Encuentros

Sananda Maitreya, “la música y yo somos una misma cosa”

Sananda Maitreya regresa a España en octubre con The Sugar Plum Pharaohs. Lo hará después de más de dos décadas sin visitar nuestro país y con tres conciertos que le llevarán al Teatro Principal de Donostia el 23 de octubre, a la Sala Changó Live de Madrid el día 25 y a La (2) de Apolo de Barcelona el 27.

Su historia artística está marcada por la independencia y por una búsqueda constante. Desde sus primeros trabajos, Maitreya ha construido una obra difícil de encerrar en una sola etiqueta. Rock, soul, pop, blues, góspel, jazz e incluso elementos de música clásica conviven en una trayectoria que ha ido alejándose progresivamente de las convenciones de la industria. Como compositor, productor, arreglista y multiinstrumentista, ha asumido buena parte del control creativo de sus grabaciones.

La dimensión de esa evolución se entiende al repasar una discografía que comenzó en 1987 y que incluye trabajos como Introducing the Hardline According to Sananda Maitreya(1987), Neither Fish Nor Flesh (1989), Symphony or Damn (1993) y Vibrator (1995), antes de adentrarse en una extensa etapa de producción independiente durante el nuevo milenio. En ella aparecen proyectos como WildCard! (2003), Angels & Vampires (2007), Nigor Mortis (2009), The Sphinx (2011), Return to Zooathalon (2013), The Rise of the Zugebrian Time Lords (2015), Prometheus & Pandora (2017), Pandora’s PlayHouse (2021) y The Pegasus Project: Pegasus & The Swan (2024).

Ahora vuelve a Europa con un repertorio que conecta distintas etapas de esa trayectoria. «Sign Your Name», «Dance Little Sister», «Delicate» o «Wishing Well» convivirán con material más reciente en unos conciertos planteados junto a The Sugar Plum Pharaohs como una revisión de pasado y presente.

Hablamos con Sananda Maitreya sobre cuatro décadas de música, la necesidad de mantener el control sobre su obra, su particular concepción del rock y el momento creativo en el que se encuentra actualmente.

Tras la gira por el Reino Unido que dio lugar al álbum en directo SMNUK’25! (Shepherd’s Pie) ¿cómo te sientes ante el reencuentro con el público español?

Reconectar con nuestro público español es importante para mi espíritu. A estas alturas de mi vida, solo salgo de gira para compartir con quienes aprecian lo que representa mi trabajo. No hay otro propósito para mí que satisfacer esa necesidad de conexión que tienen todos los verdaderos artistas sobre un escenario. Aunque quizá no tengo tantas ganas de reencontrarme con aquel hombre que venía al menos a un concierto en España en cada gira para recordarme que no era Michael Jackson. Nunca entendí por qué eso parecía tan importante para él, pero esperamos que la vida le esté tratando bien.

Tus conciertos suelen reunir canciones de distintas etapas de tu carrera ¿Cómo decides el equilibrio entre el material clásico y el más reciente?

Mi decisión es una meditación en sí misma. Dejo que las ideas maduren y empiezo la lista con las canciones que más insisten en estar incluidas esta vez. Después las organizamos de la manera que mejor fluya y se sienta. Sinceramente, es la parte más difícil del proceso porque he grabado y publicado más de 300 canciones. Por eso dejo reposar las ideas durante un tiempo antes de sentarme a empezar el trabajo de selección.

The Pegasus Project: Pegasus & The Swan comenzó como una idea mucho más sencilla antes de convertirse en una obra mucho más ambiciosa. Mirando atrás ¿qué te enseñó ese viaje creativo?

Si me enseñó algo fue que, cuando tengas dudas, simplemente sigue adelante. Al final siempre acabamos alcanzándonos a nosotros mismos. Cuanto más largo y complejo es el viaje, mejores son las historias y más textura adquieren nuestras experiencias. A menudo me he engañado para emprender proyectos enormes haciéndome creer que serían pequeños y simples. Pero también he aceptado que, por naturaleza, soy una persona de grandes proyectos. Siempre he sido muy ambicioso; es algo más grande que yo.

Han pasado décadas desde Introducing The Hardline According To Sananda Maitreya y los discos que vinieron después ¿Cómo ha cambiado tu relación con esas canciones al interpretarlas hoy?

Sí, mi relación con esas canciones ha cambiado. Ahora existe suficiente distancia para apreciar lo bien construidas y meditadas que estaban para alguien tan joven y tan visionario. De hecho, si he de decir la verdad, hoy sentimos auténtica admiración por aquella persona. Es nuestro héroe, quien hizo posible nuestra vida y que después murió para renacer como Sananda Maitreya. Su muerte no fue por voluntad propia, pero comprendió la misión, dejó sus semillas y se marchó para permitir que los manzanos crecieran a su debido tiempo. Árboles que dieron fruto en forma de rock posmilenio y de la vida que hoy tenemos la fortuna de vivir.

La caja JUVENILIA: The Columbia Years revisita tus primeros álbumes con nuevas remasterizaciones y material de archivo ¿Cómo fue regresar a aquella etapa desde tu perspectiva actual?

No fue fácil, desde luego. Volver a la “escena del crimen” tiene un profundo componente psicológico que exige un ajuste emocional para poder procesarlo adecuadamente. A veces puede sentirse como una intrusión en tu realidad presente, algo incluso incómodo. Pero cuando este proyecto llegó a nosotros estábamos más preparados que nunca para afrontar las consecuencias de nuestras visiones creativas y de nuestras acciones.

