Papel — 11 julio, 2011 at 0:00

Ladrón, La Mocopandilla / El Señor de los Caramelos

Efigies, tótems sagrados, iconos del rock y familias enteras e incluso formas de vida no se le resisten. Ladrón avanza armado con artillería de ingenio y sin fisura alguna a por todas. Su implacable ojo detallista observa cosmológicamente todo lo que ocurre y lo más importante lo que transcurre tras la superficie aceptada por la sociedad en hipócritas pseudo claves de la misma, llena de esa repugnante doble moral. Mundos simbólicos son los que Ladrón construye para destruirlos. Luego da la impresión que se carga, tal es su talento si se le antoja, lo divino y sacrosanto, (y eso antes de desayunar), actitud punk en 2D. Si no fuera por su meticulosidad a la hora de trabajar con pincel (como no, analógico), se cargaba la civilización entera esta criaturita como si de un villano de Mega City 2 se tratara. Nuestro hombre, (literalmente), vandaliza la realidad y lo imaginado cargándolos todo lo que puede, con un vasto arsenal de tótems de anti programación.

 

Esto no tendría más merito si no fuera por lo detallista de sus viñetas saturadas de venéreas imágenes, fuera de este país este género es descrito con un merecidamente respetado termino Lowbrow art. Ladrón es un heredero europeo de tal concepto continuando esta estética que no toma si no que escupe a sus prisioneros. No está en el ojo del huracán artístico si no que lo es, la evidencia? Que tal lo mercurial de cada panel invertido de detalles sin fin….En ambas obras La Moco pandilla y El Hombre de los Caramelos (algo así como un Superfly descrito e introducido en la cultura por el gran Curtis Mayfield pero encontrado en planetas aun por descubrir en el Ladrón remix-anticipen) supura la mala leche procedente de esos susodichos planetas. Entre la deliciosa elasticidad gelatinosa verde moco del Caballo de Troya hacia el subconsciente del lector, que suponen estos dos volúmenes de infiltración hacia dentro de percepciones personales, el simbolismo habita tanto espacio que los universos del dibujante no tienen tanto que ser sostenidos o alimentados por sol y naturaleza sino mas bien por divertida simbología a descodificar y que Ladrón utiliza enriqueciendo sus salvajes mundos. Las historias son contadas por alguien cuya capacidad innata de relatar contenidos más allá de lo convencional o del llamado buen gusto hace que podamos pensar que Ladrón es capaz de incrustar una esvástica en una tortilla de patatas y hacerla un golem transgresivo sin límites, tiene ese ingenio. Como los bluesmen lo suyo es natural, y no es capaz de parar, ni quiere ni necesita ayuda a modo de manifestar sus venéreas imágenes. Estas contienen afiladas observaciones, se tiene que ser muy inteligente para sublimar la cotidianidad en semejante serie de salvajadas aun viviendo en un mundo salvaje. Son kinéticas observaciones en torno a la sociedad y a través de la Moco pandilla o el Señor de los Caramelos (genial en sus varias manifestaciones como si hubiera pasado por este planeta- hasta en hieroglíficos….un momento…pero si esta aquí…). Hay momentos como cuando, sin arrebatar conclusiones o ingenio a la narrativa, Iggy Pop (a quien Ladrón asesina vilmente), mira al lector fijamente agarrando una jeringa gigante, o los Sex Pistols están con sus dos managers, uno reconocido oficialmente por la historia, el otro, el Señor de los Caramelos, no, aquí hay pruebas de que él estuvo allí, le vemos con la banda y sosteniendo el gran LP de los Pistoleros, la palpable historia de rock n roll aun mas subvertida se encuentra aquí. Son momentos que subliminalmente aparecen como ave fénix o caballo de Troya que representan La Moco pandilla y El Señor De los Caramelos y parece planear ese hito de Fuck em if hey Can’t take a Joke….

En esta época mediocre de las medias tintas Ladrón solo puede ser admirable por atreverse a reconfigurar y transgredir a intervalos matemáticos. Quizás la pregunta sea si el Sr. Caramelo o la Moco pandilla (genial la simbiosis Lowbrow/ Nietzscheana de la misma) cual es el más representativo alter ego de Ladrón en su cruzada particular, y esta siempre se siente como muy personal los objetivos del dibujante, sin duda alguna imprimiendo subversión expansivamente y ambicionando llegar a todas partes como si de elasticidad de enfermiza mocosa se tratara en fase Art brut mas que brutaloide. Es un logro que, aunque el formato 2D lo pueda limitar, este creador pueda traspasar los límites de su elegido formato con una lujuria de declarado amor absoluto por sus personajes. Hay un término en el mundo del comic: Eyecandy, se designa a lo imposiblemente idealizado, esas mujeres arquetipo, esas arquetípicas narrativas y mundos.

Ladrón detona tal concepto habilitando áreas de conexión para su lector.

Continuará….

Tony Sanders

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