Encuentros — 28 Febrero, 2012 at 0:00

Dawes, rock bajo el sol de Los Ángeles

Cuando, en julio de 2011, debutaron en España de la mano de Jackson Browne, pocos aquí sabían de ellos exceptuando, claro está, los descubridores de tesoros habituales. Medio año más tarde, son una de las sensaciones de la temporada. Con un segundo disco bajo el brazo planchado por un productor en alza (Jonathan Wilson) y puesto en circulación por una discográfica habilidosa (ATO), los californianos están empezando a abandonar su condición de ‘grupo promesa’ para avanzar posiciones en el pelotón.

 

Nothing Is Wrong, meritoria tesis de rock americano con toques de country-rock soleado —algo así, para quien no los hay pinchado, como un cruce entre Jackson Browne y los Flying Burrito Brothers o Tom Petty y los Eagles—, no es el disco perfecto que todo el mundo dice (adolece de falta de nervio y en determinados momentos se desvela demasiado anclado a los referentes que toma prestados), pero, aún así, encierra un puñado de adorables canciones —de esas que escuchas una y otra vez— y está claramente por encima de la media. Aprovechando que regresan a nuestro país (Madrid, El Sol, 29 de Febrero; Valencia, El Loco, 1 de Marzo; Vigo, La Iguana Club, 3 de Febrero) vía Heineken Music Selector, Taylor Goldsmith contesta nuestro cuestionario. El líder del cuarteto niega el supuesto resurgir musical de Laurel Canyon y, preguntado por sus influencias, demuestra tener buen gusto citando a Gram Parsons y Warren Zevon.

¿Es Nothing Is Wrong un disco de rock o el trabajo de un singer-songwriter?

Es un disco de rock. El producto de una banda. Nos gusta pensar que todos estamos representados, que tanta importancia tienen las letras o las canciones como los desarrollos con el bajo, la batería o los teclados.


La prensa dice a menudo de vosotros que sois una banda de rock de Laurel Canyon. ¿Refleja esa etiqueta la realidad? ¿Existe de verdad el llamado revival de la Costa Oeste o es sólo una fantasía de críticos y fans?

Es más una fantasía. Nosotros no vivimos en Laurel Canyon y no pasamos demasiado tiempo allí. Es un lugar maravilloso. Tiene una historia riquísima, pero ya terminó. Hay un montón de buena música haciéndose en Los Angeles, pero Laurel Canyon ya no tiene un papel destacado en la ecuación. Entendemos naturalmente que se utilice esa etiqueta para describir un sonido, pero hoy día no constituye una escena.


Jonathan Wilson ejerció de productor. ¿Qué os aportó y qué tiene el hombre que todo el mundo parece querer trabajar con él?

Tiene mejor gusto que cualquier otra persona que hayamos conocido y su estudio es de una calidad inspiradora. Trabajando con él nunca tienes que preocuparte por las mezclas, la afinación o lo que sea porque con lo que tiene allí hace un trabajo fabuloso.


Has dicho que Jackson Browne es uno de tus héroes. ¿Qué te atrajo de su música y con qué títulos de su discografía te quedas?

Me gustan muchos aspectos de su música, pero lo que me cautivó inicialmente fueron las letras. Alcanza con las palabras una profundidad que, en mi opinión, no ha sido alcanzada por ningún otro compositor. Late For The Sky es uno de mis discos favoritos de siempre.

Jackson puso voces a «Fire Away». ¿Cómo terminó colaborando con vosotros y qué es lo que más te impactó de trabajar con él?

Jonathan y Jackson son amigos y Jonathan hizo que la colaboración ocurriera. Grabamos a Jackson en una sola toma y esa línea del final fue idea suya. Fue increíble escucharle cantar una melodía que eren tan inconfundiblemente suya que nadie se preguntaría quién la estaba cantando.


«Million Dollar Bill» incluye algunas harmonías que recuerdan las de los Eagles. ¿Hasta qué punto los juegos vocales son importantes para los Dawes y qué piensas de la banda liderada por Don Henley y Glenn Frey?

Algunas veces las harmonías lo son todo. Te dan la canción. Otras ni siquiera forman parte de ella, como en «A Little Bit Of Everything». Somos grans fans de los Eagles y los consideramos unos de los mejores ejemplos de la historia en cuanto a harmonías se refiere.

«If I Wanted Someone» sugiere un sonido más guitarreo reminiscente de Neil Young y los Crazy Horse. ¿Son ellos también una influencia y es esta una dirección hacia la que os dirigiréis en el futuro?

Son una influencia, sin duda, pero no pensamos mucho hacia dónde nos dirigimos ni tomamos ese tipo de decisiones. Dejamos la música nos dicte el camino.

Robbie Robertson os contrató como banda de acompañamiento para algunos bolos ¿Qué tal resultó la experiencia?

Verdaderamente increíble. Como Jackson, Robbie es uno de nuestros héroes, con lo cual el hecho no sólo de que estuviéramos bajo su presencia o de que compartiéramos escenario con él sino de que reconociera nuestra música fue un honor que no se puede traducir en palabras. 

¿Cuál es la locura más grande que os ha ocurrido en la carretera y qué memorias tienes de vuestra gira española con Jackson del pasado verano?

No tenemos historias de carretera particularmente excitantes. Sólo mal tiempo, equipos de sonido rotos, salas vacías y salas llenas. Girar por España con Jackson fue unas de las mejores experiencias de nuestras vidas y nos sentimos afortunados porque no se nos ocurre una mejor manera de habernos dado a conocer ante el público de aquí.

 Para terminar, me gustaría saber la opinión de tres fantásticos singer-songwriters establecidos en Los Angeles cuya música mereció más atención en sus días. El primero es Gene Clark.

Todavía tengo que meterme a fondo con él.

El segundo es Gram Parsons.

Tengo casi todos los discos que hizo y me gustan todos. Su influencia en bandas como los Rolling Stones es más que evidente y fascinante.

El tercero es Warren Zevon.

Uno de mis compositores favoritos de todos los tiempos, si no el que más. Tengo cada disco que publicó y a menudo cito «The French Inhaler» como la mejor canción jamás escrita.

JORDI PUJOL

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