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Visor Fest – Marina Norte (Valencia)

MÚSICA PARA UNA CIUDAD

 

Manic Street Preachers

 

 

Desde hace años se ha instalado en nuestro país que el rock está generacionalmente superado. Así se han ido aceptando de manera acrítica la llegada de otros estilos, algunas de ellas bien promocionadas por la industria musical, para dar carpetazo a todo lo que fuera rock and roll, sin dar posibilidad al siempre necesario mestizaje. Aunque éramos muchos los que negábamos ese análisis, el retorno de Oasis con una gira mundial que ha reunido a millones de personas nos ha ayudado a volar por los aires ese argumento interesado, demostrando que el rock and roll sigue vivo.

Antes que los hermanos Gallaguer decidieran reencontrase, ya había gente que apostaba por seguir programando grupos que han marcado buena parte de la música popular reciente, y que siguen mirando hacia delante. Ahí es donde una fórmula como la del Visor Fest encaja como un guante. Durante los días 25 y 26 de septiembre a nadie le extrañó que apenas sonaran canciones del siglo XXI en La Marina de Valencia. Pero, por encima de todo, esta sexta edición fue testigo de cómo uno de esos grupos que nunca acapararon grandes titulares en los años del britpop se ganaban el corazón del público, con un Martin Rossiter —líder de Gene y de todas las almas sensibles del indie— en plenas facultades. Ya le gustaría a Morrissey firmar una actuación como la suya.

Ni siquiera Ride después, que levantaron un impresionante telón ruidoso, desafiando así la ridícula limitación de sonido impuesta por el ayuntamiento, ni el día anterior los irreverentes y eternos The Damned, pudieron competir con la temperatura emocional de Gene en el que fue su primer concierto en España en más de un cuarto de siglo.

El festival tuvo un inesperado acompañante: el sofocante calor húmedo, más propio del verano que del último fin de semana de septiembre. Dave Faulkner, de Hoodo Gurus, al ver que el sol se hundía al fin en el puerto y le daba una pequeña tregua a su sudada frente, se acercó al micrófono y gritó: “The sun is gone!”. Pero mucho peor aún fue comprobar cómo la música pachanguera de las discotecas de la zona se colaba en el recinto como un invitado no deseado. Un incordio y una falta de respeto que en más de una ocasión llegó a afectar a los propios artistas.

The Wannadies, por ejemplo, se vieron obligados a interpretar su gran himno «You and Me Song» con el chunda-chunda que atronaba en uno de los beach club. Con semejante ruido, no parecía que en estas discotecas se tuvieran en cuenta las restricciones acústicas municipales (a 85 decibelios de día y 80 de noche). Los DJ también padecieron un mediocre sonido, de modo que había que acercarse al escenario para poder disfrutar en condiciones de la música. Afortunadamente, en su franja más nocturna el festival pudo seguir con relativa normalidad y el volumen mejoró.

Como ya es habitual en el Visor Fest, los conciertos duraron más de una hora, no hubo solapes ni grandes aglomeraciones en las barras y en los puestos de comida. Todo está a tiro de piedra y solo cuenta con un único y hermoso escenario. Ya se sabe que, casi siempre, menos es más. Si no te apetecía estar de pie, podías sentarte en la hierba a tomar una cerveza o seguir el concierto en las gradas del fondo. Esto fue la cara. La cruz fue que la teclista de The Wannadies, Cristina Bergmark, se convirtió en la única mujer en subirse al escenario. Su soledad fue clamorosa a diferencia de otras ediciones, por lo que urge mejorar esta cuestión para ediciones futuras.

Viernes 25 de septiembre

Camisas chillonas, voces con preciosas armonías y guitarras brillantes. Cuando salieron los Hoodo Gurus, una gran cola avanzaba lentamente en el exterior del recinto. En el interior, los rayos de sol quemaban los cogotes del público. “I don’t want nobody, / I don’t want no-one if I don’t have you” cantaba el líder de la banda australiana, desempolvando así un catálogo que osciló entre el powerpop, el garaje, el pop y el rock and roll: las señas de identidad de los Hoodo Gurus. Dave Faulkner mantiene aún un sorprendente timbre juvenil para una banda que musicalmente tampoco parece envejecer. Con el último trabajo, Chariot of the Gods (2022), pueden presumir de su vigor. Para cuando llegó el glorioso estribillo de «Come Anytime», cantada a tres voces, el sol empezaba a esfumarse y el cielo cambió de color. Fue una bonita estampa. Un concierto enérgico, refrescante y con los clásicos dinosaurios de la banda australiana acompañando su actuación en la pantalla trasera.

Hoodoo Gurus

Los fans de New Model Army, todos con sus camisetas negras, fueron rápidamente a coger un buen sitio en la parte delantera. Los seguidores de la banda de Bradford funcionan como los miembros de una parroquia que lleva en volandas la música ochentera y barroca dirigida por su particular guía espiritual, Justin Sullivan, único miembro original. Más que un concierto, se asemejaba a una especie de ritual rock pagano. El ambiente que crean los autores de Thunder and Consolation es misterioso y grandioso y eso hace que, aunque no participes del brumoso credo de NMA, puedas seguirlo con cierta curiosidad. Después de «Echo November», en los primeros compases del concierto, Sullivan dijo que la siguiente canción no merecía ser presentada. Y cayó la aguerrida «Here Comes the War», una de las favoritas de los fans.

