
A veces se pregunta uno si lo que acaba de ver es real o un mero espejismo. Que lo de The Damned esta noche en Barcelona haya alcanzado el nivel de leyenda, cuando no han pasado ni dos horas desde el final del concierto, se debe a que la banda está en modo arrollador, que su formación es de nivel top y que el repertorio es de mucha altura.

Ocurre cuando tienes al mejor batería punk de todos los tiempos con todos sus sentidos en plenitud, el enorme Rat Scabies; a Dave Vanian manejando todos los espacios del escenario y pletórico vocalmente; al mejor compañero posible para Scabies en la sección rítmica, el bueno de Paul Gray; a Captain Sensible, escupiendo esos ligados deudores de Groundhogs y moviendo los brazos como un ser invertebrado; sin olvidar a Monty Oxymoron, que con su teclado llena todos los espacios que pudiera dejar la ausencia de otro guitarrista.
Por no faltar, no faltó ni Brian James, que apareció en pantalla tras el mini solo de Scabies en la larga «Curtain Call», justo cuando todo pintaba a «New Rose», como así fue. De hecho, todo eso pasó en el bis, que, junto a la versión de «White Rabbit» de Jefferson Airplane, conformó un final de infarto. Lástima los problemas técnicos de Sensible en la primera parte de «Smash It Up», justo lo que hubiera conformado el mejor póquer final de la historia de la sala.
A The Damned solo se les puede acusar de conservadurismo en el repertorio, pues apuestan poco por el material más reciente. Aun con todo, es una banda que en vivo pasa del punk más primario al gótico y la psicodelia de los ochenta, lo condensa en un mismo plano y lo sirve con una personalidad pasmosa. Que en los últimos años hayan recuperado esa mágica «Dr. Jekyll And Mr. Hyde», del reivindicable The Black Album, es un acierto.
Se dice que la gira actual es la de despedida, no porque lo vayan a dejar, sino porque no van a enfrentarse a largas estancias fuera de casa en el futuro. Lo cual hará que podamos ver a The Damned en algún festival de tanto en tanto. Pero si esta ha sido la última ocasión de verlos en sala, Dios, qué suerte haber estado presente.
Texto: Sergio Martos
Fotos: Fernando Ramírez






