
Inesperada ciudad irreal: Braga. Los versos de T.S. Eliot agrietan la postal portuguesa a través de Wasteland, el cuarto álbum de Travo —el proyecto psych rock de Gonçalo Ferreira (guitarra, voces), Gonçalo Carneiro (guitarra), David Ferreira (bajo) y Nuno Gonçalves (batería)—. Grabado en ARDA Recorders (Oporto) junto a Jaime Arellano (Ghost, Ulver, Behemoth), el álbum abraza la realidad, lo terrenal, frente a la fantasía a la que nos tenían acostumbrados con Sinking Creation (2022) o Astromorph God (2023).
Bajo la dureza de su sonido, los portugueses mantienen la psicodelia que les caracteriza, solo que orientada esta vez hacia nuestro tiempo y sus sombras. Hablamos con ellos de la posibilidad aun así de algún rayo de sol, mientras degustamos el lanzamiento del disco hoy, 2 de octubre.
Aunque Wasteland ya existe, todavía queda cerca de un mes para que vea la luz. ¿Cómo os sentís? ¿Estáis llevando bien la espera?
Hemos tenido la oportunidad de ir tocándolo en directo durante los últimos meses, así que bastante bien: estar ocupados con conciertos, sentir que la máquina no para, ni siquiera nos deja pensar en la espera.
El disco se abre con el deseo frustrado de ver el sol, ¿qué encontraremos además de oscuridad en Wasteland?
Ese deseo incansable de ver el sol va a seguir presente en el resto del disco, pero el tema y la sonoridad general van a estar siempre muy orientados hacia la oscuridad.
¿Qué os llevó a inspiraros en The Waste Land de T. S. Eliot? ¿Supuso un reto trasladar su forma fragmentaria al disco?
Desde el principio ya sabíamos de qué queríamos que tratara. Queríamos que fuera mucho más realista y centrado en la realidad que vivimos que nuestros trabajos anteriores, mucho más basados en mundos de fantasía. La inspiración en el poema The Waste Land, por eso, nos sirvió más como un vehículo para estructurar los temas de las canciones. Nunca quisimos hacer una adaptación demasiado literal ni conceptualmente densa, ni sentimos que tuviéramos la legitimidad o los conocimientos literarios necesarios para hacerlo. Así que podemos decir que el disco está solo vagamente basado en el poema.

Hablamos de un poema lleno de referencias ocultas, ¿diríais que el álbum se presta también a ser descifrado?
No; o, al menos, al nivel del poema, no. Claro que utilizamos algunas imágenes surrealistas en las letras, e incluso los instrumentales tienen partes más desafiantes para el oyente común, pero nada que se compare con el poema y con la forma fragmentada y casi encriptada en la que está escrito.
En una entrevista decíais que vuestro sonido se consolidaría aún más en el disco que siguiera a Astromorph God. ¿Sentís que, finalmente, ha sido así? ¿Cómo percibís la evolución?
Sentimos que estamos lo más cerca que hemos estado nunca de una sonoridad cien por cien nuestra. Mirando –y, en este caso, escuchando— hacia atrás, creemos que la evolución ha sido fantástica. Estamos felices con lo que hemos conseguido hacer, con el tipo de música que somos capaces de componer y presentar en directo hoy en día.
Habladnos de la frenética Sleeper, ¿cómo fue el proceso de componerla?
No muy diferente al proceso que siguieron las demás. La idea del estribillo surgió durante una sesión de composición en una especie de residencia que hacemos fuera de nuestra ciudad varias veces al año, con el objetivo de crear música nueva. De ahí pasó a la sala de ensayo, donde desarrollamos la estructura e intentamos entender qué tenía sentido. Curiosamente, la intro fue lo último que añadimos, se hizo el mes previo a la grabación del disco.
Vuestra potencia, velocidad, psicodelia… ¿no contrasta con el apacible paisaje de Braga? ¿Cómo sentís allí la escena rock?
Claramente, nuestra música contrasta con la escena de Braga: hay poco rock, pocas oportunidades para los músicos nuevos, no hay salas de ensayo, poco apoyo… Al final, todo acaba recayendo siempre en los mismos.
Lleváis todo el verano de gira, ¿queda algo que, aunque os gustaría, no os haya pasado aún en un concierto? ¡Esperamos veros pronto!
Todo lo que esperábamos ha ido sucediendo: desde grandes escenarios hasta buenos públicos, buenos pogos y buenas ventas de merch… Todo ha sido un sueño hecho realidad, pero tenemos hambre de más: de escenarios más grandes, de poder hacer giras en mejores condiciones… Sentimos que estamos subiendo una escalera, que todavía no nos hemos detenido y que hemos ido dando pequeños pasos hacia una mayor sostenibilidad de la banda.
Texto: Sara Moa
Fotos: Francisco Gaspar