Los mejores de la noche, con bastante diferencia, fueron The Damned. Pasan y pasan los años y el show de punk rock teatral de Dave Vanian, Captain Sensible y compañía sigue funcionando bajo la lógica de la pasión y la irreverencia. Los pioneros del punk inglés siguen sorprendentemente en forma. Con las melodías realizadas con “oooh” del rock siniestro de «Street of Dreams» ya se metieron al público en el bolsillo. El vampiro Vanian, vestido con un elegante traje y sombrero, se paseaba de un lado a otro con pinta de crooner. Caras sonrientes entre el público, la atención de miles de personas puesta en él. Ya nadie se acordaba de las estrecheces sonoras del festival.

The Damned

Hicieron tres versiones, una de las especialidades de la casa: una fiel «Making Time» de los Creation, la archiconocida «Eloise» con la que tuvieron un problemilla técnico que solventaron enseguida y al final, en medio de la traca de hits punk, «White Rabbit» de Jefferson Airplane. Ya puestos, se echó de menos «Alone Again Or» de Love. Fue un repertorio canónico, tal vez demasiado clásico y conservador. Pero esto es casi lo de menos. The Damned son ya leyenda del rock and roll. Había que abrir bien los ojos para revisar que sus canciones, historia viva de la música popular, se siguen interpretando con tanto ímpetu y frenesí. Es para no creérselo.

A última hora de la noche actuaron Ocean Colour Scene. Los de Birmingham eran cabeza de cartel para cerrar el primer día de festival, que, con los primeros acordes de una de sus grandes canciones, «The Circle», quedaba más que justificado. Llegaban los británicos a Valencia para hacer un recorrido por una carrera que marcó uno de los episodios más importantes de lo que fue el britpop. Su mejor álbum, Moseley Shoals, cumple 30 años y desde su publicación se convirtió en un trabajo imprescindible para comprender lo que fue uno de los movimientos más importantes de la música popular. Por ello, Simon Fowler, Steve Cradock y Oscar Harrison interpretaron temas como el ya mencionado «The Circle», siguiendo con «It’s My Shadow», «The Riverboat Song», «The Day We Caught The Train», «One For The Road» y la fuerza explosiva de «Get Away».

Pero no quisieron quedarse solo en 1996. Ocean Colour Scene también revisitaron otros álbumes como Marchin’ Already, que, publicado solo un año después, desbancó a Oasis del número uno de las listas británicas. Temas como «Better Day», «Get Blown Away» o «Travellers Tune» lo explican. Canciones menos conocidas en principio, fueron bien recibidas como «If Boy Meets Girl» o «I Just Need Myself», destacando «Profit in Peace» de su álbum One From the Modern, donde unas imágenes de manifestaciones pacifistas proyectadas al fondo del escenario ponían en valor el compromiso político de las bandas de Reino Unido, tan mal visto por estos lares.

Conforme pasaba la noche se les veía más cómodos en el escenario, aunque un refuerzo de guitarra les hubiera ido muy bien, para poder abarcar un recinto tan amplio como el de la Marina Norte. Una actuación que ponía fin al primer día del Visor, que dejaba con ganas de más a los allí presentes, esperando que sea el preludio de un retorno temprano a nuestra ciudad de una de las mejores bandas del pop británico.

 

Sábado, 26 de septiembre

No hubo una forma más adecuada de arrancar la jornada que con la soleada música de The Wannadies. Su vocalista, Pär Wiksten, sigue exhibiendo una abultada cabellera rizada y luce un aspecto estupendo. Canta bien y transmite el mismo buen rollo que la música de una de las bandas suecas que definieron el pop alternativo de los años 90. A veces recuerdan a los primeros Weezer y a otras formaciones de la época como Nada Surf o incluso nuestros Cooper. Con mayor o menor acierto, todos ellos juegan en la liga de las pegadizas melodías y las guitarras limpias. A The Wannadies se les suele despachar como la típica banda de un solo éxito, pero sea esto cierto o no, tienen unos cuantos temas chulos («Might be Stars», «Love in June», ambos de su álbum Be a Girl, de 1994) y siempre te alegran el día.

Al parecer, fue Alan McGee, el conocido fundador de Creation Records y visionario del indie británico, quien convenció a los miembros de Gene para que se volvieran a reunir y dieran sus primeros conciertos en dos décadas. Comparados machaconamente con The Smiths y acusados de sensibleros, la reaparición de la banda londinense se había limitado a un puñado de actuaciones en el Reino Unido entre finales de 2025 y este año. Los organizadores del Visor Fest vieron un filón y los contrataron. Según contó el propio cantante en redes sociales, hacía 27 años que no pisaban suelo español. Además, para esta gira de reunión han reclutado al ex Style Council Mick Talbot como teclista. Uno de los destacados ases del pop-soul de los 80 también se ha embarcado en la aventura de resucitar el legado de Gene.

