
Los Flamin’ Groovies, con el incombustible Cyril Jordan a la cabeza, han vuelto a la carretera para conmemorar el 50 aniversario de “Shake Some Action” (1976), su grabación más emblemática. De los diez conciertos realizados en España, los ruteros escogimos el ofrecido en la Sala Upload de Barcelona. El club sito en el Poble Espanyol prácticamente se llenó y vibró con aquellas canciones, de no más de tres minutos, que tanto nos hicieron saltar hace ya unos cuantos veranos. El triunfo de los californianos fue, en general, inapelable, aunque podríamos matizar unas cuantas cosillas.
La nostalgia es un bicho raro y peligroso. No resulta un pecado abrazarse a él, pero, a menudo, nos pone vendas en los ojos. Tampoco estamos diciendo que la gran mayoría del público asistente se dejara llevar por la añoranza y obviara el raciocinio musical, tan solo queremos analizar el estado de forma actual de la banda.
Cuando uno escucha los primeros acordes de “You Tore Me Down”, “Don’t You Lie To Me” (Tampa Red), I’ll Cry Alone”, “Please Please Girl” o la eterna “Shake Some Action”, es posible que reduzca el análisis de lo que está aconteciendo en el escenario y se limite a disfrutar del ritmo contagioso y hasta puede que se le escape alguna lagrimilla. Sin embargo, si entre brinco y brinco tenemos algún segundo para reflexionar, seguro que encontramos defectos evidentes. Al menos en el show al que nos referimos, hubo unos cuantos.

La banda ha sufrido muchos cambios a lo largo de sus 60 años de trayectoria y, evidentemente, es un inconveniente difícil de subsanar. La vigente formación chuta con cierta fuerza y soltura, sin embargo los desajustes aparecen frecuentemente. El gran Aurelio Morata nos comentó, en una tan interesante como agradable charla, que Pete Townshend hacía más cosas con una guitarra sola que los tres guitarristas que estábamos escuchando. Es probable que el admirable músico se excediera en el comentario, aunque conociendo su experiencia y sabiduría, tampoco vamos a llevarle la contraria. Nuestra opinión es que de fiereza iban sobrados, pero que de finura y tacto no tanto, mejor estuvo el baterista Tony Tryrone Sales, quien además ayudó, como cantante, al jefe de filas en alguna canción, auxilio más que necesario.
De acuerdo, Cyril Jordan acumula 78 primaveras y tampoco vamos a exigirle demasiado. De todos modos, deberíamos ser conscientes de nuestras limitaciones y, por ejemplo, no echar a perder una joya como “Misery” (The Beatles). Aquí todo se fue al traste y las carencias no pudieron ser disimuladas. Mejor quedaron “Between The Lines”, “Teenage Head” o “Jumpin’ In The Night”, en las cuales los guitarreos (buenos o malos) taparon las disonancias vocales.
En definitiva: esta celebración se nos antojó algo sosa, parecida a un quiero y no puedo, un relato sabroso desajustado por el paso inexorable del tiempo. El pelucón del querido Cyril no engaña a nadie.
Es bonito recordar y participar de aquel maravilloso juego. Quedémonos con eso
Texto: Barracuda
Fotos: Marina Tomás Roch







Totalmente de acuerdo. La verdad es que daban un poco de penilla. Una banda como esta, con las tablas que se le presuponen, haciendo pausas como si se tuviesen que pensar que tocaban después, falta de conjunción en algún caso y un inicio bastante frío. Por suerte fueron calentando y la segunda mitad fue bastante mejor que la primera. El pobre Cyril ya no da para mucho y en algunos temas costaba incluso oírle.
Pero yo salí con camiseta y disco… que le vamos a hacer, somos irreductibles.