Muchas canciones adquieren nuevos significados con el paso del tiempo ¿Hay alguna que hoy entiendas de una forma completamente distinta a cuando la escribiste?

No necesariamente hay una que destaque por encima de las demás. Pero con frecuencia nos sorprende hasta qué punto nuestras letras parecían anticipar nuestro propio futuro. Nos hemos preguntado muchas veces: “¿Pero cómo podía saber esto?”. Especialmente Neither Fish Nor Flesh fue como entrar en el prólogo de la vida que vendría después. Era una introducción a la existencia a la que tendríamos que morir para poder alcanzar otra vida nueva. Pero nosotros no creamos solos. Creamos con las estrellas, con el pasado, con el presente y también con el futuro, que no es más que un presente impaciente presionando sobre nosotros.

A lo largo de los años has construido una obra muy extensa y personal ¿Te sientes ahora más libre creativamente que en cualquier otro momento de tu carrera?

Es seguro decir que toda nuestra vida nos pertenece más que nunca. Soy un nativo indígena americano cuya tribu Sioux Nansemond de los Bosques Orientales fue prácticamente exterminada. El espíritu ancestral de nuestros antepasados rechaza profundamente que alguien ajeno a nuestro propio espíritu dirija nuestro destino. Nuestra identidad fue despojada por los colonizadores y sustituida por otra que encajaba mejor en su narrativa. Eso explica por qué siempre he permanecido tan fiel a mis propias visiones. Procedo de un pueblo de visionarios que observó cómo todos los demás llegaban en barcos, mientras a nosotros se nos decía que todos veníamos de África. El mundo entero tiene una enorme deuda con África, pero nosotros no somos africanos ni afroamericanos. Somos estadounidenses originarios, sin guiones ni barcos. En cualquier caso, creemos que nuestro mejor trabajo como artistas suele ser el más personal. Yo soy un chef, no un cocinero; mi menú sale de mi corazón, no de un libro de recetas. Y ahora mismo es, sin duda, el mejor momento de mi vida. Puedo vivir de forma auténtica como artista, sin responder ante nadie salvo nuestra musa. Es el sueño de cualquier creador. Me considero muy afortunado.

La conexión entre música, espiritualidad e imaginación atraviesa a menudo tus letras ¿Siguen siendo elementos centrales de tu proceso de composición?

Lo que más confiamos es en nuestra musa. Ella es el proceso y le entregamos todo nuestro espíritu. Además, yo no veo ninguna separación entre la música y lo que somos. Según mi forma de verlo, fuimos creados específicamente para servir como vehículo a través del cual la música pueda expresar sus posibilidades. Nos vemos como una de sus muchas voces. Mis conflictos nunca han sido con la música, sino con las compañías discográficas y con las interpretaciones ajenas de la vida. Para mí, la música es fácil. La vida es la difícil. La música y yo somos una misma cosa. La vida y yo no siempre. La vida es el caballo que a veces tiene sus propias ideas sobre a dónde quiere ir, pero la música y yo siempre cabalgamos en la misma dirección.

 

Existe una gran química sobre el escenario entre The Sugar Plum Pharaohs y tú ¿Qué aporta la banda a la forma en que presentas tu música en directo?

Es un privilegio trabajar con músicos maravillosos que hacen realidad mis ideas. Yo creo nuestro universo en el estudio, pero cuando presentamos nuestra obra en directo estos extraordinarios caballeros nos ayudan a transformarla de una experiencia tridimensional en una experiencia de cuatro dimensiones.

Cuando nos reunimos para ensayar, ellos se convierten en mi principal instrumento para afinar el momento. Fumamos juntos, tomamos algunas cervezas o un capuchino y contamos historias exageradas sobre nuestras andanzas. Les encanta escuchar anécdotas de las interminables aventuras de nuestra juventud descarriada pero emocionante. Valoramos mucho esa química que tan amablemente has señalado. Y ayuda mucho que, además de grandes músicos, sean personas extraordinarias.

Tras completar la trilogía formada por Prometheus & Pandora, Pandora’s PlayHouse y The Pegasus Project: Pegasus & The Swan, ¿hacia dónde te gustaría que te llevara tu próxima aventura musical?

El próximo proyecto se titulará Pigeon Ballet. Los nuevos proyectos siempre se anuncian antes de que termine el anterior. Así ha sido siempre para mí. Yo solo soy el recipiente, no el viento que sopla a través de él. La mayor parte de las piezas principales ya están escritas. Solo esperan ser arregladas y producidas. Me gustaría empezar durante el primer trimestre de 2027, pero será el viento quien nos diga exactamente cuándo. Mientras tanto, he participado en una grabación para British Electric Foundation junto al legendario productor inglés Martyn Ware, que colaboró conmigo en mi primer álbum, The Hardline. Produje dos canciones con él y estamos muy orgullosos del resultado. También colaboramos con Ian Paice, batería de Deep Purple, en un magnífico proyecto que reunió junto a varios amigos legendarios del mundo de la música. Pero Pigeon Ballet nos entusiasma enormemente y esperamos poder dedicarnos a él muy pronto. Y permitidme añadir que nuestras raíces ibéricas nos impulsan siempre a estar en nuestra mejor forma cuando tocamos para el público español. Nunca deja de ser un privilegio y hemos echado muchísimo de menos vuestra compañía. Estamos deseando volver a veros. Y que, mientras tanto, la misericordia del cielo os bendiga y os proteja a todos.

Eduardo Izquierdo

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