Martin Rossiter emergió con un impecable traje negro pasadas las 20:30 horas mientras empezaron a sonar las crepitantes guitarras de «Be My Light Be My Guide». Entonces, comenzó a cantar masticando las palabras y arrastrando las vocales, como en los viejos tiempos. La banda carburaba de verdad. Gene no habían ido a Valencia a pasear por la playa de Malvarrosa y comer horchata. Alternaron medios tiempos con baladas y temas más rockeros, centrándose principalmente en las canciones de sus dos primeros álbumes: Olympian y Drawn to the Deep End, de 1995 y 1997 respectivamente. Rescataron piezas exigentes y redondas como «We Could Be Kings» o «Where are They Now» con los característicos crescendos de la banda.

Sonaron tan compactos y conjuntados que parecía que llevaban toda la vida juntos. Fue precioso, realmente conmovedor verlos en sintonía. En las primeras filas, entre los más devotos, era evidente la sensación de comunidad. Mezclada entre el público gritaba y bailaba como una fan más la hija veinteañera del bajista Kevin Miles. Al final, Rossiter se quitó la chaqueta y se enfundó la camiseta del Valencia. Un guiño para un equipo en apuros. Terminaron su actuación con una apañada versión del «Don´t Let me Down» de los Beatles.

Ride eran, sin duda, uno de los mayores atractivos del festival, más si tenemos en cuenta que la banda británica no tocaban en la capital del Turia desde el 23 de octubre de 1992, en el que presentaron su álbum Going Blank Again. Los de Oxford traían al escenario del Visor su visión del rock alternativo británico, con el crédito que da el haber sido uno de los grupos originarios de lo que fue el shoegaze. Los trabajos de Ride han sido una sucesión de bellas melodías incardinadas en guitarras distorsionadas, donde una sensación melancólica se convierte en carta de presentación. Los actuales Ride son la misma formación inicial que empezara su andadura musical en Oxford en 1988, encabezada por Andy Bell, compositor y guitarra solista de la formación, que a la vez ejerce la función de bajista de Oasis.

Ride

Ride sonaron los mejores del festival, con un potente sonido que impedía la distracción del respetable. Fueron ejecutando su actuación, a través de un recorrido por su obra, desde su primer álbum Nowhere, hasta los más recientes Werther Diaries e Interplay, pasando por Going Blank Again, sus EP Fall y Today Forever, así como ese disco único que es Nowhere. Fueron tan buenos, convincentes y honestos, que el público respondió a su propuesta. Canciones como «Seagull», «Dreams Burn Down», «Twisterella, «OX4» o «Vapour Trail» hicieron vibrar la noche en la Marina, venciendo a los ruidos ajenos y externos al festival, sucediendo lo mismo con temas más recientes como «Peace Sign» o «Monaco». Ride consiguieron la aprobación unánime del público en el festival. Sin duda, nos sumamos a esa valoración, esperando saber de ellos en breve.

 

Cerraban la noche del sábado la banda británica Manic Street Preachers, cabeza de cartel de la segunda y última jornada del festival. Cuando un grupo es tan grande como ocurre con los galeses, da igual cual sea el tema que vayan a elegir para iniciar el concierto, pero si el elegido es «Motorcycle Emptiness» la cosa promete. Y así fue. Uno tras otro los Manic fueron disparando literalmente sus canciones. James Dean Bradfield, Nicky Whire y Sean Moore saben que son propietarios de un conjunto de álbumes que contienen letras inteligentes y abrasadoras, conciencia de clase obrera y una aspiración a transcender, más allá de la industria y lo liviano de la escena. Han plantado cara a las etiquetas desde de siempre, mucho más interesados en el activismo político que en los debates estériles de militar en el glam o en el rock alternativo.

No dejaron descontento a nadie. Los temas elegidos iban desde la ira punk de Generation Terrorists hasta «Decline & Fall» o «Hiding In Plain Sight» de su trabajo más reciente, Critical Thinking de 2025. Entre medias, sus grandes canciones, algunas ya clásicas de la escena alternativa británica como «Die In The Summertimes», «A Design For Life» o la perfecta «You Stole The Sun From My Heart», perteneciente a This Is My Truth Tell Me Yours, uno de sus mejores álbumes.

Con la seguridad que da saberse entre los grandes, jugaron con versiones, en algunos casos introductorias, como el fragmento de «Bring On The Dancing Horses» de los no menos enormes Echo & The Bunnymen en «Hiding In Plain Sight»; una versión de «Union City Blue» de Blondie; o ese guiño pacifista que supuso su versión acústica de «Suicide Is Painless» de la serie antimilitarista M*A*S*H.

Con un concierto así bien pueden presumir los Manic de sus 40 años de carrera, defendida en el escenario con entrega, convencimiento y dignidad. Los mismos conceptos que mueven un festival ya imprescindible en nuestro país.

Texto: Amadeu Sanchís / Jon Pagola

Fotos: Luís Pérez Contreras

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