosa si se hace por los motivos correctos. Nosotros, Gran Derby Records, pues somos cuatro socios, no sólo yo, montamos el nuestro porque queríamos hacer las cosas a nuestra manera. Todos habíamos tenido experiencias discográficas previas, algunos con más suerte y otros con menos, pero teníamos claro que si queríamos tener algo de salud mental teníamos que fundar nuestro propio sello. Efectivamente, hemos ganado en salud mental, pero hemos perdido en estabilidad económica. Un mal menor, sin duda. Si bien es cierto que el modelo ha cambiado, nadie debería dejar de llevar a cabo sus proyectos por encontrarse con un contexto desfavorable. Nosotros pensamos que sí hay posibilidad de desarrollar nuestra forma de ver la música y el negocio musical, aunque nos costará mucho más trabajo ahora que hace diez años. No es que tengamos alergia por lo fácil, pero es cierto que no tenemos miedo a ninguna dificultad. Respecto a Nine Stories: es el grupo de mi mejor amigo, Nacho Ruiz, co fundador de Gran Derby Records y también miembro de The Secret Society. Yo toco la batería y hago coros en Nine Stories. Grabé el primer disco y espero grabar los siguientes.

 

El cambio del inglés al castellano es siempre un plus, por lo que representa poder entender lo que se canta y porque el autor se quita una máscara. ¿Qué te impulsó a ello en el nuevo disco?

Dejar de hacer algo que no era del todo mío. Yo hablo bien inglés, pero mi lengua materna es el castellano. Como he dicho antes, yo no escribo canciones para pasar el rato, amontonarlas y tocarlas en directo por ahí. Yo necesito que mis canciones me digan algo, esforzarme en ellas, encontrar conclusiones a las que no puedo llegar de otra forma; esa clase de líos. Si me dicen algo a mí, es muy probable que acaben por decir algo a los demás. Para poder avanzar en mi manera de escribir letras, sabía que tenía que cambiar al castellano. Y eso hice. De todas formas, ha sido un proceso gradual: en mi primer disco (2005) había una canción en castellano de doce. En mi segundo disco (2008), cinco de diez. Y en este, un pleno: diez de diez. He ido aprendiendo y aplicándome sobre la marcha.

 

Se acusa a la escena indie, la de tu generación, de reintroducir una cierta sensiblería sentimental en el pop, casi como revulsivo al esperpento del rock desde los noventa. ¿Cómo te defiendes de esa idea?

No me veo reflejado en esa supuesta “escena indie”. Nos hemos alineado con algunos grupos a lo largo de los años por amistad pura y dura, no por estética: Big City, 3 Mellizas, Bélmez, Tresestrellas… Creo que no encajamos de forma clara en ningún sitio y, si bien en muchos casos es un lastre, también es verdad que no nos importa. Que eso es algo en lo que sólo nos fijamos cuando ha pasado. Si lo de la sensiblería sentimental se refiere a las letras, entiendo que se diga de grupos como Corazón, Me Enveneno De Azules, Amaral o incluso Vetusta Morla. De nosotros, no.

 

Hablas de Bon Iver, Fleet Foxes o Band Of Horses, como referentes. ¿Con quién te identificas en la escena estatal?

En realidad no lo sé. Creo que con nadie de forma clara. Sólo puedo hablar de gente que me gusta. Y me gustan muchos grupos de aquí, al margen de los que sacamos en Gran Derby Records: Lisabö, Nueva Vulcano, Tórtel, Alondra Bentley, Big City, Gabriel Y Vencerás, Standstill, Wild Honey, Carasueño… Pienso que lo único que necesitamos grupos como el nuestro es oportunidad. La oportunidad de poder dedicarnos a tiempo completo a una actividad que sigue considerándose como una broma. Si en lugar de esto hiciera cortos, estaría tan subvencionado que no tendría ni que comprarme zapatos nuevos. Una pena.

 

Dices haber tomado decisiones que te apartan de la vida normal. ¿Es necesario, o necesariamente productivo, ese sacrificio?

Dije que, con el paso de los años, voy viendo cómo la gente de mi generación, ex compañeros de instituto y de universidad, han ido por un camino mucho más “lógico” que el mío. La mayoría tienen vidas más o menos estables, familia, incluso niños. Tienen posesiones, y por supuesto muchas más ataduras, y tienen planes a largo plazo. Yo no. A mí el mundo se me para si me olvido el cuaderno donde apunto todas las frases que se me van ocurriendo a lo largo del día y que, con suerte, acabarán en alguna de mis canciones. Si le contase esto a alguno de esos ex compañeros probablemente me tomarían por loco. No lo veo como un sacrificio puesto que no he sido consciente de cómo se iba dibujando mi trayectoria: me he dejado llevar en la mayoría de las ocasiones. Eso tiene un punto de inconsciencia que es incompatible con el estilo de vida más tradicional. Yo necesito tranquilidad para poder ser efectivo: un horario un poco particular, de los de levantarse con el sol y acostarse después de la una de la madrugada, leer en silencio, escuchar tantos discos como pueda, trabajar mucho delante del cuaderno, comer a horas europeas, comer sano, no beber… Es evidente que no es productivo porque no vivo de esto y no tiene pinta de que vaya a vivir de esto. Sólo he ganado en inestabilidades. Pero no lo sé hacer de otra forma. Aunque no dudo que exista otra forma.  

 

¿Cuál es la canción de Peores Cosas Pasan en el Mar que crees resume todo lo demás, la que le pondrías a quien no conozca el disco? ¿Y por qué?

Creo que el disco gira, sin premeditación, en torno a «Las Pistas Falsas Conducen al Desamor». Es el resumen en tres minutos de un fracaso sentimental. Yo pensé que sólo se refería a mi fracaso sentimental, pero desde que salió el disco no ha habido semana que no nos hayan escrito diciendo: “Esa canción parece que hable de mi vida”. En realidad es penoso que todas las vidas se parezcan tanto cuando nos creemos que somos únicos y especiales.

 

El final con «En la Sala del Guernica» resulta ejemplar, por atreverse a dejar atrás lo íntimo para encarar lo colectivo, algo poco habitual en nuestra escena pero cada vez más necesario. ¿Cómo surgió la canción?

Precisamente por querer apartarme del yo, yo, yo, yo. En el próximo disco no habrá yo, o habrá muchos diferentes. Envidio cómo muchos cantantes norteamericanos son capaces de contar historias de otros, en especial Bob Dylan y Bruce Springsteen en Nebraska. En el momento en que surgió esa canción yo estaba buceando en el nuevo disco de PJ Harvey, Let England Shake, y leía mucho sobre él: sobre cómo PJ había sentido la necesidad de escribir algo que no le hubiera pasado a ella, de cómo quería servir a su país, de cómo no quería que se perdieran historias que había escuchado de sus abuelos… A mí eso me dio que pensar. Lógicamente, yo no tengo la trascendencia nacional que tiene PJ en su país, pero sí he tenido abuelos, lamentablemente ya no me quedan, y sí me contaron historias de la Guerra Civil. Quería recordar, en especial, a mi abuelo paterno. Me contaba que él esquiaba desde joven y que una vez, en Navacerrada, tuvo que enterrarse en la nieve para que no le encontraran y le mataran. Cosas así. Quizás tengas razón con lo que decías en la pregunta sobre la temática general de las canciones de mi generación. Quizás sí que deberíamos esforzarnos por dejar de hablar de nosotros mismos y hablar en plural para llegar a conclusiones que hagan de este tinglado algo mejor.

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